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Mircoles, 28 Octubre 2020
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Ficciones y poder

Federico Reyes Heroles y José Gordon conversan con Yuval Harari

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Este País | Federico Reyes Heroles y José Gordon | 01.03.2015 | 0 Comentarios

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YUVAL_NOAH_HARAI-_10_AB

El pasado 25 de febrero, Yuval Harari ofreció una conferencia en el Centro Deportivo Israelita, como parte de la promoción de su libro más reciente, De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad (Debate, Madrid, 2014). Ante un auditorio lleno, el autor comentó las principales ideas de este libro y planteó, en general, sus tesis antropológicas y sociológicas. En el marco de esta conferencia, Federico Reyes Heroles y José Gordon sostuvieron con él una conversación en dos partes. Harari ha ganado dos veces el Premio Polonsky y es miembro de la Academia Israelí Joven de Ciencias. Doctor por Oxford, imparte clases en la Universidad Hebrea de Jerusalén. El éxito internacional de este libro lo ha colocado en el centro del debate filosófico y científico en torno a la naturaleza humana. Agradecemos a la Asociación Mexicana de Amigos de la Universidad Hebrea de Jerusalén y a su presidente, Jaime Zabludovsky, organizadores de la conferencia, la oportunidad de sostener esta conversación.

FEDERICO REYES HEROLES (FRH): En cierto modo, tú tratas un asunto que ha sido abordado con frecuencia en las últimas décadas: la cultura, y cómo se puede leer la historia humana a través de ella. Creo que has hecho un gran trabajo al refrescar este asunto cultural. ¿Fue esta tu intención u ocurrió casualmente?

YUVAL HARARI (YH): Hoy en día el entendimiento de la humanidad está muy influenciado por la biología. Creo que cualquier entendimiento profundo de la humanidad y de la sociedad humana debe tener una dimensión biológica, porque los humanos somos animales, y si ignoramos la dimensión biológica no podemos entender a la humanidad. El problema es que hemos llevado esto a un grado en el que cada vez más científicos, e incluso gente común, tienen la idea de que podemos entender a la sociedad humana por medio de la biología solamente; que a través de la genética y la estructura del cerebro entenderemos todo lo que hay que saber sobre la especie humana. Esto es incorrecto. Si nos concentramos solo en el aspecto biológico e ignoramos el cultural estamos perdiendo de vista algunas de las cosas más importantes sobre el ser humano. En el libro, mi meta es basarme en la biología, darle el valor que se merece, pero por otro lado enfatizar que no se puede entender la historia sin tomar en cuenta la cultura, la ficción, la narrativa, el mito y todas aquellas cosas que es imposible entender por medio del ADN o la estructura cerebral.

FRH: En cierto modo, tu lectura de la historia humana está basada en el tipo de imágenes que han creado los seres humanos, porque eso es lo que los diferencia del resto. Los mitos juegan un papel muy importante en tu libro: son cultura, pero son también algo más. ¿Podrías hablarnos de ese “algo más”?

Para mí, la característica más importante de los humanos, en contraste con otros animales, es nuestra habilidad para crear ficciones. A veces la gente piensa que la ficción no es muy importante; que tal vez lo sea en la literatura o en el arte, pero que en cosas serias como la política o la economía no juega ningún papel. Mi visión es que la política, la economía, la guerra y todos los acontecimientos importantes de la historia están basados, al final de cuentas, en mitología, en ficción. Esto es muy obvio en el caso de la religión, por supuesto, pero también ocurre en el terreno de la economía. El dinero, por ejemplo, es a mi parecer la ficción más exitosa que ha inventado el ser humano. El dinero es básicamente una historia que hemos inventado: existe solo en nuestra imaginación. Un pedazo de papel, como un billete de un dólar, no tiene valor en sí mismo: no te lo puedes comer, no te lo puedes beber, no te lo puedes poner. Pero si en cambio creas una historia —“este pedazo de papel vale lo mismo que una hogaza de pan”— y se la cuentas a suficiente gente, entonces todos la creen y comienzan a comportarse de acuerdo a ella, como si ese pedazo de papel realmente valiera lo mismo que una hogaza de pan. Esto permite empezar a comerciar. Todo nuestro sistema económico está basado en esta ficción en la que todos creemos: el dinero.

Otro ejemplo son las corporaciones, como Google, Microsoft, General Motors, Peugeot. Uno piensa: ¿qué es una corporación? Una corporación es una historia que hemos inventado, y hemos convencido a mucha gente de que crea en ella. No es la gente, no son los trabajadores: se puede despedir a todos los trabajadores y la corporación sigue ahí. No son los edificios ni la maquinaria: un terremoto puede destruir todos los edificios y la corporación sigue ahí; puede tomar dinero prestado y construir nuevos edificios. No son los gerentes, que pueden morir o ser despedidos. Básicamente, una corporación es lo que los abogados llaman una “ficción legal”. Si todo el mundo cree que hay algo como Google, entonces Google existe en nuestro imaginario común, y en esto se basa nuestra economía.

FRH: Algo que me sorprende es que tú hablas de que el primer genocidio de la historia fue cometido por el Homo sapiens contra los neandertales. ¿Podrías hablar un poco de esta interesante historia?

Tendemos a pensar en nosotros como la única especie humana, ya que todo el mundo —México, Israel, Australia— tiene a los mismos humanos: Homo sapiens. Esto es algo extraño, porque con otros animales ocurre que hay distintas especies del mismo género en diferentes partes del mundo. Pasa con los osos, por ejemplo: hay osos polares en el ártico, hay osos grizzli, hay osos negros. ¿Por qué entonces tenemos solo una especie de humanos en el mundo? La realidad es que hasta hace 20 o 30 mil años había muchas especies distintas de humanos viviendo en diferentes partes del mundo, como los neandertales en Europa o el Homo erectus en Asia. Cuando el Homo sapiens se propagó fuera de África, llevó a todas esas otras especies humanas a la extinción, porque la ventaja del Homo sapiens fue su capacidad para cooperar en grandes cantidades. Los neandertales podían cooperar en grupos de unos 50, tal vez, pero el Homo sapiens podía cooperar con cientos y miles gracias a estas mitologías comunes. Dos neandertales que no se conocían no eran capaces de comerciar, no podían cooperar porque ¿cómo cooperar con alguien a quien no conozco? Como sapiens, puedo cooperar con alguien que no conozco si ambos creemos en las mismas ficciones religiosas o económicas. Esto llevó a la extinción de todas las demás especies humanas en el mundo. Y es muy interesante pensar qué hubiera pasado si esas otras especies humanas no se hubiesen extinguido, y tratar de imaginar el mundo hoy en día si además de todas las diferencias entre musulmanes y cristianos, entre ricos y pobres, entre africanos y europeos, existiera una diferencia mucho más fundamental entre sapiens y neandertales.

