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El combate a los cárteles de la droga: ¿desde la oferta o desde la demanda?
Este País | Juan Carlos Pérez Velasco Pavón | 01.01.2015 | 0 Comentarios

©iStockphoto.com/©Kittichai Songprakob

¿Cómo explicar el brutal aumento de la violencia en México desde que el Gobierno anterior le declarara la guerra al narco? El autor parte de la teoría económica y la racionalidad empresarial para ofrecer una explicación sin duda sugerente. La premisa principal: como cualquier empresa, los grupos delictivos buscan maximizar las ganancias y minimizar los riesgos.

Se ha escrito profusamente sobre la mejor forma de disminuir la producción y el tráfico de drogas ilegales. En este artículo muestro que si se intenta reducir esta actividad ilícita por el lado de la oferta (el combate a los cárteles de la droga), el resultado va a ser un aumento en la violencia y un incremento en el costo social, sin efectos concretos en la producción y el tráfico.

En la primera parte expongo un enfoque alterno de lo que se entiende como empresa criminal, para luego aplicar dicho enfoque al mercado de las drogas en México y analizar especialmente lo que sucedió en el sexenio anterior.

La empresa criminal

Ronald Coase, Premio Nobel de Economía, se preguntaba allá por los años treinta del siglo pasado: si el mercado es eficiente, entonces ¿por qué existen las empresas? ¿Por qué no es rentable hacer que cada trabajador, cada paso del proceso productivo, pase a ser un comprador y un vendedor independientes? ¿Por qué el dibujante no subasta sus servicios al ingeniero? ¿Por qué el ingeniero no vende los diseños al mejor postor? La respuesta, que el mismo Coase concibió, es que en el mercado existen costos que hacen imposible trabajar si no es mediante contratos preestablecidos, que asignen jerarquías y funciones a sus participantes. En ausencia de estos contratos, los costos de incertidumbre de cada transacción, así como los costos de búsqueda y negociación, serían tan altos que harían inviable la producción. En este sentido, la empresa es un conjunto de contratos, con la intención de coordinarse al menor costo para cumplir un determinado objetivo.

Una empresa ilegal se puede entender como un conjunto de contratos no escritos entre sus integrantes (líderes, sicarios, proveedores, traficantes, funcionarios públicos, etcétera). En los mercados ilegales los acuerdos son especialmente convenientes pues la reducción de los costos es considerable. Por ejemplo, el costo para un narcotraficante de encontrar un proveedor confiable de droga y de llegar a un acuerdo en el precio es altísimo, por lo cual el narcotraficante intentará repetir esta operación bajo condiciones previamente estipuladas, es decir, mediante un contrato. Y lo mismo sucede en el trato del narcotraficante con los productores, con los distribuidores y los compradores de la droga, con los sicarios, etcétera. En este sentido, la empresa ilegal de alto valor es la que tiene contratos que la favorecen y, lo que es muy importante, que pueda mantener.

No obstante, los contratos también tienen sus inconvenientes. El principal es la probabilidad de traición de la contraparte, que se complica debido a que el rompimiento de los contratos en los mercados ilegales no se resuelve por vías legales, sino generalmente por enfrentamientos violentos. En un mercado legal también existe el riesgo de traición, pero por ello se han diseñado instituciones cuyo objetivo es promover el cumplimiento de contratos o sancionar a la parte que no cumpla. En un mercado ilegal, en cambio, puede pasar cualquier cosa. Analicemos esta parte, que es la que nos va a proporcionar las características de la empresa criminal.

