Martes, 20 Agosto 2019
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La ciencia y la tecnología como motores para el desarrollo regional
| María Luisa Zaragoza | Eduardo Martínez-Martínez | Elmer Solano | Brenda Figueroa | Patricia Zúñiga | Juan Pedro Laclette | 01.02.2012 | 1 Comentario

En el presente estudio, nuestros autores comparan el estado actual de la investigación científica y tecnológica en México con la situación que esta guardaba en el pasado. Los resultados del análisis sugieren que si bien hoy estamos mejor que hace algunas décadas, los recursos y la infraestructura del conocimiento aún se hallan mal distribuidos, lo que sin duda retrasa el crecimiento socioeconómico del país.

©istockphoto.com/elapela

Introducción

El avance tecnológico ha sido uno de los factores principales para mejorar las condiciones de vida de la sociedad. Actualmente, a nadie escapan las ventajas de la comunicación por telefonía celular, del alivio de dolores corporales con algún producto farmacéutico o, simplemente, de encender la luz eléctrica para alumbrar nuestras noches. Estos inventos son el resultado de aplicar el conocimiento generado por la investigación científica a diversas necesidades prácticas. Además, la innovación tecnológica añade valor a la actividad económica mediante la creación de nuevos productos, técnicas de producción o métodos de organización.

Si bien el crecimiento económico depende de múltiples factores, la ciencia y la tecnología (CYT) han sido consideradas como catalizadores del progreso socioeconómico. Durante la mayor parte del siglo XX, el Producto Interno Bruto (PIB) de países como Estados Unidos, Japón, Alemania, Suecia y Finlandia creció aceleradamente. Este crecimiento solo puede ser explicado si se considera la contribución del progreso tecnológico, el cual es el resultado de una inversión sostenida y creciente en las actividades de investigación y desarrollo.

Asimismo, el asombroso crecimiento de las economías de China e India se debe en buena parte a su orientación hacia la generación y empleo del conocimiento. En tan solo 30 años, el PIB per cápita de China e India aumentó 670 y 430%, respectivamente. Dicha orientación no solo ha transformado el ámbito macroeconómico, sino que también ha hecho posible que millones de personas salgan de la pobreza y de la marginación en un periodo relativamente corto. En contraste, algunos países latinoamericanos han promovido el crecimiento basándose principalmente en el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica y el aumento de las exportaciones de productos de escaso valor añadido. Tal ha sido el caso de México, donde la CYT no han sido aprovechadas como estrategia central para detonar el desarrollo.

A finales de la década de los ochenta, el panorama de la CYT en el país estaba marcado por la centralización de la infraestructura y los recursos financieros y humanos en la zona metropolitana de la Ciudad de México. Para ese entonces, esta zona concentraba cerca de 42% de las instituciones de investigación científica, y alrededor de 39% de la inversión nacional en CYT. A inicios de los años ochenta, la capital concentraba entre 80 y 90% de los investigadores del país, 47.6% de los alumnos de maestría y 91% de los alumnos de doctorado.1

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A partir de entonces, se iniciaron acciones para promover la descentralización de la actividad científica y tecnológica y alentar la vinculación entre la academia y la empresa. Para 1994, el presupuesto destinado a CYT se había duplicado respecto a la década anterior. Esto permitió fortalecer las capacidades científicas existentes y la generación de nueva infraestructura, principalmente en los estados de la República. En paralelo, se implementaron los sistemas regionales de investigación, posteriormente sustituidos por el Programa de Fondos Mixtos, cuyo objetivo era incentivar la participación de los gobiernos estatales y municipales en los proyectos estratégicos de cada región.2

Además, durante este mismo periodo creció el número de investigadores científicos y de estudiantes de posgrado. De acuerdo al padrón del Sistema Nacional de Investigadores (sni), en 1990 había solamente 5 mil 704 investigadores, mientras que a principios de 2011 este padrón ascendía a 17 mil 568. Asimismo, el número de personas que se graduaron del nivel de doctorado en 1990 fue de 201, mientras que en 2008 fue de 2 mil 554.3, 4

La vinculación entre las empresas, los científicos y los tecnólogos cataliza la innovación tecnológica. La medición de la innovación es un asunto complejo y se han utilizado varios indicadores. Uno de ellos es el número de patentes. En nuestro país, el registro de patentes solicitadas por mexicanos permaneció relativamente constante durante la década de los noventa, con un promedio de 476 solicitudes por año. Durante la última década, sin embargo, se ha presentado un lento crecimiento que se refleja en las 951 solicitudes presentadas en 2010.

