Domingo, 25 Agosto 2019
Artículos relacionados
El peso de la religiosidad en la identidad nacional
Creer En México | Este País | Renée de la Torre y Cristina Gutiérrez Zúñiga | 01.03.2015 | 0 Comentarios

©iStockphoto.com/cienpies

“Creer en México” no habla de que los mexicanos tengan fe en su país, sino todo lo contrario: muestra la incredulidad en sus instituciones, en sus valores patrióticos y en sus formas de participación civil. “Creer en México” busca retratar el perfil de los mexicanos a partir de sus preferencias y adhesiones religiosas. En el fondo, apuesta por sostener que los contenidos de las congregaciones religiosas y las maneras de adherirse a ellas son fundamentales para delinear los diferentes rostros civiles de los mexicanos. Los resultados de esta encuesta dan cuenta de que la religión (o mejor dicho las religiones) sigue moldeando las percepciones, actitudes, juicios de valor y la predisposición para actuar de tal o cual manera, sea en la comunidad religiosa o en la sociedad más amplia. Creer, entonces, se traduce en una disposición a estar y actuar en sociedad. RT y CGZ

Pixeles para recomponer los rostros

de las religiones en México

La Encuesta Nacional de Cultura y Práctica Religiosa “Creer en México” ofrece, desde una óptica particular, una perspectiva panorámica de lo que distingue a los mexicanos. Efectivamente, es la encuesta sobre religión con mayor tamaño de muestra que se haya realizado en nuestro país, tanto por analistas e instituciones mexicanos como por empresas internacionales de encuestas, aunque, debido a la complejidad que ella misma ayuda a vislumbrar, pueda parecer limitada, por ejemplo en cuanto al acceso a datos locales o perspectivas particulares de la diversidad religiosa. Decimos que es la más grande porque, en efecto, existen otras encuestas que comparten el objetivo de conocer el rostro de México a través de la religión o las religiones. Cada una presenta datos valiosos que responden a diferentes enfoques y preocupaciones que constituyen el lugar desde el que se interroga a la realidad. Desde esos lugares, que a veces no se explicitan, se delimita qué preguntar, a quiénes preguntar y cómo preguntar. Ello hace que cada encuesta ofrezca resultados variados, lo cual no quiere decir que una sea más acertada o veraz que la otra, pero sí que todas son componentes importantes para armar el rostro multifacético de los creyentes a la mexicana.

En este breve escrito nos interesa revisar las aportaciones diferenciales que estas distintas encuestas nos ofrecen en la vital tarea de construir un diagnóstico de las religiones en la sociedad mexicana, con especial atención en esta magna encuesta, que contempla las distintas dimensiones sociorreligiosas, como creencias, prácticas, instituciones, relación con el marco legal, influencia pública, áreas de conflicto o tensión y experiencia de convivencia plural. Asimismo, a la luz de las aportaciones de estos trabajos, nos interesa señalar los retos que aún quedan pendientes para alcanzar este objetivo.

Las anteriores entregas de esta columna, por parte de distinguidos analistas como Federico Reyes Heroles y Ricardo Pozas Horcasitas, han puesto el dedo en el renglón en cuanto a la originalidad y dimensión sin precedentes de este trabajo (que no la falta de antecedentes, ya que se beneficia de lo aprendido con la Encuesta de Valores y Actitudes de los Católicos 2006 y la Encuesta de Parroquias 2009) y han comentado con razón cómo a partir de la publicación de este trabajo resulta insostenible ignorar la dimensión religiosa —y, dentro de ella, a la Iglesia católica y a los católicos— en cualquier análisis completo de la dinámica social y política de nuestro país, y en cualquier discusión de estrategias y proyectos para su futuro. Han señalado también el interesante enfoque comparativo de esta encuesta, que permite poner de relieve los rasgos de los grupos no católicos del país en lo que se refiere a su participación social, actividad y compromiso con su comunidad religiosa, y menor permisividad moral.

