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La imprecisión de las encuestas
Este País | Ulises Beltrán | 01.08.2012 | 0 Comentarios

¿Hubo errores de método o hubo un cambio sustancial en las preferencias, durante la última semana de campaña, que las encuestas ya no pudieron registrar? Este artículo señala los posibles factores de afectación de las estimaciones para la elección presidencial, uno de ellos poco comentado: las decisiones socialmente influenciadas.

©iStockphoto.com/A-Digit

Por más perfecto que sea su diseño, ejecución e interpretación, las encuestas, por su naturaleza misma, no pueden medir con absoluta precisión nada. Proporcionan un rango de estimaciones en el que, con una probabilidad conocida, se encuentra la que corresponde a la de la población sujeto de estudio. El punto central del rango de estimaciones probables suele ser el estimador más creíble. Si el experimento de medición que son las encuestas se repitiera muchas veces, el promedio de los estimadores centrales obtenido tendería al verdadero parámetro poblacional.

Durante la campaña, las encuestas registraron con oportunidad acontecimientos importantes de la contienda. Se registró el paulatino pero continuo deterioro de las preferencias por Enrique Peña Nieto (EPN) y la manera como Andrés Manuel López Obrador (AMLO) rebasó a Josefina Vázquez Mota (JVM) a finales de mayo, lo que dio lugar a un cambio de estrategia importante en la publicidad electoral: el PRI y el PAN iniciaron campañas de cuestionamiento a AMLO que probablemente detuvieron su crecimiento.

Al final de la campaña se publicaron los resultados de 13 encuestas levantadas entre el 14 y el 27 de junio. Ninguna de las 13 ofrece una versión equivocada de los resultados finales: EPN en primer lugar, AMLO en segundo y JVM en tercero. Sin embargo, como pronóstico puntual del resultado de la elección presidencial, el desempeño del conjunto de encuestas es pobre.

Igualmente, el público se fue a dormir el domingo con una idea clara y certera del desenlace de la elección, gracias a las estimaciones oportunas y de gran precisión difundidas por varios medios con base en encuestas de salida y conteos rápidos, información finalmente corroborada por el enorme conteo rápido del Instituto Federal Electoral (IFE).

Existe una impresión justificada de que las últimas encuestas antes de la elección tuvieron en esta ocasión un desempeño particularmente malo. El error promedio entre la diferencia medida en cada encuesta y el resultado final, que en 2006 fue de cerca de dos puntos, en esta ocasión fue más de tres veces mayor: 6.8 puntos porcentuales (PP) (ver Cuadro).

Cuadro-Beltran-256
Asimismo, si las comparamos con las encuestas electorales publicadas en Estados Unidos para la más reciente elección presidencial (2008), podemos apreciar la magnitud de los errores.

La variación en las estimaciones de las encuestas en México es muy alta, particularmente en las de EPN. Las últimas estimaciones para EPN variaron entre 37 y 47%, diez puntos; entre 27 y 33% para AMLO, seis puntos, y entre 22 y 29%, siete puntos, para JVM. En el conjunto de las últimas encuestas publicadas en Estados Unidos, las estimaciones para Obama variaron cuatro puntos y las de McCain seis puntos.

Otra medida muy utilizada para calcular la falla de las encuestas es el llamado “error a los candidatos”. El error al candidato es la diferencia entre la distancia entre el primero y el segundo lugares estimada por la encuesta y la del resultado electoral dividida entre dos.

En la elección de Obama, el error al candidato de las últimas encuestas publicadas varió entre 0.1 y 2.4 pp, con un promedio de 0.9. El error al candidato de las encuestas mexicanas de 2012 varió entre 0.05 (María de la Heras para UnoTV) y 6.6 PP (Indemerc-Louis Harris para El Financiero), con un promedio de 3.4, esto es, un error promedio casi cuatro veces más alto que el de las encuestas de Estados Unidos.

Otra medida comúnmente utilizada es el “error total”. Esta medida compara la diferencia entre el porcentaje para cada candidato obtenida en la encuesta con el resultado de la elección. En las encuestas de 2008 en Estados Unidos este error varió entre 0 y 6 PP. En México, el “error total” en las encuestas varió entre 3.1 (Mercaei, en su página web) y 16.5 pp (Indemerc-Louis Harris para El Financiero), una cifra estratosférica.

¿Por qué estas diferencias en la precisión de las encuestas? ¿Cuánto de estas diferencias se puede explicar por un cambio de última hora en las preferencias (una corrida hacia López Obrador) y cuánto por errores de medición?

