Sbado, 17 Agosto 2019
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Una sociedad más moderna y homogénea de lo que se piensa (segunda y última parte)
Este País | Fundación Este País | Luis de la Calle y Miriam Jade | 01.12.2011 | 0 Comentarios

Con base en los resultados de la Encuesta ENVUD,1 realizada por Banamex y la Fundación Este País, nuestros autores buscan determinar en qué grado la mexicana es una sociedad moderna. Para ello, analizan las opiniones de los encuestados acerca de una serie de valores. En la entrega anterior estos valores fueron los de democracia, representatividad y participación electoral. El análisis ahora se enfoca en la capacidad de autocrítica, la transparencia y rendición de cuentas, el cumplimiento de la ley, la apertura a la competencia y la tolerancia.

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©iStockphoto.com/Dan Tero

Autocrítica

Junto con la democracia, la representatividad y participación electorales, otro elemento que hace pensar en una sociedad moderna es la capacidad de autocrítica. Como se muestra en la Gráfica 1, 63% de los encuestados opinó que el país iba por el camino equivocado cuando se levantó la Encuesta, y sólo 35% dijo que íbamos por el camino correcto.2

La postura más crítica, y a la vez más homogénea, la encontramos entre las clases medias, obrera y baja, en comparación con el 60% de la clase alta que cree que el país va por el camino correcto. Así, no parece descabellado pensar que parte de la parálisis en términos de las reformas que requerimos esté relacionada con el hecho de que las clases altas no sientan necesidad de cambios profundos para corregir la dirección del país.

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Los ciudadanos también parecen ser autocríticos, como lo muestra la Gráfica 2 donde, en una escala del 1 a 10, los encuestados califican con 5.8 su propia contribución al desarrollo económico del país.

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Las respuestas a este reactivo reflejan que los ciudadanos no dimiten de su responsabilidad en el desarrollo del país, sino que se ven a sí mismos como actores, en vez de designarse un papel pasivo en el que el desarrollo sería sólo resultado de la labor de las instituciones.

El involucramiento de los ciudadanos en el desarrollo es un indicador de una sociedad que va hacia la modernidad. De la misma manera, el que se considere que los empresarios, los inversionistas y las leyes facilitan el desarrollo mucho más que autoridades, sindicatos y políticos, muestra un cierto divorcio entre el ámbito público y el sentir ciudadano.

Transparencia y rendición de cuentas

Respecto a la transparencia y la rendición de cuentas, como se muestra en la Gráfica 3, una proporción mayoritaria de los encuestados (dos tercios) responde que los gobernantes rara vez o nunca rinden cuentas a los ciudadanos. Por supuesto, el consenso sobre la falta de transparencia lleva a una pregunta: ¿qué tanto están dispuestos los ciudadanos a exigir e implementar conductas más transparentes en sus respectivas actividades?

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Nuevamente, la clase alta concentra el mayor porcentaje de los que responden que “siempre” hay rendición de cuentas. Sin embargo, la diferencia entre clases sociales (y entre niveles de educación) no es significativa.

En este rubro, son de nuevo los apartidistas los más inconformes: 70% cree que los gobernantes nunca o rara vez rinden cuentas a los ciudadanos. Los perredistas que respondieron “nunca” y “rara vez” suman 68%. La mayoría de los priistas y de los panistas (62 y 59%, respectivamente) también opinan que los gobernantes rara vez o nunca rinden cuentas. (Ver Gráfica 4.)

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Habría que preguntarse si este consenso se debe a que la actividad de los gobernantes tiene una mayor exposición pública o a un cambio en la cultura democrática, en la que los ciudadanos comienzan a exigir mayor transparencia.
Sin duda, la conciencia que existe entre los ciudadanos de la escasa rendición de cuentas por parte de sus gobernantes es causa de descontento y puede dar lugar a una mayor demanda de transparencia en el manejo de los recursos públicos, lo cual es indispensable en una sociedad moderna.