FRH: Podría comparar este texto con Masa y poder de Elias Canetti1 o El proceso de la civilización de Norbert Elías,porque da un punto de vista que realmente trata de distanciarse de los problemas. Algo que en verdad me gustó es la manera en que abordas las religiones, porque logras escapar de la trampa de ser capturado por una sola interpretación de la religión. Presentas el tema no solo como una necesidad biológica, sino también como una forma de organizarse. ¿Podrías hablar un poco de eso?

La religión es tal vez la invención más importante del ser humano. Es la base para casi todo lo que hacemos. Si tomamos cualquier gran corporación, encontramos que está basada en historias míticas que inventamos y creamos. Ahora bien, mucha gente piensa que la religión es simplemente la creencia en dioses, pero esta es una perspectiva muy cerrada. Hay religiones sin dioses. El budismo, por ejemplo, es una religión en la que los dioses tienen una importancia secundaria. Y en la era moderna existen religiones seculares como el comunismo, el nazismo y el liberalismo; simplemente creen en leyes de la naturaleza y no en dioses. El logro principal de la religión es que nos permite cooperar efectivamente porque nos convence de que todos tenemos que obedecer las mismas leyes. Ahora bien, ¿cómo convencer a todos de seguir las mismas leyes? El truco de la religión es decir: “Estas leyes no las inventamos nosotros. Nos fueron otorgadas y no podemos cambiarlas, no podemos hacer nada más que seguirlas”. ¿Cuál es la fuente de estas leyes superhumanas? Hay dos fuentes potenciales. Una son los dioses: “Dios nos dio estas leyes y por ello debemos obedecerlas”. Pero hay una fuente alternativa que son las leyes de la naturaleza. En el budismo, el comunismo y el liberalismo, la idea es que hay leyes naturales que gobiernan el mundo, y nosotros debemos obedecerlas. Esto no siempre es cierto; la gente inventa leyes naturales que son ficticias. Pero si se convence a todos de que el mundo está gobernado por ciertas leyes y todos aceptan esa historia, entonces se comportarán de acuerdo a esas leyes, y así se podrán crear estados, redes de comercio y demás.

FRH: Creo que en el libro sigues un camino interesante y difícil: la racionalidad aparece por la necesidad de organizarse en sociedad. No es una cuestión solo de crear imágenes, sino de supervivencia.

No se puede construir una sociedad que recaiga únicamente en la racionalidad, porque entonces no habría ningún código ético que todos acepten y sigan. A fin de cuentas, cualquier sociedad está basada en alguna ficción que todos comparten y creen, incluso la sociedad secular moderna. Los derechos humanos, por ejemplo: no hay nada racional ni científico en los derechos humanos. Biológicamente, el ser humano no tiene derechos. Así como ni los elefantes ni los puercoespines tienen derechos, los humanos tampoco los tenemos. Si cortamos a un ser humano por la mitad encontramos el corazón, los riñones, el hígado, encontramos sangre y hormonas, pero no encontramos derechos. El único lugar donde encontramos derechos es en las historias que la gente inventa y disemina. Los derechos humanos pueden ser una historia muy atractiva, responsable en gran medida del bien en el mundo, pero no debemos engañarnos pensando que es algo racional y decir: “Dios y el cielo son ficciones, pero los derechos humanos son algo científico”. No. Son simplemente otro tipo de ficción. Los derechos humanos pueden ser una mejor ficción, pero siguen siendo ficción.

FRH: Cuando uno estudia ciencia política, siempre piensa en los sistemas políticos como la manera más importante en que el ser humano se organiza. Pero en tu libro los sistemas políticos son algo menor: son simplemente el producto de necesidades biológicas y de supervivencia.

Sí. Y además cambian muy rápidamente. Analicemos la historia de un país a lo largo de 100 años: Alemania en el siglo XX, por ejemplo. Alguien que nace en 1900 vive hasta los 18 años en el segundo Reich bajo el Gobierno del káiser; después vienen la revolución y la república de Weimar por 15 años; luego, por 12 años, el régimen nazi; más tarde viene otro cambio con el régimen comunista en Alemania oriental, y finalmente, en 1989, con la caída del muro, Alemania queda reunida una vez más como democracia liberal. Así que tenemos a la misma gente, en la misma geografía, con el mismo clima y el mismo ADN, pero con cinco sistemas políticos completamente distintos. Esto demuestra que los sistemas políticos son un producto no solo del ADN o la racionalidad, sino del inmenso poder de la cultura, de la ficción y las narrativas para moldear nuestra realidad política.

* * *

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JOSÉ GORDON (JG): Cuando tenemos una perspectiva pequeña del tiempo, podemos fechar la historia en términos de lo que pasó ayer, hace un mes o doce meses, pero olvidamos el gran contexto de la evolución del ser humano. En este sentido, Yuval hace algo muy interesante. Su visión no es solo la “de pájaro”, que puede escanear la historia en términos de siglos, sino que propone una especie de satélite espía cósmico que trata de identificar lo que ha pasado durante milenios. Esto nos habla de una exploración desde el big bang hasta nuestros días. Realmente, el trabajo de Yuval es una hazaña para tratar de ubicar lo más significativo tomando esta escala del tiempo. Yuval plantea una interesante y fascinante historia breve de la humanidad.

Muestra, también, el papel tan importante que juega la imaginación. Propone un marco en el que las realidades imaginadas son fundamentales tal y como las concebimos. Dependen del acuerdo que exista dentro de la ficción.

Al respecto, Federico, me gustaría hacerte un planteamiento. La propuesta [de Yuval] de la ficción compartida abre la posibilidad de entender cuándo una nación puede funcionar en torno a un proyecto común y cuándo no. Depende de si creemos en la misma ficción o no.