A este respecto, podríamos ahondar en el análisis que ofrece esta nueva fuente: si bien los datos de pertenencia religiosa difieren de los resultados del Censo —estadísticamente más sólidos— en cifras no despreciables (por ejemplo, el Censo reporta un 5% de personas sin religión, contra el 14% de quienes dicen no pertenecer a religión o Iglesia alguna en esta encuesta, lo cual no quiere decir que no sean religiosos, sino que rechazan la adhesión institucional; recordemos que un signo del creyente contemporáneo es que puede ser un “creyente sin Iglesia”, ya sea porque es un “buscador espiritual” o porque su propia doctrina le aconseja seguir el camino de Cristo más no el de una Iglesia), esta misma proporción muestral es la que permite mayor fortaleza en la comparación de las submuestras “católica” y “no católica”, por un lado, y una exploración sin precedentes de la submuestra de “sin religión” y de “ateos”, grupos que en otros estudios han resultado tan pequeños que resulta imposible su exploración o comparación consistente.

Respecto a este último, más allá del enfoque de las baterías de preguntas aplicadas a todos los no católicos —que no deja de tener una perspectiva catolicocéntrica al concebir la conversión de manera similar a un riesgo—, podemos observar que el hecho de que no crean no responde a alguna influencia particular, pues cerca del 70% nunca creyó. Considerando que los que dicen no tener ninguna religión son el grupo censal que invariablemente ha crecido durante las últimas seis décadas, y que en la última pasó de 3.5 a 5% de la población, podemos afirmar que esta es la opción de adscripción religiosa no católica más importante en nuestro país hoy, por lo que resulta evidente la necesidad de observarla en sí misma, como parte del rostro de la religión en México.

La mayoría de las preguntas buscan saber la opinión (percepciones) y actitudes que los creyentes tienen sobre diferentes aspectos religiosos, cívicos y políticos, y algunas buscan documentar las prácticas y actividades de los creyentes. Este es un punto relevante que nos permite conocer mejor en qué creen, cómo califican a sus iglesias y cómo participan en la vida religiosa y social los creyentes.

Según los datos arrojados por la encuesta, la mayoría de los mexicanos cree en Dios (90%), aunque muy pocos parecen tener “temor de Dios” —es más un ser superior (50%), amoroso (27%) y creador (13%) que justiciero (4%) y castigador (2%). Con lo cual podemos pensar que la religión no inspira más “el temor de Dios” que pareciera poner freno a los impulsos de lo mundano. De hecho, tampoco los creyentes están esperando que una vida recta y virtuosa garantice la recompensa en el más allá (solo 37% cree que existe vida después de la muerte). Por otra parte, la fe tampoco parece nutrirse de lo escrito en las Sagradas Escrituras (si acaso, leen una vez al año la Biblia).

Lo que parece sostener a la religión es la práctica religiosa más individual (la mitad de los entrevistados rezan a diario) que colectiva (casi 4 de cada 10 rezan en familia al menos una vez a la semana), pero aun así hay frecuencias altas de asistencia a servicios religiosos semanales (4 de cada 10 dicen cumplir) si comparamos con los países europeos. Tanto católicos como no católicos parecen confirmar que la religiosidad se vive “a su manera” (alrededor de 4 de cada 10 mexicanos consideran que la religión se debe vivir como cada quien decida). Y quizá sea por ello que, si bien la religión ha perdido su carácter coercitivo y obligatorio, sea una de las instituciones con las que están contentos los mexicanos (6 de cada 10 católicos y 8 de cada 10 no católicos califican arriba de ocho la idea de que su religión los hace felices).

La mayoría de los estudios sobre religión buscan explicarse los cambios y responder por qué la gente muda de religión o por qué la gente decide no creer o ser indiferente, pero pocos estudios nos muestran las razones de la permanencia, es decir, por qué la gente no está dispuesta a cambiar de religión. Esta es una aportación particular de esta encuesta. El 66% de los católicos expresan que no desean cambiar, aun cuando 8 de cada 10 no conocen el nombre de la diócesis a la cual pertenecen ni el del obispo encargado. Tampoco conocen bien los pasajes de la Biblia. Los católicos muestran menos interacción con los pastores (sacerdotes), les gustan menos las homilías y los sermones, y en general califican a los líderes de la Iglesia peor que los no católicos, pero dicen no estar dispuestos a cambiar. Esto reafirmaría las hipótesis de que la fuerza del catolicismo en México se encuentra en la costumbre y en el peso social que esta tiene en la cultura íntima y en las celebraciones familiares (para 73% de los entrevistados es muy importante la navidad; para 67%, el 12 de diciembre). O quizá confirmaría el chiste del gallego que pregunta por qué creer en otra Iglesia si ya ni cree en la auténtica. O como dice una calcomanía: “Me gusta ser católico porque soy libre”.

