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Una conversación con el rector de la UNAM
Este País | Histórico | Granados Chapa Miguel Ángel | 29.09.2009 | 0 Comentarios

El 16 de Enero, el autor conversó con el rector de la UNAM, el doctor Juan Ramón de la Fuente, en su programa radiofónico Palaza Publica en Radio UNAM. Presentamos una edición editada de esta conversación pues la consideramos de interés para nuestros lectores.

 

 

El presupuesto para la Universidad

MAG. En tu mensaje del 10 de enero pusiste énfasis en el rompimiento de una inercia presupuestal cuando, por las negociaciones que emprendiste con la Cámara de Diputados y con el Poder Ejecutivo, la Universidad Nacional Autónoma de México obtuvo un 16 por ciento de incremento que, disminuida la inflación, calculada en 6.5 por ciento, se acerca a la meta del 10 por ciento que se había propuesto la autoridad universitaria. ¿En qué consiste esta inercia? ¿Cómo fue posible romperla y a qué merecimientos de la Universidad responde la actitud del Congreso de la Unión?

 

JRF. En los últimos años el presupuesto, que a manera de subsidio da a la Universidad el gobierno federal, en cumplimiento de sus obligaciones, había seguido una inercia de crecimiento muy limitado, que obstaculizaba las posibilidades de crecimiento y de una planeación estratégica para los años subsecuentes.

 

Planteamos ante el Consejo Universitario, desde mediados del año pasado, un esquema que consideraba la posibilidad de que la Universidad creciera en términos presupuestales un 10 por ciento anual, por arriba de los índices inflacionarios, durante los tres años subsecuentes, y que esto nos llevase, en el año 2003, a recuperar un 30 por ciento de la capacidad económica de la Universidad en términos reales. Es decir, por arriba de las inflaciones, independientemente de cuáles fueran esos índices inflacionarios. Desde entonces empezamos a trabajar tanto interna como externamente, argumentando cuáles eran nuestras necesidades: por qué se requería de un mayor presupuesto; para qué se iba a utilizar; cuáles eran las tareas que realiza la Universidad al servicio de la sociedad, que van más allá de la enseñanza, de la investigación y de la difusión de la cultura: servicios fundamentales para la vida de nuestro país como el Servicio Sismológico Nacional -cuya importancia se hizo manifiesta en la reciente actividad del volcán Popocatépetl-, la Red Mareográfica, el Jardín Botánico; las actividades de nuestros buques oceanógraficos o, en el área cultural, la aportación de la Biblioteca Nacional. Todas éstas tareas que, a lo largo de nuestra historia, la Universidad ha venido asumiendo para beneficio de la sociedad mexicana y que corresponden a funciones fundamentales que cuestan mucho dinero. Así, desplegamos nuestros argumentos en un ambiente complicado, de cierta crítica a la Universidad y a la universidad pública.

 

MAG. En este ambiente de transición política que dificultaba la comprensión de las distintas funciones de la Universidad.

 

JRF. Así es, con una transición política que implicaba el inicio de un nuevo gobierno y de un nuevo régimen, que tenía sus propios planteamientos en materia educativa. Finalmente, llegamos a la negociación con los diputados de la honorable Cámara. Platicamos con todas las fracciones políticas, con las comisiones correspondientes, en particular la de Presupuesto y Cuenta Pública, la de Hacienda y la de Educación. La Cámara de Diputados decidió, en mi opinión, en una medida de enorme trascendencia, dar un respaldo importante a la Universidad y, en un voto de confianza hacia ella, aumentó su presupuesto. Esto nos permitió, como decías, revertir una inercia y obtener un incremento que no habíamos visto en la Universidad desde 1994.

 

MAG. Esto tiene que ver con un ánimo generalizado, particularmente en los ambientes del nuevo régimen sobre la fiscalización a las universidades públicas. Hay que darles dinero, pero hay que vigilar cómo lo emplean. ¿Cuál es tu percepción sobre esta nueva actitud y cómo ha respondido a ella la Universidad Nacional y cómo responderá en el futuro inmediato?