Los contratos en los mercados ilegales son del tipo del dilema del prisionero, y una forma muy sencilla de entenderlos es la siguiente: dos personas hacen un convenio que consiste en que cada cierto tiempo, y si no son descubiertas por las autoridades, intercambian bolsas cerradas (las abren después), en el entendido de que una de ellas contiene dinero y la otra envuelve el objeto que está siendo comprado. Cada participante puede escoger entre honrar el pacto, poniendo en su bolsa lo que acordó, y repetir la operación después, o puede engañar al otro ofreciendo una bolsa vacía. La ventaja de traicionar (engañar a la contraparte con una bolsa vacía) es quedarse con el dinero y con el objeto (claro, mientras el otro no haga lo mismo); la desventaja, evidentemente, es que se acaba el convenio, pues quien traiciona no volverá a hacer esa transacción, además de que va a enfrentar la ira (y posible castigo) del otro.

¿Qué es lo que hace que los contratos se rompan o continúen? La respuesta es el mismo riesgo de traición. Si un participante cree que el otro lo va a traicionar, preferirá adelantarse y traicionarlo. Ahora, la probabilidad de traición depende de tres factores, a saber:

a. El riesgo de detención por parte de las autoridades. Cuando la probabilidad de captura aumenta, los participantes se vuelven impacientes y tienden a valorar más las ganancias inmediatas; prefieren dar una bolsa vacía ahora, pues las ganancias futuras son menos probables, por lo que el riesgo de traición aumenta.

b. El liderazgo de la contraparte o de un tercero relacionado. Un liderazgo fuerte por parte de alguno de los participantes, conforme al cual se sigan las jerarquías y exista lealtad (ya sea natural o inducida por miedo) disminuye la probabilidad de traición.

c. El valor del objeto. Si el valor de lo que se transa es alto, hay mayores incentivos para la traición.

En resumen, la continuidad o rompimiento de los contratos en los mercados ilegales depende del riesgo de traición, que a su vez está en función de la probabilidad de detención, del liderazgo de alguna de las partes y del valor del objeto negociado. Además, el rompimiento de los contratos generalmente se resuelve mediante enfrentamientos.

Así, la empresa criminal está conformada por uno o varios líderes y un grupo compacto de sicarios (que se utilizan cuando se rompen los contratos); tiene acuerdos con proveedores, compradores, delincuentes comunes, otros sicarios y funcionarios públicos, y su objetivo es obtener dinero y minimizar los riesgos de traición y detención. Algunas características de las empresas criminales son la adopción de estrategias para disminuir las probabilidades de arresto y traición —tales como la implantación y promoción de castigos extremos (por ejemplo, las decapitaciones)— y el establecimiento de “códigos de honor”, así como la búsqueda de alianzas entre líderes y funcionarios públicos (para reducir el costo de captura). Asimismo, los acuerdos generalmente contienen la menor cantidad de información posible y los delitos se diversifican para reducir el riesgo esperado y aprovechar las economías de alcance.

Las empresas dedicadas al tráfico de drogas poseen, además, sus propias características:

a. El margen de ganancia esperado es en extremo alto: por ejemplo, en 2009 el gramo de cocaína en Colombia se podía conseguir por 3 dólares; en México por 16; y en Estados Unidos, al mayoreo, por 60, y al menudeo por 240, aproximadamente. Lo anterior es una característica de este mercado, pues las drogas crean adicción y un sector muy amplio de consumidores tiene un alto poder adquisitivo, de modo que la demanda se mantiene elevada.

b. La producción de droga generalmente la llevan a cabo campesinos o empleados de escasos recursos (en laboratorios improvisados). Tienen muy poca información sobre sus compradores y están dispuestos a arriesgarse para obtener mayores ingresos, generalmente sin conocer bien las implicaciones de hacerlo. No son pocos y, para cierta clase de drogas, poseen inventarios, lo que hace que la oferta sea elástica.

