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Brasil, tiempos interesantes
Este País | Maria Alzira Brum | 01.02.2015 | 1 Comentario

©iStockphoto.com/IfH85

En un país donde la desigualdad sigue siendo un problema mayor, la nueva configuración del Poder Legislativo, donde los intereses corporativos tienen una presencia inusual, preocupa. Alzira analiza el presente de Brasil desde esta perspectiva.

Si bien perdió la presidencia, que sigue en manos de Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), la oposición logró ampliar en las elecciones realizadas en octubre pasado su espacio en el Senado y la Cámara Federal. Llama la atención su nueva configuración. A partir del 1 de febrero, cuando los 513 diputados y 81 senadores elegidos asuman sus cargos, Brasil tendrá, según Antônio Augusto Queiroz, director del Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP), el parlamento más conservador desde 1964, cuando un golpe militar instauró la dictadura que duró hasta 1985.

Los datos lo confirman. Los grandes grupos económicos ampliaron su participación. Creció el número de representantes ligados a los bancos, y más de la mitad de la nueva Cámara está formada por millonarios. Una de las bancadas más expresivas del Legislativo es la “ruralista”; representante del sector agropecuario, pasa de 205 a 273 senadores y diputados. También crecieron la “bancada de la bala”, impulsada por militares, policías y el lobby de la industria armamentista (de 44 senadores y diputados a 55), y la “bancada evangélica”, formada por miembros de las iglesias de esta denominación (de 77 a 82), apoyados en sus 25 millones de seguidores. Algunos de los líderes y principales figuras públicas de estos grupos estuvieron entre los más votados del país.

Estos parlamentarios se eligieron, en su mayoría, en oposición al Gobierno del PT y con plataformas específicas de combate a los derechos conquistados en el periodo democrático. La prioridad de los ruralistas es aprobar la propuesta de enmienda constitucional (PEC) 215/2000, que transfiere al Legislativo la decisión sobre la demarcación de las tierras indígenas. La bancada de la bala defiende leyes más rígidas para la punición de crímenes, la reducción de la mayoridad penal y la revisión del Estatuto del Desarme. La bancada evangélica se destaca por sus posiciones contrarias a la ampliación del derecho al aborto, a la unión homoafectiva y a la legalización de la mariguana.

Para todos estos temas, actúan en consonancia en el plenario y en sus pronunciamientos públicos. El diputado ruralista Luiz Claudio Heinz (Partido Progresista-RS) dijo que la Casa Civil del Gobierno alojaba “quilombolas [comunidades de descendientes de esclavos], homosexuales, lesbianas, todo lo que no sirve”. El militar retirado Jair Bolsonaro (Partido Progresista, PP), que está en su séptimo mandato, se ha destacado por sus embates en la Comisión de Derechos Humanos y Minorías de la Cámara, y por su defensa de la dictadura militar. El pastor Marcos Feliciano, reelecto como diputado del distrito de São Paulo (Partido Social Cristiano, PSC), como todos los mencionados, difunde declaraciones claramente homofóbicas.

Por otra parte, pese a los avances obtenidos en los últimos años, el número de diputados ligados a las causas sociales cayó. El frente sindical pasó de 83 a 46 representantes. No se eligió a ningún indígena. La participación de las mujeres, aunque aumentó numéricamente, no acompañó la ampliación de los espacios conquistados por estas en la sociedad brasileña: se eligieron 45 diputadas y 8 senadoras, en su mayoría esposas e hijas de políticos importantes.

Los dos principales candidatos presidenciales de la oposición, Aécio Neves, de la coalición encabezada por el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), que disputó la segunda vuelta, y Marina Silva, de la coalición encabezada por el Partido Socialista Brasileño (PSB), trataron de distanciarse, el primero con menos éxito, de este discurso rabioso. Neves llegó a afirmar que “a la derecha no me empujen, que no voy”. Silva, miembro de la Iglesia evangélica Asamblea de Dios y con trayectoria en el ambientalismo y el PT, se presentaba como representante de la “nueva política” y como una especie de paladina de la moral.

