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Jueves, 16 Julio 2020
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Cataluña, ayer y hoy

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Este País | José M. Murià | 01.04.2013 | 2 Comentarios

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Alimentados por la crisis económica y política que atraviesa España, los movimientos independentistas en Cataluña tienen otros orígenes. Este artículo aporta una serie de argumentos históricos, culturales y de identidad a favor de la existencia de una nación catalana.

Cataluña de ayer hasta hoy

Se atribuye a Jordi Pujol, presidente de la comunidad autónoma de Cataluña desde 1980 hasta 2003, que durante su viaje oficial a China en pos de mercados, manifestó al Gobierno de aquel país que sus gobernados alcanzaban ya la cifra de seis millones y que el primer ministro de aquel enorme país, aparentando interés por la cifra, le preguntó en qué hotel estaban alojados…

Ello es una muestra de la ironía con que los catalanes de hoy tratan el tema de su pequeñez, como lo dice una canción de su cantautor más representativo del último medio siglo, Lluís Llach.

El meu país es tant petit
que des d’un campanar
mpre és veu l’altre.

(Mi país es tan pequeño
que desde un campanario
siempre se ve el otro.)

También dice el propio Llach de “su país” que “cuando el sol se va a dormir, no está seguro de haberlo visto […]”.
Sin embargo, ello no equivale a que se sientan menos que otros, pues también hacen recuerdo con frecuencia de sus muchos hijos de talla universal, como es el caso de Narcís Monturiol, inventor del submarino, del gran celista Pau Casals, el revolucionario arquitecto Antoni Gaudí o los pintores Tàpies y Dalí. ¿Y qué decir ahora del Club de Futbol Barcelona, que ha ganado trofeos y adeptos por todo el mundo?

Asimismo, están muy satisfechos de su variada geografía y de bellezas urbanas, marítimas y de montaña. Entre las primeras destaca la espléndida ciudad de Girona e infinidad de poblaciones menores también muy antiguas, de una calidad singular, por no presumir de su capital, cap i casal de Catalunya, de la que, con justicia, se dice que es buena lo mismo si se tiene dinero que si no: “Tanto si [la bolsa] suena como si no suena, Barcelona es buena”.

De lo que pueden enorgullecerse más los catalanes es de lo que un poeta llamó su “voluntad de ser” —tal vez los antropólogos prefieran definirlo como la fuerza de su identidad—, que les ha permitido resistir y sobreponerse en tiempos recientes y antiguos a la peor maldición de que puede ser víctima un pueblo: la persecución por querer seguir siendo lo que es y el deseo de su exterminio por parte de fuerzas bélicamente superiores.

©iStockphoto.com/NickOnTheDraw

Hay comentarios de sobra contundentes, como los de Miguel Otero Silva, aquel venezolano cabal, poseedor de un talento y una pluma superiores, quien conoció Cataluña durante la República, plena de dinamismo, “con muchachas bien plantadas que bailaban la sardana con júbilo catalanista” (“Sobre Cataluña y los catalanes”, El Nacional, Caracas, 16 de febrero de 1972); era una Cataluña que se hacía a sí misma e iba cobrando la forma de una nación moderna. Después, cuando todo se vino abajo con el triunfo del fascismo español, constató que se hizo de ella “una tierra conquistada […] y sometida al yugo”, con el idioma catalán vetado en las escuelas, prohibido a los periódicos, execrado de los actos públicos y hasta perseguido en los hogares. Cuando Otero conoció esa Cataluña bajo la dictadura franquista, con lo mejor de su intelecto refugiado principalmente en México y una parte también en Venezuela, Argentina y Chile, además de Francia, claro está, y pudo dar fe de las pretensiones gubernamentales de aniquilar de plano su cultura, dijo clarito que se sintió como “un viejo catalán desconsolado” y salió de ahí sintiéndose “catalanamente triste”.

Agréguese a ello la enorme cantidad de españoles cargados de una gran miseria —murcianos, andaluces, gallegos, etcétera— que fueron prácticamente acarreados hasta Cataluña para vivir de ella y arrinconar lo más que se pudiera el habla catalana. La idea era, como se dijo infinidad de veces, acabarla “para siempre”. Véase por ejemplo el famoso El llibre negre de Catalunya: De Felip V a l’ABC, del acucioso historiador Josep M. Ainaud de Lasarte.

Tal como dijo su presidente Lluís Companys en 1939, cuando abandonó Barcelona con rumbo al exilio francés: “Volveremos a sufrir, volveremos a luchar, volveremos a vencer”. Él no lo vio, pues fue secuestrado en Francia por la policía franquista y finalmente fusilado en octubre de 1940, en las murallas del castillo de Montjuïc. Es esta una fortaleza en el cerro del mismo nombre, frente al mar y colindante con Barcelona, que fue reconstruida y ampliada considerablemente en el siglo xviii por el ejército español, no para proteger a la ciudad de sus enemigos, sino especialmente para bombardearla periódicamente, cuando alzaba demasiado la cabeza, y para encerrar y torturar en ella a los disidentes, lo mismo del orden político que del orden social, empezando por los propios catalanistas. Así lo constata el hecho de que, mientras fue una instalación dependiente del ejército español, hasta tiempos muy recientes, sus cañones apuntaban a la ciudad y no al mar y a la entrada del puerto, que le queda mero enfrente.

Hasta al mismo presidente de la República Española, Manuel Azaña, con todo y su gran vocación democrática, su condición española le hizo declarar más de una vez que era conveniente “bombardear Barcelona al menos cada 70 años”.

La resistencia catalana durante el Gobierno de Franco, sin menospreciar las organizaciones clandestinas y enérgicamente perseguidas y castigadas, y el culto casi milenario a la Virgen de Monserrat, con la que todos —creyentes o no— se identifican, se basaron principalmente en una sola figura: la gente. Bien claro está que el más feroz de los represores nada puede contra la acción cotidiana de todo un pueblo, máxime cuando este tiene la identidad tan bien cimentada o, como dijo el poeta cuyo nombre me reservo:

La voluntar de ser vull per cuirassa,
que cap dard no trespassa
per a ferir-me el pit.

(La voluntad de ser quiero por coraza,
que ningún dardo traspasa
para herirme el pecho.)

Cabe recordar que dicha voluntad de ser también se hizo sentir entre los catalanes exiliados. Bien se dice que la Ciudad de México fue, durante al menos tres lustros, la capital de la cultura catalana, pues aquí se publicaba incluso más que en Cataluña y sucedían muchas cosas de reconocido valor: así lo reconoció Pau Casals cuando hizo su primera visita a México en 1956 para agradecer al Gobierno de este país su solidaridad con los catalanes y con lo que Otero Silva llamó “la pasión catalana por la libertad del hombre”. Sin ánimo de extendernos, menciono solamente la edición en México de más de 300 libros en catalán y de un centenar de revistas, algunas de las cuales tuvieron una larga duración y un contenido de muy buena calidad.

Gracias a una de ellas, el Butlletí d’informació dels Països Catalans, publicado mensualmente durante 15 años en Guadalajara, por caso, el Gobierno de Franco no logró erradicar el catalán del PEN Club Internacional, pues le desbarató el argumento de que no había en el mundo ninguna publicación periódica regular en lengua catalana. Por eso fue que destacaron un par de esbirros a Guadalajara con la intención de silenciar a sus editores. Tal vez lo hubieran conseguido de no haber sido por la oportuna intervención del Gobierno mexicano por medio la Procuraduría de Justicia de Jalisco, que los “convenció de buen modo” para que se regresaran por donde habían venido.

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Vale pensar que en México estuvo la Secretaría General de los Jocs Florals de la Llengua Catalana —la actividad cultural más importante de los catalanes durante muchos años— y que en nuestro país tuvo lugar la celebración de cuatro ediciones de ellos (1942, 1957, 1969 y 1973), más del 10% de los celebrados en el exilio.

Asimismo, con las garantías que ofrecía nuestro país pudieron desarrollarse aquí actividades políticas de cierta importancia, entre las que destaca la elección del mismísimo presidente de la Generalitat, en 1954, lo cual permitió que en 1977 se pudieran recuperar las instituciones anteriores a la dictadura con mayor celeridad y facilidad.

Al mediar los años setenta, ante el indispensable relajamiento de la represión, estaba claro que la cultura catalana daba señales de mejor salud, a lo que ayudó sobremanera, obvio es decirlo, la muerte del dictador en 1975 y el consecuente proceso que se emprendió en el Estado español hacía un régimen un tanto democrático. En los ulteriores años, ya en el marco de la nueva Constitución, la recuperación del catalanismo fue notable.

La reaparición del catalán en los medios de comunicación y, paulatinamente, en todos los niveles de enseñanza, así como la impresionante producción editorial de Barcelona, que llegó a sobrepasar el número de títulos en español salidos de sus prensas, siendo que estos equivalían a 50% de la producción peninsular, no representaron otra cosa que enrielar el país por unos modos de vida casi normales.

Pero no ha dejado de haber escollos y recelos de Madrid, es decir del Gobierno central, sito en lo que bien se denomina la “España profunda”, que no ha podido sobreponerse aún al síndrome de cabecera de un imperio al que, a pesar de haber desaparecido hace mucho tiempo, aun le quedan vestigios de altanería y ansia de dominación. En consecuencia, no está en condiciones anímicas de admitir el desarrollo cultural, económico, social y político de Cataluña. De ahí la campaña contra los productos catalanes, la manifiesta animadversión contra su idioma y producción cultural y el saboteo a sus reivindicaciones nacionales, lo mismo dentro del Estado español que en el contexto de la Unión Europea y aun fuera de ella.

Constituye una clara prueba de ello la oposición del Gobierno nacional español y de muchos de sus súbditos para que Cataluña fuera invitada de honor en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 2004, y los insultos y amenazas que se ganó el INAH en 2009, cuando ese país fue también invitado de honor de la XXI Feria del Libro de Antropología e Historia. En aquella ocasión hubo incluso quien amenazara con “denunciar” a los organizadores ante la Embajada de España.

En el fondo, toda la problemática parte del afán intransigente de una mayoría española de negarse a reconocer la existencia de una nación catalana con la que podría convivir en un Estado plurinacional si se le respetaran una serie de legítimas aspiraciones y su idiosincrasia particular, y se aceptara el desarrollo cabal de su capacidad, en vez de sabotearlo cuanto puede.

De esta negativa actitud hay una cauda secular infinita de ejemplos que van desde la sanción hasta la amenaza y el insulto. A todo ello se refiere con una gran contundencia el referido libro de Ainaud de Lasarte. La retahíla de gente encarcelada o golpeada por el solo hecho de hablar en catalán es impresionante. Amenazas como de Manuel Fraga Iribarne en 1967 tampoco son escasas: “Porque Cataluña fue ocupada por Felipe IV, fue ocupada por Felipe v, que la venció, fue bombardeada por el general Espartero y la ocupamos en 1939 y estamos dispuestos a ocuparla cuantas veces sea necesario y para ello estoy dispuesto a coger el fusil de nuevo. Por consiguiente, ya saben ustedes a qué atenerse”. O insultos como los proferidos por el director del periódico La Vanguardia, de Barcelona, un tal Luis de Galinsoga: “Todos los catalanes son una mierda”. O “unos mal nacidos”, como dijo Felipe Acedo Colunga, el militar que fue gobernador civil de Barcelona durante todos los años cincuenta. También viene al caso recordar, ahora que el Barça ha ganado tantas veces y por paliza en el estadio llamado Santiago Bernabéu, la casa del Real Madrid, que en 1967, siendo el tal Bernabéu presidente de aquel Club, declaró categóricamente: “Me gusta Cataluña a pesar de los catalanes”.

Tal inquina, de la que podemos encontrar ejemplos por millares y tiene mil manifestaciones en la vida cotidiana, encuentra sin duda, hasta donde es posible por la condición de vencido del país catalán, la correspondiente réplica. Quizá pueda explicar esta situación la desconfianza que el catalán suela mostrar de primera intención al forastero, y la generosa entrega cuando constata la buena naturaleza de este.

Entre otras cosas, el empresariado catalán, especialmente desde el establecimiento de la Unión Europea, ha buscado otros mercados y ha reducido en más de 50% su trato comercial con España. Asimismo, los triunfos del Barça, desde tiempos de la dictadura y aun desde antes, ofrecían a los catalanes una de las pocas ocasiones de manifestar su deseo de serlo, y ahora da lugar al regodeo de la venganza de tantas ofensas recibidas y de las arbitrariedades de que han sido víctimas. No de balde la característica presión de su partidarios, los llamados “culés”, para que el equipo anote goles hasta el último minuto, sin importar la ventaja que lleve. A diferencia de otros himnos de escuadras de futbol, que más bien parecen cantos de guerra, el del Barça es más bien de unidad y fraternidad: “Somos la gente blaugrana / […] / ahora estamos de acuerdo / […] / una bandera nos hermana”.

©iStockphoto.com/duncan1890

Convertido el Real Madrid, durante el franquismo, en una especie de emblema y equipo al servicio directo del Gobierno, que contaba además con la descarada preferencia de este y el respaldo de su poder absoluto, se llegó a extremos tan inicuos como dar por terminados partidos antes de tiempo, cuando parecía inminente la derrota del privilegiado, o imponer arbitrajes descaradamente favorables. Incluso, cuando el Barça estuvo a punto de fichar a un jugador argentino, el Gobierno le negó a este el ingreso al país y, una vez cancelada la operación y entrando el hombre en tratos con el Real Madrid, no solo se le abrieron las puertas, sino que incluso se le concedió velozmente la nacionalidad española. El dicho jugador se apellidaba Di Stéfano y en su tiempo fue considerado el mejor del mundo.