A pesar de nuestro rezago en ciencia, tecnología e innovación, no se puede negar que ha habido movimientos de considerable importancia en el sistema científico del país. No obstante, estos cambios han sido poco analizados. Mucho menos se ha determinado el efecto de la incorporación y generación de nuevos cuadros de científicos y tecnólogos, así como su repercusión en las actividades innovadoras a nivel regional.

El propósito de este reporte es doble. Por una parte se caracterizó la distribución geográfica del capital humano, la infraestructura en CYT y la productividad regional en México. Por otra parte, se analizó si la intensidad de la actividad en investigación y desarrollo se corresponde con mejores índices de ingreso y bienestar de la población en las distintas regiones analizadas. No se intentó evaluar el éxito o fracaso de alguna política científica en particular. Más bien se pretende generar una imagen del estado actual del sistema científico mexicano para averiguar si un ambiente propicio para la investigación e innovación está íntimamente ligado con el desarrollo de una sociedad.

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Los parámetros se obtuvieron de diversas fuentes: el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Consejo Nacional de Población y Vivienda (CONAPO), el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI). Nuestro análisis indica que existe una correlación entre las variables de actividad en cyt y los niveles de desarrollo y bienestar económico en los estados del país.

Los recursos de CYT en los estados de la República Mexicana

Para la presentación de los resultados, se utilizó la regionalización de la República Mexicana propuesta por la ANUIES. De acuerdo a este criterio, los estados de la República se organizan en seis regiones: Noroeste (Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sinaloa y Sonora), Noreste (Coahuila, Durango, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas), Centro-Occidente (Aguascalientes, Colima, Guanajuato, Jalisco, Michoacán y Nayarit), Metropolitana (Distrito Federal y Estado de México), Centro-Sur (Guerrero, Hidalgo, Morelos, Puebla, Querétaro y Tlaxcala) y Sur-Sureste (Campeche, Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán). Algunas de las características socioeconómicas de estas seis regiones se muestran en la Tabla 1.
Tabla-1-Zaragoza-250

La capacidad de un aparato científico se relaciona directamente con la cantidad de personal altamente calificado que realiza las labores de investigación y formación de estudiantes. Por este motivo, se analizó la distribución de recursos humanos con estudios de posgrado, de investigadores pertenecientes al sni y de estudiantes de licenciatura y posgrado en las áreas de CYT.

Como se muestra en la Figura 1a, la región Metropolitana posee casi el doble de habitantes con estudios de posgrado que las regiones Centro-Occidente, Noreste, Noroeste y Centro-Sur, y tres veces más que la región Sur-Sureste. En cuanto a la proporción de investigadores sni respecto de la Población Económicamente Activa (PEA), la región metropolitana también ocupa el primer lugar, pero se observó una mayor disparidad entre las regiones. Así, hay menos de la mitad de investigadores sni en las regiones Centro-Sur y Noroeste, tres veces menos en la región Centro-Occidente, cuatro veces menos en la región Noreste, y cinco veces menos en la región Sur-Sureste (Figura 1b).
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A nivel estatal, el Distrito Federal y Morelos presentan tasas de 158 y 113 investigadores SNI por cada 100 mil integrantes de la pea, respectivamente. En la región Metropolitana, los investigadores con mayor participación corresponden al área de humanidades y ciencias de la conducta y al área de ciencias sociales, que en conjunto representan 37%. En la región Centro-Sur destacan los investigadores de biología y química, quienes representan 21%, y los de Ingeniería, 22 por ciento.

Para los fines de este estudio, se consideró en el área de CYT a las carreras de ingeniería y tecnología, ciencias naturales y exactas, ciencias de la salud y ciencias agropecuarias. Al respecto, la región con la mayor proporción de alumnos inscritos en carreras de CYT, por cada mil integrantes de la PEA, fue la región Centro-Occidente (Figura 1c). Cabe destacar que esta región se está especializando en el área de ingeniería y tecnología, ya que 64% de los alumnos está inscrito en carreras de esta área.

Por su parte, las regiones Metropolitana y Noreste también se caracterizan por ser grandes generadoras de profesionistas en CYT. En contraste, la proporción de estudiantes dedicada a carreras de CYT en la región Sur-Sureste es muy reducida respecto del resto de las regiones. El rezago es de tal magnitud que la tasa de matrícula de licenciaturas en CYT por cada mil integrantes de la PEA es 17 veces menor que en la región Centro-Occidente.

