Mircoles, 08 Julio 2020
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El legado de Belisario Domínguez
Cultura | Este País | Eraclio Zepeda | 01.02.2015 | 0 Comentarios

Amor chiquito, óleo sobre tabla, 20 x 30, 2008.

Amor chiquito,
óleo sobre tabla,
20 x 30, 2008.

En reconocimiento a una fructífera trayectoria literaria y a una larga y comprometida militancia política, el escritor chiapaneco Eraclio Zepeda —fundador del Partido Socialista Unificado de México— ha sido galardonado con la Medalla Belisario Domínguez 2014, que otorga el Senado de la República. Reproducimos el discurso que el autor compartió en la entrega de la presea el pasado 15 de diciembre.

En los comicios federales de 1912, el doctor Belisario Domínguez fue electo senador suplente por Chiapas. Recién había terminado su gestión como presidente municipal. Sus paisanos le pidieron que los representara en la cámara alta pero él se negó solo por continuar las nobles tareas de médico en su ciudad natal, Comitán. Ante la insistencia, aceptó ser candidato suplente. Leopoldo Gout fue electo senador propietario.

El joven Belisario estudió medicina en París, se tituló como médico cirujano, partero y oculista. Se instaló en la Ciudad de México y poco tiempo después decidió radicar en Comitán, allí montó su consultorio y fundó la Farmacia Fraternidad, que él llamaba la botica, donde expendía medicinas de patente y remedios que él mismo preparaba con sus probetas, agitadores, balanzas y serpentines traídos de París. Hombre generoso, adoptó a un enanito de quince años y setenta y cinco centímetros de estatura, el joven Asiscio Alfonso, de modesto origen, lo enseñó a vestir con elegancia y lo convirtió en su boticario. El médico no cobraba las consultas a los pobres. Una mañana sus vecinos lo vieron cargando una cama en la calle, se aprestaron a ayudarle y llevaron el mueble a un paciente acosado por las fiebres que dormía en el suelo. Decidió regalarle su lecho.

En 1911, en San Cristóbal se gestó un complot para desconocer el Gobierno del estado con la intención de regresar los poderes a San Cristóbal. El jefe de las armas rebeldes, don Juan Espinosa Torres, instó al médico y presidente municipal de Comitán a que se uniera a este. Resumo su escrito: el médico respondió que no aceptaba su propuesta por ser una traición al Gobierno legalmente constituido, que era un crimen incitar a la revuelta armada y lo hacía responsable, ante Dios y ante la Patria, de la sangre que se derramara en la contienda. Y agrega:

Para resolver en qué ciudad deben permanecer los poderes, le propongo un duelo con dos pistolas idénticas, una cargada y la otra no. Las pistolas estarán en una bolsa y usted cogerá la pistola que guste, yo tomaré la otra. Cada uno aplicará su pistola en la frente del otro y a la voz de uno de los padrinos dispararemos. Los poderes permanecerán en Tuxtla si usted queda vivo y en San Cristóbal si quedo yo. El duelo se verificará en esa ciudad el día que se me fije. Si usted persigue una idea y para realizarla se necesita sangre, no tendrá inconveniente en aceptar mi propuesta. De lo contrario, los habitantes de esa culta ciudad sabrán calificar la conducta de usted. Espero contestación.

Dr. Belisario Domínguez.

El telegrama no tuvo respuesta.

En 1913, a corta distancia de este recinto, sobre San Juan de Letrán esquina con 16 de septiembre, en el sencillo hotel Jardín, se hospedaba el doctor Belisario Domínguez. Viajó a la ciudad con su hijo Ricardo para inscribirlo en la Escuela de San Ildefonso. El senador Leopoldo Gout falleció en esos días y el doctor Domínguez ocupó el escaño. El triunfo de Francisco I. Madero sobre la dictadura de Porfirio Díaz entusiasmó a don Belisario. Seguía desde Chiapas sus medidas para fortalecer su Gobierno. Le preocupó que liquidara a su ejército, sus malas relaciones con Emiliano Zapata y la designación de Victoriano Huerta como jefe militar. Ante la esperada traición de Huerta, con apoyo de la Embajada de Estados Unidos, y los asesinatos de Franscisco I. Madero y José María Pino Suárez, el doctor Belisario Domínguez tomó una decisión: luchar en la tribuna de la cámara contra el asesino y usurpador. Hemos escuchado el discurso que no pudo pronunciar, conocemos su petición de que cada lector realizara cinco copias del mismo para librar la censura. Deseo que se cumplió póstumamente. En su habitación del hotel Jardín, escribió una carta a su hijo, la entregó a su amigo Jesús Fernández, quien se la devolvería en caso de que salvara la vida y esperó a que llegaran los esbirros de Huerta. Sabemos el desenlace. El asesinato causó una ola de protestas, reprimidas, pero inocultables. Su cadáver fue rescatado de una fosa improvisada y enterrado en el panteón Francés. Tiempo después sus restos fueron trasladados a Comitán. Para los mexicanos, y para los chiapanecos en particular, su comportamiento y sacrificio son una lección de dignidad.