El ya citado Otero Silva, quien conoció bien Cataluña, aun en sus peores tiempos, escribió en 1972 que cuando salió de aquel país muchos años atrás, esposado y escoltado por dos guardiaciviles murcianos que seguían órdenes de Madrid, iba plenamente “convencido de que Cataluña era sin la menor duda una nación y de que el pueblo catalán tenía razones de sobra al luchar para demostrar que lo era”.

Si no se parte de tal perspectiva, no es posible entender ese país que, siendo tan pequeño y sin disponer de una estructura gubernamental independiente y propia, ha sido capaz de alcanzar una fuerza cultural de tanta envergadura.

Cataluña hoy

Los catalanes bailan con frecuencia su sardana. Dicen que es la “danza más bella”. Tal vez exageran y no lo sea tanto, pero lo que sí es cierto es que pies jóvenes y viejos de danzantes de todas las clases sociales, a la menor oportunidad, proceden a “puntear” al compás de antiguas y nuevas composiciones. Lo hacen en círculo y con las manos suavemente enlazadas, lo que los hace sentir que son precisamente catalanes; un pueblo que, según el cimero poeta Joan Maragall, “quiere y avanza dándose las manos”.

Es la sardana una danza muy antigua y se baila con rigidez matemática, aunque se exagera cuando se dice que los fenicios, al conocerla, prefirieron establecerse en otra parte. Hubo tiempos en que resultaba prudente, para evitar represalias oficiales, remontarse a las montañas, en cuya intimidad se bailaba y cantaba a plenitud; si se daba la certeza de no haber espías, se arriesgaban a bailar La santa espina, una sardana prohibidísima porque su letra comienza diciendo: “Som i serem gent catalana”: “Somos y seremos gente catalana”. Finalmente, a veces hasta se aventuraban a cantar su himno nacional, Els segadors, en el que se augura que Cataluña “volverá a ser rica y plena” cuando se logre liberar “de esta gente tan ufana y tan soberbia”.

Nada tiene de raro, entonces, que el añejo deseo de formar un Estado nacional propio, aunque ahora plena y debidamente integrado a la Unión Europea, haya ido creciendo de manera continua y cobrando mejor forma durante los últimos años, y que a fin de cuentas se diga ya, con base en diversos y eficaces sondeos, que los partidarios de la separación de España constituyen ahora el doble de los opositores; hay, además, un número igual al de los reacios por completo a la separación que se dice dispuesto a aceptar el status actual siempre y cuando se gane mucha más autonomía.

La cultura catalana de hoy es resultado y heredera de esta situación. Sus mejores exponentes actuales crecieron acorralados; no pocos conocieron las cárceles y todos sintieron el peso de la opresión. Perseguida, con ánimo de exterminarla, esta cultura se defendió en el seno de los hogares, con actividades encubiertas o en lugares recónditos y con la ayuda de sus numerosos exiliados, muchos de ellos en México. Pero en la veneración de su “primitivo” baile cobraron conciencia de la antigüedad de su ser y del legado que debían preservar. Se trata de una identidad renovada: de otro modo no se explicaría su pujanza, mas tampoco tendría tanta consistencia si se hubieran secado sus profundas raíces.

Quizás el mayor símbolo de esta conjunción sea el genial violoncelista Pau Casals, relacionado con Guadalajara durante los últimos años de su vida. Su composición cimera, El pessebre, estrenada en Acapulco en 1960, constituye un magnífico ejemplo de un tema popular llevado a la más exquisita forma orquestal. Lo mismo puede decirse de la música minimalista de Frederic Mompou y hasta de la zarzuela Cançó d’amor i de guerra, de Enric Morera, con un tema aparentemente antiguo pero de una gran vocación independentista.

Con el declinar de la dictadura franquista surgió una “nueva canción” que también relaciona lo actual con lo antiguo: Raimon, el primero en tiempo; Lluís Llach, de una firmeza nacionalista ejemplar; María del Mar Bonet, y Joan Manuel Serrat se inspiraron todos en una vieja trova, y hasta la reprodujeron, al tiempo que incursionaron en formas modernas y temas de actualidad. Serrat es muy conocido, pero quienes tengan buena memoria recordarán también que Llach fue traído a México en 1973 para protegerlo del Gobierno español, dándolo a conocer internacionalmente. Cantantes de alta escuela todos conocemos a tres: Victòria dels Àngels, Montserrat Caballé y Josep Carreras.

Antoni Gaudí, catalán como el que más, domina desde la perspectiva de hoy el panorama de la arquitectura de Cataluña, por haber jugado como quiso con las formas y haber legado, entre otras cosas, el icono principal de Barcelona, la iglesia de la Sagrada Familia, aunque la terminación de la misma minimiza sobremanera lo que alcanzó a realizar su propio creador y opaca en demasía su genio. Del mismo aire, aunque menos irreverente con los cánones, fue Lluís Domènech i Montaner. Ambos nutrieron sus construcciones con símbolos autóctonos, aunque de apariencia irreal. Entre muchos otros arquitectos importantes —como Oriol Bohigas, que fue homenajeado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2004, y Ricard Bofill—, los mexicanos tenemos que recordar a Antoni Peyrí, cuya impronta aun se nota en la escuela de arquitectura de la UNAM.

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No sé si el pintor más famoso sea Joan Miró o Salvador Dalí; quizás el primero, abstracto, destaque más por su pintura y el otro, surrealista, por sus rarezas y escasa calidad humana. De cualquier manera, como pintor, Dalí también es genial. Miró es menos figurativo, pero Dalí domina de tal manera las formas que, al igual que Gaudí, hace lo que quiere con ellas. Aunque haya nacido en Málaga, se exige hablar de Picasso, que se formó en Barcelona, donde se encuentra la mayor parte de su obra. De los pintores más recientes, Antoni Tàpies es el más afamado. Pero vale señalar también a Remedios Varo y Benet Messeguer entre los acogidos en México en calidad de exiliados.

Dejo para el final la literatura, que se presentó con gran esplendor en la fil tapatía de 2004: desde la obra de tema mexicano de Pere Calders, uno de los prosistas más notables, hasta la apasionante novela tal vez policiaca de Manolo Vázquez Montalbán. También se cuenta Juan Goytisolo, por supuesto. No en vano se le concedió en 2004 el premio Juan Rulfo. En México aportamos también la obra poética de Ramón Xirau. La riqueza de autores es precisamente lo que sustenta que Cataluña publique más que ningún país hispanoamericano. Todos los géneros cuentan con magníficos representantes. Mercè Rodoreda es un gran novelista, lo mismo que la señora que se firmaba Víctor Català, e Imma Monzó, la más joven. Una lista de obras que se antoja infinita es la de Manuel de Pedrolo, que contrasta con la frescura de Javier Cercas, pasando por la inspiración mexicana de Tísner y Ferrán de Pol. Asimismo, vale mencionar la prosa de Joan Fuster y Quim Monzó, entre tantos otros.

No quiero concluir sin aludir a la historiografía reciente, desde el clásico del siglo XX, Antoni Rovira i Virgili, hasta Josep Fontana, quien ha influido mucho en América Latina, y autores como Jaume Sobrequés, Albert Balcells y Josep M. Solé i Sabaté, que denuncian la barbarie franquista con el mayor profesionalismo.

En suma, bien puede concluirse que la cultura catalana goza hoy de una pujanza excepcional. Su lengua, por caso, es hablada cotidianamente por casi 10 millones de personas de la Cataluña peninsular, el País Valenciano, las islas Baleares y Pitiusas, Andorra y la Cataluña francesa, además de un pequeño reducto llamado Alguer, enclavado en la isla italiana de Cerdeña. Duplica al danés, al finlandés y al eslovaco; anda al parejo con el checo, el húngaro y el sueco, y casi alcanza al griego. En proporción a los parlantes, su industria editorial, solamente en catalán, supera la mayor parte de las lenguas del mundo.

Queda claro que las pretensiones genocidas de exterminarla, a pesar del gran daño que hicieron, han derivado en un estruendoso fracaso.

_________

JOSÉ M. MURIÀ, doctor en historia por El Colegio de México, es miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia desde 1993. Fue presidente de El Colegio de Jalisco y director general de Archivos, Bibliotecas y Publicaciones de la SRE. En 1979 recibió el Premio del Consejo Mexicano de Ciencias Históricas. Colaborador de El Informador, entre otros medios, sus más recientes libros son Orígenes de la charrería y de su nombre (Miguel Ángel Porrúa, México, 2010) y Jalisco: Historia breve (FCE, México, 2011).

2 Respuestas para “Cataluña, ayer y hoy
  1. Salvador Sostres dice:

    A Barcelona fa molt hortera parlar espanyol, jo només el parlo amb la minyona i amb alguns empleats. És de pobres i d’horteres, d’analfabets i de gent de poc nivell parlar un idioma que fa aquest soroll tan espantós per pronunciar la jota. Aquests que no parlen en català sovint tampoc no saben anglès, ni francès, ni qui és monsieur Paccaud. Però no només a Catalunya l’espanyol és un símptoma de classe baixa. L’amic Riera em facilita aquestes dades de l’ONU del 2002. Renda per càpita de Noruega, 36.600 dòlars; Dinamarca, 30.940; Islàndia, 29.750. Tots tres països riquíssims, amb economies internacionalitzades i llengües més petites que la nostra però que les parlen sense complex. Contra aquesta absurda creença que el català ens tanca portes, aquestes dades prou eloqüents de si serveix o no serveix una llengua minoritària. En canvi en el meravellós món hispànic la pobresa és l’única dada. La mitjana dels 13 principals països americans que tenen l’espanyol com a llengua, comptat des de l’Argentina, Xile i Mèxic fins a Nicaragua, Hondures i l’Equador, és de 6.209 atrotinats dòlars de renda per càpita. Catalunya parlant català i malgrat l’espoli fiscal infligit per una Espanya que no té ni la decència de publicar les xifres del robatori, té una renda de 26.420 dòlars. Hem de triar model: Noruega o afegir-nos a la caravana de la misèria. Només cal veure com les zones més riques de l’Estat tenen una altra llengua pròpia: i és evident que l’Estat el mantenim, pagant molt i molt, els que no parlem en tercermundista. És veritat que en espanyol s’han escrit pàgines d’una bellesa emocionant, però el destí dels països que el parlen ha estat històricament d’una fatalitat irrevocable. Parlar espanyol sí que tanca portes, i destins: mira. L’independentisme a Catalunya està absolutament justificat encara que només sigui per fugir de la caspa i de la pols, de la tristesa de ser espanyol.

  2. luis_a dice:

    Preciosa respuesta y feroz tranquiza contra este galimatías vil y falso en:

