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La promesa educativa: ¿promesa cumplida?
Educación Superior: Apuesta De Futuro | Este País | Catalina Delgado | 01.09.2014 | 1 Comentario

©iStockphoto.com/© leremy

Aunque la educación contribuye enormemente a la movilidad social, existen otros factores, como el nivel de demanda de las distintas profesiones en el mercado laboral y las políticas salariales, que afectan de manera directa dicho progreso.

Desde niños nos inculcan el valor de la educación como herramienta de movilidad social. Nuestros padres y maestros nos repiten que la continuidad en las aulas es el camino más directo hacia un buen empleo y el progreso en la vida. Ciudadanos y gobiernos por igual le apostamos a la promesa educativa y el resultado es que, actualmente, la población mexicana tiene el nivel educativo más alto de la historia del país.

De acuerdo con cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), entre 1980 y 2012 la proporción de mexicanos adultos que no saben leer ni escribir descendió de 17 a 6%, al tiempo que el número promedio de años de escolaridad aumentó de 4 a casi 9 años. Esto quiere decir que hoy en día el mexicano promedio terminó la secundaria, un logro sin lugar a dudas importante si se tiene en cuenta que solo hasta 1993 la educación secundaria se volvió obligatoria para todos los ciudadanos mexicanos.

Esta apuesta por la educación también se evidencia en el ámbito profesional. Mientras que en 1980 menos de 4% de la población mayor de 25 años había completado estudios de educación superior, en 2012 este porcentaje llegó a 16%. El hecho de que una mayor proporción de mexicanos busque hacerse de títulos educativos de mayor nivel responde en buena medida a la ventaja salarial que brinda la educación en el mercado laboral (Gráfica 1).

GRAFICA DELGADO

Efectivamente, los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI al primer trimestre de 2014 ponen de relieve que, en promedio, el salario mensual crece con el nivel educativo. Es importante anotar que ningún nivel educativo implica un aumento salarial tan significativo como el de la educación superior: mientras que una persona que completó la preparatoria tiene un salario promedio de 5 mil 803 pesos al mes, un profesionista gana en promedio 10 mil 964 pesos mensuales. Dicho de otra manera, un trabajador promedio con licenciatura puede ganar 89% más que uno que solo terminó la prepa.

La educación superior incrementa las posibilidades de ocuparse en empleos de calidad, no solo porque ofrecen una remuneración más alta, sino también porque pertenecen al sector formal de la economía. Actualmente la tasa de informalidad —esto es, la proporción de trabajadores que no están amparados por el marco legal y no reciben las prestaciones de ley— es de 58%. Esta proporción se reduce a 20% para los trabajadores con títulos universitarios. Para las personas ocupadas que no tienen ninguna educación formal, la probabilidad de trabajar en la informalidad es de 86 por ciento.

La promesa educativa se sustenta en la premisa de que entre más estudiamos mejor desempeño tendremos en el mercado laboral. Y las cifras que hemos visto hasta el momento apuntan en esa dirección, pero —por tratarse de promedios para un solo momento en el tiempo— poco nos dicen sobre las posibles amenazas al cumplimiento de la promesa.

Asociamos estudiar una carrera con mejores resultados en el mercado laboral, pero la verdad es que los resultados pueden ser muy diferentes dependiendo del área de estudio. Como mostramos en el sitio <comparacarreras.org>, hay profesiones que mejoran las posibilidades de encontrar un trabajo bien remunerado y que permiten recuperar fácilmente la inversión educativa; sin embargo, para otros campos de estudio el panorama puede no ser tan alentador. Por ejemplo, un ingeniero de petróleos promedio puede ganar casi cuatro veces el salario promedio de un teólogo; y la probabilidad de estar desempleado entre los egresados de finanzas o de medicina es menor a 1%, mientras que entre politólogos y economistas llega a más de 13 por ciento.

En este sentido, la promesa educativa debe tener en cuenta que no todos los campos de formación son igualmente valorados por el mercado. Las dinámicas productivas claramente inciden en el tipo de profesionistas que demanda la economía en distintos momentos (por ejemplo, hoy en día los graduados de ciencias de la computación tienen mucha mayor cabida en el mercado de trabajo que hace 30 años). Por esto es muy importante contar con mecanismos que vinculen la formación de capital humano en las aulas con las necesidades del sector productivo. Es necesario que los programas académicos de las instituciones de educación superior se adapten rápidamente a cambios y avances tecnológicos para que, al momento de egresar al mundo laboral, sus profesionistas tengan conocimientos y habilidades relevantes. Esto solo será posible si se entabla un diálogo más estrecho entre las universidades y el sector productivo.

Otra amenaza a la promesa educativa es la franca disminución de los salarios reales que, si bien es una constante para todos los trabajadores, afecta en mayor medida a los más educados. Efectivamente, en los últimos nueve años el salario promedio de los trabajadores de tiempo completo cayó 14% en términos reales. Esta disminución fue mucho más fuerte para los profesionales, quienes vieron su sueldo real disminuir en 24%; esto quiere decir que, actualmente, el ingreso laboral de un profesionista es apenas tres cuartas partes de lo que recibía en 2005 (Gráfica 2).

GRAFICA DELGADO 2

En una primera aproximación a este fenómeno, podríamos pensar que los menores salarios están respondiendo a la sencilla lógica de oferta y demanda: un aumento en la oferta de mano de obra se traduce en una reducción en su precio, esto es, en menores salarios. Y efectivamente, entre 2005 y 2014 el número de profesionistas en el mercado laboral creció a un ritmo más acelerado (3.9% anual en promedio) que la población económicamente activa (1.7% por año). En este sentido, una competencia más intensa entre profesionistas pudo haber empujado a la baja sus remuneraciones.

