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Del embargo al desembarco
Cuba- Estados Unidos ¿Tierra A La Vista? | Este País | Mario Ojeda Revah | 01.02.2015 | 0 Comentarios

©iStockphoto.com/dashadima

Son múltiples y complejos los factores que hicieron posible el reciente acercamiento entre Cuba y Estados Unidos. Este artículo es una explicación clara y penetrante de un hecho histórico.

En vísperas de la temporada navideña, cuando la actividad informativa parece disminuir, una noticia largamente esperada, pero desde hace tiempo tenida por inverosímil, cayó cual bomba y acaparó los titulares de la prensa internacional. Sin previo aviso, Barack Obama y Raúl Castro anunciaban, de modo casi simultáneo, su acuerdo de restablecer las relaciones diplomáticas entre sus países y abrir canales de comunicación, cooperación económica, comercial y de viajes, después de 54 años de tirantez, poniendo con ello punto final a uno de los últimos anacronismos de la Guerra Fría.

Con todo, la normalización de relaciones, incluida la meta declarada de abrir sendas embajadas, no supone el final del embargo económico impuesto a Cuba desde la década de los sesenta, cuando el propio Obama era un crío. Dicha prerrogativa es exclusiva del Congreso de Estados Unidos. Sin embargo, el primer paso está dado.

Varios factores han concurrido para deshacer lo que parecía un nudo gordiano: de una parte, la derrota del Partido Demócrata en las elecciones intermedias de noviembre de 2014 dio, paradójicamente, a Obama el margen de maniobra necesario para impulsar iniciativas de gran calado, pensando, tal vez, en su legado, sin el prurito de consideraciones electorales ulteriores. Tal ha sido el caso de su reforma migratoria y, claramente, el de su crucial iniciativa de deshielo con Cuba, después de más cinco décadas de obstinada persistencia por parte de los gobiernos que lo precedieron, tal y como el propio Obama advirtió al parafrasear a Einstein en su discurso: “No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar un resultado diferente”.1

En efecto, el aislamiento y el embargo de poco o nada han servido. Cuba ha conseguido perpetuar su régimen autoritario, pese al desplome de los países comunistas de Europa oriental y mucho más allá, en gran medida gracias a la cerrada política estadounidense. Por lo demás, el embargo ha dado al régimen cubano la coartada perfecta para convencer a su pueblo de que el desastre económico del país le es imputable a Estados Unidos en exclusiva.

Queda todavía por ver si el Congreso habrá de apoyar a Obama, o pone trabas al asunto. Baste recordar que a Ley Helms-Burton de 1996 sigue vigente y que pone duras trabas a la inversión y los negocios en Cuba. Obama no puede abrogarla sin la anuencia del Congreso. Pero, del mismo modo, el Congreso poco puede hacer para revertir las acciones ejecutivas del presidente. Algunos congresistas han insinuado que podrían recortar el presupuesto del Departamento de Estado si se llega abrir una embajada en La Habana. Todo ello podría llevar a un nuevo impasse entre ambos poderes. Obama tendrá que tener mucha mano izquierda si quiere llevar el proceso a buen puerto en los próximos dos años. Si lo logra, el probable incremento en los vínculos económicos y sociales entre las dos naciones y el retiro anunciado por Raúl Castro para el 20182 dificultarían mucho que su sucesor en la Casa Blanca volviera a una política de aislamiento.

Por la parte cubana, es evidente el agotamiento de un modelo económico que ya no sirve “ni a la propia Cuba”, a decir del mismo Fidel Castro.3 Contra todo pronóstico, Cuba logró sobrevivir a la caída de la Unión Soviética por medio de un numantino y espartano “periodo especial”, que la dejó literalmente en los huesos. Más tarde, a partir de 1999, con el apoyo providencial de los petrodólares del comandante Hugo Chávez, la asistencia de Venezuela fue crucial para la persistencia de la Revolución castrista. Si la dependencia cubana con respecto a la Unión Soviética hacia 1980 representó el 39.3% de su pib, la que desarrolló con Venezuela alcanzó en 2012 un 18.3%. La cuestión se ha reducido ahora a cuánto tiempo podría sobrevivir Cuba sin el subsidio venezolano.

Como otras decisiones de la política exterior de la administración Obama, el tema ha causado polémica. Congresistas demócratas y republicanos han criticado la medida, que perciben como un mal arreglo, al legitimar a un adversario histórico de Estados Unidos. La diáspora cubana en la Florida, históricamente adversa al castrismo, ha expresado sin ambages su desazón. ¿Qué pudo haber llevado entonces a un Barack Obama disminuido y extenuado a romper con un tabú aparentemente inamovible, lanzándose de ese modo a la boca del lobo?