En cambio, quienes se mudan de institución parecieran coincidir en que lo hacen por cuestiones doctrinales (conocer más la Biblia), porque incorporan nuevas creencias o porque descalifican la hipocresía o la falta de apego a las reglas morales, y en menor medida por cuestiones sociales o económicas. Lo cual desmiente la idea de que quienes se convierten a otros credos lo hacen por ignorancia o por interés económico.

A pesar de ello, la religión goza de buena salud. Con respecto a otras instituciones sociales, ocupa el tercer lugar en generar confianza (47%), solo por debajo de la Marina (57%) y el Ejército (49%).

Por otro lado, la encuesta da cuenta de la crisis de participación social: solo 5 de cada 100 mexicanos tienen prácticas de participación ciudadana en asociaciones voluntarias, pero son los grupos de Iglesia los que consiguen más participación asociativa (34%), lo cual confirma el hecho de que la religión continúa gozando de mayor confianza en un país que padece una crisis de instituciones.

Junto con la fe, la religión sigue siendo un marco moral desde el cual se conforman modos de ser ciudadanos, de comprometerse en acciones comunitarias, de ayudar a los más necesitados, de contribuir para forjar mejores condiciones sociales, o de actuar en favor de ciertos valores éticos que repercuten en la sociedad. Y un dato importante para reconocer el etos del mexicano es que la familia es la célula social que más influye en el aspecto religioso (63% de católicos y 62% de no católicos lo confirman).

Es importante remarcar que una aportación metodológica de este trabajo es la frecuente utilización de preguntas abiertas, que suponen la tarea de registro y clasificación de respuestas espontáneas de los encuestados. Este formato de pregunta, sobre todo a la luz del tamaño de la muestra, supone un trabajo de codificación nada despreciable, pero a cambio permite un acceso más directo a las categorías del discurso mismo de los entrevistados y una mayor confiabilidad en las respuestas. Así, nos encontramos con una gran variedad de respuestas a preguntas como “¿En qué momento acude a Dios?”, lo que permitió reducir la inducción que toda pregunta de formato cerrado implica y evitar algo que ocurre con mucha frecuencia en este tema: una evaluación de grados de heterodoxia respecto a una doctrina dominante.

De igual manera, en muchas preguntas de opción múltiple se permitió la elección simultánea de varias alternativas. Esto contribuye a explorar los contornos de un sujeto religioso con posturas a veces indefinidas, a veces combinadas, a veces incoherentes e inconexas pero que, no obstante la dificultad de su aprehensión, nos acercan a una configuración real: la de un creyente heterodoxo. Desde nuestra particular experiencia de investigación empírica, podemos afirmar que nos tomó varios intentos comprender la sutileza con la que opera el habitus religioso —y aun sociológico— a través de preguntas rutinarias y aparentemente neutras, que inducen y consagran una ortodoxia ideal, una univocidad de sentidos y una coherencia lógica en la expresión de la creencia y en el actuar de los sujetos que simplemente no existe fuera de los tratados teológicos.

Los resultados de una investigación sirven para alimentar discusiones privadas y públicas, y llegar a acuerdos y consensos basados en información de calidad y rigor argumentativo. Podríamos decir que esta encuesta “ha hecho su tarea” a través de una clara e inteligente estrategia de difusión en medios académicos, privados y públicos, gracias a lo cual podemos hoy contrastarla y enriquecernos con ella. Mucho tenemos que aprender, especialmente en el medio académico, de este caso.

La descripción de los rasgos de esta encuesta, aunada a lo dicho por los autores de las anteriores entregas sobre el tema, aunque lejos de ser exhaustiva, da cuenta de sus aportaciones y pone de relieve también la particularidad del lugar desde donde fue construida, la cual resalta dentro del conjunto de encuestas sobre religión existentes en México.

