Tuesday, 19 February 2019
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El ascenso de Piketty

Entrevista con Tomás Granados
Este País | La Brecha De La Desigualdad | Emiliano Balerini Casal | 01.03.2015 | 0 Comentarios

©iStockphoto.com/tungstenblue

El capital en el siglo XXI, del escritor francés Thomas Piketty, es un fenómeno editorial. Desde su publicación en Hispanoamérica el año pasado ha vendido alrededor de 50 mil ejemplares. El lanzamiento simultáneo en México, España, Argentina, Chile y Colombia causó un revuelo general. Según la casa francesa Éditions du Seuil, dueña de los derechos del libro, nunca en su historia habían traducido a un autor a tantas lenguas: 38. Para el Fondo de Cultura Económica (FCE) la obra ha sido tan exitosa que han pensado en editar más libros de economía. De esto, y de la resonancia que ha tenido Piketty en Estados Unidos, Francia y Latinoamérica, Tomás Granados, gerente editorial del FCE, habla para Este País.  EBC

EMILIANO BALERINI CASAL: ¿Considera que El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, se ha convertido en un fenómeno editorial en Hispanoamérica?

TOMÁS GRANADOS: Es un fenómeno editorial. Tendríamos que explicar qué entendemos por ello. En general, esta calificación se aplica a una obra que de manera inesperada tiene un éxito de ventas globales. Es lo que pasó con Harry Potter, un libro publicado por una editorial pequeña que de pronto conectó con cierto público y generó interés en el planeta. Así hay varios ejemplos más: El nombre de la rosa y El mundo de Sofía, entre otros. Es decir, un libro no pensado ni concebido para atender a tanta gente y que de repente tiene impacto. El capital en el siglo XXI no solo es un fenómeno editorial, sino que es atípico: es un libro de economía —que en su edición francesa, por ejemplo, forma un tabique de casi 800 páginas— de un escritor relativamente desconocido, con mucho prestigio académico pero no tan renombrado entre el gran público, que logró el éxito mundial.

La clave de ese éxito, y de ahí la repercusión que ha tenido, es la respuesta que hubo en Estados Unidos ante la publicación de la obra. El trabajo apareció en Francia entre agosto y septiembre de 2013 y se vendió bien, aunque solo parecía un material de discusión académica acotado a ese país. En marzo de 2014 apareció en Estados Unidos, y entre abril y mayo se convirtió en el título número uno de ventas en Amazon. Pensemos esto en el contexto estadounidense: un libro de un economista francés, de 800 páginas, publicado por Harvard University Press; es decir, ninguno de los elementos que te hacen tener garantías de ventas.

Sin embargo, su éxito tuvo que ver con los debates políticos de ese país. Veníamos de tener la discusión sobre el Occupy Wall Street, donde aparecía la idea de que el uno por ciento de la población de Estados Unidos tiene demasiado en relación con el resto de la gente. Esto entró en sintonía con lo planteado por Piketty. El autor ha venido estudiando durante 20 años al uno por ciento más rico, no solo de Estados Unidos, sino del mundo. No a causa de una obsesión malsana por los ricos, sino porque es una señal de cómo está concentrada la riqueza. En estos días se discute un estudio de Oxfam que, si bien ha sido un poco desautorizado por algunas organizaciones, plantea: “Dentro de muy poco tiempo, ese uno por ciento de la población será dueña de 50% de la riqueza del mundo en la sociedad en la que viva”. Esta medida lo que demuestra es que una minoría de la gente reúne una riqueza gigantesca. Ese clima en Estados Unidos disparó el interés por la obra. Además, la publicación fue atacada y eso provocó que se convirtiera en un fenómeno editorial.

¿Cómo hace suya el FCE la idea de publicar el libro?

Nosotros lo conocimos en su edición francesa a finales de septiembre de 2013. Yo lo vi por primera vez en la librería La central de Madrid. Para mí, la mejor de la lengua española, porque es capaz de identificar un libro importante en Francia o en cualquier otro lugar y ponerlo a la venta. La primera publicación que vimos en la Feria del Libro de Frankfurt de 2013, en la editorial Seuil, fue esta. La primera frase de la vendedora de derechos fue: “Tengo un libro para ustedes”. Ese ritual lo debió haber repetido con tres o cuatro editoriales más. Desde ese momento tuvimos confianza en que era importante. Nadie pensó que iba a ser tan relevante. Pero su tema, su extensión, su solidez, su sabor propio que conjuga literatura y propuestas políticas sin ser tan técnico, nos llevó a pensar que teníamos que hacer una oferta para publicarlo. Sé que hubo otras ofertas. A mediados de diciembre nos avisaron que éramos nosotros los que tendríamos la publicación. Hasta ahí creímos que todo estaría muy bien y que habíamos conseguido una edición importante.

