Sbado, 17 Agosto 2019
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Apuntes sobre Nuestra Señora de París
Cultura | Galaxia Gutenberg | Adriana Sandoval | 06.04.2011 | 0 Comentarios

Nuestra Señora de París (1832) ofrece la posibilidad de una rica variedad de acercamientos, imposibles de abarcar en una breve reseña. Valgan estas líneas como una invitación entusiasta a su lectura. Claramente, es mucho más que la simple historia de la bestia (Quasimodo) enamorado de la bella (Esmeralda). El texto es también, entre muchas otras cosas, una defensa vehemente —epíteto vital de su autor, Victor Hugo— del patrimonio medieval parisino. En la época en la que escribe Hugo, el periodo de la restauración y el Segundo Imperio, se llevaba a cabo una renovación de la ciudad, con la consiguiente pérdida o transformación libre de muchos de sus edificios medievales (una de las gárgolas más retratadas de la catedral, por ejemplo, es del siglo XIX).

La gestación de esta novela se ubica en el marco del éxito editorial de Walter Scott en toda Europa. El editor de Hugo lo invitó a escribir una novela histórica à la Scott. El escritor francés acababa de publicar una entusiasta reseña de Quentin Durward (1823), novela del escocés ahora arrumbada.

Como se sabe, muchas novelas históricas son en realidad comentarios sobre el presente de sus autores. Nuestra Señora de París no es una excepción. Ya mencioné la defensa de Hugo de los monumentos medievales frente al proceso de renovación/destrucción. Otro paralelo con su presente (Carlos X, Napoleón III) se da en los comentarios del narrador con respecto a la monarquía de Luis XI. En el tiempo de la novela apenas comienza a prefigurarse la monarquía absoluta, mientras que en el tiempo de Hugo el Segundo Imperio avanza de igual manera en sus intentos de totalitarismo —amén de su inicio mismo, producto de un golpe de Estado. Recordemos que las críticas de Hugo lo llevaron al exilio, durante dos décadas, en la británica isla de Guernsey, luego de oponerse a Napoleón III, a quien apodó “el pequeño”.

Hugo, es bien sabido, fue un ferviente (otro epíteto que le es natural) opositor a la pena de muerte, tema que ya había desarrollado antes en Un día en la vida de un condenado a muerte (1829). Este texto ocasionó algunas críticas airadas, puesto que al plantear la narración en primera persona, desde el punto de vista del condenado, pedía y obtenía la simpatía de parte de los lectores, quienes así ven el problema desde el punto de vista del ajusticiado.

Aparejada a la defensa de la vida, Hugo satiriza la aplicación de la justicia en su novela Nuestra Señora de París con un juez sordo frente a un acusado igualmente sordo y casi mudo, en un juicio de malentendidos y prejuicios que termina, previsiblemente, en la aplicación de numerosos azotes a Quasimodo en la plaza pública. (La mala aplicación de la justicia reaparecerá en Los miserables (1862), con Jean Valjean condenado a trabajos forzados por haber robado un pan). De igual manera, se condena a la horca a Esmeralda, injustamente, por un crimen que no se cometió (la víctima se recupera) y que ella no perpetró.

El pueblo, esa entelequia que surgió como personaje durante el siglo XIX, aparece en esta novela como voces de personajes que comentan los diversos sucesos y se mueven, a veces impredeciblemente, como un todo. Sus movimientos pueden ser totalmente contradictorios: en un momento celebran y aplauden al rey de las muecas en la figura de Quasimodo, sólo para aplaudir, poco tiempo después, con el mismo regocijo y la misma excitación, el castigo corporal que le es impuesto injustamente. De igual manera, la multitud celebra y elogia a la cabra de Esmeralda, que en ese momento les parece simpática y lista, aunque, durante el proceso a la joven, el mismo animal los atemorice, por verlo en ese momento como un animal demoniaco.