c. La producción y el tráfico de drogas son relativamente independientes de la estabilidad de los contratos. Y es que la rentabilidad es tan alta en este mercado que siempre va a haber alguien que produzca y trafique con drogas, ya sea con contratos estables o sin ellos. En épocas de bajo riesgo de captura, los contratos tienden a ser estables y hay incentivos para que los narcos se agrupen en grandes cárteles. Estos cárteles establecen fuertes barreras a la entrada al mercado y actúan como monopolios u oligopolios, controlando la producción para maximizar ganancias. Por el contrario, en épocas de riesgo alto de arresto, los contratos se vuelven inestables, lo que origina traiciones y enfrentamientos; se deteriora o desaparece el poder monopólico, pero la producción y el tráfico no tienen por qué disminuir. Y las razones son dos: en primer lugar, porque hay más empresas, pues los cárteles se fraccionan y las barreras a la entrada se debilitan; estas empresas producirán y distribuirán todo lo que puedan, pues van a trabajar en un esquema más cercano a la competencia; en segundo lugar, el riesgo podría motivar que los narcos ya establecidos o los delincuentes en potencia se dediquen a delitos menos riesgosos, y de hecho así ocurre: los delincuentes diversifican sus actividades para minimizar el riesgo esperado, y seguramente dedicarán parte de su tiempo a otros delitos, como la extorsión y el secuestro, pero nunca van a abandonar su actividad más rentable, que es el tráfico de drogas.

Los cárteles de la droga en México

Vamos ahora a usar los conceptos de empresa criminal que acabamos de presentar, con la intención de entender el comportamiento de los cárteles de la droga en México en los últimos años y su reacción a la probabilidad de detención.

Como se acaba de mencionar, los márgenes de rentabilidad en el mercado de las drogas son muy altos, lo que significa que han existido amplios incentivos para traficar estupefacientes desde el norte de Sudamérica a Estados Unidos o Europa.

En los años ochenta, el cártel de Guadalajara controlaba la mayor parte del tráfico de drogas, principalmente por la capacidad de liderazgo de Miguel Ángel Félix Gallardo, que logró acuerdos estables con los narcotraficantes colombianos y de otros países de la zona, con autoridades y con vendedores en Estados Unidos, además de convenios con otros cárteles y con sicarios que después serían líderes de organizaciones. Es en esa época que México pasa a controlar la mayoría del tráfico de drogas desde el norte de Sudamérica a Estados Unidos. Pero “El Padrino” fue capturado en 1989 por el rompimiento de un acuerdo (una traición), como él varias veces lo ha expresado.

La falta de un liderazgo como el de Félix Gallardo aumentó el riesgo de traición entre los propios narcos, lo que detonó rompimientos de contratos y desembocó en una lucha por el control entre los sicarios más cercanos a Félix Gallardo. Sin embargo, poco a poco los acuerdos se fueron estabilizando, hasta que los cárteles del Golfo y de Juárez logran un convenio de respeto a su gente y a sus territorios, mientras otros grupos estaban diezmados o agazapados en sus regiones, sobre todo el cártel de Tijuana. La estabilidad se logró, principalmente, por acuerdos con autoridades para disminuir el costo de detención y por la capacidad de liderazgo y negociación de algunos participantes, en particular de Juan José Esparragoza “El Azul”, un personaje poco propenso a la ostentación y la violencia, de perfil bajo, pero con una gran capacidad negociadora.

Tiempo después muere el líder del cártel de Juárez (Amado Carrillo Fuentes) y es apresado el del Golfo (Juan García Ábrego); vuelve a aumentar el riesgo de traición en los contratos entre los narcos y se agudiza la búsqueda de lideratos, lo que desata una nueva guerra. Desde esa época, el mercado de las drogas tuvo vaivenes debido a factores que hacían más o menos estables los contratos, hasta llegar a mediados de la década pasada, donde los principales cárteles de la droga eran seis: el de Juárez, el del Golfo, el de Sinaloa, el de Tijuana, los Zetas y la Familia.