Caradura, óleo sobre tela, 30 x 60, 2012.

Caradura,
óleo sobre tela,
30 x 60, 2012.

En 1953, por iniciativa del senador chiapaneco, Julio Serrano Castro, se instauró esta presea. Su primera emisión fue colocada en el pecho de la estatua del propio héroe que se encuentra en este recinto. Su otorgamiento anual ha manifestado las posiciones políticas ejercidas en nuestro país. En sus primeros años, los galardonados fueron participantes en las luchas, armadas primero y civiles después, con que México fue dibujando su silueta posrevolucionaria. En su mayoría surgidos del partido en el poder. Los avances democráticos o sus obstáculos se han visto reflejados en esta ceremonia. La participación de diversos partidos en la conducción del Estado, el Gobierno ejercido en los estados y municipios, o su representación en el poder legislativo, son un espejo del carácter pluripartidista que hemos alcanzado. La presidencia de la República, ejercida por diferentes partidos, no es imposible. En años recientes, figuras relevantes del Partido Acción Nacional y del Partido de la Revolución Democrática han sido merecedores de esta medalla. Hoy que recibo este altísimo honor, deseo hacer un breve recuento.

Los comunistas hemos actuado en la política nacional desde 1919 en épocas de persecución, cárceles y asesinatos, y en periodos de vida legal. Durante el Gobierno del general Cárdenas, creció su participación y fue mermando hasta llegar a los días terribles del diazordacismo. Sesenta años de historia nos enseñaron que el socialismo debía ser democrático porque un socialismo no democrático se parece demasiado al fascismo. Desechamos la toma del poder por vía de las armas y no nos ostentamos dueños absolutos de la verdad. Para mi generación, la Revolución cubana fue un acontecimiento capital. Muchos mexicanos prestamos colaboración con el pueblo de la isla. Tomé las armas en defensa de la autonomía cubana por convicción. Tuve formación castrence, con oficiales del Ejército mexicano, en la Universidad Militar Latinoamericana, en donde tantos jóvenes notables estudiaron. Viví en la República Popular China, en la Unión Soviética y visité otros países socialistas. Esa experiencia me sirvió para saber qué deseaba ayudar a construir en mi país y qué no deseaba. Tuve la fortuna de aprender de la cultura política y la intuición de Arnoldo Martínez Verdugo, dirigente del Partido Comunista Mexicano. El Partido Comunista fue legalizado, en un aporte singular de don Jesús Reyes Heroles. Parodójicamente, en los primeros años de legalidad, nuestro partido redujo sus fuerzas, no por falta de miembros sino por la incapacidad de ofrecer una alternancia política. Esa naciente izquierda plural llevó a la fundación del Partido Socialista Unificado de México, sus dirigentes y militantes venían de muchas fuerzas y tuvieron una brillante participación en la cámara de diputados, como también la tuvo el Partido Mexicano de los Trabajadores del ingeniero Heberto Castillo. Terminó la LIII Legislatura, se avecinaban las elecciones presidenciales y ambos partidos decidieron unificarse en el Partido Mexicano Socialista y participar con un candidato salido de una elección abierta también a los simpatizantes. Entre los precandidatos figuramos el ingeniero Heberto Castillo y yo. El ingeniero salió vencedor. Algo insólito sucedió entonces: del Partido Revolucionario Institucional surgió la candidatura independiente del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, apoyado por miembros de ese partido e independientes. A su candidatura se sumó nuestro recién nacido PSUM. El resultado lo conocemos todos, el Gobierno no aceptó el escrutinio; se cayó el sistema, fue el argumento. Nace de esta circunstancia el Partido de la Revolución Democrática al que el PMS le brindó su registro.

