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No me despido/ Albur de amor
Cultura | Este País | Rubén Bonifaz Nuño | 01.04.2014 | 0 Comentarios

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Gracias a la amable intervención de Vicente Quirarte y al generoso seguimiento de Paloma Guardia Montoya, así como al apoyo de quienes resguardan la obra de Rubén Bonifaz Nuño, publicamos una primera versión de “Albur de amor”, cuyo título original es “No me despido”. Resulta un prodigio atestiguar la minuciosa labor del poeta: los adjetivos, el ritmo, la puntuación misma. Ofrecemos al lector ambas versiones como invitación para adentrarse en su laboratorio de palabras. Apenas una mínima muestra de la enorme valía de uno de nuestros hombres de letras más relevantes.

 

Rubén Bonifaz Nuño

No me despido (1985)

 

Aunque bien sé que no me extrañas,

aunque tengo la razón, me acuerdo:

lo nuestro terminó; te ausentas

por todo lo mal que supe amarte.

 

Ya fui desventurado cuando

estuviste aquí, y en el momento

donde te vas, me desventuro.

La sola ventaja de estar ciego

es no poder mirarte. A ciegas.

 

Ya morir sin arrepentimiento

es mi esperanza, y te lo digo

porque al fin, ahora, te conozco;

que si he pedido muchas cosas,

pude pagar con sobreprecio

las pocas que me fueron dadas.

 

Mientras más mal te portas, mucho

más te voy queriendo, y porque espero

menos, me injurio y te acrecientas.

Así tuvo que ser: de tanto

que te procuré, me aborreciste;

tan sólo pesares te he dejado.

 

Raspaduras de celos, dudas

que no opacaron la certeza

de cuanto en ti me desolaba.

 

Tú, como si nada, te diviertes;

pero entristécete, fastídiate:

si todos sabrán que estoy quemado,

ninguno sabrá que por tus llamas.

 

Vete, pero de veras; pierde

el número atroz de este teléfono,

la dirección que no aprendiste,

aquel corazón apajarado.

 

Igual sigue siendo todo, nadie

hay como tú, por mi fortuna;

pero a nadie como tú he llegado.

 

En el agua escrito y en el viento

quedó el amor perpetuo. Sombras.

Y me quemo, y de mejor violencia

—ay, mamá— te alumbro al apagarme.

 

Ya te conozco, ya obligado

soy a quererte y despreciarme.

Pero no, porque me da vergüenza;

pero sí, porque me estoy muriendo

sin voluntad ni penitencia.

 

Y por todo: porque no quisiste

permanecer, porque me olvidas,

porque me voy al diablo, gracias

te doy. Y por andar de noche. ~

 

Albur de amor (1987)*

3

 

Aunque bien sé que no me extrañas,

aunque tengo la razón, me acuerdo:

el cáncer terminó; te ausentas

por todo lo mal que supe amarte.

 

Ya fui desventurado cuando

estuviste aquí, y en el momento

donde te vas, me desventuro.

La sola ventaja de estar ciego

es acaso no poder mirarte.

 

Ya morir sin arrepentimiento

es mi esperanza, y te lo digo

porque al fin te conozco;

que si he pedido muchas cosas,

pude pagar con sobreprecio

las pocas que me fueron dadas.

 

Mientras más mal te portas, mucho

más te voy queriendo, y porque espero

menos, me injurio y te acrecientas.

Así tuvo que ser: de tanto

que te procuré, me aborreciste;

tan sólo pesares te he dejado.

 

Raspaduras de celos, dudas

que no opacaron la certeza

de cuanto en ti me desolaba.

 

Tú, como si nada, te diviertes;

pero entristécete:

si todos sabrán que estoy quemado,

ninguno sabrá que por tus llamas.

 

Vete como de veras; pierde

el número atroz de este teléfono,

la dirección que no aprendiste,

aquel corazón tan despistado.

 

Igual sigue siendo todo; nadie

hay como tú, por mi fortuna;

pero a nadie como tú he llegado.

 

En el agua escrito y en el viento

quedó el amor perpetuo. Sombras.

Y me quemo, y de mejor violencia

—ay, mamá— te alumbro al apagarme.

 

Ya te conozco, ya obligado

soy a bien quererte y despreciarme.

 

Pero no, porque me da vergüenza;

pero sí, porque me estoy muriendo

sin voluntad ni penitencia.

 

Y por todo: porque no quisiste

permanecer, porque me olvidas,

porque me voy tristeando, gracias

te doy. Y por andar de noche. ~

* Tomado de Rubén Bonifaz Nuño, Versos (1978-1994), Fondo de Cultura Económica, México, 1996. (Letras Mexicanas), pp. 153-154.

 

________

RUBÉN BONIFAZ NUÑO (Córdoba, Veracruz, 1923 – Ciudad de México, 2013) fue poeta, traductor y académico. Especialista en lengua y cultura clásicas, profesor en la UNAM y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, Bonifaz Nuño es el responsable de la traducción de grandes obras clásicas como la Eneida o Las Metamorfosis de Ovidio. En 1974 fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Literatura.

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