FRH: Alguien me decía que en las últimas décadas nos hemos dedicado a saber cada vez más de cada vez menos, hasta saber todo de nada. Este es un libro a contracorriente de la especialización, de los temas cada vez menores. Tiene una visión muy amplia. Ahora, para abordar el punto: el Estado es un invento, claro. Esto nos da una cachetada a todos los que pensamos que los sistemas políticos, los partidos y otras invenciones con las que funcionamos son de larga data, porque no es cierto. Comparados con la historia de la humanidad, son un invento bastante reciente y no sabemos cuánto más vayan a durar. La crisis de legitimidad de los partidos políticos es muy severa, y no solo en México. Los jóvenes no quieren pertenecer a ellos, no quieren militar. Las democracias más consolidadas tienen regímenes de participación del 30%, así que el 70% no vota. Hay un conflicto serio alrededor de esto.

Creo que hay naciones que tienen mitos fundacionales muy fuertes, que les han dado una gran unidad. En parte están basados en referencias puramente míticas, a veces religiosas, a veces raciales. Basta con ver, por ejemplo, el lema de la UNAM: “Por mi raza hablará el espíritu”. Y estoy hablando del centro de conocimiento más importante de nuestro país. Esto nos remite a los orígenes de la discusión, a Vasconcelos con su raza cósmica, un planteamiento que todavía no tiene ni un siglo, y sin embargo el 12 de octubre, alrededor del Monumento a la Raza, se reúne gente a decir que los españoles llegaron a destronarnos y que hay que recuperar la raza pura. Aquí también tenemos esa concepción, minoritaria, pero que sigue existiendo en pleno año 2015.

Tengo un par de preguntas hacia el pasado sobre asuntos que trató Yuval y que para mí resultaron muy interesantes, y una pregunta hacia el futuro. Hacia atrás, mi pregunta es sobre las relaciones del ser humano y lo que llamamos “domesticación”. Creo que el desequilibrio que planteas en este sentido, Yuval, es brutal. Sin embargo, esa actividad es la que también nos permite explicar la sociedad agraria, algo de lo que tú eres muy crítico; incluso rescatas a los nómadas cazadores por su dieta y una serie de cuestiones más. ¿Qué nos puedes decir al respecto?

YH: Tendemos a pensar que la revolución agrícola es un gran paso hacia delante para la humanidad. Obviamente, en el proceso del Homo sapiens de conquistar el mundo, la agricultura fue un paso muy importante. La domesticación de ciertas plantas y animales fue el fundamento económico para establecer ciudades, reinos e imperios. Estos serían imposibles sin la agricultura. Sin embargo, lo que tendemos a olvidar son dos cosas: primero, que la revolución agrícola fue una catástrofe terrible para los animales. Las condiciones de la mayoría de los animales domesticados para la agricultura son terribles, y han empeorado con el paso de los siglos. En segundo lugar, la agricultura fue colectivamente un gran paso porque hizo a la humanidad más poderosa, pero la vida del individuo empeoró después de la revolución agrícola. El cuerpo y la mente humanos evolucionaron por cientos de miles de años para perseguir presas y buscar alimentos salvajes, no para construir canales y cultivar maíz o molerlo, que es un trabajo muy arduo y nada estimulante para la mente. La alimentación empeoró ya que, mientras los cazadores comían docenas de alimentos distintos y con ello obtenían una dieta muy balanceada, los campesinos hasta hoy en día, en la mayoría de las sociedades, obtienen el 90% de sus calorías de un solo grano, como en México con el maíz, y esto es perjudicial para la salud. Además de todos estos problemas, también surgieron las jerarquías sociales y la explotación. En las sociedades de cazadores había muy poca explotación de los nichos sociales, pero con la agricultura comienzan a surgir pequeñas élites que controlan y explotan a las masas de campesinos y trabajadores. La agricultura fue un gran paso hacia delante para la humanidad como conjunto, pero a nivel individual fue uno de los más grandes desastres de la historia.

JG: Pasemos en este escaneo de la historia a algo que ocurre hace 500 años y que tiene que ver con la revolución de la imaginación que tú planteas en tu libro, Yuval. Octavio Paz señala que donde terminan la reproducción y la sexualidad en términos animales, empiezan el erotismo y la imaginación. Tú planteas que donde termina la biología, sin que dejemos de depender de ella, empieza la historia. Hablando de esa historia, hace 500 años ocurre algo fundamental con la revolución científica: hay otro momento en el que el Homo sapiens empieza a descubrir principios en la naturaleza que le abren nuevos mundos y, sobre todo, le plantean la posibilidad de pasar de animales a dioses.

YH: Lo que vemos en los últimos 500 años es una aceleración del poder humano, gracias primordialmente a la ciencia. Con la ayuda de la ciencia el ser humano está descifrando las leyes de la naturaleza, de la física, la química, la biología, y esto nos da un inmenso poder, de manera que hoy en día podemos decir que estamos a punto de convertirnos en dioses. Comenzamos como animales, luego conquistamos el mundo, y ahora el siguiente paso es convertirnos en dioses. Y esto lo digo literalmente, porque ciertas habilidades que siempre fueron pensadas como divinas ahora están a nuestro alcance. Daré un par de ejemplos importantes: si tomamos la Biblia, el Génesis dice que en el comienzo Dios creó las plantas, los animales y los humanos de acuerdo a su voluntad. Esto es un acto de creación divina: la habilidad de hacer seres vivos por voluntad propia. Ahora, a principios del siglo XXI, hay personas adquiriendo estas mismas habilidades con la ayuda de la ingeniería genética, la nanotecnología y otros métodos. Estamos en el punto en que podemos crear animales, plantas e incluso seres humanos según nuestra voluntad. Esta es la primera habilidad divina. La segunda es que, en casi todas las mitologías religiosas, los dioses son inmortales. Hoy en día, la visión que cada vez más personas, más científicos, industrialistas y líderes comienzan a articular es que el gran proyecto del siglo XXI será superar la muerte. No es una idea lunática marginal. Hace dos años, Google, que es probablemente la corporación más importante del mundo, inauguró una subcompañía llamada Calico cuya misión y propósito es vencer a la muerte, simple y sencillamente. Hace dos o tres meses, uno de los fundadores de PayPal, Peter Thiel, considerado uno de los emprendedores más exitosos de Silicon Valley con una fortuna personal de 2 mil 500 millones de dólares, dio una entrevista en la que dijo que hasta ahora los humanos tenemos dos reacciones principales ante la muerte: una es ignorarla y la otra es aceptarla. Sin embargo, dice Peter Thiel, hay una tercera opción: luchar contra ella. No luchar contra las enfermedades en particular, sino contra el envejecimiento y la muerte en todas sus formas. No vamos a luchar para superar el cáncer y luego decir: “Bien, ahora podemos morirnos de algo más”. No. Lo que sea que venga, lucharemos contra eso, y hay científicos de la mayor seriedad que sostienen que durante este siglo, antes del 2100, podemos alcanzar tal vez no una inmortalidad, pero sí una amortalidad. Inmortalidad es que simplemente no podemos morir. La amortalidad es un poco distinta: si algo catastrófico ocurre, morimos y no hay nada que hacer, pero si nada por el estilo pasa, podemos ir al hospital cada 10 años para someternos a algún tratamiento que nos dé otros 10 años no solo de vida, sino de juventud y buena salud. Y al término de esos 10 años habrán inventado algo más que nos compre 20 o 30 años adicionales, para así poder seguir viviendo indefinidamente. Esta es una visión que se está volviendo cada vez más importante para las comunidades científica y económica. Es una visión un tanto escalofriante, porque es muy probable que no todo el mundo se vuelva amortal. Es probable que cueste mucho dinero, al menos al principio, y que solo los ricos puedan pagarlo. Eso nos dejaría con ocho millones de amortales y otros ocho billones de mortales muy enojados. Y es que a lo largo de la historia el consuelo mayor de los pobres siempre ha sido la muerte: “Los ricos la tienen fácil ahora, pero se van a morir igual que nosotros”. Consideren ahora lo que pasará cuando la gente pobre se dé cuenta de que ellos van a morir y los ricos vivirán para siempre.