¿Qué oferta hicieron?

Pagamos 18 mil dólares. Es una ganga. La primera propuesta que hicimos fue la de editar ocho mil ejemplares. Para un libro de esta naturaleza, era muchísimo. Se trataba de un tiraje que haríamos enteramente en México y se distribuiría por los países en los que tenemos representatividad.

¿Cuántos libros han vendido hasta el momento?

Esta es una de las partes que muestra que El capital en el siglo XXI es un fenómeno editorial. Al reconocer la importancia que tenía el trabajo de Piketty, decidimos hacer cinco impresiones locales. No recuerdo que el FCE lo haya hecho antes. México, España, Argentina, Colombia y Chile fueron los países seleccionados. El 24 de noviembre en esas cinco naciones se puso a la venta en todas las librerías. Hicimos para empezar 39 mil 500 ejemplares. A los 10 días tuvimos que imprimir nuevamente. La primera reimpresión fue de 30 mil 500. Entre lo que sacamos el 24 de noviembre y una semana después había 70 mil ejemplares. Buena parte se vendió en firme a librerías como Gandhi y Educal, otras parte estuvo en consignación y otra más la vendimos nosotros. Es imposible decir una cifra exacta de ventas. Lo que quedó claro es que de los 39 mil 500 libros que lanzamos primero al mercado, ya no teníamos ejemplares disponibles para nuevos pedidos. Tenemos certeza de que se han vendido cerca de 50 mil de los 70 mil. El resto está puesto en el mercado. Estamos por hacer una nueva impresión en al menos tres países. Sería la segunda reimpresión. Es probable que agreguemos a la nueva edición un índice analítico. La edición francesa no lo tiene y la estadounidense sí. El índice analítico es muy útil porque te permite buscar lo que diga, por ejemplo, de México. Nuestro proceso de edición fue tan complejo que en un momento tuvimos que optar: “Terminamos de hacer el índice y retrasamos la edición o salimos el 24 de noviembre”. Creímos en la segunda opción, y ahora le agregaremos ese índice analítico, además de que lo pondremos en internet de manera gratuita, para que las personas que ya tengan la obra lo puedan consultar. Cada día se sabe de una nueva traducción. En diciembre estuvo en México la responsable de la venta de derechos de Éditions du Seuil y nos dijo que ya se había vendido a 35 lenguas. Hace dos semanas Piketty me comentó que ya eran 38. Nunca ninguno de los autores de la editorial francesa había publicado en tantas lenguas distintas.

¿Se puede convertir en un clásico de la literatura política y económica?

Sí. ¿Qué entendemos por un clásico? Una de las más bonitas definiciones que daba Italo Calvino es que un libro clásico es aquel que no termina de decir lo que quiere decir. Este trabajo le dice cosas distintas a lectores diferentes. En Estados Unidos el gran debate fue por el abuso o la gran concentración de riqueza que tiene el uno por ciento de la población. Ese no es un debate de México. Aquí nos preocupa más la pobreza. Sí es grave que exista una gran concentración de riqueza, pero nuestro tema principal es la pobreza. En Chile, el impacto estuvo relacionado con la política fiscal. En China, con la educación. Es curioso, pero mi impresión es que en México ha sido una lectura poco política. Estuve en el recorrido que hizo Piketty por cuatro países de habla española: México, España, Chile y Argentina. En España tuvo un encuentro público con Pedro Sánchez, presidente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y Pablo Iglesias, dirigente de “Podemos”. En Chile estuvo con la presidenta Michelle Bachelet, y el orador en la presentación de El capital en el siglo XXI fue Ricardo Lagos. En Argentina, tuvo un almuerzo con el gobernador del Banco Central de la Nación, Alejandro Vanoli, y el ministro de Economía y Finanzas Axel Kicillof; además, se reunió con la mandataria Cristina Fernández. En México, no hubo una recepción política, sino académica. Sus presentaciones fueron en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Colegio de México (Colmex). En este último lugar sí hubo representación del Senado. De los cuatro actos solo uno tuvo presencia política. Mi impresión es que en el país está siendo recibido como un valioso material para los que se forman como economistas, para el entorno académico, mientras que en otras naciones se ha convertido en un elemento de la discusión pública y política.

