Jueves, 06 Agosto 2020
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Elecciones socialmente enredadas
Este País | Irene Tello Arista | 01.08.2012 | 0 Comentarios

Plaza virtual de intercambio, de contacto, incluso de conocimiento, las redes sociales reproducen también los vicios de las comunidades físicas: chismes, falsas pruebas, mentiras, todo ello magnificado por la capacidad de manipulación que las herramientas informáticas ponen al alcance de muchos.

©iStockphoto.com/Vladimir Stamenkovic

Imposición, apatía, conciencia, putrefacto, derecho legítimo, irregularidades, impugnar, indignarse, manipulación mediática, difunde, boicot, conformidad, empoderarse, impunidad, inequidad, cuestionar… Estas son algunas de las palabras recurrentes en las redes sociales después de la elección de 2012. Incluso sacadas de su contexto, estas palabras transmiten enojo y reproche, emociones que fueron parte del escenario observado en espacios como Facebook y Twitter.

Durante estas elecciones, los usuarios de redes sociales notamos un aumento en los comentarios de temas políticos. Había quienes compartían artículos de su interés, frases de esos artículos, pensamientos de 140 o más caracteres, videos, imágenes, encuestas y opiniones, muchas opiniones. Las personas mostraban las razones y emociones para votar por tal o cual candidato, con frases ingeniosas e imágenes complementarias. Otras se mostraban escépticas y proferían dudas interminables que los mantenían en la indecisión. Otras tantas guardaban silencio.

Aunque es evidente que durante las campañas no todos los usuarios tuvieron una mayor actividad política en las redes sociales y fuera de ellas, todos tuvieron que lidiar con los artículos, opiniones e imágenes de los que sí se involucraron. “Por favor, que se acaben las campañas porque voy a perder a todos mis amigos”, decía una imagen popular, o meme,1 que mostraba una ardilla suplicante con los brazos alzados al cielo. En retrospectiva, el ejercicio parecería útil: gente intercambiando opiniones y fuentes de información, dando sus puntos de vista y debatiendo sobre temas que nos atañen a todos. Si uno analiza la alta participación ciudadana, que además de vivirse en las redes se experimentó en el intercambio social, el resultado parece positivo y alentador. Sin embargo, el uso y abuso de estos medios también puede mover al pesimismo.

Intentar elucidar una respuesta definitiva sobre las bondades o los peligros de las redes sociales sería simplista, ya que la desaparición de estas es impensable. En cambio, reflexionar sobre ciertos acontecimientos concretos me parece necesario y más productivo. Este ensayo no pretende en lo absoluto ser un recuento exhaustivo de lo acontecido en las redes sociales durante este proceso electoral, sino solo una serie de consideraciones sobre ciertos fenómenos que observé y que me intrigaron por su carácter ambivalente.

Proliferación de las fuentes de información

Durante las campañas, el día de la elección y en los días posteriores a esta circularon por las redes sociales artículos, páginas, videos, memes, imágenes y demás artilugios que se referían al acontecimiento político que vivía el país. A lo largo de las campañas, algunos usuarios de redes sociales se dedicaban sobre todo a difundir videos o imágenes cómicas en las que tal o cual candidato era expuesto de manera poco favorecedora. Algunos sucesos del acontecer político proporcionaron más material que otros para la ridiculización de los personajes. Ninguno de los candidatos se vio libre del ingenio creativo de ciertos usuarios de las redes.

La proliferación de noticias fue otro de los fenómenos. Las personas compartían artículos y páginas de internet con propuestas e información que respaldaban su visión del acontecer político o al candidato de su preferencia. La experiencia de entrar a las redes sociales parecía un intercambio valioso en un ambiente lúdico y jovial.

