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Eufrosina Cruz: política, mujer e indígena
Cultura | Este País | Personajes Y Escenarios | Ana Cruz | 01.09.2011 | 1 Comentario

La primera vez que escuché a Eufrosina Cruz contar su historia, la piel se me puso chinita y la indignación me corrió por las venas. Me recordó a muchas mujeres que conocí por los relatos de mi abuela, y que cientos de años atrás habían dado la misma batalla.

Foto tomada de http://www.quiego.org/

Foto tomada de http://www.quiego.org/

La voz de Eufrosina parecía el eco de aquellas pioneras de principios del siglo XX cuya lucha se había detenido en el viento. Eufrosina se negó a guardar silencio ante los usos y costumbres que le negaron el derecho a ser Presidenta Municipal de su comunidad, Santa María Quiegolani, Oaxaca, en octubre de 2008. Así inició un camino, sin retorno, sumándose a la historia de muchas otras que alzaron la voz antes que ella.

Oaxaca tiene dos sistemas políticos —me platicó en perfecto español el día que la conocí—, como usted sabe, un sistema es de partidos políticos y otro de usos y costumbres. Los caciques se han amparado en éste último para violentar a los sectores más vulnerables. Yo creo que nadie puede utilizar ese pretexto para violentar el rostro de la mujer. Porque para mí y para el resto de las mujeres indígenas, nuestros usos y costumbres son nuestra fiesta, nuestra mayordomía, nuestra lengua, nuestra vestimenta, pero no es la violación de los derechos, no es la detención del desarrollo de nuestras comunidades. Nos hablan de democracia y yo les digo, ¿la democracia no está hecha para nosotros, los rostros indígenas? ¿El desarrollo no está hecho para nosotras, las mujeres indígenas?

Cuando Eufrosina se postuló como candidata a la Presidencia Municipal de Santa María Quiegolani, apoyada por un grupo de jóvenes zapotecos, ganó las elecciones. Sin embargo, el Colegio Electoral de Oaxaca, argumentando el sistema de usos y costumbres, anuló su candidatura dando el triunfo al otro contendiente: un hombre.

Ante la injusticia y la arbitrariedad, Eufrosina acudió a los Tribunales Electorales de su estado, pero no logró revertir los resultados. “Las mujeres no existen en las comunidades oaxaqueñas. El catálogo de usos y costumbres no tiene registrada la palabra mujer.”

No satisfecha con esta respuesta, fue hasta la Comisión Nacional de los Derechos Humanos e hizo oír su queja: “Cuando empiezas a cuestionarte esas cosas, te vuelves un problema, pero es cuando más fortaleza tienes para decir: ¡no me callo!”.
Y efectivamente, desde entonces, Eufrosina no se calla y su voz se ha vuelto un referente no sólo para las mujeres de Santa María Queigolani sino para todo el estado de Oaxaca y otros estados vecinos.

Tuve que demostrar que había ganado legítimamente. Tan fue verdad que, en 2008, el Gobierno estatal se vio obligado a reformar la Constitución del estado en su Artículo 25. Desde entonces se abrió el abanico para el ejercicio pleno de las mujeres; para que pudieran acceder a la educación y a la salud. Para que tuvieran derecho a decidir por sí mismas. Si quieren tener ocho o diez hijos, que ellas lo decidan. Que no les impongan desde afuera, que no les digan que es debido a los usos y costumbres que tienen que dedicarse a tener hijos y atenderlos.

La batalla que estaba librando Eufrosina en el 2008 era la misma que habían dado en diferentes etapas otras mujeres. Hermila Galindo, una paisana de mi abuela, durangueña también, escribió un discurso similar en 1916 en La Mujer Moderna, la revista que dirigió y publicó con el apoyo de don Venustiano Carranza y que mi abuela leía a escondidas porque Hermila era considerada “una rebelde”.