    http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=168923

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Estos tres factores son: (1) el empobrecimiento de una parte importante de la sociedad como producto del desempleo y, en general, de la falta de oportunidades; (2) una tendencia por parte de los diversos grupos sociales a no cumplir la ley (en sentido amplio, es decir cualquier norma de carácter público) salvo en determinadas circunstancias, y (3) la total ausencia de una política industrial y comercial, por parte del Estado, orientada al estímulo de la inversión productiva. Estos tres factores son determinantes, en el caso de México, de buena parte de los demás problemas, pero no son exclusivos de nuestro país y es muy probable que se presenten también en otros países en desarrollo, aunque quizá con una intensidad y una dinámica distintas. 1. Desempleo y pobreza La población económicamente activa asciende en México a unos 40 millones de personas. Esta población crece a una tasa anual aproximada de 3%, lo que significa una cifra de un millón 200 mil personas que cada año se incorporan al mercado laboral en busca de empleo. En años de crecimiento económico alto, el sector formal de la economía ha podido crear alrededor de 400 mil empleos por año. El resto de la nueva fuerza laboral, unas 800 mil personas, se ve obligado al empleo informal de diversos tipos (incluyendo actividades ilegales) o a emigrar a Estados Unidos. Sin embargo, la economía no ha estado creciendo a un ritmo alto y sostenido en todos estos años, lo que implica que el número de personas forzadas al empleo informal, la emigración o, de plano, la delincuencia, sea mayor y creciente, a causa de la falta de oportunidades de trabajo. Es decir, a la pobreza endémica del país se suma cada año un nuevo grupo de desempleados, lo que constituye sin duda un caldo de cultivo propicio para todo tipo de actividades ilegales. La causa directa de esta falta de oportunidades es la relativamente baja inversión en proyectos productivos generadores de empleos formales, lo que a su vez se debe en parte a la ausencia de un sistema financiero real y el abandono de la política industrial por parte del Estado en los últimos 30 años, temas que veremos más adelante. 2. Falta de respeto a las leyes La carencia de una cultura de respeto a la ley, entendida esta en un sentido amplio, no es algo nuevo en México: podríamos ubicar su origen en la época colonial. Tampoco es exclusiva de nuestro país. De hecho no hay país en el mundo en el que todas las leyes se cumplan y respeten siempre. Pero cualquiera que sea el indicador que se tome al respecto, México se cuenta actualmente entre los países en los que las leyes se respetan en menor grado. Es evidente que en nuestra sociedad las normas se cumplen solo cuando hay una amenaza clara de sanción y autoridades con capacidad para aplicarla. Esta carencia de cultura de la legalidad obedece a varios factores de diversos tipos, de los que destaco solo dos. El primero es que una buena parte de las leyes no se puede cumplir, ya sea porque unas leyes contradicen a otras, porque son obsoletas o inadecuadas o porque simplemente no hay autoridades en cantidad y con capacidad suficientes para hacerlas cumplir. El segundo es la ignorancia y el temor, o el desprecio que sienten los diversos sectores sociales respecto a las leyes. En los sectores de menores recursos económicos se percibe a las leyes como impuestas, es decir decididas al margen de ellos y, en consecuencia, se ven como ajenas y, en general, hechas para perjudicarlos, no para protegerlos. En los grupos de recursos económicos altos la percepción es más o menos inversa, es decir, se percibe que las leyes están para favorecerlos, pero solo a ellos y cuando no es así, se busca cualquier resquicio técnico para evadirlas. El resultado en ambos casos es el mismo: las leyes no se perciben como propias, como un mecanismo que se da la sociedad para funcionar en sus diversos ámbitos, en sí mismo digno de respeto, justo y de aplicación general. Las autoridades de diversos tipos, niveles y orígenes partidarios no han podido eliminar la percepción que se tiene, entre la sociedad, de que son ellos los primeros en violar la ley y esto aparece como un elemento adicional de justificación moral para el incumplimiento de las normas entre los ciudadanos. De ahí que se identifique a la corrupción como un obstáculo fundamental para el avance social. Pero la corrupción es solo una parte del problema más amplio y contextual que es el incumplimiento de las leyes en general. Este tiene implicaciones políticas, económicas y sociales de primera magnitud, sobre todo en un país que intenta adecuarse a la modernidad y a la globalidad. Desde una perspectiva económica, la falta de cumplimiento de las leyes por los diversos grupos sociales complica y limita la política económica instrumentada por el Estado, por ejemplo en lo que se refiere a la recaudación fiscal, y hace prácticamente inútil cualquier reforma que al respecto se pueda llevar a cabo. En este contexto las recomendaciones de los economistas ortodoxos, consistentes en la reducción de la regulación, han empequeñecido todavía más los ingresos del Estado y, lejos de eliminar los problemas, en realidad han favorecido el contrabando y la piratería. En términos más generales, el comercio y otras actividades económicas informales son resultado de la incapacidad del Estado para hacer cumplir las leyes y del abandono de la regulación. En su dimensión política, el no apego a la legalidad vigente por parte de algunos grupos o personas, unos con la justificación moral que da el ser sujetos de abandono y explotación por décadas, como los indígenas, otros sin ella, combinado con la falta de capacidad de las distintas autoridades, sea para negociar acuerdos en el marco de la ley con los primeros o para aplicar la ley de manera estricta con los segundos, lleva tarde o temprano a un camino de ingobernabilidad y desintegración social. En sustitución de las leyes de aplicación general, empiezan a prevalecer usos y costumbres locales. De ello son muestra el surgimiento en diferentes zonas del país de municipios autodeclarados autónomos y de linchamientos. 3.    Falta de inversión, falta de crédito y falta de política económica Como en el caso de otros países en desarrollo, México requiere de una tasa de inversión respecto a la producción nacional de cuando menos 25% anual en términos reales y de manera sostenida para alcanzar tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), a su vez, altas y sostenidas en el largo plazo, según estimaciones de organismos internacionales. Con ello, la economía podría aumentar significativamente la generación anual de empleos y, en consecuencia, la proporción de los salarios en el valor agregado, es decir, reducir la concentración del ingreso. En ninguno de los últimos 25 años la proporción de la inversión entendida como formación bruta de capital fijo ha alcanzado esa meta respecto al pib, aun considerando la inversión extranjera. Desde la primera parte de los años ochenta, el Estado ha reducido de manera significativa su participación en la inversión total como resultado de la orientación ortodoxa de la política económica, que concibe la inversión pública como factor de desplazamiento de la inversión privada y que además considera a la burocracia paraestatal como esencialmente corrupta, ineficiente e incapaz de ser regulada. Por estas dos razones, se hacía indispensable –en esta lógica– la privatización de las empresas estatales rentables y la liquidación de las no rentables. La nueva inversión pública estaría limitada, además, por razones presupuestarias. En estos casi 30 años de política ortodoxa, la inversión privada nacional no ha podido llenar el hueco de la inversión pública y el Estado ha tenido que revertir algunas de las privatizaciones debido a problemas de rentabilidad, derivados de una deficiente administración en manos privadas. Tales fueron los casos de la mayor parte de las carreteras nacionales de cuota, las líneas áreas nacionales y –un caso muy especial– los bancos. La nacionalización de la banca mexicana decretada en 1982 por el gobierno de López Portillo, como medida última para frenar la fuga de divisas, no ocasionó ninguna catástrofe financiera como auguraban sus críticos. En contraste, la reprivatización de la banca ocurrida años más tarde bajo el gobierno de Carlos Salinas puso al sistema bancario mexicano en manos inexpertas y lo volvió altamente vulnerable. Aunado a ello, la apertura financiera acelerada provocó el ingreso de grandes cantidades de capital especulativo externo. Además, la sobrevaluación de la moneda hizo aún más vulnerable al sistema financiero. En esas condiciones, la primera crisis de divisas del gobierno de Zedillo, ocasionada por el mal manejo de una decisión cambiaria, implicó la quiebra real del sistema bancario mexicano y de sus deudores. El rescate bancario y la política astringente del crédito interno, seguidos desde entonces, han impedido que haya crédito barato y oportuno para financiar actividades productivas de todo tipo, especialmente en el campo. El sistema bancario, hoy en manos extranjeras, es esencialmente rentista y especulador. Asimismo, tanto la crisis de 94-95 como la apertura financiera anterior a ella han provocado que haya permanentemente capital mexicano en el extranjero por una cantidad más o menos equivalente a la deuda pública externa, en tanto que el ingreso neto de divisas al país que registran las reservas internacionales se inmoviliza, para evitar la ampliación del circulante y crear un blindaje preventivo de otra crisis como las de 76, 81 y 94, todas por fugas masivas de capitales. El elemento crucial que explica la baja inversión productiva no es, sin embargo, la falta de crédito, sino la ausencia de una política industrial y agropecuaria activa por parte del Estado. Esta ausencia obedece sin duda a una concepción neoliberal de la economía. Dicha concepción se concreta en la reducción indiscriminada del gasto público, tanto corriente como de inversión; en la total ausencia de políticas comerciales, y en la falta de definición y aplicación clara de reglas de la participación de la inversión extranjera con una orientación a la integración económica y el desarrollo. Ello es lo que en realidad provoca la falta de incentivos a la inversión privada nacional. Situación general y perspectivas En un contexto de poco respeto a la ley (que incluye a las propias autoridades), de desregulación de las actividades económicas, de bajo crecimiento económico y de desempleo real creciente, las actividades ilegales e ilícitas tienden a proliferar, lo mismo que la emigración. Este último fenómeno incluye ahora personas con mayor grado de escolaridad. Hay, además, fuga permanente de capitales que pese a todo encuentran más atractiva y segura su inversión fuera del país que dentro de él, y las empresas locales se vinculan o venden al capital extranjero. Las empresas de exportación sin control alguno son ya indistinguibles de la industria maquiladora, que opera sin control ni programa de integración. Los empresarios mexicanos pequeños y medianos que sobreviven, lo hacen sin crédito y sin apoyo y, lo que es peor, sin que se apliquen reglas de funcionamiento que los favorezcan, de modo que en cualquier momento un monopolista nacional o extranjero los desplaza. La transición en México de una política de masas corporativizadas a una política de ciudadanos no pasó por la revisión, modificación y establecimiento de leyes y normas que puedan cumplirse, ni por un pacto que obligue a los actores económicos y políticos a cumplir y hacer cumplir las leyes; no pasó tampoco por la discusión y puesta en marcha de un programa claro de cambio político y sobre todo económico que tuviera como eje la atención de las necesidades básicas de la sociedad, destacadamente el empleo. Pasó solo por la venta mediática del carisma de actores políticos, construida como imágenes propagandísticas de un cambio que nadie supo, bien a bien, hacia dónde iba, ni para qué. En contraste, la estructura corporativa de control de las masas por el partido hegemónico hasta antes del “cambio” sigue intacta, los problemas sociales no solo siguen sin resolverse sino que se han agravado y el camino a la ingobernabilidad parece estar en marcha. En este contexto, la transición real en México implica que el gobierno entrante atienda primero que nada estos tres problemas básicos, y eso solo lo puede hacer mediante un nuevo pacto social en el que todos los sectores sociales y partidos participen, aunque ello pueda significar un cambio constitucional de gran magnitud. El Estado tiene que recuperar su papel de liderazgo económico y social, pero sin menoscabo de la democracia y actuando en el margen que le dejan el gobierno de Estados Unidos y sus organismos financieros. Es una difícil pero inevitable tarea. De no realizarse, regresaremos tarde o temprano al simulacro de democracia que fueron los gobiernos del pri, con movimientos casi pendulares en lo económico, unas veces a la derecha y otras al centro, unas veces liberales y otras no, eso sí siempre populistas en lo político. _________________________________ PABLO RUIZ NÁPOLES es licenciado, maestro y doctor en economía, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y consultor de la CEPAL y del Programa del Medio Ambiente de Naciones Unidas.