La descripción de la Corte de los Milagros, de su funcionamiento, de sus leyes, es excesiva —en el buen sentido: de nuevo, el exceso es otra cualidad de Hugo. Los truhanes se rebelarán ante la pena de muerte que se quiere aplicar a Esmeralda, uno de los suyos. La gitana goza por el momento del derecho de asilo en la catedral, luego de que el jorobado la ha salvado de la horca y ambos se han refugiado en Nuestra Señora. Sin embargo, ocasionalmente el poder civil pasaba por alto este derecho y secuestraba a la fuerza a los condenados asilados para cumplir con las penas dictadas. El asalto de los mendigos a la catedral (poder eclesiástico), donde Esmeralda se refugia de una condena injusta (poder judicial) resulta caótico e infructuoso.
Como tantas novelas del XIX, Nuestra Señora de París abunda en elementos melodramáticos. Menciono algunos. 1) Entre los personajes principales hay al menos tres huérfanos: Esmeralda, Quasimodo, Pedro Gringoire. 2) La gitana porta al cuello un objeto que le permitirá reencontrarse con la madre perdida. Adecuadamente, la madre guarda celosamente el otro objeto que completa al de la hija robada. Este reconocimiento se dará de manera intensa, excesiva, acorde con los gestos exaltados del melodrama. Pero, como la novela ha sido definida en el primer capítulo por la palabra ananké (destino) grabada y casi borrada en la piedra de la catedral, no se dará el típico final feliz del melodrama, donde se restituye el orden cósmico en la eterna lucha entre el bien y el mal. Tanto la infeliz madre como la desgraciada hija morirán y sellarán la tragedia. 3) Los contrastes y los opuestos se dan, por ejemplo, en la relación entre el jorobado y su padre adoptivo. Quasimodo nació deforme y fue abandonado en los escalones de la catedral; está cercano a un estado animal. Nadie, salvo Claude Frollo (un clérigo estudioso), se animó a adoptarlo. Al enamorarse ambos de la gitana, se plantea una rivalidad entre padre (adoptivo) e hijo, que termina en un parricidio y donde vence el amor que el jorobado siente por la joven. Su triunfo será póstumo. Otra oposición se da entre el deforme Quasimodo y el bello Febo. Hay también un contraste entre la virtud (Esmeralda) y la maldad (Claude Frollo). Frollo, el archidiácono, es uno de los villanos de la novela, tal vez el más interesante, modelado libremente a partir de The Monk (1796), creación del entonces veinteañero Mathew Lewis, que gozó de una buena fama no sólo en la Gran Bretaña sino también en Europa, y a partir del cual se suscitó una serie de eclesiásticos que coqueteaban con las artes negras. Frollo va sumiéndose cada vez más en la maldad (“cuando se hace el mal, hay que hacer todo el mal”, piensa), mientras que Quasimodo va elevándose hacia la generosidad y el amor. 4) Novela romántica, plantea tres parejas de amores imposibles: el jorobado enamorado de la gitana, la joven enamorada del oficial galán, el archidiácono enamorado de Esmeralda.

La sensualidad está presente a lo largo de la novela, especialmente en tres personajes: Esmeralda, naturalmente voluptuosa en su juventud, vitalidad y exotismo, atrae los impulsos sexuales de los hombres que la rodean (que son tres: Frollo, Quasimodo, Febo). Años después la seguirá, entre otras, la Carmen de Merimée, de 1845. A su vez, ella es deslumbrada por el brillo de Febo (el sol). El erotismo del archidiácono es tal vez el más retorcido e interesante. Para este personaje la gitana ejerce una atracción inescapable, al mismo tiempo que la vincula con el mal, con el demonio. Hay una escena destacable y fundamental en la que Esmeralda tiene una cita amorosa con Febo en una buhardilla, donde ella le pide que le muestre su espada, mientras Frollo juega al voyeur, escondido. Ante la desesperación de los avances amorosos entre la pareja, Frollo se lastima a sí mismo con un puñal, desembocando así en un sadomasoquismo que aúna el placer erótico visual con el dolor. La intensidad de las emociones que experimenta en ese momento lo llevará intempestivamente a acuchillar al capitán Febo, con el puñal con el que hacía unos minutos se lastimaba a sí mismo (competencia y guerra de falos). Tomando equivocadamente por muerto a Febo, la justicia (en este caso ciega) condena a muerte a la gitana.

Hugo es un maestro del simbolismo melodramático. Hay varias instancias de contrastes simbólicos vinculados con el adentro y el afuera. Esmeralda está en plenitud al aire libre, cuando danza. De ahí pasa a la reclusión en la catedral. Quedará luego contenida, con su recién descubierta madre, en una suerte de hoyo protector que emula un útero. De ahí será arrancada violentamente: nace de nuevo sólo para morir. Frollo también se encierra en la catedral para llevar a cabo sus estudios esotéricos, desde donde observa, tentado, a la gitana. Quasimodo, por su parte, vive en un encierro, entre voluntario y forzado, en la catedral (una suerte de lugar maternal). Sale para ser el rey de los locos y luego para ser azotado: de la cima a lo más bajo. Pasará la eternidad encerrado, junto con su amada, cuando ambos sean sólo polvo enamorado. ~

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