Ante la ambigüedad del Artículo 34 de la Constitución de 1917, en donde no fueron reconocidos los derechos ciudadanos de las mujeres para votar y ser votadas, Hermila Galindo se postuló para una candidatura a diputada y, aunque ganó en número de votos, no fue reconocida por los Constituyentes. Entonces no había radio ni televisión, pero Hermila fue una gran periodista. Difundió sus ideas con los medios que tuvo a la mano. Lo mismo hace Eufrosina con esa inteligencia que la caracteriza. Por ello, ante la incapacidad de anular la elección, acudió a los medios de comunicación y éstos le abrieron los micrófonos. Su voz empezó a resonar: “Hay que romper con el velo de la ignorancia que es igual a la pobreza y a la marginación. Como sociedad, como gobierno, como instancias gubernamentales, como medios de comunicación, como ciudadanos todos somos corresponsables.”

Hay una constante en la historia que se registra sin importar la geografía: cuando las mujeres incursionan en política se enfrentan a la discriminación y amenazas que pueden llegar hasta la muerte. Independientemente de su origen, ideología, partido político, etnia, credo religioso, clase social o educación, las mujeres que han aspirado al poder o se han enfrentado a él, han sido fuertes, decididas, dispuestas a romper prejuicios y estereotipos.

Eufrosina Cruz es hoy la primera mujer Presidenta del Congreso de Oaxaca. Además, la primera indígena. Tomó posesión al ser electa por mayoría en el pleno de la Cámara de Diputados en noviembre del 2010.

Al inicio fue muy duro, muy doloroso —confiesa con la mirada firme— creo que fue la etapa que más me ha dolido. Tenía sentimientos encontrados, pensaba que no iba a resistir. “Hasta aquí llegué, yo renuncio”, me dije en varias ocasiones. A la tercera sesión estaba a punto de llorar, porque tenía que enfrentar un Congreso nuevo, porque Oaxaca estaba viviendo un rostro de transición en donde ya no había mayoría, en donde se podía debatir, en donde se podía señalar. Yo me sentía sin las herramientas necesarias para debatir, sin las técnicas parlamentarias para coordinar a los compañeros diputados y diputadas.

Sin embargo, Eufrosina no se dejó vencer por las críticas, ni los ataques frontales y velados, ni el hostigamiento. Al percibir su convicción de seguir adelante cueste lo que cueste, no puedo evitar cuestionarla sobre cómo se mantiene firme. Su respuesta es contundente: “Poniendo corazón y alma para que las cosas salgan bien. La gente que te ayuda, la misma ciudadanía que te dice ‘no estás sola, estamos contigo’, eso me fue fortaleciendo. Las señoras del pueblo que cada vez que voy me dicen: ‘échale muchas ganas, Chinita —así me dicen en mi pueblo, La China— estamos orando por ti’. Ese tipo de cosas te hacen más fuerte”.

Eufrosina me invitó a conocer Quiegolani, su tierra natal y acepté con todo y cámara y grabadoras. Enclavado en la región Sierra Sur de Oaxaca, Santa María Quiegolani se encuentra integrado al Distrito de Yautepec, es uno de los 570 municipios en que se divide el estado. Sus habitantes son, en su mayoría, de etnia chontal y prácticamente todos hablan zapoteco. Casi todos los jóvenes son bilingües, aprenden a hablar español en la escuela entre los cinco y los seis años. Ése fue el caso de Eufrosina, quien hoy se expresa en un español fluido y perfectamente estructurado.

Durante el trayecto de ocho horas de Oaxaca a Queigolani, a través de una deteriorada carretera y un larguísimo tramo de terracería, las montañas lucen esplendorosas. Eufrosina nos cuenta cómo fue su llegada a la Presidencia del Congreso.
Fue complicado, porque el que una mujer indígena sea el rostro ahí provoca muchos cuestionamientos. Incluso a veces se duda de mi origen indígena. ¿Por qué?, ¿porque puedo hablar español?, ¿porque estudié una licenciatura?, ¿porque a veces me atrevo a vestirme como cualquiera de la ciudad? Eso no me quita mi identidad indígena. La esencia indígena no es el folclor que se cree, no es el pobrecito, el grupo vulnerable que se piensa: ¡no! Eso es lo que nos ha hecho daño. Que los otros piensen que somos pobrecitos y que tienen que protegernos. ¡Ya basta señores, ya no queremos que nos digan eso! ¡Lo único que queremos es una oportunidad!