De manera similar, la región Sur-Sureste presentó la tasa más baja en la matrícula de posgrado en CYT. Sin embargo, en este aspecto la acompañan las regiones Noroeste, Centro-Sur y Noreste, las cuales también tienen una tasa menor a uno por cada mil integrantes de la PEA (Figura 1d). Como puede anticiparse, la región más consolidada en la formación de posgrado en CYT es la región Metropolitana, seguida por la región Centro-Occidente. La especialización en ambos casos es en el área de ciencias de la salud, puesto que 53 y 50% de la matrícula, respectivamente, corresponden a esta área.

Infraestructura de CYT en las regiones del país

La mayor parte de las actividades en CYT requieren de instalaciones con especificaciones muy particulares, según la disciplina de que se trate. Además, para la formación de nuevos científicos y tecnólogos se requieren programas de apoyo económico para los estudiantes y programas educativos con altos estándares de calidad. La disponibilidad de estos elementos habla del desarrollo y las capacidades del aparato de investigación regional.

Tomando en cuenta entidades como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN (cinvestav), el conacyt, diversas secretarías de Estado y otros centros públicos, hemos determinado que existen 216 centros públicos de investigación (CPI) a lo largo del territorio nacional (Tabla 2).
Tabla-2-Zaragoza-250

Las entidades con mayor presencia nacional son la UNAM y el CONACYT, que representan 33 y 29% de los CPI en el país, respectivamente. Sin embargo, una diferencia notable es que solo 8 de los 63 CPI del CONACYT se localizan en el Distrito Federal; mientras que, en el caso de la UNAM, 40 de los 71 institutos y centros se ubican en la región Metropolitana. Esto último contribuye a que esta región sea la de mayor concentración de CPI: aloja 64 centros. La otra región que sobresale es la Sur-Sureste, que cuenta con 43 CPI, mientras que el resto de las regiones cuenta en promedio con 26 centros.

No obstante que la cobertura de CPI en las regiones ha mejorado en los últimos años, el panorama no es tan halagador en algunos estados. Por citar algunos ejemplos, Nayarit y Colima solo cuentan con sedes del Instituto Nacional de Pesca, en tanto que Guerrero e Hidalgo no tienen centros de las categorías consideradas en este estudio. Por lo anterior, también se analizó la distribución de instituciones de educación superior, debido a que algunas, además de formar recursos humanos, también participan en la generación de conocimiento. Conviene hacer notar que las universidades públicas en los estados reúnen 27% del padrón de los investigadores del SNI y que todos los estados cuentan con al menos una universidad (Tabla 2).

Para certificar a los posgrados del país, el CONACYT ha implementado desde 1991 varios criterios de evaluación. Actualmente los posgrados de mayor calidad se encuentran adscritos al Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC). El programa incluye mil 303 posgrados, de los cuales 57% corresponden al nivel de maestría y 30% al de doctorado.

Al igual que en la mayoría de los parámetros analizados, la región Metropolitana ocupó el primer lugar al concentrar 440 programas de posgrado. Esta cifra duplica la registrada en las regiones Noroeste, Noreste y Centro-Occidente, y cuadruplica la de la zona Sur-Sureste. No es de extrañar que la región Metropolitana reciba casi la mitad de las becas otorgadas por el CONACYT.

Productividad científica e inversión de las empresas para el desarrollo de la CYT en las regiones del país

Para medir la productividad científica de los investigadores, usualmente se cuantifica el número de publicaciones, el número de solicitudes de patentes y la formación de recursos humanos. La mayor parte de los análisis internacionales se basa en el conteo de las publicaciones en revistas indizadas por servicios especializados de información bibliográfica.

Para este trabajo consideramos únicamente las revistas indizadas por Thomson Reuters Web of Knowledge. La región Metropolitana produce un poco más de la mitad del total de artículos publicados, mientras que las regiones Centro-Sur y Centro-Occidente apenas sobrepasan 10% de la producción nacional (Tabla 3).
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Por su parte, la lista de solicitudes de patentes está encabezada por la región Metropolitana. Llama la atención el hecho de que la región Noreste ocupa el segundo lugar a pesar de no tener una gran participación en los artículos publicados, lo cual nos hace suponer que en esta región se está favoreciendo la protección de la propiedad intelectual sobre la publicación inmediata de los resultados de la investigación.

En el mismo sentido, la región Metropolitana y la región Noreste muestran niveles equiparables en la tasa de patentes por millón de habitantes, lo que resalta aún más el papel innovador de la región Noreste. En relación con lo anterior, la región Noreste, junto con la Centro-Occidente y la Metropolitana, son las que tienen mayor presencia de empresas manufactureras grandes que invierten en procesos de innovación. Conviene hacer notar que el porcentaje de empresas manufactureras que invierten en procesos de investigación y desarrollo no sobrepasa el 10% en el país.

