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Transgénicos: ¿es sensato darles la espalda?
Este País | Fabrice Salamanca Ract | 22.11.2010 | 1 Comentario

Al abordar cualquier tema relacionado con los cultivos genéticamente modificados (GM), ha sido frecuente que las posiciones en torno a la utilidad o a los riesgos de éstos se polaricen, y que tanto promotores como detractores asuman posturas irreductibles, muchas veces atadas a argumentos efectistas o claramente emocionales.

Foto tomada de thirstyfoots07-Flickr-CreativeCommons

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Desde que los alimentos derivados de cultivos transgénicos llegaron a nuestras mesas hace tres lustros, diversos movimientos activistas emprendieron una feroz cruzada contra lo que denominaron —con no poca maledicencia— frankenfood. A partir de entonces y hasta nuestros días, la percepción pública de los transgénicos en la alimentación ha estado sujeta a innumerables mitos y distorsiones que poco han contribuido a generar un debate serio e informado, y que por el contrario han ocasionado que en numerosos países, como el nuestro, la discusión parezca empantanada.1

Cada uno de los temas, dudas, mitos, datos e interrogantes que forman parte del telón de fondo siempre que hablamos de la biotecnología aplicada a la agricultura, merecería un tratamiento formal en lo individual, pero aquí me centraré sólo en algunos de ellos, los cuales son relevantes para discernir los términos del debate.

¿Son seguros para el consumo humano y animal?

La biotecnología aprovecha las herramientas de la ingeniería genética para modificar el genoma de algunas variedades de organismos vivos, al dotarlos de características deseables o al suprimir rasgos no deseados. Los cultivos GM son una consecuencia necesaria y previsible de la evolución tecnológica en la agricultura y una buena representación de la sinergia entre  investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación productiva enfocada a la alimentación. El concepto de transgénicos refiere a que uno o varios genes de otra especie que otorgan alguna característica de interés (controlar los insectos plaga, tolerar la sequía o mejorar su perfil nutrimental, por ejemplo) han sido incorporados a un cultivo agrícola, para que la planta modificada genéticamente exprese ese rasgo particular y conserve todas sus demás características.2 En caso de que un cultivo genéticamente modificado vaya a ser destinado a la cadena agroalimentaria para su consumo humano o animal directo, o que sea procesado como ingrediente o insumo de un alimento, requiere la evaluación y autorización, caso por caso, de la autoridad sanitaria del país en donde será comercializado. (Figura 1)

En la actualidad y desde 1994, cada producto GM que se ha comercializado ha sido sometido al escrutinio de las autoridades de salud de más de 60 países, entre los que se encuentran Estados Unidos, las naciones de la Unión Europea, Australia, Japón, México, Canadá, Brasil, Colombia, Argentina y China, por destacar sólo algunos. En cada evaluación se siguen protocolos estandarizados 3 que analizan que las características del cultivo modificado se mantengan con respecto a la variedad convencional (que no se presenten rasgos de toxicidad o alergenicidad, que sus valores nutrimentales sean similares o equivalentes a los típicos, etcétera). En 15 años de uso de estas tecnologías, se han aprobado para consumo humano y animal más de cien cultivos transgénicos y de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, son tan seguros como sus contrapartes convencionales. 4 En otras palabras, el tema de la inocuidad de los cultivos transgénicos utilizados para la alimentación es un asunto transitable y ya muy transitado, porque existe el entramado regulatorio a nivel internacional para aprobarlos y monitorearlos,5 por más que ciertos grupos de interés persistan —desde posiciones supuestamente independientes y desinteresadas— en demonizarlos para escandalizar a más de un ama de casa.

¿Han servido para algo?