Por ejemplo, un grupo de católicos similar al del Imdosoc pero de postura contrastante (más liberal) con la jerarquía católica mexicana realizó tres encuestas que permiten comparar en la línea del tiempo (1993, 2003 y 2014), con la consigna de romper con la idea unitaria de los católicos. En particular, se propusieron “captar los puntos de vista de la feligresía sobre las enseñanzas del magisterio eclesial en diversos temas, y conocer en qué medida la población católica mexicana comparte y actúa conforme a dichas enseñanzas”.1 Se trata de la organización Católicas por el Derecho a Decidir.2 Esta encuesta se preocupa sobre todo por refractar la pluralidad de concepciones y opciones al interior de la fe católica en México, particularmente frente a los debates públicos en torno a las libertades laicas, a las relaciones Iglesia-Estado y al papel asumido por obispos y sacerdotes en la sociedad (derechos humanos y política gubernamental). Se enfocó en la población católica adulta, aplicando 2 mil 669 cuestionarios, y estuvo a cargo de la empresa Investigación en Salud y Demografía, S. C. Sus resultados nos muestran los claroscuros de un conjunto de católicos imaginado como unidad pero dividido por sus opiniones, valores morales, percepciones políticas y prácticas diferenciadas, que se expresan como contrastes e incluso confrontaciones latentes a su interior.3

Desde la perspectiva académica también se han realizado estudios que, por un lado, priorizan los alcances locales —con clivajes en monografías que exploran con mayor profundidad histórica y cultural la diversidad religiosa y la vida cotidiana— y, por el otro, buscan generar análisis de alcance nacional mediante la comparación de casos y el contraste de los resultados locales con los resultados nacionales producto de encuestas internacionales. Esta estrategia permite abrir pliegues para valorar lo local sin perder de vista los contextos pero accediendo a su especificidad mediante la contraposición con datos estandarizados que hace posible comparar y colaborar con encuestas de alcances amplios.

Lo anterior se logró aplicando tres encuestas, que compartieron variables, en muestras representativas de la población de Jalisco (598 entrevistas), Aguascalientes (800 entrevistas) y el barrio del Ajusco en la Ciudad de México (500 entrevistas, muestreo no aleatorio), lo cual permitió un trabajo comparativo y colaborativo. Además, dos de los casos compartieron los reactivos del estudio internacional realizado por el ISSP (del cual hablaremos más adelante), con lo que pudieron colocar lo local en la perspectiva de los resultados nacionales y de los comparativos con otros países del mundo. Gracias a sus fundamentos académicos, este estudio puede colocar la realidad religiosa mexicana en la generación de teorías sociológicas sobre el cambio religioso en el mundo actual. El mexicano no es el creyente sin Iglesia que identifica a los ingleses y franceses; tampoco es el indiferente que en el presente parece caracterizar a los españoles, ni siquiera el individualista que enarbola el lema de “hágase su propia religión”, como lo sustentan los sociólogos franceses. La recomposición en México resulta de cambios en las creencias y valores y de la permanencia de las formas de practicar ritualmente y colectivamente la religiosidad. Por ello, la fórmula de “católico a mi manera” que ha servido para personificar a los chilenos, aunque en un principio parecía ser la apropiada para hablar de los mexicanos, a la luz de los datos se desechó, por marcar una tendencia al individualismo que no responde a nuestra cultura religiosa. En México se mantienen los patrones colectivos de practicar mediante las fiestas, ceremonias y rituales religiosos, propios predominantemente de la religión popular, más heterodoxa que ortodoxa.4

Otras encuestas sobre temas sociales realizadas en nuestro país han abarcado algunas dimensiones religiosas dentro del conjunto de sus intereses. Tal es el caso de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010 (Enadis), aplicada en 13 mil 751 hogares de los 32 estados de la república, con información sobre 52 mil 95 personas. La Enadis dedica un módulo completo a la diversidad religiosa y, específicamente, a la discriminación. Así, preocupado por el tema de la discriminación y la intolerancia religiosa, el Conapred exploró las percepciones y actitudes sobre la igualdad y la tolerancia hacia la diversidad religiosa en México, lo mismo que las percepciones de las personas pertenecientes a minorías religiosas sobre la intolerancia y la discriminación. Los resultados de este estudio buscan sensibilizar y establecer un diagnóstico para implementar políticas públicas frente a la problemática.