Fecha de levantamiento

Dada la prohibición de publicar después del miércoles anterior a la elección, todas las encuestas, salvo la de GEA-ISA para Milenio, se terminaron de levantar el domingo 24 de junio, una semana antes de la elección. Como siempre hemos dicho, las encuestas miden las preferencias al momento en el que se hace la entrevista. Si asumimos, como es razonablemente cierto, que todas las encuestas se levantaron con metodologías similares, podríamos considerar que el promedio de las 13 encuestas para cada candidato, sin decimales, son: 25% para JVM, 43% para EPN, 29% para AMLO y 3% para Gabriel Quadri de la Torre (GQDT) —estas eran las preferencias al momento de levantarse la encuesta. Comparado con el resultado de la elección, se observa un cambio de preferencias en la última semana de 4.5 pp: 3.7 en las preferencias por epn y 0.8 en las de GQDT, aproximadamente, que migraron hacia AMLO (3.0) y JVM (1.5). Esto equivale a cerca de 2.3 millones de electores. ¿Es razonable pensar que esta “corrida” de última hora ocurrió?

¿Error en las encuestas o cambio de preferencias?

Todas las mediciones previas a la elección mostraban un promedio de 18% de entrevistados que seguían sin saber por quién iban a votar. En las encuestas de salida, 16% de los votantes dice que decidió su voto en la última semana o ese mismo día. Esto equivale a cerca de 8 millones de votantes. Bastaría que 30% de ellos cambiara su preferencia en la semana anterior para explicar la diferencia entre el promedio de las encuestas y el resultado final. Ciertamente la diferencia entre el promedio de las encuestas y el resultado final se explica en buena parte por un posible cambio en las preferencias en la última semana.

No obstante que esta parece una explicación razonable y plausible, probablemente no explica totalmente la diferencia entre el promedio de las mediciones de la última semana y el resultado de la elección. Preferimos evaluar los posibles errores del método como si nuestras encuestas fueran levantadas el día anterior de la elección.

La precisión de las encuestas electorales en la pasada campaña electoral pudo verse influida por diversos factores. El primero se refiere a que solo una parte de los entrevistados vota, es decir, en la encuesta se toman preferencias tanto de potenciales votantes como de quienes posiblemente se van a abstener. Si la población que no vota cuenta con preferencias algo distintas a las de quienes sí van a votar, esto necesariamente va a afectar el resultado del estudio.

Para evitar afectar los resultados debido a este problema de incluir potenciales abstencionistas, algunas agencias emplean filtros o ponderaciones para obtener o dar mayor peso a las preferencias de quienes se cree que cuentan con significativa probabilidad de ir a votar. No obstante, las técnicas usadas en México con la finalidad de encontrar solo a los probables votantes no han asegurado siempre una mejor estimación de las cifras. En las encuestas que levantamos durante la campaña, el empleo de filtros por interés en la elección y seguridad de ir a votar disminuía ligeramente las intenciones por epn, mas no siempre. Es decir, no moderaban lo que resultó una sobrestimación.

©iStockphoto.com/Kamruzzaman Ratan

Un segundo factor lo constituyen las opiniones socialmente aceptadas. La percepción extendida en un entorno social de que un candidato es el mejor y que va a ganar lleva a un porcentaje de los electores a expresar preferencia por ese aspirante, aunque realmente no sea la opción que realmente se quiere. En la segunda encuesta de BGC en junio, entre quienes preferían al PRI se encontraba un segmento más amplio de personas que creían que su candidato tenía todas las posibilidades de ganar (63%), que en el caso de los que preferían al PRD (40%) o al PAN (42%). Tanto el ocultamiento de las preferencias que se da por este factor como el que surge de la simple desconfianza hacia el encuestador ocasiona también imprecisiones en los resultados de las encuestas.

El tercer factor es la indecisión. En las encuestas se entrevista también a personas que manifiestan preferencias por algún candidato, pero que no están seguras de finalmente votar por esa opción. Este sector del electorado es el que frecuentemente provoca cambios en las preferencias y diferencias entre lo observado en las encuestas y el resultado electoral. En nuestras últimos estudios de junio, el porcentaje de indecisos concebidos como los que tienen preferencia pero con dudas rondaba el 18%, a lo que se agregaba un 6% que no tenía preferencia alguna en lo absoluto.

Existen métodos para enfrentar tanto el ocultamiento de la preferencia real como la falta de firmeza en las intenciones de voto expresadas. En nuestras encuestas a lo largo del periodo de campaña, EPN tendía a disminuir 2 o 3 puntos una vez recalculadas las preferencias tras modelar la solidez de las intenciones de voto de los entrevistados, esto a través de indagar el grado de seguridad de votar por un candidato, de determinar cuál sería su segunda opción y de estimar la probabilidad de que terminara votando por esa otra alternativa.

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ULISES BELTRÁN es sociólogo por la UNAM y doctor en Historia por la Universidad de Chicago. Ha sido profesor en El Colegio de México, el ITAM, el Instituto Mora y el CIDE. Autor de numerosos estudios sobre opinión pública, comportamiento electoral, valores y el papel de los medios en la formación de opiniones, es socio fundador de BGC, Ulises Beltrán y Asociados.

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