Mircoles, 18 Septiembre 2019
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El que transa avanza. Frasear la corrupción
Cultura | Este País | Somos Lo Que Decimos | Ricardo Ancira | 01.02.2015 | 0 Comentarios

El viajero, óleo sobre tabla, 69 x 47, 2013.

El viajero,
óleo sobre tabla,
69 x 47, 2013.

Se desplomó un humilde multifamiliar. Los peritos que investigaron las causas decretaron, tras recibir una llamada del alcalde, que un súbito reacomodo de las placas tectónicas había provocado la tragedia. Murieron los ocupantes del 101 al 108, comerciantes de videos, discos y chucherías chinas en el tianguis; los del 205 y 207, importadores de pacas de ropa; así como los locatarios de todo el tercer piso, de ocupaciones diversas: falsarios, taxistas pirata, gestores y franeleros. Igual suerte corrió el de los tacos de canasta, cuya bicicleta y frasco de salsa verde milagrosamente salieron ilesos. Los heridos tuvieron que ser atendidos en los pasillos de la Cruz Roja, toda vez que no contaban con seguro social por no declarar ni pagar impuestos. El Ministerio Público, por su parte, guardó un secreto: los constructores habían comprado materiales de segunda, en especial las varillas: con las adecuadas se edificó la mansión de un senador que una televisora había financiado en agradecimiento por las leyes que él y su grupo promovían. La tele achacó la catástrofe a una banda anarquista asalariada. La compañía de luz prefirió no divulgar que la conflagración provino de enchufes clandestinos aunados a fuegos pirotécnicos mal almacenados. Como los vecinos de edificios aledaños tampoco pagaban el impuesto predial, para despistar, cerraron ocho horas una transitada avenida ante la mirada protectora de la policía, lo cual, junto con la basura que dejaron y un chubasco, tapó las alcantarillas y retardó las labores de rescate. Otras viviendas quedaron anegadas. Plagas de ratas y cucarachas se esparcieron por la zona.

“La corrupción somos todos” dijo hace décadas un presidente en su único momento de lucidez. La corrupción es otro tipo de engaño consistente en soltar dinero para burlar leyes o normas éticas a fin de recibir favores, sea la obtención de un contrato, la agilización de un trámite o la exoneración de una culpa. Forma parte de nuestra cultura, aunque almas bienintencionadas, creyentes en la bondad del pueblo, ubiquen su origen en los regímenes posrevolucionarios. Basta recordar el “Acátese pero no se cumpla” hispano, los sangrientos sobornos a Huitzilopochtli o la noción de “justicia” de Juárez para constatar que nuestra proclividad a la corrupción data de siglos.

El paradigma es amplio: soborno, mordida (término que al parecer los españoles —por requerirlo— están adoptando), trácala, timo, cochupo, chanchullo, trastupije, enjuague, etcétera. También hay adjetivos: corrupto, tramposo, mañoso, chapucero, trinquetero…, y verbos: defraudar, embaucar, timar, falsificar, birlar, estafar, edulcorar, jinetear, adulterar… Una gestión “se lubrica”. El chayote (o chayo) convence a ciertos periodistas de las bondades de algo o alguien.

Hay locuciones que prometen una repartición: ir a mitas/michas, pasar corriente, dar para el chesco, ponerse a mano, apoquinar/pagar “por fuera” o “por debajo del agua/de la mesa”, “entrarle”, recibir (mi/tu/su) tajada,1 dar una lana, etcétera.2

–¿Entonces cómo le hacemos, oficial?

–Dio una vuelta prohibida.

–No me daré por bien servido.

–Lo dejo a su criterio.

Hay expresiones con referencias históricas: el que a alguien le haga, o no, “justicia la Revolución”; carrancear (las tropas de Venustiano Carranza solían saquear, si bien no más que las otras), así como el “cañonazo de cincuenta mil pesos” festinado por otro Padre de la Patria: Álvaro Obregón. “Ese gallito quiere su maíz” decía Porfirio Díaz de algún disidente. En el imaginario popular, hasta la Virgen de Guadalupe puede recibir sobornos de los alcohólicos: si “están jurados” ante ella pueden, mediante una limosna considerable, romper su abstemia por un día para asistir, por ejemplo, a una boda.

Durante la dictablanda los priistas se regodeaban en el cinismo: “un político pobre es un pobre político”, “lo malo no es robar sino que te cachen”, “la moral es un árbol que da moras”, “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”. Sus admiradores, es decir, los aspirantes a corruptos, “no quieren que les den sino que los pongan donde hay” y exclaman: “que se mojen, que se empapen, pero que salpiquen”. Hace tiempo se atribuía al encargado de un puesto fronterizo con Estados Unidos la respuesta “Todo lo que libre el puente” a la pregunta “¿Qué puedo pasar por la aduana?”. Hace un mes fue reelecto un alcalde que confesó haber robado, “pero poquito”.

El humor —durante décadas única venganza popular posible— rebautizó con precisión al Banco de Crédito Rural (Banrural) como Bandidal, igual que llama perjudicial (también judas) a la policía judicial.

Una locución intrincada es ponerse la del Puebla. Para entenderla hay que saber que la camiseta de ese equipo de futbol tiene una raya azul que va del hombro izquierdo al lado derecho de la cadera. El movimiento que se hace con la mano siguiendo la franja materializa el moche/la mochada que originalmente se trazaba “serruchando” la palma de la mano izquierda con el canto de la diestra.

Un personaje de nuestra picaresca es el aviador. Antes solía presentarse quincenalmente (aterrizaba, pues) en una o —si tenía muchos amigos— varias oficinas gubernamentales para recibir su “salario” (que hasta hace treinta años venía en efectivo en sobres de plástico); ese era su único contacto con su(s) dependencia(s) de adscripción. Gracias a la tecnología, ahora las aviadurías son depositadas electrónicamente en las cuentas bancarias. Los beneficiarios, que entre otros eufemismos tienen cargo de asesores y asistentes, ya no tienen que pasar a la caja fingiendo dignidad. Se ha sabido últimamente, por ejemplo, de “profesores” sindicalizados que cobran como si impartieran ochenta horas de clase al día, cuando no dan ni una.

Esta columna vio la luz debido a que la mafia en el poder no le llegó al precio al autor.

1 Antes diezmo.

2 Tenemos otras palabras para nombrar el dinero, no necesariamente mal habido: pachocha, feria, luz, ojos, pasta, deláguila, fierros, morralla; también por montos: centav(it)os, quintos, tostones, milagros, melones, etcétera.

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Profesor de literatura francesa en la Facultad de Filosofía y Letras y de español superior en el CEPE de la UNAM, RICARDO ANCIRA (Mante, Tamaulipas, 1955) obtuvo un premio en el Concurso Internacional de Cuento Juan Rulfo 2001, que organiza Radio Francia Internacional, por el relato “…y Dios creó los USATM”. Es autor del libro de relatos Agosto tiene la culpa (Samsara, México, 2014).

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