Sin embargo, la historia detrás de este fenómeno es más compleja. En este periodo no solo se redujo el poder adquisitivo de los trabajadores con las más altas credenciales académicas, sino también el de todos los niveles educativos. Estas reducciones comienzan a registrarse en 2008, cuando estalla la crisis económica mundial, que en México significó una fuerte contracción de la economía y una importante pérdida de empleos. Desde entonces, la lenta recuperación de la actividad económica no ha permitido restablecer los niveles salariales previos a la crisis.

Es importante anotar que el estancamiento de las retribuciones laborales luego de la más reciente recesión es un fenómeno mundial, con diferentes matices a lo largo y ancho del globo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala en su Informe Mundial sobre Salarios 2012/2013 que la crisis tuvo repercusiones muy negativas para los mercados de trabajo de gran parte del mundo. De acuerdo con el estudio, en 2011 el salario medio mensual fue tres por ciento menor al registrado en 2007, y esta caída es aún mayor cuando no se considera a China dentro de los cálculos. El reporte de la oit también indica que la recuperación salarial ha sido más firme en las regiones emergentes, con un crecimiento sólido en Asia y más modesto en África y Latinoamérica. Por su parte, en los países desarrollados se ha observado una doble caída de los salarios reales en 2008 y 2011, e incluso algunos de estos países presentan crecimientos salariales negativos.

La reacción en muchos países desarrollados ha sido la de tratar de introducir políticas de salario mínimo o revisar los niveles vigentes. En lo que va de 2014, Suiza y Alemania han discutido la posibilidad de introducir un salario mínimo nacional, que sustituya los salarios que hasta el momento son negociados por empleadores y sindicatos de manera sectorial. Adicionalmente, ocho estados de Estados Unidos han incrementado sus salarios mínimos este año, y hace poco más de un mes la ciudad de Seattle aprobó una remuneración mínima local de 15 dólares por hora, la más alta de todo el país. La tendencia de fijar un piso salarial razonablemente generoso refleja la preocupación de que el bajo crecimiento de los salarios se traduzca en una mayor desigualdad, en perjuicio de la clase trabajadora.

En México, el salario mínimo vigente para 2014 es de 67.29 pesos por día, lo que equivale a menos de 2 mil 50 pesos mensuales (esto es para la zona A, la cual tiene el nivel más alto). Para tres cuartas partes de la población mexicana que vive en zonas urbanas, el salario mínimo no es suficiente para adquirir la canasta de bienes básicos que utiliza el Coneval para la medición de la pobreza, que actualmente está en 2 mil 535 pesos al mes. En su nivel actual, el salario mínimo se queda corto para cumplir su mandato de “ser suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”, según lo establece la Ley Federal del Trabajo.

Paradójicamente, México presenta los síntomas de depresión salarial de los países desarrollados, pero con la fuerza laboral de una economía emergente que, si bien cada vez alcanza mayores niveles de escolaridad, sigue estando concentrada en actividades informales y de baja productividad. Un estudio reciente del McKinsey Global Institute señala que, a pesar de que México cuenta con un sector productivo moderno conformado por empresas de más de 500 empleados, cuya productividad creció a un ritmo promedio de 5.8% por año entre 1999 y 2009, este sector solo ocupa a 2 de cada 10 trabajadores mexicanos. Según el estudio, paralelo a este “México moderno” opera un “México tradicional” en el que trabajan 4 de cada 10 mexicanos, el cual se compone por pequeñas unidades económicas de menos de 10 trabajadores y que, en el mismo periodo, vio su productividad caer a una tasa de -6.5% por año. El resto de la fuerza laboral mexicana, es decir 4 de cada 10 trabajadores, laboran en empresas medianas, cuyo valor agregado por persona ocupada creció apenas 1% en la década de referencia.

La teoría económica enseña que, en el largo plazo, los salarios reales tienden a reflejar la productividad de los trabajadores. El hecho de que la productividad de la mano de obra únicamente experimente aumentos significativos en el sector moderno de la economía, que solo emplea 20% de los trabajadores mexicanos, es una clara señal de alarma para el mejoramiento de las condiciones salariales en el país.

En conclusión, la experiencia de las últimas décadas, no solo en México sino en el resto del mundo, apunta a la realización de la promesa educativa: hoy en día es fácil ver que un mayor nivel de escolaridad se asocia a empleos de mejor calidad, con remuneraciones más altas y en el sector formal de la economía. Sin embargo, para cumplir esta promesa se necesitan esfuerzos que van mucho más allá de la simple provisión de servicios educativos, la obligatoriedad de ciertos niveles de escolarización y la concurrencia de la ciudadanía. Se requiere de políticas salariales que protejan los niveles de ingreso de la fuerza laboral, no solo estableciendo mínimos salariales sensatos, sino también generando condiciones e incentivos para incrementar de manera sostenida la productividad de todos los ámbitos de la economía —particularmente de las pequeñas y medianas empresas, donde se concentra la mayor parte de la fuerza laboral del país.

El reporte de salarios de la OIT es enfático al señalar que la recuperación salarial es mucho más rápida y sólida en los países en los que el crecimiento económico es más fuerte. En este sentido, buena parte de lo que falta para materializar en el largo plazo la promesa educativa es apuntalar los cimientos para que la economía mexicana crezca a tasas superiores al magro 2.6% al que, en promedio, hemos venido creciendo a lo largo de la última década.

__________

CATALINA DELGADO es consultora del IMCO.

Una respuesta para “La promesa educativa: ¿promesa cumplida?
  1. EFRAÍN MARÍN SÁNCHEZ dice:

    Excelente ensayo (¿o artículo?) de la autora. Felicitaciones y un saludo

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