¿A qué se deben estas diferencias?

Hay varias explicaciones, cada una local. En Chile, el cambio de Gobierno ha sido importante. Hay una preocupación por cómo financiar la educación. Entre los grandes problemas que tuvo el expresidente Sebastián Piñera estuvieron las manifestaciones de los estudiantes. Financiar la educación requiere un cambio en la política tributaria. Desde que fue candidata, Bachelet planteó ese cambio. En ese contexto, y en medio de las discusiones en Chile, aparece un argumento que dice que el modo de transformar la riqueza es la política fiscal. Ahí había un caldo de cultivo. Entró el libro y se sumó a la discusión. El caso de Argentina también es interesante. La gente cercana al Gobierno y la oposición veían en el trabajo de Piketty argumentos para su debate político. La oposición al Partido Justicialista —hoy en el poder— se enfocó en la transparencia y el acceso a la información. En Argentina tienen un problema con el tipo de cambio y la inflación; entonces, usaban la publicación para decir que es importante transparentar la información. Desde el Gobierno decían: Piketty ha denunciado que los fondos buitre (fondos de capital de riesgo o fondos de inversión libre) y el esquema de las instituciones financiaras afectan la economía de los países. Cada político veía en el libro un elemento.

En México, los actores políticos tienen un debate cortoplacista, mucho menos sustentado en información histórica. En otros países querían instrumentos, herramientas y proyectiles para generar un debate político y académico, y aquí eso, en general, no se estila. En este sentido, en México hay un nivel más bajo de discusión. Otro índice de esto es la calidad de la prensa. Las entrevistas que le hicieron a Thomas Piketty en Argentina, España y Chile eran muy buenas. Los entrevistadores estaban bien preparados. En México no se le sacó todo el jugo que se hubiera podido. Esto nos habla de los temas que se manejan en las agendas de cada país.

¿Cómo ha tratado la crítica literaria y política en México al libro de Piketty?

La opinión no ha sido tan polarizada. En Estados Unidos sí lo fue. Ataques y aplausos rabiosos. Aquí, en general, hay una aceptación no muy entusiasta. La obra ha sido vista desde diversos ángulos. Recuerdo que en el periódico Reforma Roger Bartra y Sergio Sarmiento comentaron el trabajo en sus respectivas columnas. Bartra se refirió a la edición francesa. Era positivo porque para él el libro no es solo de historia económica, sino también un modo de hacer ciencias sociales, y da nuevos argumentos a la izquierda del siglo XXI. Sarmiento, basado en la lectura en inglés, creía que la propuesta política está condenada a hacerle daño a la economía. Esa es una pequeña muestra de la minipolarización. En La Jornada, Julio Boltvitnik lo aplaudió mucho. Gabriel Said fue escéptico. Ha habido palmas tibias o abucheos modestos.

¿Qué repercusiones ha tenido el libro una vez que se tradujo al castellano?

Hemos visto repercusiones en Chile, donde el fenómeno no se debe a la traducción sino al libro mismo. En el país andino se acaba de hacer una reforma fiscal con una orientación plenamente pikettiana. Es decir: “Hay que subir las tasas al segmento más rico de la población para financiar acciones —básicamente de educación— que igualan el terreno social”. El ministro de Hacienda de Chile, Alberto Arenas de Mesa, dijo en todo momento que está inspirado en Thomas Piketty. Cuando el autor francés estuvo en Chile, su interlocutor natural fue Arenas de Mesa. Esa inspiración provino de la edición francesa y, seguramente, de conocer a Piketty desde antes. Quiero ser modesto sobre el impacto de la traducción al español. Tendrá una relevancia académica, social, pero los cambios de esa magnitud, que afectan el cobro de impuestos en un país, no son fruto de la traducción, sino del libro.