Este enfoque es particularmente importante en un país donde estuvimos acostumbrados a que el catolicismo fuera la única religión visible y aceptada, y porque, a pesar del Estado laico, este hecho obstruye el desarrollo de una cultura de la pluralidad religiosa de cara al crecimiento de diversas denominaciones cristianas no católicas. La visibilización de las minorías en las encuestas representa un gran reto, pues la misma inercia metodológica que lleva a la búsqueda de muestras representativas a partir de población abierta se traduce en la obtención de muestras muy pequeñas de estas disidencias religiosas, las cuales, a la luz de los análisis, resultan insignificantes o numéricamente no válidas. En este caso, una encuesta patrocinada desde el Estado permitió atender a las minorías, pues son estas las que experimentan la exclusión y la discriminación.

El tamaño de la muestra permite además un cómodo margen para análisis de enfoque regional dentro de la diversidad social y demográfica de nuestro país.5 Los resultados de este estudio nos dejan ver que, en México, optar por una religión que no sea la católica se puede manejar mientras el hecho se mantenga en el ámbito privado; de otra forma, se corre el riesgo de ser discriminado: uno de cada cuatro encuestados expresó haber sentido que sus derechos no han sido respetados por su religión. El ámbito donde más se sufre la discriminación es el de las escuelas; esto se agudiza en el medio rural.6

También hemos podido apreciar a los mexicanos creyentes en encuestas internacionales donde aparece nuestro carácter nacional por comparación y contraste con otros países. Es decir, colocando los datos de nuestra propia sociedad en perspectiva y observando nuestra posición relativa en el conjunto multinacional. Dos encuestas mundiales sobresalen en este renglón. El Programa Internacional de Encuestas Sociales (ISSP) incorporó un módulo sobre religión, destacable por la amplitud de temas y variables, que fue aplicado en México a una muestra de mil 471 encuestados en 2008, y que cubrió 29 de las 32 entidades de la República. Entre las variables, destacamos las siguientes: tolerancia religiosa, diversidad de tradiciones y creencias religiosas, moral sexual, confianza en las Iglesias y organizaciones religiosas, religión y política, espiritualidad versus religiosidad y motivación intrínseca versus motivación extrínseca de las prácticas religiosas.

Ver a México en contraste con otros 39 países nos revela que, aun cuando nos pensemos lejanos geográfica y culturalmente, no lo somos. El puro hecho de ser un país mayoritariamente católico nos hace diferentes del resto del mundo, pero compartimos similitudes con otros países donde hay una religión mayoritaria, ya sea la católica —como Italia, Portugal, Croacia, Irlanda, Polonia y Filipinas— u otra no católica —como Dinamarca (con mayoría protestante), Ucrania (ortodoxa), Noruega (protestante), Israel (judía) y Turquía (islámica).7 Si quisiéramos resumir qué distingue a los mexicanos del resto del mundo, los resultados de esta encuesta señalan que el ser muy creyentes y muy practicantes. Esto mismo nos lo confesó un babalao cubano, quien festejaba que los mexicanos son sus mejores clientes, pues creen en todo. La World Values Survey, realizada en 81 países con fines de comparación multinacional, arrojó el mismo dato en el periodo 1999-2002: México comparte con Brasil y Perú el primer puesto en el ranking de asistencia mensual a servicios religiosos (arriba de 75%), aun por encima de Irlanda (67%), país donde el catolicismo ha sido considerado una forma de resistencia política ciudadana, y de Italia, donde se encuentra la sede internacional del catolicismo (54%).8 La muestra mexicana de este estudio consistió en la aplicación de mil 535 cuestionarios a adultos en sus hogares, a partir de un muestreo probabilístico multietápico basado en las secciones electorales de todo el país.

No cabe duda de que la reciente inclusión de México en estos estudios comparativos internacionales nos ofrece una posibilidad de contrastación y contextualización muy valiosa. Sin embargo, es preciso decir que la necesidad de estandarizar los instrumentos para fines comparativos se impone sobre la diversidad cultural de los países abordados e invisibiliza sus especificidades, por lo que el papel de dichos instrumentos en la tarea de conocer nuestra realidad sociorreligiosa debe ser complementario.

