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Porno y feminismo
Blog | Sexciudadanía | Enrique Cerón | 18.11.2014 | 0 Comentarios

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El porno ha generado una discusión y división al interior de los movimientos feministas: ¿se trata de un instrumento de dominación del patriarcado o de una vía de liberación de una moral enajenante construida para someter a las personas?

 

Los/as hijos/as del(a) voyeur

En muchas sociedades del mundo antiguo las personas tuvieron un acceso a experiencias como los ritos orgiásticos de carácter sagrado o bien orgías socialmente aceptadas, desnudez pública, entre otras prácticas, que al ser expuestas ante las y los ciudadanas/os de a pie de muchas de nuestras sociedades contemporáneas generan desconcierto, incomodidad, angustia; no sabemos qué hacer con eso, no tenemos herramientas conceptuales para procesarlo y menos aún habilidades al respecto. Lo que tenemos es pudor, es decir, vergüenza de nosotros/as mismos/as.

Existe una gran carga de violencia mezclada con las sexualidades (lo que genera mucha confusión), eso también existía en la antigüedad, así que tampoco debe confundirse con el reino soñado de la libertad, también hubo pueblos y personajes que dedicaron una gran cantidad de esfuerzos y energía a moralizar, predicar o imponer la contención y también existió esclavitud sexual y exclusiones y sometimientos por razones étnicas y de sexo. Con el encumbramiento y expansión del cristianismo, sus narrativas y persecuciones políticas contra el cuerpo y el placer, se acabó la posibilidad del erotismo como vía social de producción de conocimiento y experiencia, el erotismo como percepción sensorial integral. El nuevo foco de atención sería la mirada, acto reflejo de la curiosidad insatisfecha. La nuestra es una cultura voyerista con una fijación en ver sin ser vistos/as. Hasta finales del siglo XX la civilización occidental vivió pendiente del ojo de la cerradura cuya apertura fue modificándose dependiendo de los contextos históricos, geográficos, sociales, económicos y culturales.

Después apareció la videocasetera y, con ella, la pornografía conquistó un lugar en la cultura y la percepción de la sexualidad de las y los occidentales. El regalo anhelado por los/as hijos/as del(a) voyeur un juguete para ver a salvo de la mirada de los demás. Pero lo que venía adelante era incomparable: la red, y con ella la porno cultura.

 

Porno y feminismo

En este contexto es importante revisar algunas de las posturas del feminismo en las últimas décadas, porque responden a las percepciones y posturas éticas y políticas de muchas personas con respecto al cuerpo, el placer, el género, los estereotipos y las dinámicas de las relaciones humanas.

¿Es la pornografía un negocio generador de narrativas y estereotipos que producen y refuerzan la percepción de las mujeres como objetos al servicio de los deseos de los hombres (que actúan como dueños), y que naturalizan, legitiman e invisibilizan la violencia sexual, soportada por un orden social patriarcal? O, acaso, ¿la pornografía es un mecanismo que debe ser apropiado por las y los luchadores por la libertad para reivindicar el derecho a un erotismo igualitario que cuestione la moral del patriarcado y visibilice la gran diversidad de formas de ser humano?

 

Antiporno

En los años ochenta la abogada Catharine MacKinnon y la escritora Andrea Dworkin promovieron una postura abolicionista que incluyó iniciativas legales para prohibir la pornografía en varios estados de Estados Unidos. Sus argumentos centrales señalaban que la pornografía, a través de sus representaciones, promovía la normalización del sometimiento y la violación de las mujeres, para sostener a su costa un negocio de billones de dólares. La escritora australiana Germaine Greer señaló el carácter eminentemente económico de la pornografía y cómo un negocio era incompatible a cualquier intento o búsqueda de liberación.

Por su parte, la exactriz porno Shelley Lubben, a través de su organización Pink Cross Foundation, trabaja para denunciar redes de trata, violaciones reales y violencia de distintos tipos, incluyendo la física —oculta por medio de la edición de los videos—, detrás de la industria porno. La asociación ofrece ayuda emocional y financiera a las trabajadoras y trabajadores de la industria del porno con el objetivo de que cambien su modo de vida. Pink Cross también está involucrada en la lucha contra la pornografía infantil de la que, señala, mantiene lazos estrechos con la industria adulta.

 

Prosexo y postporno

La discusión sobre la pornografía también toca otro punto: el de la libertad de las sexualidades de las personas. Las respuestas a las posiciones antiporno han incluido argumentos a favor de la producción pornografía alternativa a la de los patrones sexistas, pero también a favor de la plena libertad de las personas para expresar y vivir su sexualidad en el rumbo de la autodeterminación, el derecho igualitario entre hombres y mujeres a una satisfacción sexual plena, el derecho a la expresión de la sexualidad libre de toda norma, como lo propone la teoría queer, y la obstrucción a estos principios resultante de una prohibición. No hay liberación para la mujeres si no pasa por la liberación sexual, sostienen muchos de los involucrados.

Las y los creadoras/es, académicas/os, activistas y actrices(ores) del postporno señalan que existe una gran diversidad de producciones, contenidos y propósitos del porno, y que no se le puede encasillar como un todo homogéneo. Propone la aparición de: reflexiones, marcos teóricos, producciones, nuevo métodos de producción, consumo, conexión con los públicos, modificación de contenidos y diversificación de los protagonistas y las situaciones narradas, con respecto al porno tradicional (negado por sus detractoras argumentando que se trata únicamente de variantes que no logran transformar su papel de mecanismo opresor).

La postura del postporno se presenta como una reacción a la pornografía patriarcal y de apertura a la diversidad, cuestionadora de posturas como el clasismo, el racismo, los estereotipos de belleza, el género, la heteronormatividad y homonormatividad y las formas de expresión política.

Otra de las posturas del post frente al porno tradicional es su énfasis en que en sus producciones las y los participantes no son obligados a representar situaciones o estereotipos en los que no están de acuerdo ni a hacer nada que no deseen incluyendo la elección de sus compañeras/os sexuales. También resaltan que se trata de trabajos producto de dinámicas colectivas en las que se muestra un placer real no mecanizado u objetivado.

¿Tú, con qué postura te sientes más indtificada/o?

 

Más información sobre el autor en www.sexologohumanista.com

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