Saturday, 19 January 2019
Artículos relacionados
El desayuno comienza en una media res
Becarios De La Fundación Para Las Letras Mexicanas | Cultura | Este País | Andrea Garza Garza | 01.03.2015 | 0 Comentarios

Transposición, acrílico sobre tela, 50 x 50, 2013.

Transposición, acrílico sobre tela, 50 x 50, 2013.

—Como a las doce están listos los chicharrones— gritaron desde el patio que separa la casa y la entrada trasera de la tienda de mi abuelo. Solemos comer de inmediato los platillos calientes. La comida fría abisma al cuerpo en un asco en el que no se quiere detener, como las personas que se dicen carnívoras pero no soportan conocer el proceso de elaboración de la mortadela. Esa mañana desayunamos huevos con tocino.

Te levantas de la cama y crees comenzar el día en el desayuno. El sueño tiene la capacidad de disfrazar de frescura lo que desde la noche anterior comenzó a descomponerse. Cuando te das cuenta de esto, adviertes el in media res de la mañana. Un día antes habían traído algunos cerdos desde el rancho. Los matan en ese patio. Mi cumpleaños número seis también se celebró ahí. Si te pones a pensar, siempre escogemos (inconscientemente o no) los lugares de juego que nos pueden decir algo de la muerte bajo una u otra circunstancia.

La cuerda que hacía oscilar la piñata estaba amarrada del mismo pilar en donde matan a los animales. El peligro inminente está disfrazado con papel maché. Un día leí o escuche de la señora de la limpieza que en la tienda de piñatas “Miguel Ángel Asturias”, una niña más o menos de mi edad llamada Natividad Quintuche pegó un grito de muerte cuando se topó con el Diablo colgando del techo. In extremis res del día. La carne del desayuno provino de los finos cortes de los que era capaz el carnicero de la tienda de mi abuelo. Era un artista, un orfebre de la estética vacuna y porcina. El largo de las tiras de tocino era exactamente igual al diámetro de mi plato. Alguien tiene que encargarse de transformar en deleite la amenaza del peligro. Alguien tuvo que subirse al techo para sostener el otro lado de la cuerda de la que pendía la piñata. El artista y el carnicero comparten esa misma cuerda.

Las cosas partidas a la mitad guardan en sí la destrucción, como las reses que cuelgan en la parte de atrás de la carnicería. Comenzar a relatar in medias res tiene esta virtud. Como los espacios en blanco del poema o los famosos silencios de la literatura, la fragmentación o rompimiento del orden de los hechos trae consigo un sin fin de posibilidades, como el jöker en una partida de cartas. La mano siempre está abierta. El desconocimiento de una verdad en la fábula le permite al lector (en la ficción o en la vida diaria) acceder a otras realidades que normalmente no están a la vista. Este desconocimiento no tiene nada que ver con la ignorancia sino con los múltiples significados. En un mismo sitio, una vez vemos algo, después otra cosa. El patio era el lugar de juego un día, rastro al siguiente. La polisemia se logra también con el cruzamiento de muchas situaciones en un mismo espacio. Se van cargando semánticamente.

El carnicero y el artista se enfrentan a la extracción y la violencia de la realidad. Ellos abisman la piñata que busca romper el espectador deseoso. Se lee o se observa una obra con el disfrute con que se come un buen corte de carne. Vivir en este espacio es caminar sobre la línea in extremis res, sobre el peligro acechante. Jugar in medias res, es decir, destruir la cronología, permite trazar varios caminos, como las astillas que se abren al quebrar el palo de la piñata por el golpe vehemente. Este sentido de destrucción como desarticulación de los valores unívocos fue para Walter Benjamin una oportunidad en la historia. Para él “el carácter destructivo tiene la consciencia del hombre histórico, cuyo sentimiento fundamental es una desconfianza invencible respecto del curso de las cosas (y la prontitud con que siempre toma nota de que todo puede irse a pique). De ahí que el carácter destructivo sea la confianza misma. El carácter destructivo no ve nada duradero. Pero por eso mismo ve caminos por todas partes”. La muerte de los animales y lo efímero de la piñata en mi espacio de juego me dieron la certeza de que todo “se viene a pique”. Me abrieron la posibilidad, con los años, de la destrucción en la literatura.

Las labores en la tienda comenzaban muy temprano. Antes de levantarme de la cama, alguien ya estaba rebanando un lomo. Todos los veranos que pasé en esa casa tuve la sensación de que iba retrasada. Jamás me desperté con mi abuelo. Nunca lo vi abrir la puerta trasera de la tienda. El aprendizaje en la infancia es así: se reconoce y se descifra a través de la intuición y la inventiva. Quizá mi abuelo no era quien abría. Pero el hecho de no saber las cosas con certeza, irónicamente ampliaba mis conocimientos sobre la realidad.

En mi vida in medias res me enviaban a la carnicería por diferentes tipos de carne. Filetillo, cuete, molida, bistec. Lo bueno de ir tarde era que tenía la posibilidad de disfrutar el ambiente en su punto más alto. El sonido de las máquinas cortadoras llegaba hasta afuera. Ese silbido tan agudo que hacía eco por el techo cóncavo, expandía el perímetro de la carnicería. El olor de la carne fresca mezclado con el de las frutas y verduras comprimidas en sus cajas de madera o cartón, podía trazar el camino desde la bodega hasta la salida que daba al patio. Por ahí caminaba cada miércoles el encargado de acomodar la mercancía con el objetivo de realizar su trabajo de mitad de semana: cocinar los chicharrones.