Estructura organizativa para el fomento de la CYT

Como resultado de las políticas de descentralización en CYT, los estados de la República se han visto en la necesidad de crear una estructura jurídica y administrativa para el fomento de las actividades de investigación e innovación. De manera general, esta estructura se compone de una ley estatal, un programa estatal, un consejo estatal y una comisión legislativa de CYT. Actualmente los 32 estados cuentan con una ley y un consejo en la materia. Sin embargo, para finales de 2010 había 11 estados que no contaban con un programa en ciencia y tecnología y 14 que no habían constituido una comisión legislativa específica (Figura 2).
Fig-2-Zaragoza-250

Las disposiciones legislativas y reglamentarias son fundamentales para establecer las condiciones mínimas que permitan el desarrollo de las actividades científicas y de innovación en una región. Así, estas disposiciones señalan las obligaciones y los mecanismos mediante los cuales los organismos y los diversos actores pueden planear y ejecutar las políticas de apoyo a la cyt para que, en última instancia, se aumente la competitividad de los estados. Debido a que en la mayoría de las entidades del país es relativamente reciente la formulación de la estructura organizativa, es difícil cuantificar en este momento su impacto. Sin embargo, habrá que dar seguimiento para detectar ventajas o deficiencias en los sistemas estatales de CYT.

Los estados con mayor actividad científica y tecnológica presentan mejores niveles de desarrollo económico y social

Una vez que se determinó la distribución geográfica de los recursos de CYT, se investigó la relación entre los parámetros de actividad científica y los niveles de ingreso y bienestar en las diferentes regiones del país. En primera instancia, se analizó la manera en que se relaciona la presencia de capital humano inscrito a licenciatura y posgrado con el ingreso económico, con el acceso a los servicios de salud, con la educación y con la vivienda de la población. Para ello, se utilizó el Índice de Desarrollo Humano (IDH) definido por el pnud y el Índice de Rezago Social definido por el CONEVAL.

Nuestro análisis indica que los estados que cuentan con una mayor proporción de personal calificado respecto de su población económicamente activa son los que presentan los mejores niveles de desarrollo (Figura 3a).
Fig-3a-Zaragoza-250

En contraste, Chiapas, Oaxaca y Guerrero, que presentaron la menor proporción de personal calificado, fueron los estados con mayor rezago social (Figura 3b). Lo anterior pone en evidencia que un capital humano con altos niveles educativos favorece el aumento de la productividad y la competitividad de la economía y eleva el nivel de bienestar de la población.
Fig-3b-Zaragoza-250

En segunda instancia, se revisó si existía una relación entre el número de investigadores adscritos al sni y la solicitud de patentes en cada estado. En este caso también se observó una relación directa entre los dos parámetros (Figura 4).
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Sin embargo, destaca el hecho de que en el periodo analizado, Jalisco y Nuevo León presentaron conjuntamente 160 solicitudes de patentes, mientras que el Distrito Federal presentó 219, a pesar de que esos dos estados cuentan conjuntamente con apenas 20% de los investigadores que residen en el D.F.

Por lo tanto, conviene analizar en detalle las dinámicas en estos estados que han promovido exitosamente el desarrollo de un ambiente innovador. Por ejemplo, estudiar la influencia de la orientación temática de las líneas de investigación que se desarrollan en cada entidad federativa. En apoyo a la hipótesis de que las actividades de innovación se reflejan en una mejoría de los niveles de productividad, encontramos también que existe una correlación positiva entre el número promedio de solicitudes de patente por investigador del SNI y el PIB de los estados (Figura 5a).
Fig-5a-Zaragoza-250

De esta manera, los estados con tasas más altas de patentes por investigador son también los de mayor PIB –tómese nuevamente el caso de Nuevo León y Jalisco, cuyas participaciones en el PIB nacional son de 7.85 y 6.69%, respectivamente, solo superados por el D.F. (18%) y el Estado de México (9.37%). El PIB estatal también muestra una relación directa con el número de empresas manufactureras que invierten en procesos de investigación y desarrollo (Figura 5b).
Fig-5b-Zaragoza-250

Así, el D.F., el Estado de México, Nuevo León y Jalisco concentran 52% de las empresas que invierten en innovación y a su vez son los estados con mayor producción. Lo anterior refuerza la noción del papel de las empresas como agentes fundamentales para generar innovación a través del desarrollo tecnológico. En contraste, los estados con mayor rezago social son aquellos con menor actividad innovadora, medida a través del número de solicitudes de patentes por investigador (Figura 6).
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Consideraciones finales

Si bien el tamaño y dinamismo actual del sistema científico y tecnológico en México dista de ser el idóneo, los avances conseguidos en las últimas dos décadas no son desdeñables. Durante este periodo, se ha descentralizado una porción considerable de las actividades científicas, debido a la creación de nueva infraestructura y a la incorporación y generación de personal capacitado en CYT. En nuestro estudio, se pone en evidencia el papel promotor que juega la CYT en el desarrollo regional.