FRH: Me interesa el poder de las ficciones y cómo en pleno siglo XXI están provocando el arrinconamiento de lo que llamamos Occidente. Creo que tu libro escapa muy bien de las tesis que ven a Occidente como la fuente de todo lo civilizatorio y al resto de las culturas como el venero de la violencia. Tú planteas que a final de cuentas son las fantasías que están detrás de nosotros las que pueden ser brutalmente agresivas y asesinas. Si bien tu texto es optimista en lo que se refiere al avance científico y civilizatorio, no lo es respecto a un posible debilitamiento de estas fantasías.

YH: Creo que debemos ser realistas: ni demasiado optimistas ni demasiado pesimistas. Hoy en día el desarrollo supone grandes peligros pero también grandes oportunidades para mejorar las condiciones del mundo. Hay motivos para ser optimistas, especialmente en lo que se refiere a asuntos como la violencia y la guerra porque, si bien mucha gente no se da cuenta, en los últimos 50 o 60 años hemos visto un declive dramático en la violencia internacional. Claro que sigue habiendo guerras, y yo lo sé porque vengo de Medio Oriente, pero hay muchas menos guerras y conflictos internacionales en el mundo actual que en cualquier otro momento de la historia. Hay partes del mundo sin guerras internacionales. Durante todo el siglo XX, en Latinoamérica hubo solamente tres conflictos internacionales importantes: entre Perú y Ecuador, entre Paraguay y Bolivia en los años treinta, y la Guerra de las Malvinas. El último anterior fue la Guerra del Pacífico, entre Chile, Perú y Bolivia, en 1884. Son 130 años de paz sin parangón. Ha habido muchas revueltas internas, guerras civiles y demás, pero no conflictos internacionales. No es solo la Europa rica y democrática la que disfruta de este tipo de paz. Y lo que es aún más significativo es que no se trata únicamente de estadísticas; algo fundamental cambió en nuestra concepción de la paz y la guerra porque a lo largo de la historia ha habido momentos de paz, pero la paz siempre fue la ausencia temporal de la guerra. Cuando dos reinos estaban en paz, por ejemplo Francia e Inglaterra en la Edad Media, se sabía que en cuestión de un año podían estar en guerra otra vez. La paz siempre fue algo muy frágil, y había una especie de ley de la selva que dictaba que dos entidades políticas en paz corrían un riesgo importante de guerra. Lo que es notable del mundo contemporáneo es que hemos roto esa ley de la selva en la mayor parte del mundo. No en todas partes, pero en le mayoría. No es solo que las guerras no sucedan, sino que las guerras son inimaginables. Es decir, no podemos imaginar seriamente una guerra entre Francia e Inglaterra el próximo año. Es inconcebible. De la misma manera, si el Gobierno brasileño estuviera discutiendo el presupuesto para el próximo año, sería inconcebible que en medio de la discusión el ministro de defensa dijera: “¿Qué tal si conquistamos Uruguay el próximo año? Apartemos 10 mil millones de dólares en caso de que queramos hacerlo”. No es que Brasil no tenga la capacidad de hacerlo. Brasil es en realidad más poderoso que Uruguay. Es solo que las cosas ya no se hacen así. Al menos no en esa parte del mundo. Así, los uruguayos pueden dormir tranquilos, sabiendo que los brasileños no los van a invadir.

Esta es la primera vez en la historia que se da una situación así, y creo que se debe principalmente a dos desarrollos nuevos. Por un lado las armas nucleares. Las armas nucleares convirtieron las grandes guerras internacionales en suicidios colectivos, y no es ninguna coincidencia que la era de paz haya empezado en 1945 con la primera bomba atómica. Sin la presencia de las armas nucleares hubiera sido casi inevitable que Rusia y Estados Unidos se embarcaran en una tercera guerra mundial en los años cincuenta o sesenta. El segundo desarrollo es el cambio en la naturaleza de la economía. A lo largo de la historia, la economía ha estado basada en la riqueza material. Es decir, la principal fuente de riqueza en el mundo era material: minas de oro, minas de plata, campos de trigo, esclavos, territorio. Esto provoca muchas guerras en las que se disputa el control de esos bienes materiales. Recordemos a los conquistadores españoles en América y el control de las minas de oro. Así, la guerra tiene sentido. Pero ahora la economía se basa cada vez más no en bienes materiales sino en el conocimiento. En los países más ricos y avanzados la fuente principal de riqueza es el conocimiento. Y lo maravilloso del conocimiento es que no se puede conquistar con la fuerza. California es uno de los lugares más ricos del mundo; su riqueza está basada en el conocimiento de la gente de Silicon Valley, y eso no se puede conquistar. Si México invadiera California y ganara, ¿qué ganaría? No hay minas de silicón en Silicon Valley, lo que hay es conocimiento. Esta es la razón por la que las guerras están desapareciendo. Los lugares del mundo donde aún hay guerra son lugares en los que hay una economía anticuada, basada en bienes materiales y no en conocimiento. En Medio Oriente la fuente principal de riqueza es el petróleo, por lo cual la guerra tiene sentido.