A lo largo de mi vida, he sostenido amistad con miembros del PRI que mantienen un espíritu democrático e interés por los nuevos caminos de la democracia. Lo mismo me ha ocurrido con militantes del PAN. Siempre tuve amigos en ambas filas. El Poder Legislativo se renueva constantemente, en cambio, el Poder Judicial ha experimentado menos alternancia, sigue siendo un organismo unipartidario. Sería sana una mayor apertura en el origen de sus miembros. Del Poder Ejecutivo, de los Gobiernos municipales, estatales y federal, exigimos profundizar los procedimientos democráticos, vigilar y transparentar las elecciones.

Algunas de las disposiciones legales recientes, en el área de la educación pública, han sido rechazadas por agrupaciones que tratan de marcar la ley a su conveniencia y servicio. Agrupaciones gremiales de Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas han respondido con gran violencia, con crímenes y arbitrariedades impropias del espíritu universal del magisterio. La falta de solidez y legalidad en la actuación del Poder Ejecutivo de algunos estados ha desembocado en la corrupción de los policías locales y su coptación por parte de la delincuencia organizada. Esto ha provocado una estela de crímenes y asesinatos. Los delincuentes se han repartido el país y, cuando entran en contradicción, la guerra y la crueldad se acrecienta y lacera las comunidades. Nuestras fuerzas armadas, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina, han ocupado honrosamente los puestos de combate que debía de ejercer la policía federal y estatal.

De septiembre a esta parte se ha desatado una crisis social que la sociedad rechaza y padece. Las manifestaciones de protesta han ido creciendo en violencia. Es dolorosa e inaceptable la desaparición de los jóvenes normalistas, pero hay que reconocer también que el Gobierno ha desplegado una enorme fuerza de búsqueda y de investigación sin límite de esfuezos de todo tipo. Por grande que sea el dolor, el crimen no se combate con más crimen. La arbitrariedad, la violencia, la destrucción de instituciones y propiedades de particulares, y el acoso a los trabajadores de la ley al grado de poner en peligro su integridad física, es inaceptable.

¿Qué nos queda en este momento? Fortalecer la lucha contra la corrupción, contra el crimen, contra la violencia. El ambiente político está preñado de acusaciones, entre los partidos, entre los gremios. Como ciudadanos podemos tener diferencias con el Gobierno, debe haber diferencias entre partidos, pero estas no deben impedir que sumemos las fuerzas capaces de avanzar hacia la democracia. A todo el Poder Ejecutivo, con el señor presidente a la cabeza, exigimos transparencia en sus decisiones, oídos atentos a la opinión popular, protección a la convivencia nacional, combate a la ilegalidad y a la corrupción en todos los niveles, respeto a los derechos humanos. Las mismas actitudes esperamos de todas las agrupaciones partidarias. Y si los ciudadanos que buscamos el orden, la paz y la justicia, coincidimos con acciones del Gobierno, también hay que manifestarlo.

Nuestro héroe, don Belisario Domínguez, en tiempos violentos eligió, en primera instancia, la denuncia en la tribuna, la discusión y la palabra. Ese es el camino, fortalecer las leyes de la democracia, exigir su cumplimiento. Hace varios años que no hago vida partidista, pero en la izquierda están mis convicciones y mis viejos y nuevos compañeros de afanes.

Muchas gracias por otorgarme esta altísima distinción ciudadana.

_______________________

Narrador, ERACLIO ZEPEDA (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1937) también ha sido a lo largo de su vida un incansable conversador. Es autor de al menos dos obras inolvidables de la cuentística mexicana: Benzulul (1959) y Andando el tiempo (1982), por la que recibió el Premio Xavier Villaurrutia. Seis años antes había recibido el Premio Nacional de Cuento por el volumen Asalto nocturno (1976). En 2014 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en la rama de lingüística y literatura, y la Medalla Belisario Domínguez, que otorga el Senado de la República.

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