El cumplimiento de la ley

Uno de los factores clave de la democracia es el respeto al Estado de derecho. La Encuesta de Valores México: Diagnóstico Axiológico, realizada por el CIDAC en febrero de 2011, reveló que los mexicanos aprecian el cumplimiento de las reglas, si bien no confían en las autoridades. Según esta encuesta, 79% de la población está consciente de que dar obsequios o dinero para agilizar un trámite es un acto de corrupción que merece castigo.

Por su parte, la ENVUD muestra que en México predomina la creencia de que para tener éxito hay que apegarse a la ley. 69% de los encuestados piensa que es importante apegarse a las leyes y 28% que hay que romperlas.

Esta pregunta guarda relación con la creencia de que los principales fracasos de México son la violencia (28% de los encuestados) y la corrupción (23%). Es un hecho que, para lograr un mayor desarrollo, es importante que el respeto a la ley no sea una condición externa sino la consecuencia de un código ético.

Resulta curioso que mientras mayor es el nivel educativo, menor es la percepción de que hay que apegarse a la ley para tener éxito (ver Gráfica 5).

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Esta misma percepción guarda poca relación con la clase social del encuestado, lo que parece cuestionar la idea de que los mexicanos son culturalmente reacios a cumplir la ley. Es interesante notar que los normalistas expresan el más alto apego a la legalidad (ver Gráfica 6).

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De acuerdo con una encuesta realizada en mayo de 2011 por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, 47.7% opinó que la justicia en México no funciona adecuadamente debido a la corrupción, la impunidad y la presencia de intereses extralegales. Otra forma de observar este fenómeno es a través de los resultados de la encuesta en vivienda Mexicanos y su Contacto con la Ilegalidad Cotidiana, de Mitofsky, en la que una minoría (32%) dice que nunca viola la ley, mientras que la mayoría reconoce violaciones cotidianas a la ley: 25% considera que comprar algo sin factura para no pagar el IVA es legal; 20%, que se puede dejar de usar cinturón de seguridad sin violar leyes; 17%, que no hay violaciones al tirar basura en la calle; 16%, que no es delito comprar piratería; y 10%, que no se viola la ley al dar una mordida a un policía.

En el caso de la ENVUD, cuando se pregunta a los encuestados si los ciudadanos respetan las leyes, 45% responde que algunas veces y 20% que nunca. Cuando se les pregunta si los gobernantes respetan las leyes, 33% responde que nunca y 32% que algunas veces. Es decir, los encuestados consideran que los ciudadanos respetan más las leyes que los propios gobernantes.

La población no sólo expresa su descontento, también se empieza a organizar para demostrar su indignación, como lo prueban los movimientos para exigir justicia y la inconformidad ante la elevación de los índices de criminalidad. De alguna manera, la intolerancia ante la inseguridad y la violencia demuestran que la sociedad mexicana es cada día más consciente de la urgencia de restablecer el Estado de derecho. Falta todavía un largo camino por recorrer.

Lo anterior podría contraponerse a lo que Agustín Basave ha bautizado atinadamente como el complejo de impertenencia: “[…] una sensación inconsciente de que uno no pertenece a la nación en la que vive y de que esa nación no le pertenece a uno”.3 Ello supone una sociedad donde la normatividad no se basa en lo común y en las relaciones de confianza, sino en una dinámica donde lo más eficiente es incurrir en la corrupción y en la ilegalidad. (En la ENVUD, 81% de los encuestados respondió que no se puede confiar en la gente.)

El descontento por la crisis de violencia que vive el país podría despertar conciencias, volver menos rentable la vida en la ilegalidad y obligar a la población a trabajar para el restablecimiento del Estado de derecho. De acuerdo con la ENVUD, se cree que el éxito guarda relación con el apego a la ley. Ello indica que la sociedad mexicana valora cada vez más el cumplimiento de la ley, y se encuentra quizá más preparada de lo que se piensa para invertir en un mejor sistema de justicia.

Una sociedad más abierta a la competencia

Las respuestas de los encuestados de la ENVUD develan una sociedad económicamente más liberal de lo que muestran los analistas y líderes de opinión, una sociedad abierta al comercio internacional y a la competencia, sobre todo si les conviene económicamente.