JG: Esto nos habla de la importancia de las realidades imaginadas, las que podemos concebir. Lukács hablaba de la conciencia posible como un concepto muy importante: lo que una conciencia colectiva filtra como realidad. Respecto a estas realidades imaginadas, Yehuda Amichai, un gran poeta israelí, decía: “Dios: nosotros te pedimos el conocimiento del bien y el mal, y tú nos das las reglas para saber jugar futbol”. Es decir, hemos construido ciertas realidades imaginadas, algunas más superficiales y otras más importantes, pero la clave está en cómo imaginar realidades acordes a nuestro tiempo. Sam Pitroda, pionero de las telecomunicaciones en la India, decía que tenemos hoy en día una mentalidad del siglo XIX, procesos del siglo XX y necesidades del siglo XXI. El problema entonces es: ¿qué es lo que deseamos? Hay muchas ficciones en el mundo, ¿cuáles son las verdaderamente reales?

YH: Esa es la pregunta. ¿Qué es lo real? Creo que la clave ahí es el sufrimiento. El sufrimiento es lo único en el mundo que sabemos con certeza que es real. El sufrimiento puede estar causado por una ficción, como cuando la gente cree en alguna historia y empieza una guerra que causa sufrimiento. Pero el sufrimiento en sí no es una ficción, no es una historia: es real. Si queremos saber lo que es real, yo empezaría por ahí. Cuando creemos en algo debemos preguntarnos si ese algo puede sufrir. Creemos en las naciones, en las corporaciones, y debemos preguntarnos si estas pueden sufrir. Si la respuesta es no, entonces son ficciones.

FRH: Un filósofo en desuso, Immanuel Kant, preveía que conforme las democracias fueran avanzando, las guerras iban a disminuir. Esto, dicho en su época, sonaba imposible, y sin embargo está ocurriendo. Y el texto de Yuval me ha recordado un viejo libro llamado Homo ludens3, de Johan Huizinga, sobre la sociología del juego. Su tesis es precisamente que esas invenciones son lo que han definido nuestro curso de actividad: que el ser humano es finalmente un ser que juega y que organiza sus juegos. Hay otros animales que por momentos juegan, pero no tienen las reglas escritas, y nosotros sí. De animales a dioses me hizo reflexionar mucho sobre nuestra capacidad inventiva para generar ficciones. 

JG: Lo que hemos discutido aquí nos plantea la importancia de las ficciones y algo también fundamental que dijo Carlos Fuentes: destruimos al otro cuando somos incapaces de imaginarlo. El reto es: ¿cómo imaginamos al otro y cómo imaginamos nuestros relatos del futuro?

Transcripción, traducción y edición: Julián Segura

1 Elías Canetti, Masa y poder, Madrid, Alianza Editorial, 2013.

2 Norbert Elias, El proceso de la civilización, Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2011.

3 Johan Huizinga, Homo ludens, Madrid, Alianza Editorial, 2007.

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FEDERICO REYES HEROLES  es director fundador de la revista Este País y presidente del Consejo Directivo de la Fundación Este País. Su más reciente libro ensayístico es Alterados: Preguntas para el siglo XXI. Entre sus novelas están Noche tibia, El abismo, Canon y Abecedario, la más reciente. Es columnista del periódico Excélsior. JOSÉ GORDON es novelista, ensayista y traductor. Conduce y dirige La oveja eléctrica, programa sobre ciencia y pensamiento de Canal 22, y produce la serie de cápsulas televisivas Imaginantes. Es autor, entre otros libros, de Tocar lo invisible y El libro del destino.