Sin entrar en el análisis de sus programas -—coincidentes, por ejemplo, en lo que respecta a la ampliación del espacio privado—, interesa aquí el discurso que utilizaron, sus orígenes y su presencia en el tejido social brasileño, y su complementariedad con la “ola conservadora” a partir de tres puntos relacionados: el elitismo, el fundamentalismo y la idea de renovación o cambio total como respuesta a una “crisis general”.

Este discurso se caracterizó por señalar, más o menos explícitamente, la corrupción y la supuesta ineficiencia de la gestión de los servicios públicos, la incapacidad de los favorecidos por las políticas sociales para decidir y la necesidad de un “cambio total” en el sentido de “moralizar el país”, cuyas instituciones estarían secuestradas por un grupo. Neves sigue utilizando la estrategia de descalificar a las instituciones. Pasadas las elecciones, solicitó la revisión de los números, afirmó que perdió ante “una banda criminal” y anima los comentarios que inculpan al Gobierno por las denuncias de corrupción en proceso de investigación.

Mientras los candidatos a la presidencia manejaban este discurso, una parte significativa de sus simpatizantes y electores difundían consignas de odio, acusaciones, expresiones elitistas, racistas y homofóbicas en todos los medios, y lo siguen haciendo. Bajo este influjo, se han realizado recientemente manifestaciones pidiendo el impeachment de la presidenta y la intervención de los militares.

*

A veces con dobles sentidos o afirmaciones seguidas de desmentidos, tanto Neves como Silva alentaron a los ciudadanos insatisfechos con el Gobierno del PT, pero principalmente con la democracia. Y lo hicieron utilizando ideas que pueden ser rastreadas por lo menos hasta los orígenes de la Modernidad, entre los siglos XVI y XVII, y a través de los procesos de formación de la nación y el Estado brasileños.

Luego de las elecciones, el senador Agripino Maia, coordinador de la campaña de Neves, declaró, reflejando un pensamiento ampliamente difundido en el proceso electoral, que “el país salía dividido de las elecciones” y que “en la mayoría de los estados del suroeste, y en el centro-oeste, es decir, en el Brasil moderno, en el Brasil que produce, la victoria de Aécio Neves fue abrumadora” (las cursivas son mías).

Los números de las urnas no apoyan esta afirmación. Rousseff ganó en dos estados del suroeste: Minas Gerais, donde gobernaba el PSDB y tierra de Aécio Neves, y Río de Janeiro. Tampoco lo hacen los datos económicos. Según el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE), en los últimos años ha disminuido la desigualdad regional.

La afirmación de Maia no viene de los datos y sí de una creencia que, enraizada desde la colonia, atraviesa el tejido social brasileño. La creencia, derivada de la geografía colonial, en la existencia de “dos países”, uno “civilizado”, primeramente la costa y luego el sur-suroeste, “rico, blanco, desarrollado”, y otro “pobre, salvaje, atrasado, mestizo”. Esta idea fue retomada de las teorías racistas del siglo XIX, que a su vez influyeron en el proceso de formación del Brasil republicano y moderno. La explicación de las élites sobre las diferencias y desigualdades sociales era “la naturaleza”.

Ampliamente utilizada por la izquierda durante los años de la dictadura, y reproducida en la literatura y el cine, la imagen de los brasileños pobres, negros, nordestinos, mestizos, como “corral electoral”, como masa de maniobra y objeto de compra de votos, ha sido retomada ahora por la derecha. Mientras la parte “rabiosa” de la oposición difundía propuestas como la de retirar el derecho de voto a los beneficiados por las políticas sociales o insultaba a los “nordestinos”, Neves proponía la transformación del programa Bolsa Familia en ley bajo el argumento de que no pudiera ser utilizado con fines electorales.