En la publicación hay algunos ejemplos sobre México

Sí. Poquitos. Thomas Piketty usa una muletilla en sus conferencias: “Es una lástima que no esté representada América Latina, pero no es enteramente mi culpa”. ¿Por qué no era posible? Parte del problema en Latinoamérica es la opacidad, la falta de transparencia respecto de la recaudación fiscal. En muchos países es posible acceder, no a lo que recauda el Gobierno de cada persona, pero sí a grupos de ingresos: el 10% más rico, el segundo grupo que más gana, información pública que las instituciones hacendarias dan a conocer. En América Latina eso no existe. Ahí es donde Piketty jugaba. Él decía: “No está representada Latinoamérica porque los gobiernos no hacen pública esa información”. Algo que él percibe que va a ocurrir —y en ello tal vez pueda influir la edición en español— es que las administraciones públicas se darán cuenta de la importancia de hacer pública esa información. Piketty cree que en Brasil ya es más sencillo, y que se debe a su libro. Aquí en México hay esfuerzos por convencer a las autoridades federales de que lo hagan. No es una obsesión por saber cuánto tienen los más ricos, sino por tener una medida de la distribución. Ahí puede darse uno de los efectos importantes: la transparencia respecto de los ingresos tributarios de los gobiernos.

¿Qué dice Piketty sobre México?

Se refiere a Carlos Slim como uno de los hombres más ricos del mundo, en un país con altos índices de desigualdad. Es una lástima, y quizás haya que esperar a la siguiente edición, pero en el estudio de casi 250 años que hizo no incluye a México porque no existe la información pública de esos datos. Ahora bien, habrá otra consecuencia académica y política en el mediano plazo: hay grupos locales en distintos países que, utilizando los métodos de Piketty, están intentando generar la información que el Gobierno no da a conocer. Supongamos que un Gobierno no prepara ni hace pública la información espontáneamente. El propio autor, yendo a archivos históricos de los ministerios, descubrió que la administración pública tuvo que hacer esos cálculos para sí misma, porque sus proyecciones de ingresos dependen de la tributación. Esa información debe existir en la Secretaría de Hacienda. Hacienda lo hace para saber cuánto puede cobrar a los distintos segmentos poblacionales, por lo que el libro genera una invitación a historiadores, economistas, a meterse en los archivos de la Secretaría de Hacienda, tal vez no para obtener datos actuales, pero sí del siglo XX, por ejemplo.

¿Qué cree que aporta el libro a la realidad mexicana?

En la revista La Gaceta del FCE publicamos un texto del economista Gerardo Esquivel. Él dice que hay varias razones por las que El capital en el siglo XXI va a ser importante en México: una, llama a una mayor transparencia en la información fiscal, y dos, pide a los economistas salir de su coto y dejar de atribuirse méritos como ciencia dura, olvidándose del trabajo interdisciplinario, entre otros temas.

¿Cree que este libro pone a debate la idea de la desigualdad?

En Estados Unidos fue importante porque la gente cobró conciencia de cuán desiguales somos. En México ese tema está claro. Es un problema histórico abordado académica, política y económicamente. Para nosotros no fue necesario redescubrirlo. Lo que el libro modifica es el modo de entenderlo. La acción política es esencial para remediarlo. ¿Qué es la acción política? La creación de cierto tipo de impuestos. Impuestos a la herencia: la herencia rompe con la noción teórica de que todos nacemos iguales. Es falso. Nacemos iguales porque tenemos el mismo número de cromosomas, pero la sociedad debe organizarse no para anular esas desigualdades, pero sí para mitigarlas. Ese es un tema importante. En México no hay impuestos sucesorios. Piketty no nos quitó una venda de los ojos, pero sí nos mostró otros modos de enfrentar esa desigualdad.

Para el FCE sí va a representar un cambio importante. Vamos a publicar más libros asociados a este tipo de enfoques. Este año tenemos previsto que aparezca un libro de uno de los socios académicos de Piketty: Anthony Atkinson. Su libro se llama: Desigualdad: ¿Qué podemos hacer? Además, tenemos en estudio otros trabajos de Piketty más académicos pero que metodológicamente muestran cómo llega a sus conclusiones. 

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EMILIANO BALERINI CASAL estudió la licenciatura en Periodismo en la Escuela Carlos Septién y la maestría en Estudios Latinoamericanos en la UNAM. Ha colaborado en las revistas Cambio, Fernanda, Playboy y Soho. Actualmente es reportero de la sección cultural de Milenio.

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