Los retos hacia el futuro

La Encuesta “Creer en México”, junto con los distintos aportes de las encuestas nacionales e internacionales sobre religión, nos permite recomponer el retrato de los creyentes y las Iglesias, así como aquilatar la importancia que tienen en la definición y ejecución de las agendas sociales, demográficas, cívicas y políticas de nuestro país. También nos permite vislumbrar más claramente los retos que debemos enfrentar en la tarea continua de elaborar un diagnóstico de nuestra realidad sociorreligiosa nacional. Del conjunto de encuestas aquí consideradas extraemos las siguientes propuestas:

Definir los objetivos de conocimiento en torno a las preocupaciones de una sociedad mexicana religiosa y políticamente diversa;

Construir en diálogo con las experiencias estadísticas previas provenientes de los sectores académico, eclesial y gubernamental, y propiciar la colaboración institucional con los censos y encuestas nacionales (inegi, Conapred);

Visibilizar a los no católicos no solo como un grupo de contraste o de comparación frente a la mayoría católica, sino como minorías religiosas en sí mismas, contemplando su diversidad interna. Ello supone una gran amplitud muestral y probablemente el diseño de submuestras por categoría confesional, considerando la diversidad documentada a través del Censo y su Catálogo Nacional de Religiones; así como el diseño de módulos particulares para enfocar sus prácticas, sus imaginarios, sus espacios o áreas de tensión en la vida pública, y sus demandas específicas;

Partir del análisis crítico de los supuestos confesionales, teóricos y metodológicos que privilegian la religiosidad institucionalizada versus la religiosidad popular, e invisibilizan las prácticas, los imaginarios y las significaciones de los sujetos mismos;

Establecer iniciativas y mecanismos de comparación de resultados con encuestas de otros países, en particular los latinoamericanos.

La tarea es tan grande como importante. “Creer en México” es un paso fundamental hacia el conocimiento de nuestra realidad y, sin duda, un parteaguas en la consolidación de los estudios sobre religión en México, así como de la importancia de esta dimensión en la esfera pública. Nos anima a desoír la vieja norma de las cantinas mexicanas en las cuales se prohibía, entre otras cosas, hablar de religión. De hecho, nos da los medios para alimentar y fortalecer esta necesaria y postergada discusión.

1 Católicas por el Derecho a Decidir, “Boletín de prensa: Primeros resultados de la Encuesta Nacional de Opinión Católica 2014”. Disponible en <http://catolicasmexico.org/ns/ ?p=5028>; consultado el 4 de enero de 2015.

2 Encuesta Nacional de Opinión Católica 2014. Disponible en <http://catolicasmexico.org/ns/?tag=encuesta-nacional-de-opinion-catolica-2014>.

3 Véase Renée de la Torre, “Laicidad o derechos por la vida: Las arenas del conflicto entre la Iglesia católica y el Estado y la sociedad civil en México”, en Claudia Touris (editora), Dilemas del catolicismo contemporáneo en Europa y América Latina, Prohistoria Ediciones, Rosario, 2013, pp. 37-57.

4 Los resultados pueden consultarse en Renée de la Torre, María Eugenia Patiño, Cristina Gutiérrez, Hugo José Suárez, Genaro Zalpa y Yasodhara Silva, Creer y practicar en México: Comparación de tres encuestas sobre religiosidad, Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes / CIESAS / El Colegio de Jalisco, 2014.

5 Conapred, Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010: Resultados sobre diversidad religiosa, Conapred, México, 2012. Disponible en <http://www.conapred.org.mx/userfiles/files/Enadis-2010-RG-Accss-002.pdf>; consultado el 4 de febrero 2015.

6 Ignacio Cuevas de la Garza, entrevistado por Julián Sánchez, “Persiste intolerancia religiosa en comunidades: Conapred”, en El Universal, 20 de noviembre de 2013. Disponible en <http://www.eluniversal.com.mx/sociedad/2013/persiste-intolerancia-religiosa-en-comunidades-conapred-967130.html>; consultado el 4 de febrero del 2015.