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En efecto, de los últimos 18 años del siglo pasado a la primera docena del actual hemos vivido en México el surgimiento o agravamiento de un buen número de problemas económicos, políticos y sociales, que pueden parecer efecto de los cambios políticos y económicos que ha experimentado el país desde el inicio de los años ochenta: la reforma política iniciada en el gobierno del presidente José López Portillo (1976-1982) pero concretada hasta el de Ernesto Zedillo (1994-2000) y las reformas económicas iniciadas en el de Miguel de la Madrid (1982-1988) y profundizadas en el de Carlos Salinas (1988-1994), nuestra perestroika y nuestro glasnost correspondientes. Después de un largo periodo de estabilidad política y crecimiento económico iniciado en los años cincuenta, que concluye a finales de los sesenta y principios de los setenta, México vive un corto periodo de auge –gracias a ingresos imprevistos de divisas por exportaciones petroleras– que vino a desembocar en una crisis económica y política, dando lugar a una serie de cambios durante los años ochenta y noventa que, lejos de resolver los problemas básicos de pobreza e inequidad, parece ser causa de su agravamiento y del surgimiento de nuevos conflictos. Es una larga lista de problemas que incluye la pobreza, el desempleo, el comercio informal, diversas formas de delincuencia, el narcotráfico, el contrabando, la emigración de mexicanos a Estados Unidos, la fuga de capitales, la corrupción, la contaminación y destrucción del medio ambiente, la impunidad, los homicidios sin resolver, los levantamientos populares regionales y el caciquismo, entre los más destacados. Si bien algunos de estos problemas son ya muy viejos, hay dos factores nuevos que acentúan la percepción de ellos por parte de la sociedad: la consolidación de los medios de información como un nuevo poder que, ya sin cortapisas, presenta y resalta –no sin prejuicios– dichos problemas, y el desencanto de la sociedad mexicana por el fracaso de los gobiernos del PAN –el primer partido de oposición que triunfó electoralmente en más de 70 años– para enfrentar y resolver, así fuera parcialmente, algunos de ellos. En contraste, desde hace 17 años México experimenta una gran estabilidad en materia de precios, salarios, tasas de interés y tipo de cambio, resultado de un férreo equilibrio fiscal y un superávit en divisas sin precedentes. A ello se ha llamado “estabilidad macroeconómica”, lograda por medio de la reducción sistemática del gasto público, el control del crédito hasta casi su desaparición, la contención salarial, la expansión de las exportaciones y el estancamiento del mercado interno. Este panorama económico y social no es exclusivo de México, sin embargo. En otros países se presenta en forma más o menos similar, a pesar (o quizá por efecto) de la aplicación de políticas económicas comunes de corte neoliberal orientadas a modernizar las economías de la región en la nueva etapa de la globalización. Entre los factores que determinan el conjunto de problemas contemporáneos más graves, hay tres que siendo de suyo conflictivos generan en combinación una dinámica social y económica perversa, un círculo vicioso que produce y amplifica otros problemas. Estos tres factores son: (1) el empobrecimiento de una parte importante de la sociedad como producto del desempleo y, en general, de la falta de oportunidades; (2) una tendencia por parte de los diversos grupos sociales a no cumplir la ley (en sentido amplio, es decir cualquier norma de carácter público) salvo en determinadas circunstancias, y (3) la total ausencia de una política industrial y comercial, por parte del Estado, orientada al estímulo de la inversión productiva. Estos tres factores son determinantes, en el caso de México, de buena parte de los demás problemas, pero no son exclusivos de nuestro país y es muy probable que se presenten también en otros países en desarrollo, aunque quizá con una intensidad y una dinámica distintas. 1. Desempleo y pobreza La población económicamente activa asciende en México a unos 40 millones de personas. Esta población crece a una tasa anual aproximada de 3%, lo que significa una cifra de un millón 200 mil personas que cada año se incorporan al mercado laboral en busca de empleo. En años de crecimiento económico alto, el sector formal de la economía ha podido crear alrededor de 400 mil empleos por año. El resto de la nueva fuerza laboral, unas 800 mil personas, se ve obligado al empleo informal de diversos tipos (incluyendo actividades ilegales) o a emigrar a Estados Unidos. Sin embargo, la economía no ha estado creciendo a un ritmo alto y sostenido en todos estos años, lo que implica que el número de personas forzadas al empleo informal, la emigración o, de plano, la delincuencia, sea mayor y creciente, a causa de la falta de oportunidades de trabajo. Es decir, a la pobreza endémica del país se suma cada año un nuevo grupo de desempleados, lo que constituye sin duda un caldo de cultivo propicio para todo tipo de actividades ilegales. La causa directa de esta falta de oportunidades es la relativamente baja inversión en proyectos productivos generadores de empleos formales, lo que a su vez se debe en parte a la ausencia de un sistema financiero real y el abandono de la política industrial por parte del Estado en los últimos 30 años, temas que veremos más adelante. 2. Falta de respeto a las leyes La carencia de una cultura de respeto a la ley, entendida esta en un sentido amplio, no es algo nuevo en México: podríamos ubicar su origen en la época colonial. Tampoco es exclusiva de nuestro país. De hecho no hay país en el mundo en el que todas las leyes se cumplan y respeten siempre. Pero cualquiera que sea el indicador que se tome al respecto, México se cuenta actualmente entre los países en los que las leyes se respetan en menor grado. Es evidente que en nuestra sociedad las normas se cumplen solo cuando hay una amenaza clara de sanción y autoridades con capacidad para aplicarla. Esta carencia de cultura de la legalidad obedece a varios factores de diversos tipos, de los que destaco solo dos. El primero es que una buena parte de las leyes no se puede cumplir, ya sea porque unas leyes contradicen a otras, porque son obsoletas o inadecuadas o porque simplemente no hay autoridades en cantidad y con capacidad suficientes para hacerlas cumplir. El segundo es la ignorancia y el temor, o el desprecio que sienten los diversos sectores sociales respecto a las leyes. En los sectores de menores recursos económicos se percibe a las leyes como impuestas, es decir decididas al margen de ellos y, en consecuencia, se ven como ajenas y, en general, hechas para perjudicarlos, no para protegerlos. En los grupos de recursos económicos altos la percepción es más o menos inversa, es decir, se percibe que las leyes están para favorecerlos, pero solo a ellos y cuando no es así, se busca cualquier resquicio técnico para evadirlas. El resultado en ambos casos es el mismo: las leyes no se perciben como propias, como un mecanismo que se da la sociedad para funcionar en sus diversos ámbitos, en sí mismo digno de respeto, justo y de aplicación general. Las autoridades de diversos tipos, niveles y orígenes partidarios no han podido eliminar la percepción que se tiene, entre la sociedad, de que son ellos los primeros en violar la ley y esto aparece como un elemento adicional de justificación moral para el incumplimiento de las normas entre los ciudadanos. De ahí que se identifique a la corrupción como un obstáculo fundamental para el avance social. Pero la corrupción es solo una parte del problema más amplio y contextual que es el incumplimiento de las leyes en general. Este tiene implicaciones políticas, económicas y sociales de primera magnitud, sobre todo en un país que intenta adecuarse a la modernidad y a la globalidad. Desde una perspectiva económica, la falta de cumplimiento de las leyes por los diversos grupos sociales complica y limita la política económica instrumentada por el Estado, por ejemplo en lo que se refiere a la recaudación fiscal, y hace prácticamente inútil cualquier reforma que al respecto se pueda llevar a cabo. En este contexto las recomendaciones de los economistas ortodoxos, consistentes en la reducción de la regulación, han empequeñecido todavía más los ingresos del Estado y, lejos de eliminar los problemas, en realidad han favorecido el contrabando y la piratería. En términos más generales, el comercio y otras actividades económicas informales son resultado de la incapacidad del Estado para hacer cumplir las leyes y del abandono de la regulación. En su dimensión política, el no apego a la legalidad vigente por parte de algunos grupos o personas, unos con la justificación moral que da el ser sujetos de abandono y explotación por décadas, como los indígenas, otros sin ella, combinado con la falta de capacidad de las distintas autoridades, sea para negociar acuerdos en el marco de la ley con los primeros o para aplicar la ley de manera estricta con los segundos, lleva tarde o temprano a un camino de ingobernabilidad y desintegración social. En sustitución de las leyes de aplicación general, empiezan a prevalecer usos y costumbres locales. De ello son muestra el surgimiento en diferentes zonas del país de municipios autodeclarados autónomos y de linchamientos. 