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Testimonio fiel
Cultura | Este País | Galaxia Gutenberg | Hernán Lara Zavala | 01.04.2014 | 0 Comentarios

Silvia Lemus,

Tratos y retratos,

FCE, México, 2013.

 

Tratos y retratos, la selección de entrevistas de Silvia Lemus recién publicada por el Fondo de Cultura Económica, es un libro excepcional cuando menos en tres niveles:

1. Por la estatura, las nacionalidades y la diversidad de todos los autores elegidos y por la luz que cada entrevista arroja sobre sus vidas, sus personalidades y por los secretos del oficio que cada uno de ellos revela durante la entrevista.

2. Por el aspecto literario, histórico, social y político de grandes autores —García Márquez, Gunther Grass, Toni Morrison, Arthur Miller, Derek Walkott y Carlos Fuentes— así como de historiadores, estadistas y políticos como John Elliot, Eric Hobsbawm, John Kenneth Galbraith, Felipe González, Arthur Schlezinger y el propio Jorge Semprún, que se encuentra a caballo entre la literatura y la política.

3. Porque nos brinda la oportunidad única y extraordinaria de que la pareja Fuentes-Lemus nos haya permitido asomarnos a la vida, los anhelos, inquietudes y anécdotas de sus distinguidos amigos lo cual, sin su influencia, hubiera sido imposible de lograr y menos aún de reunirlos a todos ellos en un solo volumen.

Por lo mismo me atrevería a afirmar que Tratos y retratos ocupa un lugar privilegiado entre los muchos libros de entrevistas, acaso junto al Oficio de escritor, la famosa recopilación que se hizo a partir del Paris Review y que tanto nos iluminaron y de las que nos nutrimos tantos y de las que tanto aprendimos. Algunos de los personajes de Tratos y retratos han desaparecido ya o no gozan de cabal salud, así que en estas entrevistas quedó grabado todo un testimonio intelectual destinado a la posteridad.

El libro es el resultado de la transcripción de algunas de las muchas entrevistas televisivas que Silvia Lemus ha hecho a lo largo de su extensa carrera periodística. Pero hay que reconocer que el haber puesto en blanco y negro lo que antes era imagen y diálogo resulta particularmente valioso sobre todo para aquellos que amamos los libros sin menoscabo de la televisión por lo accesible y práctico de tener reunidas a tantas personalidades en un solo volumen y, para colmo, de manera contundente e inmediata.

Los perfiles que Silvia Lemus elabora al inicio de cada una de las entrevistas son textos sintéticos y muy objetivos y nos indican cuándo los Fuentes conocieron a los personajes, dónde y en qué ciudad se realizó la entrevista gracias a ese vertiginoso don de la ubicuidad que solo una pareja de las dimensiones de Carlos y Silvia fue capaz de lograr. La autora y entrevistadora posee el enorme mérito de limitarse a hacer preguntas breves, concisas, puntuales, que permiten que los entrevistados se explayen y hagan gala de su palabra. Silvia posee el don de saber qué tanto decir y qué tanto callar. Sabe que, como los árbitros en el futbol, la mejor entrevistadora es la que menos se nota.

Todo esto hace que el libro resulte ameno, profundo, esclarecedor y hasta divertido pues muestra toda una galería de personajes de tan variados y complejos oficios como son los escritores, historiadores, estadistas, políticos y también una actriz, Jean Moreau (curiosamente la única motivada por Carlos hijo y Natasha que la reconocieron de casualidad en un hotel de Nueva York).

No obstante, algunas entrevistas llamaron particularmente mi atención: empiezo con las de los historiadores y políticos que creo le harán mucho bien al público lector mexicano: la brillante entrevista con John Elliot, pues clarifica, desde la fría mirada inglesa y a través de lo que él llama “la historia comparada”, la diferencia entre el imperio español y el imperio inglés, lo cual no es poca cosa y donde México desempeña un papel preponderante: “[Hernán Cortés] era un estratega realmente brillante, era un político extremadamente astuto y era un gran líder. Él fue el hombre que verdaderamente fundó el México posterior a la conquista”. De manera similar, en la entrevista con Eric Hobsbawm, el historiador elabora un original e interesante análisis sobre el significado cultural e histórico del siglo XIX y del siglo XX: “Sabemos que 1914 fue el final de una era, yo la llamo el final del siglo XIX […]. Elegí 1991 como mi fecha final [del siglo xx] exclusivamente porque es el fin formal de la Unión Soviética”. Felipe González habla, entre otros temas, sobre su visión de México: “Ver la cara de estupefacción de Clinton en el Museo de Antropología, este hombre entra y ve eso y después se va a ver alguno de los grandes monumentos de este país y se dice: ‘Aquí bajo mis pies hay una cantidad de historia tremenda’. Como todas las historias, contradictoria, pero hay una cantidad de historia y de belleza”. Semprún habla sobre sus andanzas clandestinas y literarias durante la Guerra Civil española y sobre su trabajo literario pero habla también de la relación entre España y México: “Esa relación íntima con la muerte —no sé si está bien o mal, si es un pecado o una virtud, si es algo positivo o negativo— os viene en parte de esa tradición española. Pero México la ha desarrollado con una autonomía, con una riqueza y con una frescura, en todo el sentido de la palabra, extraordinarias. Es un acuerdo que podemos compartir”.