Jóvenes que no estudian ni trabajan: ¿Cuántos son?, ¿quiénes son?, ¿qué hacer?1 (140.202)
El diseño de programas efectivos para enfrentar los mayores desafíos del país, como el de la inclusión cabal y justa de los jóvenes, debe pasar necesariamente por diagnósticos puntuales. El presente estudio constituye un análisis detallado y fundamentado del fenómeno de los Ninis. Sirva lo que revela para la discusión y el diseño de estrategias sobre un asunto de la mayor importancia. En los últimos años se ha hecho cada vez más visible en el debate público el fenómeno de las y los jóvenes que no estudian ni trabajan (los llamados “Ninis”). La expectativa social es que, durante su juventud, hombres y mujeres acudan a la escuela para adquirir conocimientos y desarrollar habilidades y destrezas o bien que trabajen para generar ingresos, formar un patrimonio y convertirse en personas autónomas. Se suele pensar que si los jóvenes no estudian ni trabajan, están en riesgo y se colocan en una situación de vulnerabilidad. Consecuentemente, constituyen un motivo de preocupación para sociedad y gobierno. En términos generales, el fenómeno de los Ninis2 se explica tanto por causas que escapan al control individual (acceso limitado a la educación, obsolescencia de los modelos educativos, falta de oportunidades de empleo y desarrollo productivo, inestabilidad y precariedad laboral e insuficiente ingreso de los hogares, entre otros), como por entornos familiares poco propicios para el desarrollo de los jóvenes e incluso –como veremos más adelante– por decisiones de carácter personal relacionadas (o no) con eventos del curso de vida (como la unión o el matrimonio y el embarazo tempranos) que determinan una elevada deserción escolar. Se trata, en consecuencia, de un fenómeno con múltiples causas y diversas manifestaciones. Diversos autores han señalado que el fenómeno de los Ninis no es privativo de las naciones en desarrollo —como México—, sino que ocurre en todos los países. Postulan también que se trata de un fenómeno reciente que afecta a la generación actual de jóvenes, en contraste con las precedentes. Sostienen que si bien los jóvenes tienen actualmente más acceso a la educación, los afecta la falta de perspectivas, los vaivenes continuos, el deterioro de las condiciones laborales y la incertidumbre en el empleo.3 Estas tendencias aparentes han conducido, a su vez, a centrar la atención en las consecuencias que se supone que podría traer aparejada la condición Nini. Entre otras preocupaciones formuladas por la literatura sobre el tema, destacan las siguientes: • Se dice que la doble exclusión que sufren estos jóvenes compromete no solo su presente sino también su futuro, al tiempo que constituye un doloroso desperdicio social de sus capacidades y potencialidades de desarrollo. De hecho, para muchos esta condición puede resultar en un “ocio frustrante, obligatorio, impuesto, incómodo, improductivo y, por supuesto, angustiante y doloroso”.4 • Además, la doble privación parece imponer a los jóvenes una enorme dificultad para emanciparse y definir o desarrollar un proyecto de vida, lo que, según diversos analistas, influye negativamente en su autoestima y les provoca escasa confianza en el porvenir, desánimo, apatía, indolencia, frustración, angustia, ansiedad, incertidumbre e indefinición.5 • Algunos otros autores sostienen que la situación de exclusión y los obstáculos crecientes que dificultan la emancipación refuerzan entre los jóvenes el descrédito de los estilos de vida tradicionales y la aparición de un nuevo modelo de actitud caracterizado por el rechazo simultáneo a estudiar y a trabajar. Según esta visión, los jóvenes piensan que “el futuro es tan incierto que es mejor vivir al día” y no están dispuestos a realizar “esfuerzos exorbitantes cuando el beneficio no es seguro”.6 • Por todas estas razones, diversos analistas piensan que, de no ser atendidos por políticas públicas adecuadas, existe el riesgo de que la condición Nini puede hacer de los jóvenes presa fácil de la violencia, las adicciones y el crimen organizado;7 convertirlos en un peligro para la cohesión social y la democracia,8 e incluso en una “bomba de tiempo” para la seguridad del país.9 Tomando en cuenta estas y otras preocupaciones similares, este artículo utiliza los resultados de la Encuesta Nacional de la Juventud de 2010 (ENJ)10 y de otras encuestas recientes para explorar y comprender mejor el fenómeno de los Ninis en el país. Esencialmente, en este artículo nos preguntamos si existe evidencia sólida que apoye en el caso mexicano algunas de las interpretaciones e hipótesis de trabajo arriba enunciadas. Estimamos, en primer lugar, la cuantía actual de los jóvenes Ninis y cómo se compara con otros países; procuramos conocer también su evolución en el tiempo y algunas de las características de los jóvenes que experimentan esa condición. En segundo lugar, exploramos otras interrogantes de indudable interés: ¿Qué pasa con los jóvenes Ninis? ¿A qué se dedican? ¿Qué valor le otorgan estos jóvenes a la educación? ¿Qué expectativas tienen? Finalmente, en tercer lugar, el artículo se propone llamar la atención acerca del imperativo de diseñar e instrumentar políticas públicas (preventivas y correctivas) para hacer frente a este complejo y preocupante fenómeno social. Jóvenes Ninis, un fenómeno mundial Las encuestas y censos permiten cuantificar el número de jóvenes que no estudian ni trabajan.11 Lo hacen interrogando a los jóvenes directamente sobre ambas condiciones. Esta manera de medir el fenómeno, aunque lo simplifica, permite seguir su evolución y comparar su intensidad en diferentes latitudes. Los datos disponibles confirman que efectivamente los llamados Ninis son una realidad mundial que tiene causas, alcances e implicaciones distintas en cada país. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde) estima que, en los países que la integran, alrededor de 15.2% de los jóvenes de 15 a 29 años de edad no estudia ni trabaja.12 Esta misma organización precisa que: • Un total de 19 naciones de la ocde tiene un promedio inferior al porcentaje indicado; destacan, entre los más bajos, los casos de Dinamarca (6.6%) y Holanda (7 por ciento). • En contraste, con valores ligeramente superiores al promedio, se ubican Francia (15.6%) y el Reino Unido (15.7%); en una posición más alejada destacan Italia (21.2%), España (22.7%) y México (24.8 por ciento). • A su vez, Israel y Turquía alcanzan los porcentajes más elevados, con 28.7 y 39.6%, respectivamente. Es decir, México ocupa el tercer lugar entre las naciones de la OCDE según la proporción de jóvenes (hombres y mujeres) Ninis. El valor atribuido por la ocde a México es muy similar al que deriva de la ENJ (25.2%). Cuando se incluye a toda la población de 12 a 29 años (y no solo a las personas de entre 15 y 29 años, como ocurre con el estudio de la OCDE), el porcentaje desciende a 21.6%, lo que significa alrededor de 7 millones 820 mil jóvenes (ver Gráfica 1). La tendencia del fenómeno Nini es a la baja La gran mayoría de los jóvenes (casi 8 de cada 10) actualmente estudia y/o trabaja. En consecuencia, no hay una “generación perdida”.13 Más aún, a diferencia de lo que comúnmente se cree, en México hay menos Ninis que en décadas pasadas. De acuerdo con los datos de muy diversas fuentes:14 • En 1960, 59% de los jóvenes sufría la doble exclusión. • Con el avance económico y social de las décadas siguientes, esa proporción descendió hasta uno de cada tres (33.1%) en 1990. • La tendencia a la baja prosiguió en las siguientes dos décadas aun cuando esta se moderó significativamente y alcanzó su mínimo en 2007 (en alrededor de uno de cada cinco jóvenes). • Hay indicios de que este fenómeno se ha elevado dos o tres puntos porcentuales en los últimos tres o cuatro años, debido al impacto de la crisis de 2008-2009 sobre el empleo y el gasto social. La tendencia de largo plazo obedece a mejoras notables en la cobertura educativa en todos los niveles, a la creciente participación de los jóvenes en los mercados laborales y —como veremos más adelante— a cambios favorables en la condición social de las mujeres. Los datos disponibles confirman que los jóvenes de hoy no son menos trabajadores o tienen menor escolaridad que los de generaciones previas. La gran mayoría de las y los jóvenes mexicanos estudia y/o trabaja y lo hace en una proporción significativamente mayor que quienes integraban las generaciones anteriores. Mayor proporción entre las mujeres La disminución de largo plazo en la proporción de jóvenes Ninis se origina en el avance significativo de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. En 1960 alrededor de 35.4% de los varones no estudiaba ni trabajaba; en contraste, la mayoría de las mujeres (81.4%) se encontraba en esa condición. Tres décadas más tarde, en 1990, su peso disminuyó a 12.4% entre los hombres y a 52.2% entre las mujeres. La tendencia descendente siguió su curso, aunque cada vez más lentamente, hasta alcanzar en ambos casos un mínimo en el cuarto trimestre de 2007. Desde entonces se advierte con diversas fuentes un aparente incremento de dos o tres puntos porcentuales en la proporción representada por los jóvenes Ninis, hasta alcanzar un total de 11.7% entre los hombres y 36% entre las mujeres. Si bien la doble exclusión de las mujeres no es privativa de México, el estudio de la OCDE ubica a nuestro país como uno de los más excluyentes hacia ellas. Lo coloca en el segundo lugar entre las naciones que integran esta organización con mayor proporción de mujeres Ninis, solo superado por Turquía (49.9%). Más alejados se encuentran Israel (25.2%), Italia (17.4%), Nueva Zelanda (16%) y Hungría (15.8 por ciento). En contraste, el mismo estudio advierte que el promedio registrado por los varones mexicanos se asemeja al de la ocde y es inferior al de países como Canadá, Nueva Zelanda, Hungría y Estados Unidos.15 Dicho estudio indica que la gran mayoría de los jóvenes mexicanos está estudiando o trabajando, incluso en mayor proporción que en algunas naciones líderes de la economía global (ver Gráfica 2). La marcada diferencia en la incidencia de este fenómeno por sexo se refleja en el hecho de que, del total de jóvenes Ninis (7 millones 820 mil), alrededor de 5.9 millones son mujeres (75.7% del total) y 1.9 millones son hombres (24.3%). La gran mayoría de las mujeres que no estudian ni trabajan entre 12 y 29 años están unidas (59.1%) y/o tienen hijos (67.2 por ciento). Entre las mujeres, la probabilidad de pertenecer al grupo Nini se incrementa con la edad. Alrededor de 5.3% de las mujeres de entre 12 y 15 años se encontraba en esa condición; dicha probabilidad se triplica (15.7%) entre las jóvenes de 16 a 18 años; se eleva al doble (33.1%) en el grupo 19 a 23 años y sigue su curso ascendente (46%) entre los 24 y 29 años. Este patrón es incluso más marcado entre los varones en las edades más tempranas (10.9% entre los 12 y 15 años y 25.3% entre los 16 y 18 años) y alcanza su máximo en el grupo de 19 a 23 años (33.2%, con una cifra similar a la de las mujeres en esas edades), pero empieza a declinar a partir del grupo de 24 a 29 años (30.6 por ciento). Estas cifras revelan que la existencia de la doble privación está marcada por el acceso desigual a la estructura de oportunidades entre hombres y mujeres. Nadie puede estar satisfecho de esta situación. A pesar de los esfuerzos por reducir la brecha de género, la población femenina sigue teniendo menos opciones educativas y laborales que los varones. De esta manera, para muchas de ellas, el confinamiento doméstico es la única opción, en vez de estudiar, trabajar y vivir el mundo público. La influencia de los eventos de la vida personal Algunos eventos de la vida personal (como la unión o el matrimonio y el embarazo tempranos) suelen obligar a las mujeres a truncar tempranamente sus estudios e influyen poderosamente en su alejamiento de la actividad económica. Así, mientras que dos de cada tres mujeres Ninis (67.2%) de entre 12 y 29 años están unidas, la cifra se reduce a 18.8% entre los varones. Igualmente, 59.2% de las mujeres Ninis tienen hijos, en contraste con solo 12.8% entre los varones. La unión y la reproducción tempranas reflejan la persistencia de patrones culturales que exaltan los roles femeninos de esposa y madre, y actúan como poderosos determinantes de sus trayectorias educativas y laborales. De esta manera: • 60.7 y 75.3% de las mujeres Ninis de 19 