Los cultivos modificados genéticamente son la herramienta tecnológica de más rápida adopción en la historia de la agricultura moderna. Hoy, 14.4 millones de agricultores de 25 países la utilizan, en una extensión superior a las 134 millones de hectáreas.6 Los tres principales países exportadores a nivel mundial de maíz, soya y algodón utilizan cultivos GM desde hace más de una década. (Figura 2)

Las principales ventajas de los cultivos GM disponibles actualmente pueden resumirse en tres puntos: 1) aumentan la productividad promedio al minimizar las mermas que producen las plagas de insectos y maleza, lo que permite la expresión de todo el potencial productivo del cultivo; 2) hacen un uso más racional de los agroquímicos, reduciendo los costos económicos, sanitarios y ambientales asociados, y 3) son compatibles con prácticas de agricultura sustentable como la labranza de conservación y el manejo integral de plagas.7

Figura 3: Importaciones de Maíz en México
(millones de toneladas)
Fuente: Secretaría de Economía

EP-235-Salamanca-3

Aunque no existen aún en el mercado cultivos transgénicos que incrementen intrínsecamente los rendimientos, si observamos el aumento en la productividad desde la introducción de cultivares biotecnológicos constatamos que en diez años se han conseguido rendimientos promedio que hubiesen requerido 25 años con métodos convencionales de mejoramiento o bien mayores superficies dedicadas a la actividad agrícola. En el caso de México, debe subrayarse que desde 1998 se cultiva algodón transgénico con mucho éxito y en extensiones considerables —superiores hoy en día a las 100 mil hectáreas— y que los beneficios saltan a la vista: se ha reducido el uso de insecticidas, pasando de un promedio de 12 aplicaciones a tan sólo cuatro, mientras que la productividad promedio ha crecido en un 60 por ciento.8

Ante los beneficios medioambientales que se han alcanzado y que están documentados, destacados precursores del movimiento ecologista internacional han reconsiderado su posición con respecto a estas tecnologías, respaldando su uso. Tal es el caso de Stewart Brand y de Patrick Moore, fundador de Greenpeace,9 quien se sumó así a la petición de al menos 25 ganadores del Premio Nobel.10

El caso del maíz

El cultivo de maíz transgénico en México es el más claro ejemplo de la tendencia que existe a caer en un debate sordo y maniqueo. Todo pareciera apuntar a que sólo caben dos posiciones antagónicas y excluyentes: o permitimos la siembra de variedades transgénicas o protegemos la diversidad de los maíces nativos que aún se siembran profusamente en México. El problema con este planteamiento, al parecer inamovible, es que propone una falsa disyuntiva porque hace caso omiso de los hechos que impone la realidad. Empiezo por esto último, algo que podría llamarse la paradoja de la dependencia.

México dedica poco menos del 40% de la tierra agrícola en uso al cultivo del maíz, y es el tercer importador mundial de este grano en el mundo, sólo por debajo de Japón y Corea del Sur. Hoy en día, más de nueve millones de toneladas de maíz son importadas, primordialmente desde los Estados Unidos, y es, casi en su totalidad, maíz transgénico. La dependencia de nuestro país de la importación de maíz GM desde los Estados Unidos se ha duplicado desde que, en 1998, se decretó la moratoria a las siembras experimentales con estas tecnologías, y hoy la cifra es cercana a la tercera parte del consumo nacional. La paradoja es manifiesta: importamos, procesamos y consumimos maíz transgénico desde hace más de una década, pero prohibimos que los agricultores mexicanos puedan producirlo aquí. Cabe destacar otros dos elementos factuales: que dichos granos pueden en todo momento habilitarse como semilla y ser utilizados en siembras no autorizadas y que importamos maíz transgénico porque los únicos países exportadores, con excedentes de maíz, siembran cultivos biotecnológicos (Estados Unidos, Brasil, Argentina y Sudáfrica).11

Figura 4

EP-235-Salamanca-4

La falsa disyuntiva a que aludía —la que nos hace pensar en que dar un sí al maíz GM es dar un no al maíz criollo— encierra una aseveración equívoca: que los maíces mexicanos van a desaparecer por culpa de los transgénicos. Puesto de otra manera: según una difundida versión, el maíz biotecnológico causará daños irreparables a la biodiversidad por la vía de la “contaminación” de las variedades criollas. Sin embargo, no existe en la literatura científica ninguna evidencia que avale o que sugiera conclusivamente que la simple presencia de material genético exógeno de un maíz transgénico en una raza o variedad de maíz mexicano, impacte la diversidad de estos materiales. Como lo señala el informe de la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte —al analizar el caso de la presencia de material genéticamente modificado en maíces criollos en Oaxaca— “la introgresión de unos cuantos transgenes individuales difícilmente tendrá algún efecto biológico significativo en la diversidad genética de las variedades criollas de maíz”.12