Está clara la idea que anima estas propuestas: las masas no son capaces de decidir. Refleja el rechazo conservador a los cambios en la nación en los últimos años, resultado de luchas y políticas públicas; una reacción al ingreso en la escena política de sectores tradicionalmente relegados, como los negros, las mujeres, los homosexuales, los pobres, los indígenas. Se trata de defender lo nacional, o un significado tradicional de la nación como propiedad de las élites: la nación es blanca, conservadora, patriarcal, elitista, rica, “moderna”, “productiva”. Según esta lógica, la diversidad solo puede ser entendida como problema, como objeto —de estudio o de caridad— nunca como sujeto.

Este discurso es coherente en el caso de Neves, quien es blanco, proviene de una familia tradicional y representa claramente los valores más estimados por las élites brasileñas. ¿Pero cómo cobra sentido en Marina Silva, una mujer negra de familia humilde y con origen político en la izquierda?

La base del discurso de Silva ha sido ponerse a sí misma como respuesta a la necesidad de una “nueva política”. El concepto de nuevo puede reconocerse en los orígenes de la Modernidad entre los siglos XVI y XVII en Europa, cuando, como respuesta a la idea de crisis, surgieron nuevas maneras de pensar la naturaleza y la divinidad. De ahí salen el pensamiento moderno científico y las sectas y grupos a partir de los cuales se desarrollaría más tarde el fundamentalismo religioso, especialmente en Estados Unidos.

La Iglesia de Silva, Asamblea de Dios, empezó con una misión estadounidense que llegó a Brasil a finales del siglo XIX. Durante el siglo XX se estableció como Iglesia y pasó de ser una misión de evangelización a intervenir activamente en la política, lanzando y apoyando candidatos. Según uno de sus dirigentes, “solo los elegidos de Dios deben ocupar los puestos clave de la nación”. Como observa Daniel Rocha, estudioso del tema, “es difícil para la secta imaginar otro papel político para sí misma. Ella siempre se vio como moralmente superior. Por lo tanto, con respecto al poder civil, tiene dificultades para integrarse en un plano de igualdad con los demás participantes; solo admiten ser marginados o ser cabeza”.

Los desmentidos y confusiones de Silva con relación a su programa y su victimización frente a las críticas de los adversarios en el proceso electoral reflejan, más que una desorientación, la creencia de que su personaje y autoridad moral encarnaban el cambio y lo nuevo.

Esta postura no es patrimonio de la derecha ni nació de las relaciones de Silva con la Asamblea de Dios, los bancos norteamericanos o las ONG ambientalistas. En los orígenes del PT, de los movimientos populares y de trabajadores del campo y la ciudad, tuvo mucha fuerza en los setenta y ochenta la teología de la liberación, un movimiento de renovación de la Iglesia católica. El discurso de reserva moral fue durante mucho tiempo común en la izquierda brasileña. En él, más que agentes de transformación política, los “de abajo” aparecían no pocas veces como “elegidos”.

Así, como respuesta a los problemas, Silva proponía un Gobierno de los “hombres de bien”, independiente de partidos; se apoyaba asimismo en la tesis ampliamente difundida de Brasil como un país cordial y mestizo en el que no hay conflictos. Según Silva, “el problema de Brasil no es su élite, es la falta de una élite. La élite no es la que tiene dinero. Guilherme [Leal, dueño de la industria de cosméticos Natura, que apoyó su candidatura] es parte de la élite, pero Davi Yanomami también; Neca [Setúbal, coordinadora de su campaña y heredera del Banco Itaú, el más grande de América Latina] puede ser parte de la élite, pero Chico Mendes también hacía parte de la élite”.

*

Hay quienes afirman que la emergencia de la ola conservadora ha sido resultado directo de las protestas de junio de 2014. Esta afirmación es, sin embargo, solo en parte correcta. Tanto la izquierda como la derecha animaron directamente las protestas. Estas empezaron con manifestaciones contra el aumento a las tarifas de los transportes colectivos en las que hubo episodios de confrontación y violencia por parte de las policías estatales. Se sumó entonces la consigna de la desmilitarización de las policías, y luego se agregaron otras, como la ampliación de los derechos, contra la realización del Mundial, contra la FIFA, contra la corrupción, contra el Gobierno.