Evidentemente las entrevistas que más me entusiasmaron fueron las de los escritores: la de la presuntamente pedante Susan Sontag que, cuando conoció a Carlos Fuentes, le preguntó qué opinaba de las tesis de Fauerbach, me asombró por su sinceridad, su claridad y hasta su sencillez. Yo consideraba a Sontag fundamentalmente una ensayista demasiado intelectual para ser novelista pero ella hace una muy digna explicación de su anhelo de escribir ficción y renuncia al ensayo a favor de su novela El amante del volcán (“La ficción ha sido siempre mi gran amor”), caso que contrasta con el de Julian Barnes que es un novelista que en esencia escribe como ensayista tal y como lo prueba El loro de Flaubert. Me gustaron también las entrevistas a William Styron y la de Toni Morrison, cada uno defensor de las causas populares de Norteamérica, solo que uno desde la postura del blanco sureño progresista y la otra de la mujer de color feminista y emancipada. Interesantes resultan también las de Gunther Grass que, como Hemingway, escribe de pie y que cultiva la pintura y la escultura en paralelo a su oficio literario, y que define Berlin Alexanderplatz, de Alfred Döblin, como su novela modelo. Lugar especial en el libro tiene Gabriel García Márquez —ya premio Nobel— que se negaba a conceder entrevistas pero que hizo una excepción con Silvia en la cual se explaya, con su tradicional desparpajo y simpatía, sobre la génesis e inspiración de su novela El amor en los tiempos del cólera. Ahí Silvia se las ingenia para “sacarle la sopa” a su amigo el Gabo, quien confiesa que en su obra “las mujeres son el centro del mundo y las que mantienen la especie”. Y hablando de los amores de los hombres mayores, García Márquez afirma: “Si a mí, a los sesenta y cinco años me gusta una chica de diecisiete años, ¿qué tiene de reprochable, si a mis hijos que tienen veinte, veinticinco años, también les gusta? Y a ellos no les dicen ‘jóvenes verdes’. Yo creo que el amor es en todo tiempo […]. Y siempre ha habido amores de los viejos, pero era una vergüenza que un viejo tuviera amores. No, señor. ¡Viva el amor!”. Una verdadera pieza de antología.

Aunque la cereza del pastel, sin duda, es la entrevista con la que Silvia cierra el libro, la que le hace a su propio marido y acaso la mejor y más espontánea entrevista que se le hiciera jamás a Fuentes. En su introducción, Silvia dice de él: “Siempre sorprendía por lo que decía. Tuvo una vida de privilegio. Él mismo era su privilegio”. Y, efectivamente, cuando leemos las opiniones de Fuentes lo estamos escuchando en toda su brillantez, en su originalidad y sapiencia. En la entrevista, Fuentes y Lemus hablan sobre la gestación de La región más transparente (1958) y Silvia le recuerda: “Has dicho que en México todos los tiempos están vivos, todos los pasados son presentes”. Lo cual él aprovecha para rememorar su época de estudiante cuando cruzaba a pie el zócalo e imaginaba que sus pies iban caminando sobre lo que fue la gran Tenochtitlán y se decía: “Aquí debajo estaba el muro de serpientes del zompantle, aquí estaba el templo de Huitzilopochtli, aquí estaba el Palacio de Moctezuma. Y nunca los volveré a ver”. Y tiempo después, en 1978, Eduardo Matos descubrió la Coyolxauhqui. Añade Fuentes: “Entonces tenía muchas pretensiones y al mismo tiempo coexistía con un mundo mágico, extraño, escondido…”. Ambos conversan (ese es el verbo) sobre buena parte de la obra de Fuentes (La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Aura y Terra Nostra) y sobre las complejidades y bondades de la escritura dejándonos ver los orígenes y claves de sus obras. Fuentes alude también a la amistad de la que dice no sin dolor: “Yo he tratado de mantener la amistad con la mayor cantidad de gente que he podido, pero a veces aun eso es difícil”. Y, en el curso de la entrevista, se cuela un momento conmovedor en el que surge entre ambos una duda o desacuerdo sobre algún tópico y Carlos le contesta amorosamente a Silvia: “Tú eres la alcancía de la memoria. Tú recuerdas más cosas de las que yo recuerdo”. Es casi como si los estuviéramos escuchando durante una conversación íntima de pareja y eso se realza aún más en la entrevista televisiva, pues ahí los observamos físicamente en uno de sus mejores momentos, al final del cual Carlos le entrega a Silvia, su entrevistadora, los bocetos que dibujó mientras dialogaban.

En fin, Tratos y retratos es un libro que no tiene desperdicio. Es una obra escrita para el tiempo, para la memoria, un testimonio fiel de veinticuatro grandes personalidades del mundo intelectual que bien vale la pena leer y releer. Este libro es también un acto de justicia poética a la labor periodística de Silvia Lemus que mucho se refleja en la mirada que ostenta en la fotografía de la cuarta de forros: inquisitiva, seductora, escudriñadora, clara, azul y misteriosa, que forma parte de una de sus grandes dotes: la de entrevistadora que ha dejado un gran legado a la cultura. ~

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HERNÁN LARA ZAVALA (Ciudad de México, 1946) es novelista, cuentista, ensayista y editor. Estudió la licenciatura en Letras Inglesas y la maestría en Letras Españolas en la UNAM, hizo estudios de posgrado en la Universidad de East Anglia, en Inglaterra. Autor de Península, península (Alfaguara, 2008), obra por la que recibió los premios Elena Poniatowska en 2009 y el de la Real Academia Española en 2010.

 

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