Martes, 11 Agosto 2020
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Guillermo Arriaga. ¿Por qué contar historias?
Cultura | Personajes Y Escenarios | Ana Cruz | 01.12.2009 | 0 Comentarios

La película The Burning Plain, ópera prima como director de cine del reconocido escritor Guillermo Arriaga, está próxima a estrenarse en México. Con un elenco internacional encabezado por Charlize Theron, Kim Basinger y Jennifer Lawrence, Arriaga demuestra que también puede hacer un estupendo trabajo con la batuta del director. Sin embargo, la fuerza de la cinta radica en la historia y la manera de contarla. La poderosa imaginación del autor y su habilidad para tramar las vidas de sus protagonistas nos mantienen clavados a la butaca de principio a fin. Es así que Guillermo nos platica sus motivos para escribir. “Cuento historias porque si no las contara se me oxidaría la garganta y me envenenaría. Tengo una necesidad compulsiva de contarlas. Alguien puede explicar el mundo a través de ideas, otros lo pueden hacer a través de ecuaciones matemáticas, yo sólo me lo puedo explicar contando historias.”

The Burning Plain se exhibió por primera vez en la 65 Bienal de Cine de Venecia, en agosto del año pasado, y recibió un prolongado aplauso de parte del público. La cinta narra la historia de Sylvia, camarera de un restaurante en las llanuras de Baja California. En ella, la tragedia y la felicidad están íntimamente ligadas ya que, como bien explica Arriaga, “en un instante puede cambiar todo en la vida de cualquiera de mis personajes, como lo enseñaron en su momento Shakespeare y Sófocles”. Siempre de buen humor y satisfecho de su trabajo, Guillermo Arriaga conversa mientras acaricia a su perro.

Ana Cruz: ¿Qué es lo que te hace decidir tu vocación de escritor?

Guillermo Arriaga: Las mujeres. Desde muy chico me gustaban muchísimo las mujeres, pero como sentía que no me iban a hacer caso, preferí escribirles y descubrí que escribir era la manera en que me sentía más a gusto.

¿Cómo son tus primeros pasos como escritor?

Se remontan a hace mucho tiempo. Cuando tenía quince años escribí una obra de teatro, la ensayamos durante un año y cuando ya la íbamos a estrenar mis compañeros me pidieron que cambiara el final, a lo cual me negué. Esa experiencia me enseñó que hay que defender lo que uno cree como escritor hasta el final y no ceder nunca, porque si empiezas a ceder, empiezas a perder tu alma. Escribí cuentos de manera profesional a los diecinueve años para “Mi Periodiquito” del Novedades. Fueron los primeros cuentos por los que me pagaron.

¿El impulso del joven escritor es el mismo que el del escritor maduro?

La experiencia de escribir es siempre la misma. Nunca estás preparado para lo que viene. Los escritores nacemos con la idea de que tenemos en la mente un galón de tinta y vives con el temor de que ese galón se te acabe. Pienso que Hemingway se suicidó cuando se dio cuenta de que estaba vacío de tinta. Faulkner, el gran maestro, se sentía muy angustiado de saber que sus novelas más recientes eran menos buenas que las que escribió cuando tenía treinta años, como El sonido y la furia. Para mí es una gran satisfacción escribir, pero siempre me acecha el temor de que se vaya a acabar lo que tengo que decir. Cuando eres un joven escritor sientes que el impulso es inagotable; cuando empiezas a ponerte viejo, como es mi caso, te preguntas: “¿Tendré todavía para seguir adelante?”.

¿Cómo te estimulas para seguir escribiendo y que la tinta no se acabe?

A mí lo que me alimenta es la experiencia de la vida. Siempre he procurado que mi mayor influencia como escritor sea la vida misma, no otra cosa. Si no hay vida detrás de lo que escribes, se convierte en algo hueco. Por ello siempre procuro que sea mi propia experiencia vital, o lo que he observado muy de cerca, lo que impulse mi escritura.

¿Esa experiencia, esas vivencias se dan de manera espontánea o las propicias?