3.    Falta de inversión, falta de crédito y falta de política económica Como en el caso de otros países en desarrollo, México requiere de una tasa de inversión respecto a la producción nacional de cuando menos 25% anual en términos reales y de manera sostenida para alcanzar tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), a su vez, altas y sostenidas en el largo plazo, según estimaciones de organismos internacionales. Con ello, la economía podría aumentar significativamente la generación anual de empleos y, en consecuencia, la proporción de los salarios en el valor agregado, es decir, reducir la concentración del ingreso. En ninguno de los últimos 25 años la proporción de la inversión entendida como formación bruta de capital fijo ha alcanzado esa meta respecto al pib, aun considerando la inversión extranjera. Desde la primera parte de los años ochenta, el Estado ha reducido de manera significativa su participación en la inversión total como resultado de la orientación ortodoxa de la política económica, que concibe la inversión pública como factor de desplazamiento de la inversión privada y que además considera a la burocracia paraestatal como esencialmente corrupta, ineficiente e incapaz de ser regulada. Por estas dos razones, se hacía indispensable –en esta lógica– la privatización de las empresas estatales rentables y la liquidación de las no rentables. La nueva inversión pública estaría limitada, además, por razones presupuestarias. En estos casi 30 años de política ortodoxa, la inversión privada nacional no ha podido llenar el hueco de la inversión pública y el Estado ha tenido que revertir algunas de las privatizaciones debido a problemas de rentabilidad, derivados de una deficiente administración en manos privadas. Tales fueron los casos de la mayor parte de las carreteras nacionales de cuota, las líneas áreas nacionales y –un caso muy especial– los bancos. La nacionalización de la banca mexicana decretada en 1982 por el gobierno de López Portillo, como medida última para frenar la fuga de divisas, no ocasionó ninguna catástrofe financiera como auguraban sus críticos. En contraste, la reprivatización de la banca ocurrida años más tarde bajo el gobierno de Carlos Salinas puso al sistema bancario mexicano en manos inexpertas y lo volvió altamente vulnerable. Aunado a ello, la apertura financiera acelerada provocó el ingreso de grandes cantidades de capital especulativo externo. Además, la sobrevaluación de la moneda hizo aún más vulnerable al sistema financiero. En esas condiciones, la primera crisis de divisas del gobierno de Zedillo, ocasionada por el mal manejo de una decisión cambiaria, implicó la quiebra real del sistema bancario mexicano y de sus deudores. El rescate bancario y la política astringente del crédito interno, seguidos desde entonces, han impedido que haya crédito barato y oportuno para financiar actividades productivas de todo tipo, especialmente en el campo. El sistema bancario, hoy en manos extranjeras, es esencialmente rentista y especulador. Asimismo, tanto la crisis de 94-95 como la apertura financiera anterior a ella han provocado que haya permanentemente capital mexicano en el extranjero por una cantidad más o menos equivalente a la deuda pública externa, en tanto que el ingreso neto de divisas al país que registran las reservas internacionales se inmoviliza, para evitar la ampliación del circulante y crear un blindaje preventivo de otra crisis como las de 76, 81 y 94, todas por fugas masivas de capitales. El elemento crucial que explica la baja inversión productiva no es, sin embargo, la falta de crédito, sino la ausencia de una política industrial y agropecuaria activa por parte del Estado. Esta ausencia obedece sin duda a una concepción neoliberal de la economía. Dicha concepción se concreta en la reducción indiscriminada del gasto público, tanto corriente como de inversión; en la total ausencia de políticas comerciales, y en la falta de definición y aplicación clara de reglas de la participación de la inversión extranjera con una orientación a la integración económica y el desarrollo. Ello es lo que en realidad provoca la falta de incentivos a la inversión privada nacional. Situación general y perspectivas En un contexto de poco respeto a la ley (que incluye a las propias autoridades), de desregulación de las actividades económicas, de bajo crecimiento económico y de desempleo real creciente, las actividades ilegales e ilícitas tienden a proliferar, lo mismo que la emigración. Este último fenómeno incluye ahora personas con mayor grado de escolaridad. Hay, además, fuga permanente de capitales que pese a todo encuentran más atractiva y segura su inversión fuera del país que dentro de él, y las empresas locales se vinculan o venden al capital extranjero. Las empresas de exportación sin control alguno son ya indistinguibles de la industria maquiladora, que opera sin control ni programa de integración. Los empresarios mexicanos pequeños y medianos que sobreviven, lo hacen sin crédito y sin apoyo y, lo que es peor, sin que se apliquen reglas de funcionamiento que los favorezcan, de modo que en cualquier momento un monopolista nacional o extranjero los desplaza. La transición en México de una política de masas corporativizadas a una política de ciudadanos no pasó por la revisión, modificación y establecimiento de leyes y normas que puedan cumplirse, ni por un pacto que obligue a los actores económicos y políticos a cumplir y hacer cumplir las leyes; no pasó tampoco por la discusión y puesta en marcha de un programa claro de cambio político y sobre todo económico que tuviera como eje la atención de las necesidades básicas de la sociedad, destacadamente el empleo. Pasó solo por la venta mediática del carisma de actores políticos, construida como imágenes propagandísticas de un cambio que nadie supo, bien a bien, hacia dónde iba, ni para qué. En contraste, la estructura corporativa de control de las masas por el partido hegemónico hasta antes del “cambio” sigue intacta, los problemas sociales no solo siguen sin resolverse sino que se han agravado y el camino a la ingobernabilidad parece estar en marcha. En este contexto, la transición real en México implica que el gobierno entrante atienda primero que nada estos tres problemas básicos, y eso solo lo puede hacer mediante un nuevo pacto social en el que todos los sectores sociales y partidos participen, aunque ello pueda significar un cambio constitucional de gran magnitud. El Estado tiene que recuperar su papel de liderazgo económico y social, pero sin menoscabo de la democracia y actuando en el margen que le dejan el gobierno de Estados Unidos y sus organismos financieros. Es una difícil pero inevitable tarea. De no realizarse, regresaremos tarde o temprano al simulacro de democracia que fueron los gobiernos del pri, con movimientos casi pendulares en lo económico, unas veces a la derecha y otras al centro, unas veces liberales y otras no, eso sí siempre populistas en lo político. _________________________________ PABLO RUIZ NÁPOLES es licenciado, maestro y doctor en economía, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y consultor de la CEPAL y del Programa del Medio Ambiente de Naciones Unidas.