Por ejemplo, cuando se pregunta a los entrevistados cuál debe ser el principal objetivo del país en los próximos 10 años, 56% responde que una economía fuerte que ofrezca empleos y buenos salarios. Es interesante que, a 20 años de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC), 56% de los encuestados opine que éste ha sido bueno para los mexicanos.

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La Gráfica 8 muestra las opiniones que tienen los encuestados sobre el tlc, según sus filiaciones partidistas. Las opiniones más positivas (“muy bueno”, “bueno”) se concentran entre los panistas. Las más negativas, entre los perredistas. Los apartidistas se hallan muy cerca de los priistas, entre panistas y perredistas.

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La misma pregunta por edades arroja los resultados que se muestran en la Gráfica 9. La población entre 18 y 35 años tiene una opinión más favorable al TLC que la de sus mayores. No obstante, siguen siendo minoría los que creen que el TLC ha sido malo o muy malo para los mexicanos.

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Uno de los datos más importantes que arroja la ENVUD es que, pese a las posiciones liberales ante el comercio internacional y el TLC, una gran mayoría de los encuestados se opone a que se permita la inversión de capital privado en las industrias petrolera y eléctrica del país, como se muestra en la Gráfica 10.

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Aunque se trata quizá de un rasgo de carácter nacional, el rechazo de 62% de los encuestados a la inversión de capital privado en PEMEX puede ser consecuencia del discurso nacionalista y del sistema educativo que hicieron de las industrias petrolera y eléctrica símbolos de la mexicanidad.

Un estudio realizado en 2010 por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) con el fin de comparar la opinión pública y la de líderes en temas de política exterior,4 muestra que si bien una gran mayoría de la población general y de los líderes tiene una opinión positiva de la globalización y considera que el libre comercio es bueno para el país, la mayoría de la población rechaza la inversión extranjera en la industria petrolera —quizás el pilar más fuerte del nacionalismo mexicano pero también del rentismo nacional. 62% de los encuestados está en contra de que los extranjeros inviertan en la producción, exploración y distribución del petróleo; el rechazo no varía significativamente entre los distintos segmentos de edad, escolaridad e ingreso.5 A diferencia de la ENVUD, en la encuesta Sueños y Aspiraciones de [email protected] [email protected], realizada por Nexos, Lexia y Gaussac, 57% de los encuestados está a favor de la inversión privada en las industrias petrolera y eléctrica. Al parecer, los mexicanos no se oponen siempre a la inversión privada sino a la idea de perder la soberanía si esta inversión proviene de empresas extranjeras.6

En la ENVUD, el rechazo a la inversión de capital privado en la industria petrolera no varía sustancialmente de un grupo de edad a otro, excepto en el caso de los mayores de 70 años, donde es 10% más alto.

El análisis por partidos políticos muestra que el porcentaje más alto de personas a favor de la inversión privada en dicha industria está en el PAN (un tímido 40%).

Pero la nota más importante quizás es que los estados petroleros, como Tabasco (49%) y Campeche (48%), son los que se muestran más a favor de la inversión privada en la industria petrolera. Algo deben saber que desconoce el resto del país.

Los encuestados de la ENVUD están a favor de la competencia (ver la Gráfica 11). Si se suman los porcentajes de quienes colocaron sus puntos de vista en los niveles superiores (7 a 10), observamos que 13% se opone a la competencia. En cambio, la suma de los niveles 1, 2 y 3 equivale a 43% de los encuestados. La encuestados aceptan la apertura comercial y la competencia, lo que puede favorecer el intercambio mercantil como factor de convivencia civilizada y de desarrollo.

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Esta apertura a la competencia es contraria al rentismo tradicional del antiguo régimen y es propicia para la realización de reformas que, aunadas al liberalismo y a una cultura del intercambio, favorezcan la modernización y contrarresten la idea de que existe algo en la cultura nacional que arrastra al país hacia el pasado y que, en palabras de Roger Bartra, los rasgos disfuncionales y retardatarios ya no encadenen a la sociedad a la inmovilidad tradicional.

