Martes, 27 Octubre 2020
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Bicicletas, autos eléctricos y oficinas-hotel. El verdadero umbral del siglo XXI
Este País | Eduardo Bohórquez y Roberto Castellanos | 01.05.2013 | 1 Comentario

¿De qué somos legítimos propietarios? Somos dueños de nuestra casa, de nuestro auto, de nuestro calzado. Dado que hemos pagado un precio por hacernos de ellos, sentimos que somos dueños de objetos y productos y que podemos hacer con ellos lo que nos plazca. Si quiero dejar mi automóvil parado, sin mantenimiento, sin batería, sin limpieza, puedo hacerlo. Pero también puedo ser el propietario de la limpieza obsesiva, escrupulosa, que me lleva a levantarme cada mañana a pulir la pintura de mi auto. La propiedad provee esa extraña sensación de libertad y poder a la que Richard Pipes ha dedicado muchos libros, en particular el extraordinario Propiedad y libertad, publicado por el Fondo de Cultura Económica.

En el siglo XXI, la propiedad privada como la entendemos cambiará significativamente. En los próximos años la idea de poseer irá perdiendo fuerza simbólica —no económica— para dar lugar a una palabra latina de estructura compleja, pero indispensable en los nuevos tiempos: usufructuar. Incluso cuesta trabajo escribirla. Es más sencillo poseer o adueñarse.

Nos resultan palabras más familiares. Usufructuar evoca concesiones, licitaciones, actos de gobierno. En la práctica, sin embargo, significará mucho más.

Usufructuar es el derecho a disfrutar bienes, propios y ajenos, con la obligación de conservarlos. Pieza central del consumo colaborativo, el usufructo permite a una persona o grupo aprovechar al máximo los beneficios de un bien aunque no sea su dueño, retribuyendo tanto a quien lo usa como a su propietario. Se trata de bienes de club, pero con costos de entrada —de uso— relativamente bajos y con un claro sentido de interés público y beneficio colectivo, incluso más allá de quienes tienen acceso al bien.

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Un ejemplo que despunta entre tantos es el de Ecobici (@ecobici). Además de ser una de las estrategias políticas más exitosas en la historia de las ciudades (en cada una de estas puede haber variantes o proveedores diferentes), Ecobici ilustra perfectamente el concepto de consumo colaborativo y la naturaleza del usufructo. Ecobici es un sistema público de transporte individualizado donde cada uno de los usuarios “renta” anualmente su derecho a usufructuar un bien. No soy dueño de la bicicleta, pero esta depende de mi capacidad de conservación para que el sistema funcione. A diferencia de un taxi, no recibo un servicio de un particular, sino que usufructo un bien del que no soy propietario. Según datos del Institute for Transportation and Development Policy (@ITDPMX) y Transeúnte (transeunte.org), con la fase dos del sistema Ecobici se incorporaron mil 180 nuevas bicicletas, lo que constituye un universo de 2 mil 380 bicicletas en servicio. En total, hay 44 mil personas que utilizan el servicio y se prevé que con la fase tres se agreguen 29 mil usuarios más (y mil 600 bicicletas).

El cambio de paradigma no se limita a las bicicletas. Una empresa mexicana, Carrot (@carrotmx) permite “compartir” un vehículo eléctrico (o a gasolina) entre muchos usuarios. Otra vez, permite usufructuar. Las tarifas todavía son altas por el número de usuarios, pero un recorrido promedio en su auto —que no es su auto— ronda los 300 pesos. Más o menos lo mismo que pedir un taxi. Las empresas también están cambiando la “propiedad” de los espacios de oficina. Siemens México (@sectorindustria) ha cambiado al modo hotel en su nueva sede en la Ciudad de México. Los funcionarios operan en “espacios públicos” que solo les “pertenecen” mientras los utilizan. Atrás quedan los peluches, las plantitas de plástico y el poster decorativo. Pero llega la eficiencia energética y un profundo respeto por los espacios de otros, que a fin de cuentas son los nuestros. Hace unos meses, y poco antes de fallecer, Elinor Ostrom visitó México. En su conferencia se evocó una y otra vez la razón por la que recibió el premio Nobel de economía: el reto de organizar y gobernar los bienes comunes, las áreas verdes que no “pertenecen” a nadie. Ostrom fue visionaria. Sabía que en el siglo XXI el concepto de propiedad no avanzará tanto como el de espacio público y esa palabra todavía extraña: usufructo.

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EDUARDO BOHÓRQUEZ <@ebohorquez> es director de Transparencia Mexicana. ROBERTO CASTELLANOS <@robcastellanos> es coordinador de Investigación Aplicada en la Fundación Este País.

Una respuesta para “Bicicletas, autos eléctricos y oficinas-hotel. El verdadero umbral del siglo XXI
  1. TOMAS CARDONA GARCIA dice:

    Al dar lectura a este artículo de inmediato me surgió, como docente que soy, que en las próximas sesiones con mis alumnos, utilizaré como modelos de expresión de esto excelente artículo. Gracias, estoy en deuda con ustedes.

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