a 23 y de 24 a 29 años de edad tienen hijos. Las proporciones descienden hasta 12.7 y 25.2% entre los jóvenes de esas mismas edades. • 63.6% de las mujeres Ninis que no terminaron la educación básica tienen hijos, en contraste con solo 14.4% de los hombres. A su vez, 51.7% de las mujeres Ninis que terminaron algún grado de educación superior se encuentra en esa misma condición, mientras que entre los hombres se reduce a 10 por ciento. La relevancia de las decisiones de la vida personal en la deserción escolar es reconocida por una proporción significativa de las mujeres. Cuando se les pregunta explícitamente las razones por las que dejaron de estudiar, 17.6% se refiere al matrimonio o la unión o bien al nacimiento de un hijo, en contraste con 1.6% entre los hombres. Cuando se interroga a las mujeres que únicamente realizan quehaceres del hogar por qué dejaron de estudiar, la cifra de quienes invocan esos hechos se eleva a casi 25 por ciento. Además de la desigualdad de género y la importancia que cobran los hechos de la vida personal en la configuración de las trayectorias de las jóvenes, los factores vinculados al entorno económico y social también suelen tener una gran importancia. Estos factores, aunados a las diferentes dotaciones de capital escolar, crean una red de privaciones que obstruyen el desarrollo integral de las mujeres. Por ejemplo, de acuerdo con los datos de la ENJ-2010, una proporción semejante de hombres y mujeres Ninis invocó razones económicas (‘Tenía que trabajar’, ‘No tenía dinero’ y ‘No podía pagar la escuela’) como las determinantes para dejar la escuela. Asimismo, 27.6% de los hombres y 15.6% de las mujeres Ninis identificó como motivo de la deserción escolar la reprobación, el aburrimiento o la indisciplina, factores que se relacionan con un bajo clima educacional de los hogares. A su vez, alrededor de 7.2% de los hombres y 5.5% de las mujeres citaron problemas de acceso a la escuela (‘La escuela me queda lejos’, ‘No me aceptaron en la escuela’, ‘No había escuela’). Los Ninis están presentes en todas las entidades y todos los estratos Los jóvenes Ninis no están confinados en algunos territorios. Radican tanto en las ciudades (60%), como en las localidades mixtas (12 de cada 100) y en las localidades rurales (28 de cada 100). Desde el punto de vista de su distribución por entidad federativa, este fenómeno sigue, en términos generales, las pautas de los asentamientos humanos. El Estado de México —la entidad federativa más poblada— tiene el mayor número de jóvenes Ninis (1 millón 36 mil); la menor cantidad se registra en Baja California Sur, con 37 mil. A su vez, desde el punto de vista de su peso relativo, existen diferencias importantes: la proporción de Ninis en 18 estados es superior al promedio nacional (de 21.6%) y en 14 entidades es menor. Por ejemplo, entre las entidades con los porcentajes más bajos, destacan Tlaxcala (10.7%), Puebla (11.1%) e Hidalgo (12.6%). En contraste, las entidades con las proporciones más altas son Coahuila (31.3%), Guanajuato (29.6%) y San Luis Potosí (29.5 por ciento). Todas estas cifras sugieren que el fenómeno de los Ninis constituye un asunto de la mayor importancia que exige la intervención de todos los órdenes de gobierno y reclama un esfuerzo de coordinación intergubernamental (ver Gráfica 3). El fenómeno de los jóvenes Ninis afecta tanto a las entidades más avanzadas, como a las de menor desarrollo relativo. Por ejemplo, Guerrero, el estado con el índice de marginación más elevado,16 ocupa la posición 6 entre las entidades con mayor proporción de Ninis; a su vez, Chiapas, la segunda entidad en marginación, ocupa la posición 14, y Tlaxcala, la número 16 en marginación, es la entidad con la menor proporción de jóvenes Ninis. En el otro extremo, el Distrito Federal, la entidad con menor marginación, se sitúa en la posición 29 y Nuevo León, la segunda entidad menos marginada, en la posición 7. Finalmente, Coahuila, una de las entidades menos marginadas (la número 29), ocupa la primera posición, con la mayor proporción de jóvenes Ninis. También hay presencia de Ninis en todos los estratos sociales. Sin embargo, los datos reflejan claramente que la probabilidad de ser Nini es significativamente mayor entre los grupos de escasos recursos: 6 de cada 10 jóvenes en condición Nini (4.7 millones) pertenecen a los cuatro primeros deciles de ingreso, uno de cada tres (2.6 millones) a los de ingreso medio (de los deciles V al VIII) y 6.7% (poco más de medio millón) a los de ingreso alto (IX y X deciles). Heterogeneidad y complejidad del fenómeno Nini Conviene señalar que en la medición de los jóvenes que no estudian ni trabajan no hay mayor esfuerzo de conceptualización. En consecuencia, no debe sorprender que el universo de estos jóvenes sea muy heterogéneo y exhiba expresiones muy variadas, unas de corta duración y otras más estables. Entre los jóvenes que sufren esta doble privación, destacan los siguientes: mujeres unidas (con o sin hijos) dedicadas a labores domésticas, jóvenes con discapacidad y personas que están buscando un empleo y no lo encuentran, hasta jóvenes que abandonaron la escuela y no desean trabajar (incluso porque piensan que no lo encontrarán) o bien aquellos que no asisten a la escuela pero estudian en sistemas abiertos y/o a distancia, o reciben capacitación para el trabajo. La información proveniente de la ENJ-2010 indica que 72.1% de las mujeres en la condición de Nini se dedica a quehaceres del hogar, otras buscan empleo (9.8%) o estudian en medios informales (1.5%)17 y algunas más tienen alguna discapacidad o están pensionadas (0.6%). A su vez, entre los varones, 41.1% de los jóvenes Ninis está buscando activamente un empleo,18 9.8% se dedica a los quehaceres del hogar, 3.4% estudia en sistemas abiertos o informales y 2.9% tiene alguna incapacidad o está pensionado. Se puede advertir que la mayor parte de los jóvenes Ninis tiene funcionamientos socialmente útiles. Además, hay un número importante de jóvenes que no realiza ninguna de las actividades antes identificadas (los llamados “otros no activos”). Se trata de alrededor de 16% de las mujeres y 42.7% de los hombres que aparentemente se encuentran en un estado de inactividad absoluta.19 Las causas de dicha inactividad son muy diversas: se dedican a la familia (10%), tiene trabajo eventual (7%), carecen de oportunidades laborales (7.5%) o sus padres los mantienen (56.2%), entre otras. Cabe precisar que en este grupo, dos de cada tres jóvenes desean seguir estudiando. Debido a esta enorme heterogeneidad, algunos analistas sostienen que la definición del universo de jóvenes Ninis pudiera no ser tan útil desde la perspectiva de la instrumentación de políticas públicas. El Consejo Nacional de Población, por ejemplo, señala que el excesivo interés mediático en el conjunto de los jóvenes Ninis ha contribuido a relegar del análisis cuidadoso a “otros fenómenos también preocupantes”, como son “la desocupación juvenil, la precariedad de la actividad laboral entre los jóvenes o la participación temprana de muchas mujeres en la vida doméstica y reproductiva, entre otros”.20 Los jóvenes Ninis no son improductivos, ociosos o indolentes A menudo se piensa que los jóvenes Ninis son improductivos. Sin embargo, como ya se dijo, muchos de ellos realizan funciones y actividades socialmente útiles. En consecuencia, sería incorrecto decir que estos jóvenes son improductivos o están ociosos. Algunas voces han calificado a los jóvenes Ninis como frustrados, perezosos, carentes de proyectos y expectativas.21 La información de la ENJ-2010 sugiere que eso es muy discutible. Destaca, por ejemplo, el alto valor que los jóvenes Ninis confieren a la educación. Alrededor de 74% de los jóvenes Ninis desea continuar estudiando. Entre quienes terminaron o aprobaron algún grado del nivel básico, el porcentaje se sitúa en 62.6 entre los hombres y 70.8 entre las mujeres; se eleva a 77.1 y 80.4 entre quienes poseen el nivel medio superior; y aumenta hasta 78.1 y 84 entre los que cursaron algún año de educación superior. Entre los principales motivos invocados por los jóvenes para seguir estudiando, destacan: ‘obtener un empleo’ y ‘ganar más’ (31.2%), ‘mejorar nivel de vida’ (45.8%) y alcanzar ‘mayores conocimientos’ (20%) y ‘reconocimiento social’ (1.3 por ciento). Sin embargo, muchos jóvenes Ninis enfrentan un entorno familiar y social poco favorable para regresar a estudiar o trabajar. Así, llama la atención que 31.3 y 40.5% de las mujeres y varones Ninis, respectivamente, declara que no puede volver a estudiar porque debe atender “responsabilidades familiares”. Incluso, alrededor de 13.5% de las mujeres Ninis manifiesta no tener tiempo para estudiar (en contraste con 10% entre los hombres). Hay, además, 15% de las mujeres y 35% de los hombres que dicen que no regresarían a las aulas porque no les gusta estudiar, lo que se relaciona con el escaso capital cultural de sus hogares. La condición de Nini no es permanente ni una opción de vida Existe cierta inclinación a considerar que los jóvenes Ninis se encuentran en una condición permanente e inevitable de inactividad o bien a decir que reflejan una forma de vida. Sin embargo, se sabe que alrededor de 58% de los jóvenes Ninis (y 87% de los jóvenes Ninis que están buscando activamente un empleo) tienen experiencia laboral previa. Esto quiere decir que todos estos jóvenes no han permanecido inactivos o desocupados durante su juventud. Más aún, la escasa evidencia disponible sugiere que, para muchos jóvenes, la condición en la que se encuentran es solo transitoria:22 hay una alta movilidad entre estos jóvenes de un grupo a otro (de Nini a estudiar y/o trabajar).23 Según los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), 19.7% de los jóvenes Ninis en el segundo trimestre de 2010 ya se desempeñaban laboralmente en el tercer trimestre de ese mismo año; de la misma forma, 3.5% en ese mismo lapso regresó a estudiar y 0.5% decidió estudiar y trabajar simultáneamente. En contraste, 76.2% de las y los jóvenes Ninis retuvo esa condición entre el segundo y el tercer trimestre de 2010. El capital escolar de los jóvenes Ninis Las distintas cuotas de capital escolar de los jóvenes Ninis configuran situaciones muy diversas para escapar de esa condición. • El grupo de mayor vulnerabilidad lo conforma el 26.6% que no concluyó la educación básica, entre quienes la edad promedio de abandono de la escuela es de 15 años para hombres y mujeres. • Un segundo grupo lo integra el 43.8% de los jóvenes, cuyo logro educativo le permitió concluir la educación básica o bien incursionar en el nivel medio superior sin terminarlo. Para este grupo, la edad promedio al momento de abandonar la escuela se eleva a 18 años entre las mujeres y a 20 años entre los hombres. • El tercer grupo de jóvenes Ninis es el de menor vulnerabilidad y está integrado por alrededor de 29.6% que posee el mayor capital escolar. De este total, 18.6% concluyó el nivel medio superior y 11% aprobó algún grado de educación superior o terminó sus estudios profesionales. En el primer caso, la edad promedio es de 19 años para las mujeres y 20 para los hombres, mientras que en el segundo caso se incrementa a 22 y 26 años, respectivamente. Como se puede advertir, la menor formación de capital escolar entre las mujeres, reflejada en la edad promedio de abandono de la escuela, compromete sus oportunidades de desarrollo personal. El rezago educativo de los jóvenes Ninis se origina en decisiones recientes de abandono escolar o bien de hace uno, dos o hasta tres lustros (según la edad actual). Por ejemplo, entre los jóvenes Ninis que no han concluido la educación básica, 16.8% proviene del grupo de 12 a 15 años de edad (decisiones de abandono escolar en curso); 19% del grupo de 16 a 18 años (decisiones de abandono que en promedio ocurrieron hace menos de un lustro); 26.8% del grupo de 19 a 23 años (decisiones que tuvieron lugar entre uno y casi dos lustros), y 37.3% del grupo de 24 a 29 años de edad (decisiones que se tomaron hace dos o casi tres lustros atrás). Esto implica la necesidad de reforzar las acciones tanto de carácter preventivo, como correctivo en el ámbito educativo (ver la Gráfica 4). El desafío de la inclusión social de los jóvenes Ninis En las últimas décadas el Estado y la sociedad mexicana han intentado encarar el reto que significa el desarrollo y la inclusión social de los jóvenes. Son amplias y diversas las acciones de