Lo que ocurre es que, como varios gobiernos municipales dieron marcha atrás en la decisión de aumentar las tarifas, esta primera consigna se vació. Las protestas sin embargo siguieron, en un ánimo de contrariedad e inconformismo con “todo lo que está ahí”. Y esto reforzó las posiciones no solo contra el Gobierno sino también contra la democracia.

Las protestas impulsaron a Rousseff y al PT hacia la reforma política y a proponer medidas más amplias de participación popular. Impulsaron asimismo los discursos que usarían durante la campaña tanto la extrema izquierda como Marina Silva, Aécio Neves y la derecha conservadora: ya no se trataba de hacer oposición al Gobierno, sino a todo el sistema, considerado ineficiente, corrupto, secuestrado, podrido. Ya no se trataba de cambiar a la presidenta, los gobernadores y los parlamentarios, sino de una crítica al sistema democrático como un todo, considerado parte y expresión de una “crisis general”.

*

“¡Ojalá vivas tiempos interesantes!”, dice el conocido refrán chino. Se trata asimismo de una maldición sobre lo que sentimos delante de los desafíos históricos, sobre el embate constante de las contingencias y la complejidad.

Vivimos tiempos interesantes. En el caso de Brasil, la democracia burguesa del PT, centrada en el desarrollo económico y las políticas sociales, obtuvo grandes éxitos, expresados en mejoras notables en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y de otras formas. Asimismo, evidenció los conflictos y diferencias que persisten entre clases, etnias, sectores económicos y religiosos. Sin embargo, la democracia no puede ofrecer una respuesta a una crisis entendida como “general” a costa de dejar de serlo. La democracia es débil, y en esto parece estar, al menos por ahora, su fortaleza. 

Bibliografía

Brum, Maria Alzira, O doutor e o jagunço: Ciência, cultura e mestiçagem em Os Sertões, Arte & Ciência, São Paulo, 2000.

Hill, Christopher, El mundo trastornado: El ideario popular extremista de la Revolución inglesa del siglo XVII, Siglo XXI, Madrid, 1998.

Rocha, Daniel, “Uma cultura política milenarista? Apontamentos sobre a relação entre escatologia e práxis política no pentecostalismo brasileiro”, en Anais dos Simpósios da ABHR, vol. 12, 2011 <http://www.abhr.org.br/plura/ojs/index.php/anais/article/view/83>.

Lucena, Eleonora de, “Nova direita surgiu após junho, diz filósofo” en Folha de S.Paulo, 31 de octubre de 2014  <http://www1.folha.uol.com.br/poder/2014/10/1541085-nova-direita-surgiu-apos-junho-diz-filosofo.shtml?cmpid=%22facefolha%22>.

Lima, Maria Lima, Lydia Medeiros y Silvia Fonseca, “Aécio Neves: ‘Para a direita não adianta me empurrar que eu não vou’” en O Globo, 9 de noviembre de 2014 <http://oglobo.globo.com/brasil/aecio-neves-para-direita-nao-adianta-me-empurrar-que-eu-nao-vou-14512157>.

Departamento Intersindical de Assessoria Parlamentar <http://www.diap.org.br/>.

Atlas do Desenvolvimento Humano no Brasil <http://www.atlasbrasil.org.br/2013/>.

_______

MARIA ALZIRA BRUM es escritora. Nació en Brasil y vive en México. Doctora en Comunicación y Semiótica, ha publicado, entre otras obras, el ensayo O doutor e o jagunço: Ciencia, cultura e mestiçagem em Os Sertões (Arte & Ciência, São Paulo, 2000) y la novela La Orden Secreta de los Ornitorrincos (Aldus-Universidad Veracruzana, México, 2014).

Una respuesta para “Brasil, tiempos interesantes
  1. beatris dice:

    Muito bom o texto! creio q desnuda e muito a cara politica do meu país!

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