Tolerancia

Una característica fundamental de la modernidad es la tolerancia. ¿Qué tan dispuesta está la sociedad mexicana a aceptar la diversidad? Según la ENVUD, una gran mayoría de los mexicanos se pronuncia por una mayor diversidad de ideas y comportamientos —aunque no necesariamente sea tolerante frente a algún hecho concreto (ver la Gráfica 12). Nuevamente, el rechazo y la indiferencia en la clase alta son mayores que en las clases bajas y medias. Esto apunta a un cierto conservadurismo de las élites, que se niegan a aceptar la diversidad y la posibilidad de vivir en una sociedad plural, es decir una sociedad donde haya mayor movilidad social.

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Aun si en cuestiones morales la sociedad mexicana se sigue describiendo a sí misma como conservadora, existe una disposición a la tolerancia, sobre todo en las clases medias y bajas.

Una sociedad que considera que la democracia es la mejor forma de gobierno, que muestra interés en los asuntos públicos y exige el respeto de los derechos civiles, que pide transparencia y rendición de cuentas, que es capaz de ejercer la autocrítica, que tiene una actitud positiva hacia la ley, que está a favor de la competencia y que es tolerante de la diversidad, está en camino de la modernidad. Quizá la pregunta que debiera hacerse en materia de energía no es tanto si se debe permitir la inversión privada, sino si se debe sujetar a PEMEX y la CFE a la competencia. La reacción ciudadana a esta pregunta podría resultar distinta.

La intolerancia en ciertos temas proviene en parte de la manera en cómo se plantea el debate público, por ejemplo en el caso del aborto. Quienes estuvieron de acuerdo con la idea de “defender la vida sobre todas las cosas” fueron más que quienes prefirieron “anteponer el derecho de la mujer a decidir”. El problema no está en la ENVUD sino en el planteamiento que iguala la idea de estar a favor de la vida con la de estar en contra del aborto. Posiblemente, las respuestas serían distintas si el debate se planteara en otros términos.

¿Individualismo improductivo?

Como mencionamos antes, un aspecto importante de la ENVUD tiene que ver con el individualismo que denota la sociedad mexicana. En febrero de 2011, Nexos publicó los resultados de la encuesta realizada por la propia revista, Lexia y Gaussac sobre las aspiraciones de los mexicanos. El material llevó el título de “El mexicano ahorita: retrato de un liberal salvaje” y muestra a un mexicano que confía en sí mismo pero desconfía radicalmente del Estado y de las instituciones: “[…] estamos frente a un ciudadano que no reconoce en el fondo otro ethos que el del bienestar personal y familiar, ni otro derecho que el de resolver su vida con los medios a su alcance, perjudiquen éstos o no a su comunidad y a su nación”.7

Si bien las encuestas hablan del individualismo de la sociedad mexicana, en la que las personas creen más en sí mismas que en el país y confían más en su propio esfuerzo que en lo que pueden lograr colectivamente (en dicha encuesta, 81% respondió que su familia está antes que el país y 61% piensa que los mexicanos hacen lo que les beneficia a ellos y a sus familias, aun si esto no beneficia al país), es importante decir que algunos aspectos del individualismo favorecen el desarrollo, el crecimiento y la modernización y son indicadores de una sociedad que cree en la autogestión. Se trata de un rasgo que anuncia la disminución del paternalismo y del tlatoanismo. La lucha por el bienestar personal no se opone, automáticamente, al bienestar social y el desarrollo del país.

La ENVUD muestra una aspiración generalizada a la estabilidad económica, pero también al acceso a servicios públicos como los de salud. A la pregunta sobre cuál debe ser el objetivo de México en los próximos 10 años, la respuesta más común fue: “Una economía fuerte que ofrezca empleos y buenos salarios”, con 38%. La segunda: “Un sistema de seguridad social que garantice servicios de salud y bienestar a la gente”, con 23%. En tercer lugar: “Una democracia en la que los ciudadanos participen y ejerzan sus derechos y los gobernantes rindan cuentas”, con 20%. 19% opinó que el primer objetivo es un Estado de derecho.

La ENVUD muestra que los mexicanos privilegian la estabilidad económica, pero también la seguridad social, las garantías democráticas y el imperio de la ley. En la encuesta que llevó a cabo el Economic Mobility Project en marzo de 2009 sobre las aspiraciones de los estadounidenses (muchas de las preguntas coinciden con las de la ENVUD), la mayoría de los encuestados afirmó que los valores que sostienen el sueño americano son la libertad de acción (74%) y la libertad de expresión (68%); las respuestas relacionadas con las condiciones económicas aparecieron sólo en tercer o cuarto lugar.