política pública dirigidas hacia este segmento de la población. Destaca, sin duda, la constante ampliación de las oportunidades en la educación básica, media superior y superior a través del sistema escolarizado,24 y más recientemente de las modalidades abierta y a distancia.25 Igualmente, la expansión de los programas de becas está propiciando mayor acceso y permanencia de los jóvenes en la educación.26 También se han fortalecido las intervenciones públicas para facilitar el tránsito hacia la vida laboral de los jóvenes, tanto a través de becas de capacitación para el trabajo, así como otras acciones que vinculan la oferta y la demanda laboral.27 Sin embargo, estas y otras muchas intervenciones han resultado insuficientes, como se advierte en la enorme cuantía de los jóvenes Ninis. Estado y sociedad deben reconocer la prioridad que representa la atención a los millones de jóvenes que por razones muy diversas no estudian ni trabajan. Desafortunadamente, tanto en México como en otros países es hasta recientemente que se hace visible este problema social y, en consecuencia, resultan aún escasas y un tanto dispersas las acciones expresamente dedicadas a la atención de los jóvenes Ninis en sus diferentes expresiones. Urge, en consecuencia, estructurar políticas integrales para transformar las condiciones de vida de este segmento de la población. Miguel Székely28 señala correctamente que la atención a este numeroso grupo de jóvenes debe adoptar un conjunto articulado de políticas de protección, de ampliación de capacidades y de generación de oportunidades, integradas —en cada caso— por medidas tanto de prevención en las etapas previas del ciclo de vida, como de reacción o correctivas en el presente. Se requiere, en suma, configurar una agenda de políticas, estrategias y acciones en esta materia, complementada además con un conjunto de políticas transversales que, entre otros propósitos, contribuyan a garantizar igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Resulta prioritario consolidar la tendencia histórica a la disminución del número de jóvenes Ninis mediante el fortalecimiento de políticas de protección, priorizando la atención a grupos en situación de vulnerabilidad: en la niñez, con acciones de nutrición y de salud, apoyos alimentarios y escuelas para padres y madres, entre otros; y en la juventud, mediante intervenciones en las áreas de salud, salud sexual y salud reproductiva, programas para evitar el consumo de drogas y alcohol, estrategias de prevención de la violencia —en el hogar, la escuela y la comunidad— y acciones que faciliten la inserción y reinserción social, entre otros. A su vez, las políticas de la ampliación de capacidades están llamadas a jugar un papel crucial en el futuro de los jóvenes que enfrentan la doble exclusión. Estas políticas abarcan intervenciones educativas en la niñez, como son las de ofrecer servicios de educación básica suficientes y de calidad, fomentar la asistencia a la escuela, ampliar las becas y prevenir el abandono escolar a edades tempranas. A su vez, durante la juventud se requiere contar con un conjunto articulado de intervenciones, entre las que destacan las dirigidas a ampliar las oportunidades educativas en los niveles de educación media superior y superior; actualizar de manera permanente los modelos educativos para ofrecer aprendizajes que resulten pertinentes y relevantes para los jóvenes; diversificar la oferta educativa en ambos niveles educativos; fortalecer los incentivos a la permanencia escolar; enfatizar los programas de tutorías y acompañamiento permanente a los jóvenes; atender el rezago educativo; ofrecer programas de educación alternativa o facilitar su reinserción en el sistema educativo, y ampliar los programas tanto de becas para los jóvenes como de incentivos financieros y otros apoyos (como guarderías y estancias infantiles) para mujeres (con hijos o sin hijos) que deseen regresar a la escuela.29 Finalmente, las políticas de generación de oportunidades deben orientarse a generar más y mejores opciones de empleo y autoempleo para los jóvenes; mejorar los sistemas de información y orientación laboral dirigidos a este segmento de la población; impulsar el emprendimiento juvenil y la formación de negocios; apoyar los programas de inserción al primer empleo; fortalecer los programas de orientación y capacitación laboral; incentivar, reconocer y regular las pasantías para adquirir entrenamiento y experiencia, y revisar la legislación laboral para remover las barreras que impiden o desalientan el acceso de los jóvenes a los puestos de trabajo, entre otras intervenciones. Las políticas públicas en la materia deberán dimensionar la envergadura de los desafíos, diseñar e instrumentar acciones y promover su articulación mediante estrategias globales que contribuyan a erosionar la red de privaciones que atrapa a los jóvenes en la doble exclusión de no estudiar ni trabajar. Asimismo, dichas políticas públicas deberán ser sensibles a la enorme heterogeneidad de los jóvenes que no estudian ni trabajan.30 Cualquiera de las intervenciones públicas aquí mencionadas requiere de la inversión de cuantiosos recursos. Sin embargo, “el mayor costo de todos los posibles es no atender el problema, generando riesgos crecientes para el futuro”.31 Por esta razón es tan importante que en el país sean cada vez más amplias las oportunidades para los jóvenes. México es una nación que debe cuidar y procurar a sus jóvenes. Así también será capaz de perfilar su futuro con mayores posibilidades de éxito. _______ 1 Los autores agradecen el apoyo de Carlos Fuentes Villalba en la generación de la información de este artículo. 2 Se utiliza el acrónimo Nini para referirnos tanto a las mujeres como a los hombres de entre 12 y 29 años de edad que no estudian ni trabajan. 3 En México, por ejemplo, la gran mayoría de los jóvenes que trabaja recibe bajos ingresos y no cuenta con prestaciones: dos de cada tres jóvenes (67.6%) recibe hasta tres salarios mínimos y más de la mitad (56.7%) no cuenta con prestaciones. 4 La frase es de Sabino Bastidas, citada en el artículo “Ninis: ¿Generación sin esperanza?”, www. abcuniversidades.com/Articulos/263/Ninis__generacion_sin_esperanza_.html. 5 Véase Alejandro Schujman, Generación NI NI, Grupo Editorial Lumen, Buenos Aires, 2011. 6 Véase José Luis Barbería, “Generación NI NI: Ni estudia ni trabaja”, El País, 22 de junio de 2009. 7 Algunos analistas han dicho, por ejemplo, que este sector de la población constituye “la bolsa de trabajo del narcotráfico”. 8 Véase, por ejemplo, Miguel Székely, “Jóvenes que ni estudian ni trabajan: Un riesgo para la cohesión social en América Latina”, MIMEO, junio de 2011. 9 Algunos se preguntan: ¿Por qué no protestan los jóvenes Nini? ¿Por qué no toman las calles? Aunque no hay evidencia sólida, se dice que fue decisiva la participación de los jóvenes Nini en las revoluciones árabes de 2010 y 2011. Al respecto, véase José Ignacio Torreblanca, “Revoluciones ni-ni”, El País, 18 de febrero de 2011. 10 La ENJ fue levantada por el Instituto Mexicano de la Juventud del 19 de noviembre al 9 de diciembre de 2010. Consta de 29,787 cuestionarios individuales y es representativa a nivel nacional, estatal y seis zonas metropolitanas. Cuenta también con un cuestionario de hogares y su diseño es probabilístico, polietápico, estratificado y por conglomerados. 11 Referido al momento del levantamiento de alguna encuesta o durante algún periodo determinado de referencia. 12 OCDE, Education at a Glance 2011. OCDE Indicators, www.oecd.org/publishing/corrigenda. 13 Pablo Peña ha dicho que “este término es melodramático e incorrecto”. Véase al respecto “La generación ‘Nini’… y otros cuentos” en . 14 Para hacer posible la comparación entre muy diferentes fuentes de información, fue necesario acotarla únicamente al grupo de 14 a 29 años de edad. 15 Véase OCDE, Education at a Glance 2011, pp. 345-346. 16 Véase Consejo Nacional de Población, Índices de marginación 2010, México, 2011. 17 Toda vez que las encuestas generalmente se basan en la asistencia (o no) a un centro educativo para determinar la condición de la educación, se suele incluir dentro del fenómeno Nini a los jóvenes que sí estudian pero lo hacen a través de sistemas informales, en las modalidades abierta o a distancia, o bien llevan a cabo capacitación laboral u otro tipo de instrucción mediante sistemas no formales. 18 ¿Es correcta la inclusión —como parte del fenómeno Nini— de los jóvenes que están buscando trabajo y no lo han encontrado? Diversos analistas consideran que, debido al hecho de que destinan activamente sus esfuerzos a conseguir un empleo, no se les puede considerar como inactivos. 19 Se trata, según los datos de la encuesta, de alrededor de 1 millón 750 mil jóvenes conocidos como “otros no activos”. La naturaleza no especializada de la ENJ-2010 en materia laboral probablemente explica que el número de los “otros no activos” sea significativamente mayor que el generado por las encuestas laborales (del orden de 765 mil jóvenes). Respecto a los “otros no activos”, véase CONAPO, “¿A qué se dedican los jóvenes en México? Análisis de la condición de actividad de la población de 14 a 29 años de edad” en La Situación demográfica de México, México, 2011. 20 Al respecto, véase CONAPO, óp. cit., p. 23. 21 La Encuesta Nacional sobre Discriminación en México indica que 36% de la población entrevistada percibe que los jóvenes NINI se encuentran en esa condición porque así lo desean. 22 Fue el Dr. Jaime Domingo López Buitrón, anterior Subsecretario de Empleo y Política Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, quien nos compartió hace algunos meses la idea de que, desde el punto de vista laboral, la condición NINI era transitoria en el caso de muchos jóvenes, ya que es común que en un periodo corto de tiempo entren y salgan del mercado de trabajo. 23 Además, existe una gran cantidad de jóvenes que permanecen sin estudiar ni trabajar en periodos específicos del año o en determinados momentos de su entrada al mercado laboral, terminación de estudios, cambio de estado civil y otras coyunturas de tipo familiar y personal. 24 Esas acciones se han visto fortalecidas en particular con el aumento de las oportunidades educativas para las mujeres. Por ejemplo, entre 1990 y 2010 aumentó la proporción de mujeres de 15 a 29 años dedicadas únicamente a estudiar, al pasar de 19 a 30%, lo cual significó un crecimiento —en valores absolutos— de 2.4 a 4.2 millones de mujeres. 25 En este sentido, destaca la reciente creación de la Universidad Abierta y a Distancia de México y de la Preparatoria Abierta en Línea de la SEP, dado que se trata de iniciativas flexibles que podrían contribuir a aumentar el capital escolar de los jóvenes. 26 Una beca puede significar la diferencia entre seguir estudiando o abandonar la escuela. Actualmente se otorgan más de 2.8 millones de becas a jóvenes de educación media superior y superior que benefician a los adolescentes y jóvenes mayores de 15 años. 27 Se han entregado en los últimos cinco años casi 600 mil becas de capacitación para el trabajo y en el sector educativo se atendió directamente a un 1 millón 345 mil alumnos. 28 Véase “Jóvenes que ni estudian ni trabajan: Un riesgo para la cohesión social en América Latina”, mimeo, junio de 2011. 29 Debe considerarse que del total de jóvenes Ninis en México, 2 millones 80 mil jóvenes no concluyeron la educación básica; de ese total, 76% son mujeres. Además, 3 millones 425 mil jóvenes concluyeron la educación básica pero no siguieron estudiando o bien truncaron sus estudios en el nivel siguiente. De nueva cuenta, la gran mayoría son mujeres (77%). Finalmente, 1 millón 930 mil jóvenes concluyeron el nivel medio superior pero no siguieron estudiando o truncaron sus estudios de nivel superior. La gran mayoría son mujeres (73.5 por ciento). 30 Por ejemplo, en los programas orientados a abatir el rezago educativo y ampliar el capital escolar, debe considerarse el predominio de las mujeres unidas con hijos. La omisión de esta característica en el diseño de las intervenciones puede reducir significativamente la eficacia de las intervenciones públicas en la materia. 31 Miguel Székely, óp. cit., p. 16. ___________________________________ RODOLFO TUIRÁN es subsecretario de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública. JOSÉ LUIS ÁVILA es académico de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