Desgraciadamente, no tardaron en aparecer publicaciones de dudosa procedencia: cuentas de Twitter inventadas (que después eran desmentidas por las personas cuya personalidad había sido suplantada), encuestas falsas que se atribuían a diarios de buena reputación (uno intentaba buscar la encuesta en la fuente y no aparecía), fotos de boletas tachadas que se usaban como evidencia de un fraude (las mismas boletas que otros medios asociaban fehacientemente a personas que emitieron su voto en el extranjero), noticias de detenciones de estudiantes por parte de policías de tránsito (y que en cuestión de horas eran desmentidas), etcétera. El cúmulo de información fue de tal magnitud que parecía imposible distinguir lo falso de lo verdadero. Este es un fenómeno cotidiano en las redes sociales y en cualquier discusión que cite fuentes.

La aparición de noticias falsas, de fotos malinterpretadas o retocadas, de información falaz no puede de ninguna forma contrarrestar el cúmulo de información organizada y veraz que se publicó durante el proceso electoral, pero sí contribuye a evidenciar la forma en que las redes sociales facilitan la publicación de cualquier tipo de materiales. Parecería que en estos medios importa más la persona que comparte la información, que la información que se publica. Esto ya se sabía. El problema estaba y está en compartir materiales que se difunden en las redes sin verificar su procedencia.

Lo mismo ocurrió con las noticias generadas por los propios usuarios. La proliferación de tecnologías que permiten capturar videos, fotos, audio y texto, así como la facilidad para enviarlos, permite la difusión de distintos aconteceres retratados desde distintas perspectivas. El problema es la interpretación que se hace de ellos. Aunque algunos videos y audios dejan poco lugar a la interpretación, muchos otros necesitan de un contexto que los sustente y los explique. La proliferación de este tipo de videos durante las campañas electorales y después de las elecciones se ha usado como una de las principales pruebas de una serie de anomalías e irregularidades; sin embargo, esos videos se han mezclado con otros en los que no se aprecia nada y que son interpretados como fuentes inobjetables de corrupción y fraude. Considero que se debe dar un cauce correcto a este tipo de evidencias, intentar diferenciar los videos que muestran serias irregularidades de los que interpretan a partir de una sospecha poco fundamentada.

El fenómeno Anonymous

¿Quién o quiénes son Anonymous? ¿Cuál es su objetivo? ¿Dónde están? El nombre de la organización pretende dejar en claro un hecho contundente: todos en algún momento somos agentes anónimos. Este hecho fue adoptado como bandera por un grupo de hackers ocultos para esparcir un mensaje de libertad de expresión en internet. Cualquier acto que sea interpretado por “ellos” como un acto de censura será contrarrestado por un ataque cibernético. He ahí el meollo del asunto: como todos tenemos causas que defender, parece ser que todos podemos portar la máscara del anonimato cuando más nos beneficie. No todos tenemos la capacidad de violar la seguridad de equipos de cómputo personales, de empresas y de organismos gubernamentales, pero sí, o al menos en mayor medida, la de editar videos, audios y fotos.