El uso del término contaminación para referirse al flujo génico de un maíz GM a uno convencional o a una variedad criolla, y la percepción sesgada que dicho uso genera, proviene de la difusión que le han dado ciertos grupos detractores de la biotecnología. Asumen que hay un daño a la diversidad y que se altera la pureza de estos materiales, sin advertir que la historia de la domesticación del maíz se basa en el intercambio de miles de genes a partir de cruzas entre las más diversas variantes fenotípicas, a lo largo de cientos de años.13 De hecho, lo que está bien documentado es que la variación entre cultivares obtenidos por fitomejoramiento convencional es genética y metabólicamente más drástica que la de cultivares obtenidos de una variedad GM y su contraparte no modificada.14

Otra de las disyuntivas que merece un tratamiento especial es la de la coexistencia.
Desde hace muchos años, en México conviven distintos sistemas de producción agrícola: uno comercial, orientado a generar excedentes, basado en paquetes tecnológicos, con uso de semillas híbridas, maquinaria y realizado en extensas tierras de riego; y otro tradicional, de subsistencia, en el cual la base es la milpa, el uso de semilla propia, de temporal, y orientado al autoconsumo y a la preservación de prácticas culturales, algunas de ellas milenarias.

Estos dos sistemas han coexistido por décadas y la presencia de uno no ha supuesto necesariamente la desaparición del otro. Estas diferencias explican que Sinaloa produzca una quinta parte del maíz nacional y alcance rendimientos promedio por encima de las diez toneladas por hectárea, mientras que Oaxaca apenas supere la tonelada de rendimiento. Al introducirse las variedades híbridas mejoradas de maíz —hace más de cincuenta años— los términos del debate eran prácticamente idénticos: la semilla híbrida significaría la desaparición de las razas y variedades criollas. Esto no sucedió porque los agricultores tradicionales siguen apegados a sus maíces y a sus prácticas ancestrales. Sin embargo, hoy, la conservación de nuestra importante diversidad en maíz está en riesgo por otras razones: la pobreza, la migración y el envejecimiento de la clase campesina. No hay maíz sin agricultor que lo cuide,15 aunque ya existan programas oficiales e independientes para revertirlo.

Como uno de los centros de origen y diversidad del maíz,16 nuestro país detenta una de las más importantes reservas genéticas de este cultivo. Su preservación es algo que debe preocuparnos y ocuparnos a todos: gobierno, comunidad científica,sociedad civil e industria. La riqueza fitogenética de las diferentes razas y variedades de maíz mexicano es la base para enfrentar el futuro y sortear los retos del cambio climático y el mejoramiento de su cultivo. A nadie escapa que su conservación debe ser una prioridad, pero esto sólo será posible si los agricultores tradicionales pueden tener una subsistencia decorosa viviendo de su milpa. No podemos exigirles que sean custodios de la diversidad, siendo auténticos museos de la pobreza.

Un elemento que muchas veces se olvida es que la legislación mexicana —la cual, luego de la moratoria de 1998, se ha ido construyendo a lo largo de una década— resuelve muchas de las preocupaciones y falacias en relación al uso de maíces biotecnológicos porque establece en particular un régimen precautorio de coexistencia. En efecto, la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (LBOGM) señala con toda claridad que no podrán liberarse organismos genéticamente modificados de las especies nativas en zonas consideradas centro de origen y diversidad, ni en áreas naturales protegidas, así como la posibilidad de determinar zonas libres de OGMs para la protección de productos de interés. Esto condiciona en la práctica el uso del maíz transgénico a regiones agrícolas que no utilicen maíces criollos y que no sean reservorios de sus parientes silvestres.17 De la misma manera, el Reglamento de la LBOGM establece que estará prohibida la siembra experimental de maíces genéticamente modificados cuyo uso o consumo humano o animal esté limitado, con lo cual se resolvió en los hechos una preocupación expresada por diversos científicos, acerca de los riesgos que entrañaría el uso no alimentario del maíz para la producción, por ejemplo, de biofármacos o de bioplásticos.18

Otro factor que suele argüirse para señalar la imposibilidad de la coexistencia de cultivos GM con cultivos convencionales u orgánicos es la entrecruza que resulta del polen que acarrean el viento o diversos insectos polinizadores. Al respecto, resulta muy ilustrativo un reporte de la Comisión Europea sobre coexistencia, sup>19 en donde se documenta que es posible establecer medidas eficaces para permitir la convivencia de las distintas alternativas de cultivo del maíz, así como el estudio desarrollado por el gobierno de Cataluña,20 en donde se demuestra que con medidas como el aislamiento de los cultivos, con 30 metros de separación entre uno y otro, y un retraso de 11 días en las fechas de siembra, se ha logrado la coexistencia de cultivos transgénicos, orgánicos y convencionales en España por más de diez años.