 

JRF. En primer lugar es una posición absolutamente legítima. Hoy en día en México, en todos los ámbitos, creo que es fundamental que haya una fiscalización muy rigurosa de los recursos públicos y privados.

 

¿Qué queremos decir por fiscalización? Pues que haya una revisión escrupulosa por instancias internas y externas de cuál es el destino de estos recursos, para qué se están utilizando: cuáles son los objetivos que se pretenden alcanzar con estos recursos y. desde luego, cuáles son esos resultados que en el camino se van a alcanzar.

 

La Universidad, conviene recordar, siempre ha hecho pública su cuenta anual, siempre ha tenido una auditoría externa y siempre ha habido al final, antes de publicarse esa cuenta, el aval del Consejo Universitario. \iAG. No es un tema nuevo.

 

JRF. Así es. Si otras instancias externas, como puede ser el propio Poder Legislativo, que al final fue el que aprobó este año un presupuesto adicional a la Universidad, aeterminan revisar con detalle el uso que los universitarios hacemos de esos recursos, bienvenidos.

 

Así, de hecho, podrán constatar que no solamente se hace un uso escrupuloso de ellos, sino que tenemos más necesidades, para que en los años subsiguientes, conociendo más a fondo cuáles son las necesidades de la Universidad, sigamos obteniendo un crecimiento similar al de este año. Por esto, la primera deteiminación de carácter administrativo que tomamos este año fue transferir al patronato de la UNAM la Dirección General de Presupuesto.

 

Esto en estricto apego a la Ley Orgánica. Es función del Patronato. Por otra parte, esto nos permitirá que haya una transparencia total en la forma como vamos a utilizar estos recursos, para que la sociedad y los poderes públicos conozcan oportunamente en qué se están usando los recursos del subsidio federal. MAG. ¿Por qué la Secretaría Administrativa había asumido en el pasado esta programación presupuestal y por qué ahora corresponderá al patronato? JRF. Porque creo que en el curso de los años, como corresponde a la rectoría la formulación del Anteproyecto de Presupuesto, la Secretaría Administrativa, por medio de esta dirección, formulaba el anteproyecto, que necesariamente pasa por el Consejo Universitario.

 

Ahora lo que hacemos es fortalecer al interior de la Universidad la división de competencias. Que el patronato se encargue de hacer lo que por ley le corresponde; la rectoría hará lo propio; el Consejo Universitario lo que le corresponde como máximo órgano de gobierno y, de esta manera, contribuimos a transparentar la forma como la Universidad hace uso de esos recursos públicos.

 

 

En defensa de la universidad pública

MAG. El incremento salarial, que es significativo por su monto, por su contraste con el pasado inmediato, adquiere una mayor importancia en el entorno en que la universidad pública ha estado en cuestión. Los propios diputados que aprobaron el presupuesto al que te has referido han buscado indagar en las finanzas de la Universidad Veracruzana, de la de Guadalajara; porque hay una preocupación, una cierta distancia y hasta hostilidad en algunos ambientes legislativos y políticos en relación con la universidad pública. ¿Cómo percibes este ánimo de una porción del público frente a la universidad pública y cuál es el papel que le corresponde a la Universidad Nacional en la defensa de la universidad pública?

 

JRF. Es una situación real la que tú señalas. En efecto, hay cuestionamientos, algunos de ellos de buena fe, otros quizá sesgados o con información insuficiente… MAG. O bien surgidos de la ignorancia. JRF. Surgidos de la ignorancia, pero, en fin, para fines prácticos ahí están esos cuestionamientos …. MAG. Y tienen una densidad política que no se puede soslayar.

 

JRF. Absolutamente, y nos obliga a los universitarios a asumir una posición responsable frente a estas acusaciones que en ocasiones se convierten en verdaderas embestidas y a defender los principios en los cuales se sustenta la universidad pública.