Uno de los sucesos en redes sociales que más impacto me causó fue el uso de videos, provenientes de la fuente de la máscara, para evidenciar un supuesto fraude. Desde antes de las elecciones circulaban grabaciones de Anonyomous en las que se decía que el fraude ocurriría otra vez. Después de las elecciones corrieron fotos en las que se observaba la captura de pantalla de una página del prep; abajo podía verse una ventana “misteriosa” que ocultaba una instrucción electrónica igualmente misteriosa y en la que aparecía al revés el número de votos registrados para Enrique Peña Nieto (EPN) y Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Si todos los demás veíamos una ventaja para epn era porque no podíamos acceder a los cómputos “reales” del prep. Anonymous sí. Era tal su magnificencia que nos ofrecía una pequeña muestra de eso. Los diversos videos que circulan ahora son un ejemplo más de un efecto conocido para los usuarios de redes sociales: si tanta gente comparte esta información y esa información concuerda con lo que pienso, no puede estar equivocada. Por fortuna, hay personas que se dan cuenta de lo burdo de estos montajes. La introducción es la misma para todos los videos: “Hello citizens of the world, we are Anonymous” (“Hola, ciudadanos del mundo, somos Anonymous”). El video es acompañado por una canción estremecedora interpretada por Kronos Quartet. El personaje principal, Anonymous, porta una máscara que proviene de la historieta V for Vendetta de Alan Moore y David Lloyd. Además, el personaje habla en español con una pronunciación típica de la Península Ibérica, dando a entender que la voz también es anónima y creada por un programa de computadora. Uno pone la evidencia que quiera ahí, no hace falta ofrecer pruebas. El sello de Anonymous da legitimidad a lo ahí dicho. Si uno quiere informar sobre la cantidad de dinero que recibieron los consejeros del ife y quiénes son estos, no hay ningún problema, Anonymous lo confirma. Es triste e irónico pensar que algunas de las personas que piden mejor información y democratización en los medios masivos de comunicación acepten este tipo de “evidencias” y las difundan. Quizá se deba a que el grupo de hackers autodenominado Anonymous ha dado varias muestras de presencia real. Hace algunos días, un miembro de Anonymous se jactaba de haber hackeado la página del Partido Revolucionario Institucional en el df. La gente que intentaba acceder a ella se encontraba con una imagen del personaje enmascarado y una leyenda que pedía el reconocimiento del fraude por parte de epn. Las coincidencias entre este acontecimiento y el caso Wikileaks me parecen pocas ya que usualmente Anonymous se dedica a bloquear sitios de internet y difundir noticias sin ningún fundamento.

Crónica de una protesta anunciada

Ante el desarrollo de un proceso electoral en el que, de acuerdo con las encuestas y los medios masivos de comunicación, la distancia entre el candidato puntero y los otros candidatos apenas disminuía, y sobre todo ante lo dividido de las preferencias electorales, las reacciones en las redes sociales fueron diversas. Algunos callaron como lo hicieron durante todo el proceso, hubo quienes se mostraron contentos, otros intentaron llamar a los electores a reconsiderar sus posiciones, y algunos más empezaron a mostrarse escépticos. Si la mayoría de las personas que conocían y que participaban en redes sociales pensaban igual que ellos, las encuestas y los medios de comunicación tenían que estar equivocados. Esta interpretación se vio reforzada por el artículo de The Guardian (26 de junio de 2012) que cuestionaba la relación entre una televisora y el candidato de la delantera durante su periodo como gobernador del Estado de México. Sin embargo, detrás de este escepticismo está la seria fragmentación política que experimenta el país. La cantidad de imágenes, pensamientos, videos y discusiones que se publicaron después de la elección confirmó la división de opiniones y el enojo ante los resultados. Dicho enojo responde en las redes sociales a una mayoría, pero a una mayoría que comenta con enojo y que provoca el silencio de otros tantos. Esta mayoría se convierte en minoría en términos de la población mexicana. Pero en minoría relativa. La fragmentación es evidente.

Conviene dar una dimensión justa a lo que acontece en las redes sociales, a pesar de lo complejo que esto pueda resultar. Según las cifras, de las que tanto desconfían ahora los usuarios, 27.3% de la población mexicana utilizaba Facebook a finales de 2011.2 La cifra es baja y, sin embargo, muy significativa. El número de personas con acceso a redes sociales aumenta cada día. Eso solo puede significar una multiplicación de las fuentes de información y de los contactos sociales. La responsabilidad de la interpretación y la organización de la información que ahí encontramos es solo nuestra. Las divergencias siempre existirán, la necesidad de crítica también, pero la contextualización de nuestros pareceres y saberes será una labor permanente, individual y social, ante la penetración en la vida privada de estas redes que nos constriñen y que denominamos sociales.

1 Un meme es una imagen alterada que circula en internet. Imágenes de animales, personajes políticos, caricaturas, etcétera, a las que se les agregan frases o palabras que las reinterpretan de manera usualmente cómica.
2 http://www.internetworldstats.com/central.htm#mx

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IRENE TELLO ARISTA es pasante de la carrera de Filosofía en la UNAM. Durante cuatro años participó en la coordinación del proyecto “Presta tu voz”, que busca crear material didáctico para personas invidentes.

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