Los costos de no decidir

En México, el fin de la moratoria a la experimentación con maíz genéticamente modificado permite transitar de un debate estéril —que poco había variado en 12 años— a la discusión científica sobre las condiciones que enfrentan los agricultores mexicanos. La existencia de un marco riguroso, complejo y explícito, derivado de la LBOGM, ha permitido dar paso a los procesos de liberación experimental como una práctica regulada y apropiada a las condiciones de nuestro país.

Un esquema de colaboración entre empresas promotoras e investigadores y agricultores participantes ha permitido obtener resultados alentadores en las primeras siembras experimentales de maíz GM, realizadas en seis estados del norte de la República, bajo los permisos correspondientes emitidos por la SAGARPA y la SEMARNAT. Lo más relevante de estos trabajos es que se han satisfecho todos los requerimientos de bioseguridad exigidos por la autoridad (75 medidas y condicionantes en promedio). Asimismo, tanto la equivalencia agronómica de los materiales probados como la eficacia biológica de las características probadas (disminución evidente de daños a las plantas GM por insectos plaga de follaje, tallo, mazorca y raíz; tolerancia a herbicidas para control de malezas y no afectación a la fauna benéfica en las parcelas) muestran claramente que es una tecnología que puede ser útil para las condiciones de cultivo en el norte de México.21

La FAO estima que por efecto del cambio climático, para 2050 el decremento en la productividad agrícola será del 9 y el 21% de las cosechas. Países como China y Brasil han fortalecido sus inversiones públicas en investigación y desarrollo de cultivos biotecnológicos, como parte prioritaria de sus políticas públicas. EMBRAPA, el organismo público a cargo de la investigación agrícola en Brasil, no ha dudado en dar pasos firmes hacia el desarrollo de tecnologías propias para sus cultivos de mayor importancia, aprovechando incluso esquemas de colaboración público-privados con la industria de biotecnología.22

La frágil posición de México debida a su dependencia alimentaria, las previsiones sobre el impacto del cambio climático en la producción agrícola y la ausencia de una política de desarrollo tecnológico que atienda estas necesidades, ponen de manifiesto el alto costo de no avanzar —paso a paso, caso por caso— en el aprovechamiento de las mejores tecnologías disponibles para la producción sustentable de alimentos que nos permita garantizar el abasto alimentario, agregar valor a las cosechas y disminuir la huella ecológica de la agricultura.