 

La universidad pública representa finalmente muchas cosas dentro del contexto educativo y social de un país como México. La educación pública parte de principios fundamentales como que nadie debe quedarse sin acceso a la educación por razones económicas; como que nadie debe quedarse fuera del sistema educativo por razones ideológicas, de religión o de raza. Principios tan fundamentales como los de libertad de cátedra y de investigación. Los de la pluralidad misma, manifiesta en la composición de la comunidad universitaria; de la tolerancia a las posiciones divergentes que se dan y que constituyen parte de la riqueza de la Universidad y, desde luego, el principio de la autonomía, que está muy ligado al concepto de la universidad pública. Es decir, la institución autónoma entendida de manera clara, no como extraterritorialidad, ni privilegio para manejar arbitraria o caprichosamente sus recursos, sino como capacidad de autogobernarse y de definir, con transparencia y mediante sus cuerpos colegiados, el uso que se le quiere dar a su patrimonio.

 

Entonces creo en la necesidad de mantener -hoy más que nunca- una defensa de la universidad pública, como algo fundamental e irremplazable en nuestro país. Independientemente de que hayan surgido en los últimos años universidades privadas, algunas de las cuales -lo hemos comentado en otras ocasiones- realizan sus funciones de buena manera, pero que, en todo caso, son complementarias del sistema público de universidades, que es el que sigue llevando el gran peso de la educación superior en México.

 

De los cerca de dos millones de alumnos matriculados en educación superior en nuestro país, el 72 por ciento está en universidades públicas. Además, cómo no resaltar que en el contexto nacional, en los tiempos que vive el país, las universidades públicas, y en particular la UNAM, han sido el instrumento de movilidad social más importante que hemos sido capaces de generar los mexicanos a lo largo de nuestra historia.

 

Este papel de capilaridad social que tiene la Universidad Nacional forma parte de su tarea sustantiva, es un compromiso irrenunciable y que solamente las universidades públicas son capaces de poner en juego.

 

Aquí, creo, está la clave de la razón social, política, de lo que debe ser la defensa inteligente, cuidadosa y firme de la universidad pública.

 

 

Universidad y pluralidad política

MAG. La pluralidad a la que te refieres en la Universidad también se refleja en el sistema social y en el político. La Universidad estovo muy inserta en las últimas décadas en un sistema regido por un partido dominante y hoy tiene que tratar con un gobierno federal de un partido distinto al PRI y con otro gobierno, en su principal sede, que es el Distrito Federal, de otro partido también distinto al PRI. ¿Cómo, en esa perspectiva, se inserta la Universidad en las nuevas condiciones políticas del país? JRF. Es una nueva prueba para la Universidad. Estoy seguro que por nuestra misma tradición, por nuestra cultura democrática, la vamos a sortear de manera exitosa.

 

Lo primero que te comentaría es que por esto me pareció tan significativo el respaldo de la Cámara de Diputados a la Universidad. Porque, en efecto, fue un respaldo de todos los partidos políticos, lo cual considero entraña un mensaje muy interesante desde el punto de vista del análisis político y social.

 

Por otro lado, hemos establecido mecanismos de interlocución con los nuevos gobiernos: con el gobierno federal y con el de la Ciudad de México. He tenido oportunidad de entrevistarme con el presidente Vicente Fox y con el licenciado Manuel López Obrador y te diría que, en términos generales, la interlocución establecida ha sido cordial, respetuosa y hemos convenido, incluso, en que pudiésemos empezar con algunos programas de colaboración, que son de interés de los gobiernos y que son también de interés de la Universidad. Son proyectos que tienen que ver, por ejemplo, con las condiciones de la Ciudad de México y/o con la Ley Federal del Trabajo.

 

Queremos dejar muy claro que la Universidad está en el mejor ánimo de colaborar en las áreas que le competen a la Universidad, con el gobierno de la Ciudad de México. Aclarando también que la Universidad es una institución autónoma, que tiene sus propios principios, sus condiciones, pero que esto de ninguna manera nos limita para establecer formas de colaboración con los nuevos gobiernos, independientemente de los partidos de los cuales provengan.

 

Creo que esto es parte de la capacidad histórica de la Universidad para asimilar la pluralidad ideológica hacia adentro y hacia fuera. De manera que no anticipo problemas por esta razón. Al contrario, si alguna institución ha contribuido a lo largo del siglo pasado al fortalecimiento y al desarrollo de una cultura democrática en México ha sido la UNAM.