7 Véase Yasodhara Silva, “Guadalajara y Aguascalientes en un marco comparativo multinacional a partir de los resultados del módulo de religión del ISSP”, en Renée de la Torre, María Eugenia Patiño, Cristina Gutiérrez, Hugo José Suárez, Genaro Zalpa y Yasodhara Silva, Creer y practicar en México: Comparación de tres encuestas sobre religiosidad, Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes / CIESAS / El Colegio de Jalisco, 2014, pp. 301-339.

8 Véase Ronald Inglehart, Miguel Basáñez, Jaime Diez-Medrano, Loek Halman y Ruud Lijkx (editores), Human Beliefs and Values: A Cross-Cultural Sourcebook Based on The 1999-2002 Values Surveys, Siglo XXI Editores, México, 2004.

______

RENÉE DE LA TORRE es profesora-investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social (Ciesas-Occidente) <[email protected]>. CRISTINA GUTIÉRREZ ZÚÑIGA es profesora-investigadora de El Colegio de Jalisco <[email protected]>.

Dejar un comentario



Fe y práctica sin antifaces. Entrevista con Lorenzo Servitje
En esta serie de artículos sobre la Encuesta Nacional de Cultura y Práctica Religiosa “Creer en México” (2013), no podía faltar el punto de vista de Lorenzo Servitje, sin duda su principal impulsor. La doctora María Luisa Aspe Armella comentó lo siguiente durante la presentación del libro dedicado a este estudio de opinión: “La Encuesta […]
Días de biblioteca (I): libros inventados
¿Qué me llevó a atravesar la ciudad de sur a norte (aproximadamente una hora y media de puentes peatonales, escaleras no siempre eléctricas, vagones atestados, cambios de líneas de metro, varias calle a pie) en pos de algo tan absurdo y quizás anacrónico como lo es un libro inventado, una obra ficticia que —lo sabía […]
Trabajos por encargo (consejos para escribir una reseña)
La película Adaptation, dirigida por Spike Jonze y escrita por Charlie Kaufman, es el mejor retrato que he visto del proceso creativo –a veces doloroso– por el que pasa un escritor cuando tiene que cumplir un trabajo por encargo. Supe de ella porque Erik Alonso la cita en un par de ocasiones dentro de su […]
Inmigración y racismo en Estados Unidos
La discriminación en el país vecino ha alcanzado a grupos muy distintos: a los pueblos nativos y la gente de origen africano, por supuesto, pero también a variados conjuntos de migrantes. Los mexicanos radicados allá no han sido la excepción. Todos los animales son creados iguales, pero algunos animales son creados más iguales que otros. […]
México: el problema no resuelto de la desigualdad
La modesta disminución de la desigualdad y la pobreza en México durante la última década, ¿es parte de una tendencia consistente o resultado de un conjunto de circunstancias pasajeras? Es preciso responder a esta pregunta si queremos diseñar políticas públicas adecuadas. Para un país como México, una caída de 10% en los niveles de desigualdad […]
Más leídos
Más comentados
¿Por qué es un problema la lectura? (226.922)
Desarrollar el gusto por la lectura no es cuestión meramente de voluntad individual. El interés por los libros aparece sólo en ciertas circunstancias.

Jóvenes que no estudian ni trabajan: ¿Cuántos son?, ¿quiénes son?, ¿qué hacer?1 (129.158)
...

La distribución del ingreso en México (121.223)
...

Los grandes problemas actuales de México (121.024)
...

Perfil demográfico de México (72.212)
...

Presunto culpable: ¿Por qué nuestro sistema de justicia condena inocentes de forma rutinaria?
Bas­tan­te han es­cri­to y di­cho ter­ce­ros so­bre Pre­sun­to cul­pa­ble....

Los grandes problemas actuales de México
Se dice que el país está sobrediagnosticado, pero en plenas campañas y ante...

I7P5N: la fórmula
Homenaje al ipn con motivo de su 75 aniversario, este ensayo es también una...

La sofocracia y la política científica
Con el cambio de Gobierno, se han escuchado voces que proponen la creación...

China – EUA. ¿Nuevo escenario bipolar?
No hace mucho que regresé de viaje del continente asiático, con el propósito...

1
Foro de Indicadores