Nunca busco experiencias para tener material. Mis experiencias son las que la vida me ofrece día a día, y de ahí es de donde tomo lo que tengo que escribir. Además, no hay que olvidar que el galón de tinta se llenó mucho durante la niñez y la adolescencia, que es una etapa fundamental para todos los artistas. Lo que escribo tiene mucho que ver con lo que viví y observé de niño.

Creo que lo importante es recoger de la vida lo que te va ofreciendo. Ir a buscar experiencias por la experiencia per se abarata la experiencia.

¿De la literatura pasas al cine de manera natural? ¿Cómo es este tránsito?

Cuando era niño les dije a mis papás que quería ser escritor y que me iba a ganar el Premio Nobel, la Palma de Oro de Cannes y el Oscar de la Academia. Ensayaba mis discursos dirigiéndome a la Academia sueca, al Palacio del Festival de Cine de Cannes y frente a una botella de Coca Cola, que era la réplica del Oscar. Siempre quise ser escritor pero pensando en vincular la literatura con el cine. Estudié la carrera de comunicación con la idea de dedicarme al cine, pero como sentía que no tenía talento para el séptimo arte, durante un tiempo lo abandoné para abocarme exclusivamente a escribir libros.

¿Por qué no te gusta el término guión cinematográfico?

La palabra guión no me gusta porque me parece peyorativa. Significa reducir el trabajo del escritor a una mera guía para que alguien haga el trabajo real, lo cual me parece injusto. Nadie que escriba teatro considera que escribe una guía; nadie que escriba música dice que escribe una guía; nadie que hace arquitectura piensa que escribe guías; y todas estas actividades son obras que hacen otras personas. Entonces me parece una palabra injusta, me parece una palabra peyorativa el uso del concepto guión cinematográfico.

El guión es literatura. ¿Por qué no se le reconoce como tal?

El otro día alguien me preguntó: “¿Por qué dejaste la literatura para dedicarte al cine?”. Yo le contesté: “Yo sigo haciendo literatura”. Al escritor de teatro nunca se le cuestiona si está haciendo literatura. Entonces, ¿por qué al dramaturgo de cine se le cuestiona si está haciendo literatura? Claro que es literatura. Pero en el cine hay un asunto de poder que no hay en el teatro.

¿Por qué es recurrente el pretexto de un accidente para detonar tus historias?

A partir de un accidente automovilístico que tuve un 26 de diciembre a las 6:17 de la mañana, en Rancho Nuevo, Huasteca Potosina, quedé marcado. Nos caímos a un barranco y cuando desperté me encontré rodando por la ladera, entre piedras, gritos, vidrios rotos y el crujir del metal. La experiencia no hubiera sido tan impresionante si hubiera venido despierto, pero venía completamente dormido. Recuerdo que una de mis obsesiones era saber qué pasó justo antes, durante y después del accidente. Por eso quise llevar esa estructura mental de lo que me sucedió en ese accidente a Amores perros.

¿Por qué el interés en innovar las estructuras narrativas?

Como vengo de la literatura considero que lo que yo hago es aplicar estructuras literarias al modo de hacer cine. ¿Esas estructuras, de dónde vienen? De la forma cotidiana de contar historias. En la vida nunca contamos una historia en forma lineal. Jamás. El modo natural de contar historias es yendo de un lugar a otro. Cualquiera de nosotros que reflexione cómo cuenta el día que conoció a su mujer no lo hace de manera lineal. La literatura ha recogido esa forma cotidiana de contar y la quise llevar al cine.

¿La literatura es la gran maestra?

Para mí sí. Una de las grandes lecciones de la literatura es que cada historia tiene una forma distinta de ser contada. Por eso yo lo que quiero es encontrar la estructura orgánica para cada historia. Si te fijas, cada película que he escrito tiene una estructura distinta, ninguna se repite.

Sin embargo, ¿podría decirse que en tus películas hay elementos que se repiten y que se vuelven el sello Arriaga?