Esto muestra que, debido tal vez a las diferencias de riqueza entre ambos países, la sociedad mexicana está más concentrada en consolidar la seguridad financiera que en aspiraciones más “abstractas”. En la ENVUD, sólo 8% contestó que proteger la libertad de expresión era importante. En cambio, 36% consideró importante mantener el orden en la nación; 29%, dar mayor oportunidad a la gente para participar en decisiones gubernamentales importantes; y 27%, combatir el alza de precios.

No obstante, los mexicanos muestran un mayor optimismo en el futuro de sus hijos que los estadounidenses. Si bien 51% de los encuestados piensa que su situación económica es igual a la de sus padres y 35% que es más alta, en todas las clases sociales existe la percepción mayoritaria de que sus hijos tendrán una posición social más alta que ellos: en la clase baja, 51%; en la media baja, 62%.8 La Chicago Survey de 2010 indica que 59% de los estadounidenses cree que sus hijos tendrán una peor posición económica (ver la Gráfica 13).

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Uno de los datos de la ENVUD que refuerzan la percepción de un México cada vez más individualista es la cantidad de encuestados que creen que el éxito personal ha dependido de su propio esfuerzo y dedicación. Aquí es necesario hacer una pausa y apuntar que el individualismo, así concebido, es sin duda algo positivo para el país, pues es evidencia de una sociedad responsable de sus acciones y dispuesta a construir su propio bienestar (lejos, muy lejos del paternalismo de antes).

Cuando se pregunta a los encuestados a qué deben el éxito que han obtenido en sus vidas, 61% lo atribuye a su esfuerzo y dedicación y 27% a su familia.9 La primera respuesta es más común en las clases bajas y media baja, como se muestra en la Gráfica 14. Sin importar a qué clase social pertenezcan, los encuestados atribuyen su éxito a su esfuerzo y dedicación, si bien la clase media alta y la clase alta tienden más a atribuirlo a su familia (de la que han recibido activos, incluida la educación y las redes sociales que propician bienestar).

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Estas respuestas hablan de una mayoría que piensa que su futuro está cifrado en el esfuerzo y el trabajo. Sorprende que el gobierno ocupe un espacio mínimo, comparado con el de la familia, lo que muestra que el individualismo mexicano tiene como primer referente social a la familia; el éxito depende de ella y no del gobierno. El hecho de que la familia ocupe un lugar principal y que se pueda decir que el individualismo mexicano es un individualismo familiar no deja de denotar una forma solidaridad.

No obstante, los mexicanos sí consideran que el gobierno es en parte responsable de asegurar el sustento de las personas. Cuando la ENVUD pregunta si la responsabilidad debe estar del lado del gobierno o del de los individuos, las opiniones se dividen, como se muestra en la Gráfica 15. Las respuestas del 1 al 3 (en una escala del 1 al 10) suman 31%, mientras que las del 8 al 10 suman 21%. Sin embargo, hay un número importante de encuestados que opina que los individuos deben tener más responsabilidad.

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Como se muestra en la Gráfica 16, mientras más alto es el nivel social, más se adjudica la responsabilidad al gobierno y menos al individuo.

Es necesario distinguir aquí entre el deseo que pudiera haber de un gobierno paternalista y la conciencia que hay de la responsabilidad que tiene el Estado de garantizar ciertos beneficios a la población. Los datos de la Gráfica sugieren que mientras mayor es su ingreso, más exigen las personas que el gobierno proporcione bienestar y bienes públicos: a mayor ingreso, mayor nivel de exigencia.

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Quizás este resultado contradiga un tanto la intuición de muchos analistas, que supone que quienes tienen mayores carencias, demandan más. Al respecto, hay que recordar que en los países de mayores ingresos, el gobierno suele involucrarse más para asegurar el sustento de los ciudadanos.