La distribución del ingreso en México (139.206)
En un país donde la educación y los servicios sanitarios, entre otros, todavía dejan mucho que desear, la desigualdad en el ingreso –una de las mayores del mundo– va aparejada de una desigualdad equivalente en la calidad de vida. Paradójicamente, sin educación de calidad y buenos servicios básicos se antoja difícil revertir este grave problema. La riqueza México es una nación con mucha riqueza. Ocupó el décimo tercer lugar en la lista de los países con mayor Producto Interno Bruto1 (pib), con un billón de dólares, en 2010.2 Este nivel se debe, en buena medida, al tamaño de nuestro país. De acuerdo a estimaciones de las Naciones Unidas, México ocupó en 2010 el décimo primer lugar en términos de población, con 113 millones de habitantes.3 No obstante, el pib por persona muestra, en los últimos 20 años, un crecimiento formidable. Durante los años sesenta y setenta le correspondió a cada habitante de México menos de dos mil dólares del PIB al año. En los primeros años de los ochenta dicha cifra tuvo un aumento, que se perdió después de la crisis de 1982. A partir de 1988, el pib por habitante inicia un camino ascendente, con un único tropezón en la crisis de 1994, para llegar a casi los 10 mil dólares por habitante en el año 20084 (ver Gráfica 1). Por otro lado, México tiene 4 millonarios en la lista de los 100 hombres más ricos del mundo de la revista Forbes.5 La suma de la riqueza de estos 100 hombres es de 1.7 billones de dólares. Los acaudalados de Estados Unidos poseen 40% de este monto; les siguen los rusos, que suman 10%. En tercer lugar se encuentra México: los cuatro empresarios mexicanos de la lista Forbes tienen 7% de la riqueza de la lista de los 100 millonarios. Por cierto, Noruega, país con el mayor Índice de Desarrollo Humano de acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud), no tiene ningún representante entre los primeros 100 millonarios y su ciudadano más rico, el empresario de bienes raíces Olav Thon, ocupa el lugar número 205. La riqueza y el desarrollo no se llevan bien.6 Otra fuente con una metodología más depurada no muestra un panorama similar. De acuerdo a un estudio que el banco Credit Suisse encargó a Anthony Shorrocks y James Davies, publicado en 2010, la riqueza7 en el mundo muestra una fuerte concentración: 24 millones de personas mayores de 20 años (0.5% de la población mundial adulta) tenían 35.6% del total de la riqueza mundial. En el otro extremo, 3 mil millones de personas (68.4% de la población mundial adulta) tenían tan solo 4.2% de la riqueza mundial. De acuerdo con esta investigación, México se ubicó en el lugar 21 en la lista de los países con mayor número de personas “muy ricas”, con 114 mil 997 adultos que —en 2010— contaban con una riqueza mayor a un millón de dólares, lo que coloca al país por arriba de Dinamarca, Finlandia y Hong Kong.8 La pobreza Si miramos la otra parte de nuestra realidad encontraremos que, de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) —organismo público descentralizado de la Administración Pública Federal encargado de evaluar el nivel de pobreza en México—, 81% de la población en 2010 era pobre o vulnerable, es decir tenía una o más carencias sociales.9 El CONEVAL mide la pobreza de manera multidimensional, esto es a partir de seis indicadores de carencia social: alimentación, educación, salud, seguridad social, calidad de la vivienda y servicios básicos en la vivienda. La población pobre o vulnerable en México tuvo, en promedio, 2.3 carencias sociales. Si analizamos con mayor detalle la alimentación, por ejemplo, de acuerdo con el CONEVAL, 25% de la población tuvo en 2010 inseguridad alimentaria, es decir, sufrió la falta de alimento o tuvo poco alimento y de baja calidad, y por lo tanto llegó a experimentar hambre.10 A pesar de ello, la Organiza­ción Mundial para la Agri­cultura y la Alimentación (FAO, por su siglas en inglés) muestra en su informe “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2011” que el nivel de personas desnutridas en México es “estadísticamente no significativo”.11 Si bien el concepto de desnutrición es distinto al de inseguridad alimentaria (la FAO define la desnutrición como “la ingesta de alimentos que no permite cubrir las necesidades energéticas mínimas”12), me parece que México sí debería estar incluido en esta lista. Si asumimos que la población con inseguridad alimentaria, de acuerdo con el coneval, no logra cubrir las necesidades energéticas mínimas y, por lo tanto, está desnutrida, México ocuparía el séptimo lugar con mayor número de personas con hambre en el mundo y el lugar número 27 en cuanto al porcentaje de personas que sufre este flagelo, empatado con Botswana, Camboya, Madagascar y Pakistán.13 La desigualdad en el ingreso Preguntar a las familias sobre su ingreso no es una tarea sencilla. Muchas de ellas, en especial aquellas se ubican en los sectores altos, no divulgan el monto de sus percepciones por temor a las autoridades hacendarias o por seguridad personal. Por ello, es muy probable que las encuestas que miden el ingreso familiar tenga un subregistro, es decir que se declaren menos ingresos de los que realmente se perciben. A partir de 1983 el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) ha levantado la “Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares” (ENIGH), en los años de 1983-1984 y desde 1992 cada dos años, con excepción de 2005, cuando por razones del calendario político en México se levantó una de ellas de manera extraordinaria. La última ENIGH disponible es la de 2010.14 De acuerdo con los resultados arrojados por la ENIGH de 2010,15 el promedio de ingreso mensual por familia en México era de 12 mil 163 pesos. Si distribuimos a todas las familias mexicanas en 10 grupos iguales, ordenadas según su ingreso desde las que menos percibieron hasta las que más percibieron —lo que se conoce como “ordenar por deciles”—, tenemos que el 10% más pobre, es decir el primer decil, tuvo una percepción media de 2 mil 149 pesos mensuales. En el otro extremo, el 10% de las familias más ricas —el decil más alto— tuvo una percepción promedio de 41 mil 927 pesos mensuales, casi 20 veces más que los más pobres. Entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México es el que revela la mayor distancia entre las familias que menos ganan y las que más ganan, por arriba de Chile, Israel, Turquía y Estados Unidos. México es un país muy desigual en materia de ingresos.16 Si dividimos al 10% de las familias más ricas en 10 grupos de igual tamaño, es decir, si desglosamos al decil más alto y obtenemos centiles, tenemos que el 1% de las familias más ricas del país, poco más de 290 mil, tuvieron en 2010 un ingreso mensual de 101 mil 217 pesos, esto es, 47 veces más que el 10% más pobre (ver Cuadro 1). Estas cifras ya nos muestran una desigualdad importante; no obstante, antes de derivar más conclusiones, debemos preguntarnos: ¿es correcto el monto de ingreso promedio de las familias más ricas de México? De acuerdo al Manual de percepciones de los servidores públicos de las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal, publicado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público el 31 de mayo de 2010 en el Diario Oficial de la Federación, los directores de área podían tener una percepción ordinaria bruta (sueldo base más compensación garantizada) de entre 47 mil 974 y 95 mil 355 pesos al mes. Por arriba de este puesto se ubican los directores generales y coordinadores generales, jefes de unidad, oficiales mayores, subsecretarios y secretarios de Estado, cuyo rango de sueldo va de los 85 mil 889 a los 205 mil 222 pesos mensuales.17 Sin embargo, de acuerdo a los datos originales de la ENIGH 2010, el ingreso mensual promedio de los hogares cuyo jefe de familia era “alta autoridad del sector público o privado”, fue de 44 mil 192 pesos mensuales. En el sector privado, los sueldos de las altas autoridades son aún mayores. De acuerdo al Informe anual de gobierno corporativo 2010 del Banco BBVA, la percepción media que recibió cada uno de sus principales altos directivos durante el año 2010 fue de 2.5 millones de pesos mensuales. Entre ellos se encuentra el director general de bbva Bancomer de México.18 No obstante, su principal competidor tuvo un ingreso mucho mayor: el director general para México y Latinoamérica de Citigroup percibió, en el mismo año, un sueldo de 570 mil pesos mensuales, más una compensación variable anual por 7 millones 450 mil dólares19, es decir, en total percibió 8.3 millones de pesos mensuales.20 La diferencia entre el ingreso del director general de este grupo financiero y el de un cajero es de 1 a 3 mil 260, una distancia fuera de toda proporción y que raya en la inmoralidad. Todo parece indicar que las cifras de la ENIGH presentan un subregistro que debe corregirse. A esta conclusión llegaron tanto Ifigenia Martínez de Navarrete en los años cincuenta y sesenta, como Oscar Altimir en las décadas de los sesenta y setenta.21 Las cifras del ingreso corregidas por subenumeración Podemos conocer el nivel de subregistro si comparamos el ingreso que reportan las familias en la ENIGH con el ingreso que contabiliza el Sistema de Cuentas Nacionales de México. Después de contrastar las dos fuentes de información, entre 1994 y 2010 se observa un importante subregistro, que se incrementa año con año. En 2010, por ejemplo, por cada peso declarado por familia en la ENIGH, el Sistema de Cuentas Nacional registró 2.17 pesos.22 Si corregimos el ingreso de las familias de la ENIGH, bajo el supuesto de que el subregistro depende del nivel de ingreso —es decir, las familias más ricas no declaran la totalidad de lo ganado, como hemos visto—, la desigualdad aumenta. El ingreso del 10% de las familias más ricas crece de 41 mil 927 a 141 mil 100 pesos mensuales, lo que representa 66 veces más que el del 10% más pobre; y el ingreso del 1% más rico, es decir las 290 mil 613 familias más ricas de México, aumenta de 101 mil 217 a 359 mil 594 pesos mensuales (167 veces más que el ingreso del 10% más pobre). Los hogares cuyo jefe de familia es un alto directivo de gobierno o de una empresa privada perciben, una vez hecho el ajuste, 131 mil 215 pesos mensuales, en lugar de 44 mil 192 pesos mensuales (cifra original de la enigh, sin ajuste). Los sueldos ajustados son más creíbles. Si analizamos la desigualdad global con las cifras corregidas por subregistro de las encuestas que se han levantado en México desde 1950 —tanto las de Ifigenia Martínez y Oscar Altimir como las estimadas por el autor—, la tendencia es clara: somos un país con una fuerte desigualdad, que aumenta año con año. El coeficiente de Gini23 se incrementa del 0.50-0.53 de los años cincuenta al 0.58-0.60 de los años sesenta, y llega al rango de 0.62-0.64 en los años ochenta. No obstante, continúa aumentando para ascender al rango 0.61-0.65 en los noventa y llega al registro récord de 0.62-0.65 en los primeros años del siglo XXI (ver Cuadro 2). ¿Por qué tenemos una desigualdad tan alta? La desigualdad se amplía en México por el incremento en el ingreso del 30% más rico, que suma 8.7 millones de familias. Los ingresos de este grupo representaron, en 2010, 83% del total.24 El resto de la población no solo tiene cada vez una menor participación en la economía nacional; los pesos que gana le alcanzan para menos bienes y servicios cada año. En los últimos años, la población ha sufrido en México al menos tres efectos: (1) el empleo precario, (2) la pérdida del poder adquisitivo, y (3) la eliminación de los subsidios. El empleo precario A partir de los años noventa, los empleos formales se tornaron cada vez más precarios. Con el propósito de competir y obtener una ganancia cada vez mayor, muchas de las empresas han tomado una serie de medidas: 1. Despedir a la población adulta que ha acumulado antigüedad y, por lo tanto, prestaciones; 2. Reducir prestaciones y/o incorporarlas al sueldo, como en el caso de los empleados bancarios, cuyas prestaciones fueron incorporadas al sueldo, lo que provocó un beneficio temporal que se perdió cuando los grupos financieros comenzaron a despedir a los adultos y a contratar en su lugar a jóvenes con un sueldo bajo; 3. Contratar personal “barato” bajo el esquema de outsourcing; 4. Reducir la proporción de gerencia media, así como puestos de apoyo, conocidos como staff, ocupados –en su mayoría– por profesionistas. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, tres millones de personas perdieron el empleo en 2009; de ellos, 2.6 millones fueron víctimas de recortes de personal o su trabajo temporal terminó25 (ver Cuadro 3). En cuanto a la disminución de prestaciones, de acuerdo con la enigh 2010, 51.4% de la población que trabaja para otro no tiene ningún apoyo por parte del patrón, y prácticamente la totalidad de quienes trabajan por su cuenta no tiene prestaciones. El impacto en el ingreso es directo: si no tengo seguro médico y enfermo debo pagar mi tratamiento. Si soy madre y trabajo fuera de casa, y la organización para la cual laboro no me ofrece una guardería, debo pagar una. Si carezco de una ayuda para despensa, debo destinar una mayor proporción de mi ingreso a la alimentación. En la medida en que se propongan reglas laborales que tengan como propósito abaratar la fuerza de trabajo, la situación se agravará. Poder adquisitivo La población ha sufrido, desde mediados de los años ochenta, la pérdida de poder adquisitivo. En el año de 1976 el salario mínimo era de 6 mil 500 pesos, si traemos su valor a pesos actuales.26 Para 2011 había bajado a mil 766 pesos, una pérdida de 73%. Si bien no todo el personal ocupado percibe el salario mínimo, su aumento es un parámetro que rige el crecimiento de otros salarios. El salario medio industrial, por ejemplo, ha sufrido también una pérdida, aunque ligeramente menor. Buena parte de la estrategia económica de los últimos años ha dependido de mantener el crecimiento de los salarios por debajo del aumento de los precios. A diferencia de los años sesenta y setenta, cuando la meta era crecimiento y empleo, ahora se tiene como objetivo la reducción del gasto público y de la inflación (ver Gráfica 2). Reducción de subsidios La eliminación o reducción de subsidios afecta de manera directa e indirecta. Su impacto es indirecto cuando el gobierno reduce los montos de gasto e inversión y, por lo tanto, las familias deben aportar dinero directamente. Por ejemplo, la inversión en educación superior no ha crecido lo suficiente como para cubrir la demanda. Por ello, muchas familias deben destinar ahora parte de su ingreso al pago de una institución de educación superior privada. Todo esto se refleja claramente en la estadística. De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública, en el ciclo escolar 1980-1981 había 892 escuelas de educación superior (normal, licenciatura y posgrado), de las cuales 70% eran públicas. 30 años después, en el ciclo escolar 2010-2011, las escuelas privadas son mayoría: representan 55% del total de instituciones. De las 6 mil 289 instituciones de educación superior del ciclo 2010-2011, 3 mil 481 son privadas y educan a 804 mil alumnos.27 En 2011, 21.5% de la inversión que se realizó en educación de todos los niveles provino del sector privado; 30 años atrás, en 1980, esta proporción era de tan solo 6.9%.28 El 7% del PIB de actividades terciarias (comercio y servicio) es generado por los servicios educativos de particulares.29 En materia de salud ha sucedido algo similar. Como producto de la precarización en el trabajo, tan solo 39% de las personas con 12 años o más de edad está afiliado o inscrito para recibir atención médica de parte de alguna institución pública, de acuerdo a la ENIGH 2010; el resto debe acudir al Seguro Popular (que solo es gratuito para el 40% más pobre) o pagar por su cuenta la atención privada. De hecho, de acuerdo con la misma encuesta, 40% de las personas manifestaron que cuando tienen un problema de salud, acude a una clínica o farmacia privada o se automedican. La eliminación de subsidios también afecta de manera directa a la población. A partir de los años noventa se han retirado, poco a poco, los subsidios al pago de la energía eléctrica, el predial, el agua y la gasolina, entre otros bienes y servicios que otorga el gobierno. La telefonía que antes era pública y con tarifas bajas, ahora es una de las más caras del mundo, de acuerdo a la OCDE.30 En síntesis, no solo el ingreso se ha concentrado en unos cuantos, sino que además las familias de los sectores medios y bajos deben pagar bienes y servicios que antes les otorgaba la empresa por medio de prestaciones o el gobierno de manera gratuita. Tienen un menor poder adquisitivo y deben gastar más por los mismos bienes y servicios que antes recibían. _________________________________ 1 El producto interno bruto (PIB) es el valor de los bienes y servicios que produce una nación en un periodo determinado. 2 Datos del Banco Mundial, consultados el 16 de marzo de 2012: . 3 Population Division, “World Population Prospects, the 2010 Revision”, consultada el 16 de marzo de 2012: . 4 Si bien México tuvo una ligera caída en este indicador, por la crisis mundial de 2008, registró una recuperación en 2010, para llegar a 9 mil 123 dólares por persona. Datos del Banco Mundial, consultados el 16 de marzo de 2012: . 5 Revista Forbes, consultad el 16 de arzo de 2012: . 6 Si bien Alemania tiene siete millonarios en la lista Forbes, la suma de su riqueza representa 6% del total. 7 Para el autor, el concepto de riqueza considera tanto los activos financieros como los no financieros (no así la deuda) que tienen las personas mayores de 20 años de una familia. Acepta que su estimación es más complicada, ya que muy pocos países tienen la estadística necesaria para su cálculo. El estudio de la riqueza es relevante ya que el ingreso de las personas se genera a partir tanto de capital humano, como de sus activos. La riqueza se hereda y se convierte, para algunos, en su destino. Los hijos de las familias con mayor riqueza tienen más oportunidades que los hijos de familias con menos activos. Ante una situación difícil, por ejemplo la pérdida de empleo del principal proveedor del hogar o una enfermedad grave, el dinero ahorrado y las inversiones son de gran ayuda. 8 “Credit Suisse Global Wealth Databook 2010”, Credit Suisse Research Institute, Suiza, octubre de 2010, pp. 88 y 93. 9 Este porcentaje incluye a la población, que si bien tenía cubiertas sus necesidades, ganó menos de 2 mil 114 pesos, así como a las personas que vivían en una zona urbana, o tenían un ingreso menor a los 978 pesos, o si vivían en una zona rural. 10 Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), “Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social en México 2011”, México, 2012, cuadro 2.1, p. 21. 11 Es decir, la proporción de las personas desnutridas se ubicó por abajo del 5% de la población total. 12 De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), “la necesidad mínima diaria de energía es de unas mil 800 kcal por persona. La necesidad exacta viene determinada por la edad, tamaño corporal, nivel de actividad y condiciones fisiológicas específicas: enfermedades, infecciones, embarazo o lactancia”. 13 Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2011”, en ¿Cómo afecta la volatilidad de los precios internacionales a las economías nacionales y la seguridad alimentaria?, Roma, 2011, pp. 50-53. 14 En 1956 y 1958 la Dirección General de Estadística levantó las encuestas de “Ingreso y egresos de la población en México”, y en 1960 la encuesta “Las 16 ciudades de la República Mexicana, ingresos y egresos familiares”. En 1963 y 1968 el Banco de México llevó a cabo las encuestas de “Ingresos y gastos familiares”. Durante el periodo de 1969-1970 la Dirección General de Estadística realizó la encuesta “Ingresos y gastos de la República Mexicana” y en 1977 la “Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto de los Hogares”. 15 Los resultados que se muestran de la “Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares” se obtuvieron a partir de la descarga de archivos de la página del INEGI en la sección dedicada a dicha encuesta bajo el rubro “Microdatos de la muestra”. Estos datos fueron trabajados estadísticamente por el autor: . 16 “Divided We Stand: Why Inequality Keeps Rising”, OECD, 2011, p. 45. . 17 “Acuerdo mediante el cual se expide el Manual de Percepciones de los Servidores Públicos de las Dependencias y Entidades de la Administración Pública Federal”, Diario Oficial de la Federación, anexo 3a, SHCP, lunes 31 de mayo de 2010. 18 Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, S.A., “Informe anual de gobierno corporativo 2010”, pp. 17 y 18, consultado en la página de internet el 16 de marzo de 2012: . 19 El pago se repartió en los 12 meses de 2011. 20 Citigroup, Proxy Statement 2010, pp. 55 y 56, consultado el 16 de marzo del 2012: . 21 Véase Ifigenia Martínez de Navarrete, “La distribución del ingreso en México. Tendencias y perspectivas”, El perfil de México en 1980, 2a edición, editorial Siglo XXI, México, 1982. pp. 17-71; y Oscar Altimir, “La distribución del ingreso en México”, Distribución del ingreso en México: Ensayos, tomo I, documento no. 37, Banco de México, México, 1982, pp. 15-95. El banco Credit Suisse también ajusta la información en su reporte sobre la riqueza en el mundo, consciente de que de no hacerlo prácticamente no tendría mercado en muchos países, entre ellos México. 22 En La desigualdad y la clase media en México, un libro de próxima aparición, Carlos McCadden Martínez explica con mayor detalle la justificación y los cálculos específicos para llevar a cabo el ajuste a las cifras de las ENIGH. 23 Medida de desigualdad propuesta por el científico social Corrado Gini en 1912, que va de 0 a 1. A medida que el valor se aproxima a 0, la sociedad tiene igualdad en sus ingresos. Por el contrario, a medida que el índice se aproxima a 1, la distribución presenta una mayor concentración en el ingreso. 24 Si nos vamos a la cúspide de la pirámide, 1% de las familias más ricas, poco más de 290 mil, obtiene 13.7% del ingreso de todos los hogares. 25 Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, consultada el 14 de marzo de 2012: . 26 Se deflactó el monto del salario mínimo con el índice de precios al mayoreo de 1934 a 1969, y con el índice de precios al consumidor para el periodo de 1970 a 2011, según el Banco de México. 27 SEP, “Estadística Histórica del Sistema Educativo Nacional”, consultada el 16 de marzo del 2012: . 28 Felipe Calderón, “Quinto Informe de Gobierno”, Anexo Estadístico, Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos, Presidencia de la República, México, 2011, p. 322. 29 Ibídem, pp. 97-99. 30 “Perspectivas OCDE: México, reformas para el cambio”, OCDE, 2012, p.45. ______________________________________ MIGUEL DEL CASTILLO NEGRETE ROVIRA es profesor del Departamento Académico de Estudios Generales del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y profesor visitante en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa.