Eufrosina ha aprovechado la oportunidad de presidir el Congreso de su estado para lanzar una serie de iniciativas muy importantes. A partir de 2010, en los más de 500 municipios oaxaqueños las mujeres pueden asistir a las asambleas, votar y ser electas. Quienes las violenten o agredan se han hecho merecedores de cárcel. Lo mismo sucede con las boletas electorales marcadas por mujeres, nadie las puede anular sin hacerse acreedor a una sanción administrativa.

Los cambios más importantes que se verán pronto en Oaxaca yacen en el fondo de la iniciativa que ha llevado a la discusión Eufrosina. Se trata de la iniciativa donde se abordan los derechos políticos de las mujeres.

Se acaba de hacer una reforma —especialmente para las mujeres— a la Constitución local que incluye 30 artículos. Entre ellos, ya están aprobados los temas del referéndum, el plebiscito y la revocación de mandatos. Pero faltan dos temas que para mí son fundamentales: el tema de la equidad de género y el de las mujeres indígenas. Asumí el compromiso de iniciar los debates y los foros que sean necesarios para lograr las reformas necesarias al código electoral, al penal y a la ley de los servidores públicos. Porque, para mí, la violación a los derechos humanos es corrupción y quien solape, acredite y avale una violación a esos derechos tiene que ser castigado. ¡Violar los derechos de una mujer será tipificado como delito grave y será castigado en el código penal!

Después del largo camino, al fin llegamos a casa de Eufrosina donde ella se olvida del español y saluda a su gente en zapoteco. Su padre, Domingo Cruz, es campesino, tiene 72 años y su mirada se ilumina al ver a su hija, La China, no la diputada. Su madre, Guadalupe Mendoza, descubre su rostro debajo del rebozo y nos da la bienvenida junto al fuego donde calienta las tortillas. Sus manos están curtidas por el tiempo y el nixtamal.

Hoy, Eufrosina es una figura pública reconocida en su comunidad; sin embargo, no ha ganado del todo la batalla contra la crítica y el cuestionamiento. Don Domingo nos agradece que acompañemos a su hija por la carretera. No le gusta que ande sola porque ya ha sufrido varios atentados. Después de la cena, satisfechos con las tortillas, frijoles y huevos a la mexicana con los que fuimos agasajados, le pregunto a Eufrosina: “¿no tienes miedo?”.

Fíjese que el miedo siempre está ahí, el miedo existe. Porque dejar de tener miedo es sentir que lo puedes todo y eso no es posible. Pero se aprende a convertir el miedo en tu mejor fortaleza. Después del hostigamiento, de los atentados, de ver a mis papás llorar, a mis hermanos decir “párale”, de sentir que quien está mal soy yo, aprendí a ser fuerte y asumir con más responsabilidad las decisiones y los pasos que doy. No importa lo buena o mala que sea la decisión. Lo que importa es que es mi decisión y estoy dispuesta a todas las consecuencias.

¿Qué significa para ti ser diputada, Eufrosina? “Al principio no sabía bien a dónde me llevaría esta decisión, pero al estar ahí entendí que ser diputada no es presentar un montón de leyes, porque no tiene caso si no se aplican. Ser diputada es presentar las leyes que puedan modificar el entorno, que puedan impulsar el desarrollo y generar la visibilidad de la mujer”.

Al salir de casa de Eufrosina, no puedo evitar el recuerdo de mi abuela y me pregunto cuántas generaciones más tendremos que esperar para que la lucha de las mujeres no sea letra muerta ni leyes que se violan. ¿Cuándo tendrán las voces de las mujeres la misma resonancia que las voces de los hombres? ¿Cómo lograremos sentarnos a la mesa de las decisiones sin sentirnos discriminadas ni desvaloradas? ¿Cómo será el mundo cuando la mitad de la población no decida por la otra mitad?

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Licenciada en Comunicación por la UIA, ANA CRUZ estudió cine en la University of Southern California en Los Ángeles y televisión en la BBC de Londres. Es guionista, productora y directora de cine, radio y televisión, y ha ocupado diversos cargos en los medios públicos. Como periodista, ha colaborado en diarios y revistas especializadas y es autora de Testigos de nuestro tiempo, obra que reúne entrevistas a grandes personalidades de la cultura mexicana. Si desea contactar a la autora escriba a [email protected]

Una respuesta para “Eufrosina Cruz: política, mujer e indígena
  1. ORALIA dice:

    eufrosina cruz YOU`RE MY HEROINE

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