Friday, 22 March 2019
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Lara Zavala: compartir el placer
Cultura | Este País | Galaxia Gutenberg | José Antonio Lugo | 01.02.2015 | 0 Comentarios

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Hernán Lara Zavala,
La prisión del amor y otros ensayos narrativos,
Taurus, México, 2014.

En su más reciente libro, Hernán Lara Zavala nos ofrece una colección de textos que parten de un eje temático, a partir del cual el autor va trazando una diagonal, uniendo puntos, como en el juego de la infancia. En este caso, los puntos son distintas obras literarias, unidas a través de una mirada oblicua que muestra lo que a primera vista no sería visible.

El ensayo que da título al libro recrea algunas famosas novelas —El coleccionista, Pedro Páramo, En busca del tiempo perdido, Lolita, entre otras—, en las cuales el personaje que ama pretende, a través de diferentes estrategias, atrapar a su amada. La paradoja es que, como en el caso de las mariposas, las únicas formas de poseer la belleza son fijándola, en la inmovilidad absoluta de la muerte, o conducirla a una representación infinita —al estilo de Klossowski—, lo que demuestra que solo se puede atrapar la belleza matándola —de un modo u otro.

En otro registro, en los tres ensayos sobre James Joyce que contiene el libro, Hernán nos dibuja también una diagonal, en apariencia desde el interior universo narrativo del escritor irlandés. Nos explica cómo, al tiempo que buscó recrear Dublín, decidió exiliarse; cómo, en Giacomo Joyce, también intentó fijar la imagen de su amada, y cómo logró describir el “fluir de la conciencia“ de la mente humana. Al hacerlo y mencionar la relación de Joyce con Nora, traza la línea que llega hasta su espléndido cuento —de Lara— El guante negro y, de pasada, esboza un ensayo futuro, cuando afirma que la proeza de Faulkner al describir en el primer capítulo de El sonido y la furia el pensamiento de Benjy, quien padece retraso mental, supera el monólogo de Molly Bloom con el que termina Ulises.

Dos estupendos ensayos sobre Malcolm Lowry conforman otro bloque. En el primero, Lara nos habla de la tortuosa relación de Lowry con Conrad Aiken, su mentor y amigo, quien le presentó a Jan —la Yvonne de Bajo el volcán— y con Albert Erskine, su editor. Al final de este texto, Hernán se pregunta: ¿perfección en la vida o en la obra? Y se responde:

Yo me declaro a favor de la perfección en la obra, pues Bajo el volcán es una novela imbuida de un profundo sentido mítico y religioso que permite que aun los que abjuran del alcoholismo puedan sentir la carga de la angustia existencial del Cónsul: es una novela que nos brinda una dolorosa imagen de la caída del hombre, de su lucha consigo mismo observada con penetrante lucidez y sentido crítico, y no exenta, por cierto, de cierto sentido del humor. Es también una historia que plantea la imposibilidad del amor, la soledad innata del hombre, del vano anhelo de ir más allá de sus capacidades humanas y de la condenación a la que está sujeta cualquier persona por el solo hecho de vivir en este mundo que, a veces, puede asemejarse a un infierno.

En el segundo ensayo, Lara traza una línea que une a Joyce y a Lowry: otra diagonal.

Mencionaré un par de textos más: “Últimas palabras“, en donde el ensayista reflexiona sobre los últimos dichos o escritos de Cervantes, Chéjov, Shakespeare, Stevenson, Coleridge, Wilde y, por supuesto, Joyce; así como “La estética del fracaso“, centrado en Scott Fitzgerald, aunque Hernán aprovecha para comparar su obra con la de Hemingway.

Como se puede ver, La prisión del amor y otros ensayos narrativos es una colección de textos escritos desde la mirada de un novelista, en la mejor tradición del ensayo literario no académico del que fue un maestro Juan García Ponce. Este tipo de ensayo comparte con el lector las historias y tramas de cada obra para poder reflexionar junto con él sobre las claves secretas y las epifanías de los libros descritos.

Lo que demuestra este libro de Hernán Lara Zavala es su infinito placer como lector; un gozo que primero lo obliga a apropiarse de los libros y de los autores para, después, convertir las impresiones de su mirada en escritura, que entonces se ofrece generosamente a los lectores. Esa apropiación y las diagonales que surgen de la escritura se convierten, a mi modo de ver, en el más alto propósito del ensayo y la crítica literarios: compartir el placer.

__________________

JOSÉ ANTONIO LUGO (Ciudad de México, 1960) escribió sus tesis de licenciatura en Letras Francesas y de maestría en Literatura Comparada sobre Marguerite Yourcenar. Es autor, entre otros libros, de La inocente perversión: Mirada y palabra en Juan García Ponce (Conaculta, 2006), Letras en la astrología (Terracota, 2008) y, en coautoría con Yolanda Meyenberg, Palabra y poder: Manual del discurso político (Grijalbo, 2011).

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