Hay otros indicadores de la creciente responsabilidad personal. 29% de los encuestados opina que la preparación y los estudios son fundamentales para mejorar la condición social. 25% opina lo mismo sobre el trabajo duro. La Gráfica 17 permite analizar este reactivo por clases sociales subjetivas.

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Veintisiete por ciento de los encuestados opina que la falta de preparación es lo que impide a una persona mejorar su posición social, 20% piensa que la razón está en la falta de oportunidades, y 17% lo atribuye a la falta de esfuerzo. Esto muestra de nuevo una sociedad que, además de reconocer que las oportunidades son importantes, cifra la posibilidad de un ascenso social en la preparación y en el trabajo.

La ENVUD también muestra el lado negativo del individualismo al que se refiere Jorge G. Castañeda. Cuando se pregunta si los mexicanos suelen trabajar juntos o si cada uno actúa para su propio beneficio,10 la respuesta es radical: 73% de los encuestados opina que cada uno actúa para su propio beneficio,11 sin diferencias significativas por clase social o nivel educativo.

Ése es el individualismo premoderno de la sociedad mexicana al que Castañeda se refiere como una incapacidad para organizarse y trabajar juntos por metas comunes. No obstante, el hecho de que cada quien trabaje para su propio beneficio no es tampoco contrario al bien común.11 Más aun, quizás haya un cambio de paradigma en la mentalidad de la mayoría de los mexicanos. Si antes la opinión era: “Si al país le va bien, a mí me va bien”, ahora es: “Si a mí me va bien, a mi familia le va bien, a mi pueblo le va bien…”. Los mexicanos perciben hoy que su futuro depende menos de las decisiones del gobierno que de su esfuerzo personal.

Conclusiones

No hay duda, como de hecho lo han señalado diversos analistas políticos, de que los niveles insuficientes de desarrollo están íntimamente ligados a la falta de competencia y a una clase política que sigue privilegiando el rentismo. Sin embargo, la ENVUD indica que la mayoría de los ciudadanos no está inserta en esta lógica (salvo por la negativa de aceptar capital privado en pemex, lo que responde a la educación que hemos recibido por décadas y a un mito poco cuestionado). Los encuestados de la ENVUD muestran una postura mucho más moderna que la de las élites más conservadoras y protectoras del status quo.

Hay datos de la ENVUD que sorprenden, como la percepción de que los sindicatos y la burocracia entorpecen el desarrollo del país y la idea de que los empresarios y los inversionistas extranjeros lo facilitan más de lo que lo entorpecen.

Si bien la ENVUD confirma el arraigo del individualismo, la sociedad mexicana se ha manifestado en numerosas ocasiones a favor del fomento de satisfactores básicos como la educación y la salud. Asimismo, cada día es mayor la intolerancia hacia la violencia y las muertes injustificadas. Quizá las circunstancias actuales de zozobra debidas a la inseguridad sirvan para reafirmar e impulsar los valores cívicos que se asoman en la ENVUD pero que no se traducen aún en el Estado de derecho al que se aspira.

En conclusión, la sociedad es más moderna y homogénea de lo que se imagina. Somos una sociedad con deseos de cambio. Lo que ahora necesitamos saber es cuán dispuestos estamos a participar activamente y exigir a los actores políticos el cambio en beneficio del país entero y no sólo de unos cuantos.

* Los autores agradecen la labor de Natalie Giordano en la elaboración de gráficas y en el manejo de la base de datos de la Encuesta.