En diciembre de 2006, el Gobierno federal mandó al Ejército a diferentes puntos del país para combatir a los cárteles de la droga. En buena medida, el objetivo era elevar el costo de producción y de distribución de enervantes hacia Estados Unidos. La estrategia que acompañó al incremento en el gasto, al menos en el sexenio pasado, fue la de detener a los jefes y sicarios, lo que se tradujo en un aumento en la probabilidad de detención y suscitó un incremento significativo en el riesgo de traición en los contratos entre los narcos. Como ya lo anotamos, los rompimientos se volvieron muy frecuentes, llevando a una historia de violencia por todos conocida. El aumento en el riesgo de detención fomentó, asimismo, la diversificación de delitos, pero los narcos nunca dejaron el tráfico de drogas, como lo evidencia ampliamente lo sucedido en Michoacán. Asimismo, los grandes cárteles perdieron su principal atractivo, que es llegar a acuerdos para el control del mercado y disminuir el riesgo de traición, por lo que la mejor estrategia fue atomizar el tamaño del grupo, ser flexibles, trabajar juntos pero en forma de células independientes. Se estima que el número de organizaciones delictivas dedicadas al narcotráfico en México pasó de las seis mencionadas, a mediados de la década pasada, a una cantidad entre 60 y 80 en 2012.

Con el cambio de poder en México, el gasto directo contra el narco tuvo una contracción; así, la probabilidad de detención está disminuyendo y los contratos se están volviendo más estables. Ello se ha reflejado en una baja en los enfrentamientos y en un menor protagonismo de los grupos criminales. De seguir las cosas por este camino, seguramente en un futuro cercano el número de cárteles de la droga bajará, lo mismo que los asesinatos relacionados con esta actividad. Por lo menos los castigos, como las decapitaciones, y su difusión para causar miedo ya han disminuido.

Pero ¿qué ha pasado con la producción y el tráfico de drogas? Aparentemente han seguido una tasa de crecimiento relativamente constante, con nuevos productos, como las anfetaminas. Y es que, de acuerdo a lo explicado en la última parte de la sección anterior, con la ampliación del gasto en contra de la droga en el sexenio pasado, la violencia se exacerbó, aumentaron otros delitos, el costo social creció de forma alarmante y las organizaciones de narcos se fragmentaron, produciendo y traficando la mayor cantidad posible de droga, en un régimen de competencia, pero finalmente, no existe ninguna evidencia de que la producción y el tráfico de drogas dentro del país o hacia el exterior hayan disminuido a consecuencia del aumento del gasto justamente para combatir esos fenómenos.

Conclusiones

El enfoque de una empresa criminal, vista como un conjunto de contratos, nos ha permitido entender los ciclos por los que ha pasado el mercado de las drogas en México, incluyendo la actual situación, de aparente tranquilidad, donde los cárteles de la droga muy probablemente se están reorganizando. La paradoja en este mercado es que, como se analizó en el presente escrito, si un Gobierno incrementa los recursos para combatir la oferta de droga, como ha sido el caso de México (y Colombia), lo único que va a originar son más enfrentamientos, más sicarios y un mayor costo para la población pero, en principio, no va a afectar ni la producción, ni el tráfico, ni los precios, ni el consumo que, cabe anotar, en su inmensa mayoría no ocurre en México sino en Estados Unidos.

Se puede pensar en otras estrategias que disminuyan la oferta pero, cualesquiera que sean, se enfrentarán al mismo problema: siempre va a haber quien produzca y trafique pues la rentabilidad es muy alta. La solución, de hecho la única solución para combatir el mercado de las drogas ilegales, es actuar por el lado de la demanda. El gasto para combatir la oferta debe ser tal que evite que estos grupos criminales expandan sus actividades a otros delitos y que se circunscriban al mercado de la droga, además de minimizar su influencia en otros sectores, pero nada más.  EstePaís

1 Las ideas de este artículo están basadas en un estudio de mi autoría publicado en la revista Economía Mexicana, nueva época, vol. cierre de época (I), CIDE, 2013. No especifico las fuentes, pero pueden ser consultadas en ese estudio: <http://www.economiamexicana.cide.edu/num_anteriores/Cierre-1/01_EM_CPerez_Velasco_(5-64).pdf>.

_________

JUAN CARLOS PÉREZ VELASCO PAVÓN es profesor en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac <[email protected]>.

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