__________________________________________________

  1. Para una revisión de mitos en México consultar J. Padilla Acero y A. López-Munguía, Alimentos transgénicos, ADN / CONACULTA, México, 2006.
  2. Véase www.cibiogem.gob.mx/Docum_interes/Documents/Que_es_la_Biotecnologia.pdf
  3. Véase www.efsa.europa.eu/en/scdocs/doc/374.pdf
  4. Who study on modern food biotechnology, human health and development, 2005. En:www.who.int/foodsafety/biotech/who_study/en/index.html
  5. Para consultar los 38 productos GM aprobados por la Unión Europea y los 87 aprobados por la SSA de México consultar http://ec.europa.eu/food/dynagm_register/
    index_en.cfm y www.cofepris.gob.mx/work/sites/cfp/resources/LocalContent/521/5/ogm.pdf
  6. Clive James, Global Status of Commercialized Biotech / GM Crops: 2009, Brief 41, ISAAA, 2010.
  7. Graham Brookes y Peter Barfoot, GM Crops: Global Socio Economic and Environmental Impacts 1996-2008, PG Economics Ltd, Dorchester, UK, 2010.
  8. Comité Nacional del Sistema Producto Algodón, Algodón Mexicano, número 4, mayo-junio de 2010.
  9. Véase www.guardian.co.uk/environment/2010/oct/03/my-bright-idea-stewart-brand y http://www.nature.com/nbt/journal/ v23/n3/full/nbt0305-280.html
  10. Véase www.agbioworld.org/declaration/nobelwinners.html
  11. Véase www.pecad.fas.usda.gov/cropexplorer/cropvie-/CommodityView.cfm?cropid=0440000&selected_year=2010
  12. Maíz y biodiversidad: efectos del maíz transgénico en México, Informe del Secretariado de la Comisión para la Cooperación Ambiental, 2004.
  13. Lo anterior no implica que carezcan de riesgos, sólo que éstos estarán delimitados. Véase ftp.fao.org/docrep/fao/field/006/ad690e/ad690e00.pdf
  14. Véase www.gmo-safety.eu/news/1146.impact-transgenes-basically-limited-immediate-function.html
  15. Aunque en México y en el mundo existen diversos bancos de germoplasma en los que se preserva y caracteriza la enorme diversidad de semillas de maíz, los especialistas coinciden en que es necesario implementar políticas de conservación in situ, para dar seguimiento al acervo vivo del cultivo que por su naturaleza es cambiante.
  16. El proceso de domesticación del maíz se inició hace aproximadamente ocho mil años en diversas regiones del continente americano, por lo que es impreciso señalar que todo México y sólo México es el centro de origen y diversidad del grano. Una buena muestra de ello es la colección Races of Maize, editada por la National Academy of Science de los Estados Unidos, en donde se caracterizan más de 200 razas localizadas en Latinoamérica, desde México hasta Brasil.
  17. Artículos 88, 89 y 90 de la LBOGM.
  18. Artículo 77 del Reglamento de la LBOGM.
  19. Véase http://ec.europa.eu/agriculture/gmo/coexistence/index_en.htm
  20. J. Messeguer et al., “Pollen-mediated gene flow in maize in real situation of coexistence”, Plant Biotechnology Journal, 2006, 4(6): 633-645.
  21. L. Castro et al., La experimentación con maíz GM en Sonora Sur. Mimeo / ITSON, 2010.
  22. Cultivos GM desarrollados por EMBRAPA. Véase www.cenargen.embrapa.br/biotec/projetos.html
Una respuesta para “Transgénicos: ¿es sensato darles la espalda?”
  1. Georedondo dice:

    El analisis se vuelve muy tendencioso a favor de los OGM y volcado para ese lado se parcializan los datos empiricos y cuantitativos, no me parece que deba ser mirado de esa forma, por que se plantea entre otras cosas que hoy en dia Mexico depende de paises exportadores de maiz transgenico por que las propias cosechas no tienen el rinde suficiente o por que solo se aprovecha el 40% del territorio, entonces que propone? dejar de depender de paises exportadores, pero empezar a depender de las empresas transnacionales que venden el paquete biotecnologico(semillas; agrotoxicos; etc)???. Es una mirada cortoplasista efectivista y pragmatica, por que no se evalua el costo real de los cultivos industriales y los beneficios a largo plazo de conservar el territorio de la explotacion agropecuaria industrial, fomentando un mercado local que le asegure a la poblacion la soberania alimentaria al elegir y cultivar ellos mismos sus alimentos. Creo que lo mejor que les puede pasar es que otros paises sirvan como laboratorio de las empresas transnacionales que interfieren en las actividades productivas de los pueblos y los somenten a sus logicas que estan muy alejadas de las verdaderas necesidades de las personas, ya que estas producciones enferman las poblaciones al usar quimicos y semillas modificadas geneticamenete(donde escandalosamente no hay estudios suficientes que avalen la inocuidad de su consumo, y solos existen informes que las propias empresas suministran, a su favor desde luego); tambien modifica profundamente el medio ambiente ya que rompen las fronteras agropecuarias y pone a merced bosques, selvas, etc que se destruyen para poder sembrar el nuevo dios de la alimentacion(dios de dinero); contamina personas, el agua, aire, suelo, rios, etc al utilizar herbicidas y fertilizantes especialmente preparados para la variedad sembrada; y expulsa la poblacion rural que pierde sus tierras al no poder competir con otros productores o perder el trabajo al tecnificarse las actividades; en fin son muchas las causas y consecuencias de un modelos economico basado en OGM, por eso creo que la tendencia de este informe excluye la verdadera realidad y esconde la propaganda avasalladora de la ingenieria transnacional

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