_______________
1 La ENVUD es un estudio realizado bajo los auspicios de Banamex, la Fundación Este País y un grupo de donantes interesados en hacer un retrato de los valores y las creencias de los mexicanos al inicio de la nueva década. Alberto Gómez, Federico Reyes Heroles y Alejandro Moreno agradecen al grupo de académicos, encuestadores e interesados en la temática de valores que, generosamente, aceptaron formar un Consejo Consultivo para este proyecto y cuyo tiempo, observaciones y sugerencias enriquecieron el estudio de manera importante: Andrés Albo, Ulises Beltrán, Edmundo Berumen, Eduardo Bohórquez, Federico Estévez, Nydia Iglesias, Rosa María Ruvalcaba e Iván Zavala.
En la realización de la ENVUD participaron diversas empresas: Ipsos-Bimsa Field Research de México, S.A. de C.V. (que se encargó de levantar la encuesta en Baja California, Baja California Sur, Coahuila, Colima, Distrito Federal, Durango, Guerrero y Oaxaca); Mercaei, S.A. de C.V. (Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamaulipas y Veracruz); Nodo-WMC y Asociados, S.A. de C.V. (Campeche, Chiapas, Estado de México, Hidalgo, Jalisco, San Luis Potosí, Tlaxcala y Zacatecas) y Pearson, S.A. de C.V. (Aguascalientes, Chihuahua, Guanajuato, Michoacán, Morelia, Puebla, Quintana Roo y Yucatán). La empresa Berumen y Asociados se encargó del diseño de la muestra, la supervisión, la validación de la captura y el respaldo a las encuestadoras durante el levantamiento en campo.
2 Este reactivo es sensible a la condición macroeconómica y la percepción de inseguridad durante el levantamiento de la Encuesta. Según una encuesta del diario Reforma (1 de agosto de 2011), 34% de los mexicanos opina que el país va por buen camino, mientras que 48% opina lo contrario. El boletín de Consulta Mitofsky del 4 de septiembre de 2011 reportó que 6 de cada 10 mexicanos piensa que el país va por el camino equivocado. En la encuesta Sueños y Aspiraciones de [email protected] [email protected], realizada por Nexos, Lexia y Gaussac, cuyos resultados se publicaron en febrero de 2011 en dicha revista, 62% de los encuestados piensa que México va por mal camino y 56% que somos un barco a la deriva.
3 Agustín Basave, Mexicanidad y esquizofrenia. Los dos rostros del MexiJano, Océano, México, 2010, p.142.
4 Guadalupe González González, Jorge A. Schiavon, David Crow y Gerardo Maldonado, México, las Américas y el mundo 2010. Política exterior: opinión pública y líderes, CIDE, México, 2011.
5 Véanse en particular las pp. 40-45.
6 De hecho, en la misma encuesta, 21% dijo estar de acuerdo con la inversión extranjera para crear empleos, aun si se pierde soberanía. No obstante, el problema es que la pregunta plantea que la inversión extranjera es igual a una pérdida de soberanía.
7 Revista Nexos, febrero de 2011.
8 En la encuesta realizada por Nexos, Lexia y Gaussac, 65% se ve en una posición mejor que la de sus padres y 40% piensa que sus hijos tendrán una mejor posición que la que ellos tienen.
9 Un punto de comparación: en la encuesta realizada por Nexos, Lexia y Gaussac, 63% opina que para lograr lo que aspira influyen el esfuerzo y la familia. 51%, que su esfuerzo personal influye mucho para lograr sus aspiraciones, incluso más que la situación del país. Otro signo de individualismo y autoconfianza está en la Encuesta sobre los Sueños y las Aspiraciones de [email protected] [email protected]: 90% confía en que puede cambiar su propia vida, 64% opinó que “no importa lo que hagan los ricos y poderosos, yo sí puedo lograr mis sueños”. No obstante, aun si los encuestados cifran su éxito en su esfuerzo individual, 65% de los encuestados por Nexos, Lexia y Gaussac piensa que México le queda a deber a los ciudadanos y muchos (70%) opinan que no les ha tocado ni a ellos ni a sus familias parte de la riqueza del país.
10 Otra coincidencia con la encuesta realizada por Nexos, Lexia y Gaussac, donde 63% de los encuestados respondió que en México “cada quien jala por su lado”.
11 Sobre este tema, ver el libro de Matt Ridley, The Rational Optimist, Harper, Nueva York, 2010. En él, el autor presenta un mundo de sinergias, interdependencia e intercambio que permite que exista hoy una mayor prosperidad que en épocas anteriores.

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LUIS DE LA CALLE, doctor en Economía por la Universidad de Virginia, es Director General de De la Calle, Madrazo, Mancera, S.C.
MIRIAM JERADE, doctora en Filosofía por la Universidad de la Sorbona, es consultora de asuntos públicos en De la Calle, Madrazo, Mancera, S.C.

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