La economía mexicana del siglo xx: entre milagros y crisis (85.726)
Francisco Suárez Dávila es ex Representante de Mé­xi­co an­te la ocde, es profesor invitado de la Uni­ver­si­dad Ibe­roa­me­ri­ca­na. El si­glo xx eco­nó­mi­co A fin de es­tu­diar el si­glo xx me­xi­ca­no en ma­te­ria de eco­no­mía, po­de­mos di­vi­dir la his­to­ria en sie­te pe­rio­dos. El pun­to de par­ti­da es 1910, el ini­cio de la Re­vo­lu­ción Me­xi­ca­na, pe­ro pa­ra en­ten­der ese mo­men­to hay que con­si­de­rar el por­fi­ria­to co­mo el pri­mer pe­rio­do de cre­ci­mien­to sos­te­ni­do. El por­fi­ria­to sien­ta las ba­ses del de­sa­rro­llo mo­der­no. Hay cre­ci­mien­to con de­si­gual­dad de 1876 a 1910. El pe­rio­do que va de la Re­vo­lu­ción has­ta la Gran De­pre­sión de 1929 es el de la crea­ción de un nue­vo or­den ins­ti­tu­cio­nal sin cre­ci­mien­to. El ter­ce­ro es el car­de­nis­mo, un pe­rio­do de de­sa­rro­llo con trans­for­ma­ción so­cial que ins­tau­ra el pro­yec­to de país propuesto en la Cons­ti­tu­ción de 1917. El cuar­to pe­rio­do es el del de­sa­rro­llis­mo, la fa­se más exi­to­sa del país en lo económico. Hay cre­ci­mien­to e in­dus­tria­li­za­ción ace­le­ra­dos, ini­cial­men­te con in­fla­ción mo­de­ra­da, lue­go con es­ta­bi­li­dad. En un quin­to pe­rio­do vemos in­ten­tos fa­lli­dos por su­pe­rar las de­fi­cien­cias del mo­de­lo y sus ele­men­tos de ago­ta­mien­to, y de en­con­trar uno nue­vo. Aun­que fu­gaz­men­te, con el au­ge del pe­tró­leo sí se pro­du­ce el cre­ci­mien­to más rá­pi­do de nues­tra his­to­ria, pe­ro sin es­ta­bi­li­dad. So­bre­vie­nen las cri­sis. A par­tir de 1982 se ini­cia una nue­va fa­se de in­ten­tos de trans­for­ma­ción por me­dio de re­for­mas es­truc­tu­ra­les, al­gu­nas exi­to­sas, otras fa­lli­das, que van has­ta 1994. Fi­nal­men­te, en­tra­mos en una eta­pa de es­ta­bi­li­dad sin cre­ci­mien­to: el pe­rio­do del es­tan­ca­mien­to es­ta­bi­li­za­dor que va de 2000 a 2009. Des­de su in­de­pen­den­cia, Mé­xi­co ha co­no­ci­do dos pe­rio­dos de cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co rá­pi­do y sos­te­ni­do. El más exi­to­so y más du­ra­de­ro fue el de­sa­rro­llis­mo (1934-1970). El se­gun­do es el por­fi­ria­to (1876-1910). El pri­me­ro no al­can­zó una ra­zo­na­ble dis­tri­bu­ción del in­gre­so. El se­gun­do no aba­tió los re­za­gos so­cia­les que a la pos­tre sig­ni­fi­ca­rían su caí­da. Hay dos pe­rio­dos de re­cons­truc­ción ins­ti­tu­cio­nal. El más im­por­tan­te va des­de el fin de la fa­se más in­ten­sa de la lu­cha ar­ma­da y el ini­cio de la di­nas­tía de Obre­gón y Ca­lles has­ta la Gran De­pre­sión. El otro es la ad­mi­nis­tra­ción de Mi­guel de la Ma­drid, que des­pués del es­ta­lli­do de la cri­sis de la deu­da y la na­cio­na­li­za­ción ban­ca­ria de 1982, ini­cia la fase de re­for­mas es­truc­tu­ra­les. Hay dos gran­des re­for­mis­tas: Cár­de­nas, quien da ca­bal vi­gen­cia al pro­yec­to de la Cons­ti­tu­ción de 1917, y Sa­li­nas, que ace­le­ra las re­for­mas es­truc­tu­ra­les de orien­ta­ción neo­li­be­ral, al­gu­nas exi­to­sas y otras fallidas. Hay dos mo­de­los orien­ta­dos ha­cia el sec­tor ex­ter­no: el por­fi­ria­to y el eje­cu­ta­do por Sa­li­nas y Ze­di­llo. El de­sa­rro­llis­mo se orien­tó prin­ci­pal­men­te al for­ta­le­ci­mien­to del mer­ca­do in­ter­no. El mo­de­lo “es­ta­tis­ta” de Eche­ve­rría y Ló­pez Por­ti­llo se orien­tó al mer­ca­do in­ter­no pe­ro fra­ca­só. A par­tir de 1996 Mé­xi­co al­can­za un pe­rio­do de re­la­ti­va es­ta­bi­li­dad ma­croe­co­nó­mi­ca. Pa­ra sos­te­ner su pa­so exi­to­so, el de­sa­rro­llis­mo re­que­ría com­ple­men­tar­se con la orien­ta­ción ha­cia la ex­por­ta­ción que si­guie­ron los asiá­ti­cos a par­tir de 1970. Eche­ve­rría hi­zo un buen diag­nós­ti­co pe­ro fue in­ca­paz de orien­tar de­bi­da­men­te las po­lí­ti­cas. Ló­pez Por­ti­llo pu­do ha­ber cam­bia­do la his­to­ria si en 1981 ajus­ta la eco­no­mía co­mo lo hi­cie­ron los paí­ses in­dus­tria­les, ba­ja el pre­cio del pe­tró­leo, de­va­lúa a tiem­po y apli­ca po­lí­ti­cas com­ple­men­ta­rias ade­cua­das. Sa­li­nas rea­li­zó mal la li­be­ra­li­za­ción ban­ca­ria, no fre­nó la bur­bu­ja cre­di­ti­cia ni for­ta­le­ció la re­gu­la­ción y la su­per­vi­sión ban­ca­rias. Fue el res­pon­sa­ble de la cri­sis de 94, mal ma­ne­ja­da tam­bién por Ze­di­llo. El pe­rio­do pos­te­rior a 2000 se ha con­cen­tra­do en los me­dios —la es­ta­bi­li­dad ma­croe­co­nó­mi­ca— y ha ol­vi­da­do los fi­nes. La cri­sis de 2009 y el ago­ta­mien­to del mo­de­lo de de­sa­rro­llo ac­tual La gran re­ce­sión de 2009 mues­tra las se­ña­les de ago­ta­mien­to del mo­de­lo de de­sa­rro­llo y la po­lí­ti­ca ac­tuales de Mé­xi­co: Nues­tro mo­de­lo de ex­por­ta­cio­nes su­po­ne una excesiva de­pen­den­cia de la eco­no­mía de Es­ta­dos Uni­dos y no ha es­ta­do acom­pa­ña­do de me­di­das com­ple­men­ta­rias in­ter­nas y ex­ter­nas. La in­ver­sión ex­tran­je­ra ha de­ja­do de orien­tar­se a la crea­ción de nue­vas ca­pa­ci­dades in­dus­triales con avan­ce tec­no­ló­gi­co. Los flu­jos de in­ver­sión a Mé­xi­co tam­bién dis­mi­nu­yen con res­pec­to a los paí­ses emer­gen­tes más di­ná­mi­cos. El país ha su­fri­do una caí­da de la pro­duc­ción in­dus­trial y ma­nu­fac­tu­re­ra del 3% del pib. Los por­cen­ta­jes de im­por­ta­ción de mu­chos pro­duc­tos agrí­co­las han au­men­ta­do. Se ha pri­vi­le­gia­do el equi­li­brio de las fi­nan­zas pú­bli­cas y la es­ta­bi­li­dad de pre­cios so­bre el ob­je­ti­vo del cre­ci­mien­to. El gas­to co­rrien­te ex­ce­de a los in­gre­sos tri­bu­ta­rios en 40 por cien­to. La re­cau­da­ción fis­cal de­pen­de en 40% de los vo­lá­ti­les in­gre­sos pe­tro­le­ros. Mé­xi­co tie­ne uno de los más ba­jos coe­fi­cien­tes tri­bu­ta­rios del mun­do y un gas­to pú­bli­co muy ba­jo y de­fi­cien­te. La ex­plo­ta­ción irres­pon­sa­ble de ya­ci­mien­tos sig­ni­fi­có un de­te­rio­ro pre­ma­tu­ro de nues­tro ba­lan­ce ener­gé­ti­co y la caí­da de la pro­duc­ción y las re­ser­vas. Mé­xi­co avan­zó con cier­ta ra­pi­dez en el sis­te­ma de des­cen­tra­li­za­ción fis­cal ha­cia un “nue­vo fe­de­ra­lis­mo”. Hoy en día, sin em­bar­go, a ni­vel es­ta­tal hay ma­yor des­pil­fa­rro y una me­nor trans­pa­ren­cia que a ni­vel fe­de­ral. La evo­lu­ción de la es­truc­tu­ra de go­bier­no ha si­do muy ne­ga­ti­va. El sis­te­ma fi­nan­cie­ro, de pro­pie­dad ex­tran­je­ra en más de 80%, no ha con­tri­bui­do al de­sa­rro­llo eco­nó­mi­co del país des­de 1994. El fi­nan­cia­mien­to se ha con­cen­tra­do en el cré­di­to al con­su­mo y el hi­po­te­ca­rio fo­men­ta la ac­ti­vi­dad pro­duc­ti­va en me­nos de 20% del pib. Han pro­li­fe­ra­do los in­ter­me­dia­rios fi­nan­cie­ros no ban­ca­rios, que es­tán in­su­fi­cien­te­men­te re­gu­la­dos y ha­cen vul­ne­ra­ble al sis­te­ma. Se de­bi­li­tó la ban­ca de de­sa­rro­llo. Ca­re­ce­mos de una po­lí­ti­ca so­cial efi­caz. El gas­to so­cial no se ha tra­du­ci­do en una re­duc­ción de la de­si­gual­dad en­tre per­so­nas y re­gio­nes, y en mu­chos ca­sos tie­ne un ca­rác­ter re­gre­si­vo. Sin em­bar­go, la ma­ni­fes­ta­ción más evi­den­te del fra­ca­so de nues­tro mo­de­lo de de­sa­rro­llo es la no­to­ria in­ca­pa­ci­dad pa­ra cre­cer. El cre­ci­mien­to me­xi­ca­no des­de la cri­sis de 1982 es de al­re­de­dor de 2% anual en pro­me­dio. La agen­da pen­dien­te pa­ra el si­glo xxi El re­co­rri­do por la his­to­ria del si­glo xx mexicano da al­gu­nas pis­tas de lo que pue­de ser la agen­da pen­dien­te pa­ra el si­glo xxi del país. Al­gu­nas ideas: Mé­xi­co re­quie­re de un plan es­tra­té­gi­co de lar­go pla­zo, con­sen­sua­do en­tre go­bier­no y so­cie­dad y que de­fi­na un nue­vo mo­de­lo de de­sa­rro­llo. Es in­dis­pen­sa­ble una re­for­ma fis­cal de fon­do. És­ta de­be li­gar­se a una re­for­ma al ré­gi­men de se­gu­ri­dad so­cial. La po­lí­ti­ca so­cial de­be ser re­vi­sa­da. El Es­ta­do Me­xi­ca­no re­quie­re una ver­da­de­ra rein­ven­ción del go­bier­no. Se de­ben ar­ti­cu­lar po­lí­ti­cas in­dus­tria­les y re­gio­na­les mo­der­nas. Se re­quie­re de un im­pul­so efi­caz a la in­fraes­truc­tu­ra. El sec­tor ener­gé­ti­co de­be ser una pa­lan­ca del de­sa­rro­llo na­cio­nal. Cos­to­sa e ine­fi­cien­te, la po­lí­ti­ca agrí­co­la de­be re­no­var­se. Son ne­ce­sa­rias po­lí­ti­cas ge­ne­ra­les pa­ra que el sis­te­ma ban­ca­rio in­cre­men­te su fi­nan­cia­mien­to a la ac­ti­vi­dad pro­duc­ti­va, in­dus­trial y agro­pe­cua­ria. Las te­le­co­mu­ni­ca­cio­nes son una asig­na­tu­ra pen­dien­te fun­da­men­tal y que pue­de traer im­por­tan­tes co­rrien­tes de in­ver­sión ex­tran­je­ra. La edu­ca­ción, la cien­cia y la tec­no­lo­gía son áreas de no­to­rio atra­so. La re­la­ción con Es­ta­dos Uni­dos y Ca­na­dá de­be re­plan­tear­se. De "Tres miradas a cien años de la Revolución": La oportunidad del Bicentenario por Federico Reyes Heroles La justicia prometida por José Ramón Cossío

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