 

Ahora lo seguiremos haciendo en este nuevo contexto nacional, con una separación más clara entre los poderes públicos. Con un Poder Legislativo mucho más equilibrado y con la oportunidad que tenemos de convivir simultáneamente en una ciudad gobernada por un partido político y en un país gobernado por otro; siendo la Universidad una dependencia de carácter federal, pero ubicada geográficamente, por lo menos en sus áreas principales en la Ciudad de México.

 

No olvidemos que la UNAM es nacional, entre otras cosas, por su posición geográfica. Tenemos instalaciones en 21 entidades federativas, En algunos casos, con campus muy importantes como el de Morelos, el de Querétaro, el de Michoacán; con estaciones marinas en nuestros litorales; con zonas ecológicas que están bajo nuestro cuidado. Así que hemos mantenido también una relación con los gobiernos estatales.

 

La pluralidad ha sido parte de nuestra esencia y la Universidad ha dado muestras de que ésta, además, le conviene a México. La Universidad se siente cómoda en ambientes donde prevalece la pluralidad porque ha sido parte de su vocación.

 

 

Los retos de la reforma universitaria

MAG. De hecho, la vida universitaria era un anticipo y una meta de lo que podía hacerse en el país y está comenzando a hacerse.

 

En tu mensaje del 10 de enero definiste el 2001 como el año del Congreso, de la reforma. Antes de adentrarnos a la mirada de este porvenir inmediato, me parece conveniente lo que lo prepara, lo que lo antecede. Tú llegaste a la rectoría en un momento convulso de la Universidad, un momento especialmente crítico y has sido rector durante todo el año 2000.

 

¿Cómo percibiste a la Universidad desde el momento de tu designación por la Junta de Gobierno? ¿Cómo ha caminado la Universidad este año? Y de ahí partiríamos para ver tu percepción del Congreso y de la reforma. JRF. En efecto, fueron tiempos muy difíciles para la Universidad, decisivos en muchos aspectos. Un problema que surgió, a mi juicio y visto en retrospectiva, como una expresión de descontento por el Reglamento General de Cuotas que se había aprobado en el contexto de un presupuesto restringido. Por eso es tan importante el incremento y la reversión de esta inercia presupuestal de la que hablábamos al inicio, porque el descontento surgió por una reducción al presupuesto real de la Universidad ese año.

 

Esta situación se convirtió en un proceso crónico, de larga duración. Planteamientos que en un principio podrían haber tenido, desde mi perspectiva, legitimidad se van contaminando y se traslapan y se montan en el proceso electoral de nuestro país. Entonces aquello se convierte en una maraña complicadísima de intereses y de participación de grupos, algunos de ellos totalmente ajenos a la Universidad.

 

Gradualmente, la Universidad muestra una vez más su vitalidad, que es formidable. Su capacidad para enfrentar problemas, superarlos y, de hecho, fortalecerse después de los problemas, situación que no ha sido rara en la historia de la Universidad. Grandes cambios se han dado después de grandes conflictos.

 

La autonomía surge después de un conflicto universitario. La reforma de Antonio Caso se da después de un gran conflicto. De manera que nuestra historia nos orienta hacia una oportunidad realmente interesante, para que después del conflicto que tuvimos y, sobré todo, en el nuevo escenario nacional en el que estamos inmersos, la Universidad dé un paso determinante para su futuro y para el futuro de la educación superior en México durante el presente año. Ese paso tendrá que ser la reforma.

 

Debemos llegar al fondo de los problemas que no han podido quedar resueltos, porque los universitarios sabemos que tienen que revisarse y formularse nuevas propuestas. Tenemos que revisar la estructura administrativa de la Universidad, nuestro marco jurídico, nuestras formas de participación en la toma de decisiones y la elección de funcionarios universitarios, entre otros grandes temas.

 

Imagino una reforma que realmente nos permita poner al día a la Universidad y proyectarla hacia el futuro con una concepción de vanguardia respecto de lo que debe ser una universidad pública.