Lo hacía en el patio, en una olla inmensa de hierro fundido que se ponía sobre un quemador de gas casero. El acto se tornaba ritual. Se tenía que menear el contenido de la olla constantemente. Sentada desde mi lugar en el patio veía caer como cascada la mezcla entre manteca y diferentes tipos de chicharrones y tripitas. La gran pala que el chico usaba para cocinar iba provocando la caída libre de la carne sobre la misma convexidad de la olla. Mi mente infantil, que a ratos funcionaba de manera dicotómica (fruto de la educación tradicional: todo está bien o está mal), le daba vueltas a la idea del cielo y el infierno.

En el catecismo te enseñaban la iconografía de los coros celestiales: un montón de ángeles entre nubes. Por una extraña asociación, pensaba en la naturaleza de su canto a partir del sonido de la cortadora de carne. Los ángeles seguro abarcaban todo el cielo como la máquina todo el espacio celeste del techo. El infierno, claro está, se cocinaba al fondo de la olla. Cielo e infierno, deducía de niña, provienen de un mismo lugar. Una síntesis casi dialéctica surgió de mi educación moral. Desde entonces, ya nunca me sorprendí de que “las cosas cayeran por su propio peso”. Walter Benjamin acertó al decir que la destrucción es un acto de confianza.

La destrucción también es un acto en contra de la inercia. Un día el carnicero me enseñó a usar la máquina cortadora. El impulso te jala hacia adentro, hacia la sierra. En un segundo todo termina, y si no resistes con firmeza obtienes más de un corte. El día del carnicero empieza y finaliza con el peligro inminente. El sonido ensordecedor de la máquina va en contra del silencio natural, como la escritura contra la inercia de la vida corriente.

La desautomatización del lenguaje que los formalistas rusos otorgaron como característica de “lo literario”, no era más que un ejercicio de desmembramiento: estudiar las partes del texto, cortarlas e interpretarlas. El médico renacentista que abría cuerpos con un sentido hermenéutico se les asemeja. La descomposición es la destrucción de la carne, la carroña. Se abre un umbral entre lo que aún está vivo y lo que muere. Las larvas son el nacimiento de una nueva posibilidad. Comenzar una historia in medias res se aproxima a estas oportunidades de lo nuevo. Los gusanos viven en la mitad de algo que se abre, que está desmembrado. El carnicero resiste todos los días el abismo y la fuerza de la sierra. El trabajo artístico es un juego de vivir y experimentar la escritura in medias et in extremis res.

________________________

ANDREA GARZA GARZA (1990) es ensayista. Licenciada en Letras Españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Actualmente es becaria en el área de ensayo literario de la Fundación para las Letras Mexicanas.

Dejar un comentario



Carta de un lector incrédulo
Mi muy estimado amigo: Poco tiempo ha leí en un periódico capitalino un artículo titulado: “Minucias de la ardua empresa de editar obras literarias en pos de libros limpiados de erratas, galimatías y palabras ajenas al original, escrito por el padre Juan Ruiz Pulcrato de Rivadeneyra”. El detallado título, que ocupaba no menos de cuatro […]
Cuentas de vidrio
Medellín, Extremadura, 1547 Don Hernando, si es que puede dársele el apelativo de señor al saco de huesos que se inflaba y desinflaba dificultosamente con cada respirar, estaba muriendo. Martín, hijo del agónico, esperó, entre el ansia y la tristeza, el final de su padre; tenía la esperanza, ingenuo, de que la muerte le hubiese […]
La crítica y el gusto
Debe haber cientos de libros al respecto del arte y lo artístico, aunque en nuestros días sigamos sin poder generar una definición convincente, abarcadora, consensuada y definitiva de ‘arte’. Dirán algunos que enfrascarse en esa discusión es un desperdicio de tiempo, que lleva a debates bizantinos. Es posible que tengan razón, pero no deja de […]
El peso de la religiosidad en la identidad nacional
“Creer en México” no habla de que los mexicanos tengan fe en su país, sino todo lo contrario: muestra la incredulidad en sus instituciones, en sus valores patrióticos y en sus formas de participación civil. “Creer en México” busca retratar el perfil de los mexicanos a partir de sus preferencias y adhesiones religiosas. En el […]
Inmigración y racismo en Estados Unidos
La discriminación en el país vecino ha alcanzado a grupos muy distintos: a los pueblos nativos y la gente de origen africano, por supuesto, pero también a variados conjuntos de migrantes. Los mexicanos radicados allá no han sido la excepción. Todos los animales son creados iguales, pero algunos animales son creados más iguales que otros. […]
Más leídos
Más comentados
¿Por qué es un problema la lectura? (207.142)
Desarrollar el gusto por la lectura no es cuestión meramente de voluntad individual. El interés por los libros aparece sólo en ciertas circunstancias.

Jóvenes que no estudian ni trabajan: ¿Cuántos son?, ¿quiénes son?, ¿qué hacer?1 (121.820)
...

La distribución del ingreso en México (110.355)
...

Los grandes problemas actuales de México (82.545)
...

Perfil demográfico de México (67.074)
...

Presunto culpable: ¿Por qué nuestro sistema de justicia condena inocentes de forma rutinaria?
Bas­tan­te han es­cri­to y di­cho ter­ce­ros so­bre Pre­sun­to cul­pa­ble....

Los grandes problemas actuales de México
Se dice que el país está sobrediagnosticado, pero en plenas campañas y ante...

I7P5N: la fórmula
Homenaje al ipn con motivo de su 75 aniversario, este ensayo es también una...

China – EUA. ¿Nuevo escenario bipolar?
No hace mucho que regresé de viaje del continente asiático, con el propósito...

La sofocracia y la política científica
Con el cambio de Gobierno, se han escuchado voces que proponen la creación...

1
Foro de Indicadores