Aunque la región Metropolitana sigue concentrando gran parte de los recursos de CYT y ocupando el primer lugar en varios de los parámetros analizados, conviene destacar el avance de algunas regiones. Las regiones Centro-Occidente y Noreste sobresalen por ubicarse en los primeros lugares en la formación de estudiantes de licenciatura y posgrado en el área de CYT. Asimismo, estas dos regiones se distinguen por su capacidad innovadora: la región Noreste ocupa el segundo lugar en solicitud de patentes y la región Centro-Occidente el tercero. Por su parte, la región Centro-Sur, a pesar de ocupar el tercer lugar en el rubro de infraestructura y el segundo en cuanto al número de investigadores sni, se encuentra rezagada en materia de solicitud de patentes. En la región Sur-Sureste ocurre un fenómeno interesante. Esta región se ubica en el segundo lugar en infraestructura, pero es la más rezagada en la formación de recursos humanos, en especial de licenciatura.

La principal contribución de nuestro trabajo fue mostrar que existe una fuerte correlación entre la intensidad de la actividad científica y los indicadores económicos y de bienestar en las regiones de nuestro país. Sin pretender definir cuantitativamente la contribución de la actividad científica en la generación de riqueza regional, es necesario hacer algunas reflexiones. El apoyo a la cyt no debe ser visto solo como el fomento de un bien cultural. Nuestros análisis sugieren que el entrenamiento de recursos humanos en temas científicos y tecnológicos aumenta considerablemente la diversificación laboral y el potencial de inventiva. Así, la inversión en investigación científica y desarrollo tecnológico adquiere un papel fundamental en el crecimiento económico regional. Una explicación por la que este acoplamiento no ha sido evidente en nuestro país es que la investigación científica se concibe y se ejecuta predominantemente como una disciplina que generará algún beneficio en un futuro indefinido. Entre las limitantes más grandes del sistema científico mexicano es que las tareas de investigación han sido organizadas mayoritariamente a partir de las concepciones parciales que el gobierno y algunos investigadores han tenido sobre las necesidades de la actividad científica y tecnológica. En muy pocas ocasiones el diseño de los programas de apoyo económico y logístico a la investigación ha sido el resultado de un estudio sobre las necesidades industriales del país, que amalgame a la vez los intereses de la academia y las empresas. En este sentido, será necesario identificar las fortalezas y oportunidades económicas que cada estado presenta, para focalizar los esfuerzos hacia áreas que resuelvan problemas específicos de la sociedad y de las empresas en el corto y largo plazos. En particular, se deben buscar estrategias para incentivar la inversión empresarial en proyectos de investigación y desarrollo que estimulen el crecimiento económico y mejoren las condiciones de vida de la población en esas regiones.

1 CONACYT, Programa Nacional de Desarrollo Tecnológico y Científico 84-88, 2a ed., Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, XIX, México D.F., 1984, 400 pp.
2 R. Pérez-Tamayo, Historia general de la ciencia en México en el siglo XX, 1a ed., Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2005, 319 pp.
3 CONACYT, Informe general del estado de la ciencia y la tecnología: México 2009, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México D.F., 2010.
4 SEP-CONACYT, Indicadores de actividades científicas y tecnológicas, México 1990-1999, SEP-CONACYT, México D.F., 2000.

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MARÍA LUISA ZARAGOZA es economista del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCYT) y profesora de la Facultad de Economía de la UNAM. EDUARDO MARTÍNEZ-MARTÍNEZ es doctor en Ciencias Biomédicas de la UNAM. Actualmente colabora en la Coordinación de Estadística y Proyectos del FCCYT. ELMER SOLANO es economista del FCCYT y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. BRENDA FIGUEROA es Coordinadora de Estadística y Proyectos del FCCYT. PATRICIA ZÚÑIGA es física de la Facultad de Ciencias de la unam con especialidad en física de radiaciones. Actualmente se desempeña como Secretaria Técnica del fccyt. JUAN PEDRO LACLETTE es investigador titular del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la unam. Fue Presidente de la Academia Mexicana de Ciencias y actualmente es Coordinador General del FCCYT.

Una respuesta para “La ciencia y la tecnología como motores para el desarrollo regional
  1. Sergio Omar dice:

    Hola Muchas Gracias por tu información, me es sumamente útil.

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