 

Lo único que debemos mantener son nuestros principios. Estos principios de los que hablamos ante la defensa de nuestra autonomía, nuestro carácter público, la libertad de cátedra, de investigación; la importancia de la difusión de conocimientos como una tarea sustantiva de la universidad pública. MAG. La pluralidad, la tolerancia…. JRF. La pluralidad de su comunidad, la tolerancia, el respeto. La capacidad que tengamos para limar nuestras divergencias por medio del diálogo. Nuestro repudio a la violencia, una expresión totalmente antiuniversitaria en donde creo que la Universidad tiene que poner el ejemplo en nuestro país. Mostrar cómo podemos encontrar soluciones a nuestros problemas, en esta gran pluralidad, por medio de un diálogo inteligente y razonado.

 

Éste es el tamaño de la Universidad. Pero los universitarios debemos estar no solamente conscientes de lo que implica, sino animados porque la Universidad hará este año una gran reforma, que le permitirá preservar su vigencia, viabilidad, liderazgo y autoridad moral durante muchos años más.

 

Ahí es donde el Congreso será el proceso catalizador de este ánimo de transformación que compartimos la mayoría de los universitarios. Quiero aprovechar la ocasión para invitar a todos los universitarios a participar activamente en el Congreso y en la reforma. Queremos hacer un Congreso plural, democrático, resolutivo, que no excluya a nadie. Nadie debe sentirse excluido. Desde luego nadie lo estará a priori.

 

Hay muchas ideas en torno al Congreso y a la reforma. Vamos a seguir tratando de establecer consensos mínimos para que en el curso de la próxima semana el Consejo Universitario pueda iniciar los trabajos preparatorios para el Congreso.

 

Mientras tanto, seguimos trabajando en las tareas académicas y avanzando en algunas transformaciones administrativas importantes. Como esta última en la que le transferimos al Patronato funciones que nos van a permitir consolidar la forma como ejercemos el presupuesto en la Universidad.

 

MAG. La convocatoria al Congreso, su propio desarrollo, sus resultados, ¿constituyen un riesgo para la Universidad? Había una explosividad que afloró por motivo de la reforma al Reglamento General de Pagos que produjo el conflicto de 1999-2000. ¿Hay alguna situación análoga que demandaría cierta cautela? ¿Cómo percibes el entorno político en el que vas a desarrollar el Congreso? JRF. Desde luego mucho mejor del que había en 1999 y en los primeros dos meses del 2000. Ciertamente hay riesgos, sin embargo, me parece más riesgoso no hacer el Congreso. Lo digo con absoluta convicción. Por otro lado hay un compromiso del rector y del Consejo Universitario para hacer el Congreso.

 

Justamente hace un año, en una sesión muy importante, el 6 de enero, el Consejo Universitario tomó una serie de decisiones que se han cumplido cabalmente. Debo también recordar que la suspensión del Reglamento General de Pagos y la suspensión de las reformas de 1997 se hicieron con la determinación de dejarlas para su discusión en el Congreso. Hay pues el compromiso de hacer un Congreso.

 

Más allá de los riesgos, creo que la comunidad universitaria está consciente de que en estos momentos resulta fundamental para la propia Universidad que el Congreso se haga y se haga bien. Con legitimidad, y con inteligencia se pueden obtener los consensos que permitan instrumentar la reforma.

 

Si esto no ocurre, la Universidad seguirá padeciendo algunos de sus problemas crónicos. Pero además, si no se desarrolla en un ámbito de respeto y de participación democrática y legítima de los universitarios, las voces y grupos que cuestionan a la Universidad por diversas razones encontrarán nuevos argumentos para seguirla cuestionando. Han insistido en que la Universidad Nacional no tiene ya viabilidad, que es muy grande y que en esas condiciones no puede seguir sirviendo a México. Argumentos con los que estoy en desacuerdo y a los cuales hemos respondido, pero tenemos que responder de manera más contundente en los hechos, con una reforma que no deje en la sociedad mexicana la menor duda de que la UNAM está dedicada y decidida a seguir jugando un papel fundamental en el desarrollo de México.