Algunos observadores advierten motivaciones pragmáticas y nada magnánimas, esto es, un cambio de estrategia para alcanzar el mismo objetivo perseguido a lo largo de cinco décadas y media: la caída del sistema político cubano, ahora por medio del llamado poder blando, es decir el establecimiento de relaciones políticas, económicas, sociales y culturales, para conquistar la fortaleza desde dentro.

Es también probable que el incremento de los vínculos de Rusia y China con Cuba, a todos los niveles, en la última década, haya podido desempeñar un papel determinante. De seguro, las intrusiones sino-rusas en lo que Estados Unidos considera su Mare Nostrum debieron de pesar en la decisión de Obama de cumplir por fin la promesa que hizo, al asumir la presidencia norteamericana en 2008, de revisar la relación con Cuba.

En julio de 2014, cuando tuvo lugar el derribo del avión malayo sobre Ucrania, pasó largamente desapercibida la noticia de la gira de Vladimir Putin por América Latina. Pocos parecieron reparar entonces en el hecho de que Moscú condonó el 90% de los 26 mil millones de euros de la añeja deuda que Cuba tenía con la Unión Soviética.4 Durante ese periplo Putin también suscribió con Cuba ambiciosos acuerdos de inversión en la isla, en lo que pareció el relanzamiento de una relación privilegiada entre ambas partes. No obstante, ahora que Rusia enfrenta una severa recesión, al haber sido golpeada, igual que Venezuela, por el desplome de los precios del petróleo y las sanciones económicas de Occidente, muy difícilmente podrá mantener los compromisos adquiridos.

Tanto Raúl Castro como Obama han reconocido públicamente su deuda con el Papa Francisco i en las negociaciones conducentes a la normalización de las relaciones. Si bajo el papado de Juan Pablo II la Iglesia descolló por su papel en la caída del comunismo, esta vez con el Papa argentino la diplomacia vaticana irrumpe de nuevo en la escena internacional, a través de una mediación inesperada pero exitosa.

Al margen de los obstáculos que todavía falta sortear, es evidente que el restablecimiento de relaciones habrá de acelerar los cambios en Cuba y precipitar nuevas evoluciones. Un escenario posible es que la apertura pueda llevar a la disolución misma del sistema socialista, como resultado del desembarco masivo de empresas capitalistas y la consiguiente transición a una sociedad de consumo, tal y como ocurrió en la urss y sus antiguos satélites. Según otra hipótesis, Cuba podría transitar a un modelo semejante al emprendido por China de “un país y dos sistemas”. En cualquier caso, cabe esperar que, dada la normalización de los vínculos con Estados Unidos, el paso sea ordenado y sin sobresaltos.

En el ámbito latinoamericano, es probable que la normalización de las relaciones entre ambos países contribuya al relanzamiento de un proceso de integración hemisférica, toda vez que la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) se verá menguada por una previsible moderación cubana, y que la inclusión de Cuba quitaría argumentos a los detractores de un bloque económico interamericano. Un Brasil debilitado por la crisis no parece estar en condiciones de oponerse.

En cuanto a México, sorprende el hecho de que —pese a la relación “especial” que nuestro país ha tenido con la isla, como el único en Latinoamérica en haber mantenido relaciones de manera ininterrumpida con el régimen castrista— la diplomacia de nuestro país no haya jugado papel alguno en el proceso de reconciliación cubano-americana. En efecto, hubo varias reuniones secretas, especialmente en Canadá, en los últimos 18 meses con representantes de ambas partes, sin que nuestra Cancillería pareciera haber sido tomada en cuenta, o estar siquiera enterada.

Por otra parte, es evidente que el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba tendrá grandes repercusiones para nuestro país, algunas no necesariamente positivas. La reconciliación ha reabierto el tema de la negociación no resuelta de los límites de la frontera marítima que comparten los tres países y que podría contener importantes yacimientos petroleros, amén de otras riquezas.

Además, es posible que la normalización de relaciones entre los antiguos adversarios tenga repercusiones en el flujo de inversiones norteamericanas hacia nuestro país, como resultado del predecible aluvión de transacciones estadounidenses en la mayor de las Antillas. No parece remoto el día en que la Cuba de las carcachas norteamericanas y las estrecheces de toda índole, congelada en el tiempo, se vea colmada de Starbucks, McDonald’s y demás emblemas del Imperio, ubicuos en las grandes capitales de la aldea global.

Finalmente, es muy probable que el turismo hacia las playas del Caribe mexicano se vea afectado y que la fascinación estadunidense con el “juguete nuevo” que representará Cuba durante algún tiempo relegue aún más el interés de Estados Unidos por México.

_______

MARIO OJEDA REVAH, historiador y politólogo, se desempeña como investigador en el Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) de la UNAM. Es autor de México y la Guerra Civil española (Madrid, Turner, 2006), entre otros libros.

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