El común denominador es que busco estructuras que cuenten la historia del mejor modo. Amores perros eran pasado, presente y futuro en una historia. 21 gramos es un ir y venir completamente caótico. Los tres entierros… empieza de manera confusa, como el personaje principal: no sabe qué pasa y una vez que encuentra la respuesta, la película avanza de manera lineal. En Babel son cuatro historias que se van cortando entre sí, son cuatro estructuras completamente distintas. La estructura de El búfalo de la noche es completamente distinta. Y The Burning Plain, que es lo que viene, no tiene nada que ver con lo anterior.

¿Siempre escribes sobre inquietudes personales o alguien puede proponerte alguna idea para desarrollarla?

No hago trabajo por encargo. Ninguno de los trabajos que he hecho ha sido por encargo. Con Tommy Lee Jones fue un encuentro afortunado. Él me dijo algo muy lindo: “Te respeto tanto que quiero que escribas lo que tú quieras”, y así fue que escribí Los tres entierros de Melquiades Estrada, una historia que traía desde hacía muchos años. Se la conté y me dijo: “Perfecto”. Me dio absoluta libertad para escribir lo que yo quería, el único acuerdo fue que Tommy Lee Jones sería el protagónico. Nos fuimos a la frontera, me invitó a cazar a su rancho y le dije: “Estamos aquí, hablemos de nosotros, de la relación México- Estados Unidos”, y él me contestó: “Genial”.

¿Te gusta hablar del amor o del desamor?

El amor es el sentimiento más importante que puede surgir en los seres humanos. El amor habla de la identidad de un ser con otro y de nuestra identidad personal, que está construida a partir de la relación con nosotros y los demás. Yo no sólo soy Guillermo Arriaga, soy el esposo de Maru, el hijo de Carlos y Amelia, el papá de Mariana y Santiago, el hermano de Patricia, Carlos y Jorge. Soy el tío de Alan, el amigo de Lorenzo, de Adrián, de Pablo, de Simón. Todas esas personas construyen esa identidad y cuando una de ellas no está o se ausenta, mi identidad se ve coartada. El amor no sólo es el amor romántico de pareja, hay el amor filial, el amor fraternal, el amor de amigos y otros. Por eso, el sentimiento más intenso y más humano puede convertirse en el más destructivo. Sólo a la persona que amaste con toda tu alma puedes odiarla con toda tu alma, a causa de una traición o un engaño. En un momento dado, puedes estar dispuesto a dar la vida por alguien y en cuestión de segundos, por algún motivo, desear destruirla o dejarte destruir. El amor es un sentimiento muy intenso.

¿Y la ausencia de amor?

Mi obra es un análisis del amor y los problemas que conlleva la ausencia de amor, que es el sentimiento más doloroso. La incomunicación y la soledad son la falta de amor. El sentir que tú amas con toda tu furia y no te aman es muy fuerte, es muy doloroso. Por ejemplo, cuando tú amas locamente a tus hijos y no puedes comunicarte con ellos es un proceso muy penoso. Cuando no entiendes qué le está pasando a un amigo, y ves que se involucra con un mundo que es ajeno a ti, entras en un proceso doloroso de incomunicación. Desafortunadamente la sociedad contemporánea nos lleva cada día más y más a estar mejor informados y menos comunicados. ¿Estar incomunicados es padecer la falta de amor? Puede ser.

Escribes, produces y diriges. ¿Por qué esta necesidad de estar en toda la cadena cinematográfica?

Ya sólo me falta ser exhibidor. La razón es el deseo de controlar la obra final. Que lo que voy a decir, lo que tengo en la cabeza, se reproduzca lo más fielmente posible a mi intención. Por eso estoy dirigiendo, produciendo, escribiendo, editando las películas que hago. Sin embargo, siento que dentro de muy poco me retiraré del cine para dedicarme sólo a escribir libros. La actividad dentro de la industria cinematográfica es muy desgastante, requiere de mucha energía. Pero es un deseo y una necesidad legítima controlar, hasta donde sea posible, tu mundo creativo. Como dice Vargas Llosa: “Crear es un deicidio”, es decir, es el asesinato de Dios. Por eso, al crear un mundo nuevo quieres que sea idéntico al que te imaginas. ~

Ana Cruz

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