 

Ésta tiene que ser la visión y el objetivo común que una a los universitarios. Más allá de posiciones divergentes, que sabemos que existen y que se van a expresar en el Congreso, en donde el gran reto será llegar a acuerdos en lo fundamental que defiendan y protejan a la Universidad.

 

Lo fundamental consistirá en poder iniciar la transformación estructural y funcional de la Universidad, en torno a los grandes temas, sin poner en riesgo su autonomía ni ciertamente su integración. ,

 

¿Qué quiero decir con esto? Es un punto en el cual algunos universitarios han hecho planteamientos relacionados con el tamaño de la Universidad. Creo que sus problemas no tienen que ver con su tamaño y más bien creo que debe contar con una administración ágil, sin mutilar componentes que son fundamentales como el bachillerato. MAG. ¿Calidad y cantidad no están reñidos? JRF. Por supuesto que no. Este argumento no tiene sustento. Desde luego hay ciertos límites que no podemos rebasar. En este momento, con los estudiantes de bachillerato, licenciatura y posgrado y con las instalaciones que tenemos, en relación con la planta docente, estamos en nuestro límite.

 

No podríamos seguir creciendo sin ampliar las instalaciones y la planta de profesores. Creo que hay una gran falacia en establecer como categoría a priori que calidad y cantidad son incompatibles. Hay ciertos límites, pero creo que la Universidad cotidianamente da muestras claras de que, a pesar de sus dimensiones, seguimos teniendo estudiantes excelentes, competitivos en sus diferentes áreas, seguimos teniendo los mejores investigadores que hay en el país sin menoscabo de otros colegas muy distinguidos que hacen un buen trabajo en sus instituciones; y seguimos teniendo una planta docente verdaderamente excepcional, prácticamente en cada una de las 68 carreras y ciertamente tenemos una planta docente de calidad en nuestro bachillerato.

 

Creo que queda claro que la reforma será para reorganizar mejor a la Universidad, para revisar su marco jurídico y su estructura administrativa, pero no para restarle partes a un todo que constituye la fortaleza de nuestra Universidad.

 

MAG. Para que siga siendo nacional y autónoma. JRF. Para que siga ofreciendo la gama de opciones educativas que tiene. Uno de los grandes retos de México en estos tiempos, cuando parece haber una suerte de casi idolatría por los mercados, es el impulso de carreras que no tienen un nicho atractivo en los mercados, pero que son importantes para el desarrollo de un país como el nuestro. Me refiero a que México necesita, además de médicos, ingenieros, contadores, administradores que sí tienen un nicho en los mercados, seguir formando antropólogos, historiadores, sociólogos, arqueólogos, filósofos, poetas, directores de teatro, politólogos. Además necesita continuar formando físicos, astrónomos y biólogos, que son justamente el tipo de opciones educativas que ofrece una institución como la ÜNAM y que en términos generales no abordan las instituciones de educación privada porque tienen menor demanda en el mercado laboral.

 

Otra vertiente importante de la condición y compromiso de la Universidad, con las humanidades, las ciencias sociales, las ciencias exactas, las ciencias naturales, consiste en formar profesores, investigadores y maestros en estas disciplinas que son fundamentales para que México tenga un desarrollo más equilibrado.

 

¿Qué haríamos si no tuviéramos humanistas ni investigadores en las ciencias sociales en México? Necesitamos más, independientemente de que alguien afirme que ésas no son profesiones demandadas ahora por los mercados. Por esto hemos planteado y lo reitero: no podemos subordinar las políticas y las filosofías a los mercados.

 

Tenemos que estar conscientes, pero no podemos hacer una subordinación estricta. Porque entonces entramos en esquemas educativos que única y exclusivamente se proponen ver cómo satisfacen esas necesidades coyunturales y en una concepción de la productividad, limitada a la productividad económica: cuando hay otros aspectos, igualmente importantes que reflejan una enorme productividad de los seres humanos y no necesariamente repercuten en forma inmediata y coyuntural en aspectos económicos.

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