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Recomendaciones y reseñas (noviembre 2014)
Este País | Gerardo Ochoa Sandy y Este País | 03.11.2014 | 0 Comentarios

libro 1

Así empieza lo malo, la novela más reciente de Javier Marías, entraña el desafío intelectual que ya es seña de identidad en la obra del autor. De una inteligencia notable, es una narración que se teje a partir de susurros, de rumores. No se desarrolla en un sentido lineal sino que se desdobla hacia diversos lados, lo mismo vertical que horizontalmente, y se estructura mediante planteamientos abiertos que al lector toca interpretar y acaso también descifrar. La lucidez que caracteriza la prosa de Marías revela ese trabajo de orfebre, minucioso y preciso, que le es habitual, al tiempo que el escritor de gran talla e indiscutible madurez en que se ha convertido brilla con especial intensidad. La justicia, el deseo, el rencor y el perdón son solo algunos de los temas que laten a ritmo pausado en esta obra maestra.

Redacción Este País

libro 2

Haroldo Dilla Alfonso sabe mejor que nadie que vivir o haber vivido en una ciudad no te capacita para escribir un libro sobre ella. Por eso, en cada detalle de esta crónica sobre la vida cotidiana en cuatro ciudades caribeñas —La Habana, San Juan, Santo Domingo y, en menor medida, Miami—, avanza con la prisa de quien ha comprendido que la clave para entender las circunstancias presentes de las comunidades humanas y su porvenir está en el pasado. El primer contacto de Occidente con este lado del Atlántico ocurrió en esos lugares. Ahí empezó todo. Después, y durante mucho tiempo, el Caribe fue la puerta de entrada y salida de personas, mercancías e ideas que le dieron a América su forma actual pero que, a su paso, dejaron desorden y confusión: una mezcla de celos, virtudes, costumbres, resentimientos.

Con gran oficio sociológico, Dilla Alfonso toma por asalto el destino de la región y lo pone en las manos de las nuevas generaciones intelectuales caribeñas. El hecho de que Cuba, por ejemplo, no abriera su economía durante el auge del capitalismo, como lo hicieron otras naciones latinoamericanas, la dota de la oportunidad única de aprender de la experiencia ajena. No lo dice pero está implícito: Dilla Alfonso no es pesimista ni optimista; imagina simplemente un proyecto de desarrollo urbano inteligente que no niega, renuncia o se opone a las circunstancias sino que las aprovecha para reinventarse.

Redacción Este País

libro 3

La función social de la historia, de Enrique Florescano, es un libro que amerita convertirse en una lectura básica dentro de los programas de estudio de educación media superior. Tal certeza no implica que nos encontremos ante un manual o un libro de divulgación en la materia. Por el contrario, la obra revela desde sus inicios un pormenorizado empeño documental, una ponderada reflexión y un exigente talante conceptual. El itinerario congrega a autores mexicanos y de otras culturas, despliega un alud de problemáticas asociadas al tema central y se ocupa de las facetas más variadas y sutiles.

No obstante, acaso por ese don de la claridad en la exposición que posee el autor, las más laberínticas disquisiciones parecen asuntos de nuestra competencia individual y numerosas aseveraciones se nos aparecen como si fuesen las propias. Estas cualidades constatan su perseverancia para devolverle a la palabra su función original como arte de la conversación. El universitario y el humanista, el especialista en historia y el lector en general, naturalmente, gozarán también del trayecto.

“Quisiera que un día escribiera sobre lo que nos acaba de hablar, porque mis tías y mis abuelos también me contaron historias semejantes y ahora yo quisiera contárselas a mis nietos, pero las he olvidado”, le dice doña Marcela Montaño al historiador, luego de una charla sobre el tema que ofreció en Chilpancingo, en diciembre de 2010. Para entonces, Enrique Florescano ya había iniciado la escritura del manuscrito, que concluiría después.

En la primera parte y entre otros asuntos, Florescano encamina nuestra atención hacia la función social de la historia en la construcción de nuestra idea de identidad, que debe sustentarse tanto en la pluralidad de las voces y perspectivas como en el acercamiento a los otros, “extraños y remotos”, actitud a la que llama con pulcritud “ese oficio de la comprensión”, pues así nos damos cuenta de que vivimos en distintos espacios y tiempos históricos. Sea tribunal o maestra de la vida, asienta el historiador, la historia ha contribuido a nuestra actitud crítica para el entendimiento de la actualidad. Las vicisitudes del oficio, desde el registro de los anticuarios a la ars historica, así como las prácticas gremiales, institucionales y burocráticas por las que atraviesa la vida del estudioso, ameritan igualmente su atención, pues dejan constancia de su influencia en el cumplimiento de la función social del oficio.

En la segunda parte, Florescano coloca las guías acerca de la construcción historiográfica en cuanto tal, que son de gran valía para el aficionado a la lectura de temas históricos y para el profesional: la narrativa oral y la memoria escrita, el mito, el rito y la historia, la memoria colectiva, los entrecruzamientos entre la historia y la ficción. El autor también se ocupa de los desafíos y limitaciones en la realización de la vocación. Entre ellos, uno crucial, que aqueja no solo a México: “[…] en los programas académicos, en las instituciones dedicadas a la investigación y la formación de las nuevas generaciones y en los medios de información, el pasado ocupa un espacio cada vez más reducido, esquemático y banalizado. El presente, por el contrario, llena la mayor parte de los espacios educativos, científicos, técnicos, informativos y propagandísticos que forman la conciencia ciudadana y la opinión pública. Vivimos un presentismo globalizado […]”.

En estos momentos aciagos que vive México, cuando el mal asedia nuestras circunstancias cotidianas y los jinetes del crimen galopan por doquier, lo levantado con gallardía por mexicanos honestos a lo largo de dos siglos de vida independiente parece tan frágil. La función social de la historia nos ayudaría a acercarnos otra vez a nuestro pasado, para que repasemos las enseñanzas que nos ha dado, y que tal pareciera hemos olvidado.

Gerardo Ochoa Sandy

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