La distribución del ingreso en México (143.680)
En un país donde la educación y los servicios sanitarios, entre otros, todavía dejan mucho que desear, la desigualdad en el ingreso –una de las mayores del mundo– va aparejada de una desigualdad equivalente en la calidad de vida. Paradójicamente, sin educación de calidad y buenos servicios básicos se antoja difícil revertir este grave problema. La riqueza México es una nación con mucha riqueza. Ocupó el décimo tercer lugar en la lista de los países con mayor Producto Interno Bruto1 (pib), con un billón de dólares, en 2010.2 Este nivel se debe, en buena medida, al tamaño de nuestro país. De acuerdo a estimaciones de las Naciones Unidas, México ocupó en 2010 el décimo primer lugar en términos de población, con 113 millones de habitantes.3 No obstante, el pib por persona muestra, en los últimos 20 años, un crecimiento formidable. Durante los años sesenta y setenta le correspondió a cada habitante de México menos de dos mil dólares del PIB al año. En los primeros años de los ochenta dicha cifra tuvo un aumento, que se perdió después de la crisis de 1982. A partir de 1988, el pib por habitante inicia un camino ascendente, con un único tropezón en la crisis de 1994, para llegar a casi los 10 mil dólares por habitante en el año 20084 (ver Gráfica 1). Por otro lado, México tiene 4 millonarios en la lista de los 100 hombres más ricos del mundo de la revista Forbes.5 La suma de la riqueza de estos 100 hombres es de 1.7 billones de dólares. Los acaudalados de Estados Unidos poseen 40% de este monto; les siguen los rusos, que suman 10%. En tercer lugar se encuentra México: los cuatro empresarios mexicanos de la lista Forbes tienen 7% de la riqueza de la lista de los 100 millonarios. Por cierto, Noruega, país con el mayor Índice de Desarrollo Humano de acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud), no tiene ningún representante entre los primeros 100 millonarios y su ciudadano más rico, el empresario de bienes raíces Olav Thon, ocupa el lugar número 205. La riqueza y el desarrollo no se llevan bien.6 Otra fuente con una metodología más depurada no muestra un panorama similar. De acuerdo a un estudio que el banco Credit Suisse encargó a Anthony Shorrocks y James Davies, publicado en 2010, la riqueza7 en el mundo muestra una fuerte concentración: 24 millones de personas mayores de 20 años (0.5% de la población mundial adulta) tenían 35.6% del total de la riqueza mundial. En el otro extremo, 3 mil millones de personas (68.4% de la población mundial adulta) tenían tan solo 4.2% de la riqueza mundial. De acuerdo con esta investigación, México se ubicó en el lugar 21 en la lista de los países con mayor número de personas “muy ricas”, con 114 mil 997 adultos que —en 2010— contaban con una riqueza mayor a un millón de dólares, lo que coloca al país por arriba de Dinamarca, Finlandia y Hong Kong.8 La pobreza Si miramos la otra parte de nuestra realidad encontraremos que, de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) —organismo público descentralizado de la Administración Pública Federal encargado de evaluar el nivel de pobreza en México—, 81% de la población en 2010 era pobre o vulnerable, es decir tenía una o más carencias sociales.9 El CONEVAL mide la pobreza de manera multidimensional, esto es a partir de seis indicadores de carencia social: alimentación, educación, salud, seguridad social, calidad de la vivienda y servicios básicos en la vivienda. La población pobre o vulnerable en México tuvo, en promedio, 2.3 carencias sociales. Si analizamos con mayor detalle la alimentación, por ejemplo, de acuerdo con el CONEVAL, 25% de la población tuvo en 2010 inseguridad alimentaria, es decir, sufrió la falta de alimento o tuvo poco alimento y de baja calidad, y por lo tanto llegó a experimentar hambre.10 A pesar de ello, la Organiza­ción Mundial para la Agri­cultura y la Alimentación (FAO, por su siglas en inglés) muestra en su informe “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2011” que el nivel de personas desnutridas en México es “estadísticamente no significativo”.11 Si bien el concepto de desnutrición es distinto al de inseguridad alimentaria (la FAO define la desnutrición como “la ingesta de alimentos que no permite cubrir las necesidades energéticas mínimas”12), me parece que México sí debería estar incluido en esta lista. Si asumimos que la población con inseguridad alimentaria, de acuerdo con el coneval, no logra cubrir las necesidades energéticas mínimas y, por lo tanto, está desnutrida, México ocuparía el séptimo lugar con mayor número de personas con hambre en el mundo y el lugar número 27 en cuanto al porcentaje de personas que sufre este flagelo, empatado con Botswana, Camboya, Madagascar y Pakistán.13 La desigualdad en el ingreso Preguntar a las familias sobre su ingreso no es una tarea sencilla. Muchas de ellas, en especial aquellas se ubican en los sectores altos, no divulgan el monto de sus percepciones por temor a las autoridades hacendarias o por seguridad personal. Por ello, es muy probable que las encuestas que miden el ingreso familiar tenga un subregistro, es decir que se declaren menos ingresos de los que realmente se perciben. A partir de 1983 el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) ha levantado la “Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares” (ENIGH), en los años de 1983-1984 y desde 1992 cada dos años, con excepción de 2005, cuando por razones del calendario político en México se levantó una de ellas de manera extraordinaria. La última ENIGH disponible es la de 2010.14 De acuerdo con los resultados arrojados por la ENIGH de 2010,15 el promedio de ingreso mensual por familia en México era de 12 mil 163 pesos. Si distribuimos a todas las familias mexicanas en 10 grupos iguales, ordenadas según su ingreso desde las que menos percibieron hasta las que más percibieron —lo que se conoce como “ordenar por deciles”—, tenemos que el 10% más pobre, es decir el primer decil, tuvo una percepción media de 2 mil 149 pesos mensuales. En el otro extremo, el 10% de las familias más ricas —el decil más alto— tuvo una percepción promedio de 41 mil 927 pesos mensuales, casi 20 veces más que los más pobres. Entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México es el que revela la mayor distancia entre las familias que menos ganan y las que más ganan, por arriba de Chile, Israel, Turquía y Estados Unidos. México es un país muy desigual en materia de ingresos.16 Si dividimos al 10% de las familias más ricas en 10 grupos de igual tamaño, es decir, si desglosamos al decil más alto y obtenemos centiles, tenemos que el 1% de las familias más ricas del país, poco más de 290 mil, tuvieron en 2010 un ingreso mensual de 101 mil 217 pesos, esto es, 47 veces más que el 10% más pobre (ver Cuadro 1). Estas cifras ya nos muestran una desigualdad importante; no obstante, antes de derivar más conclusiones, debemos preguntarnos: ¿es correcto el monto de ingreso promedio de las familias más ricas de México? De acuerdo al Manual de percepciones de los servidores públicos de las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal, publicado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público el 31 de mayo de 2010 en el Diario Oficial de la Federación, los directores de área podían tener una percepción ordinaria bruta (sueldo base más compensación garantizada) de entre 47 mil 974 y 95 mil 355 pesos al mes. Por arriba de este puesto se ubican los directores generales y coordinadores generales, jefes de unidad, oficiales mayores, subsecretarios y secretarios de Estado, cuyo rango de sueldo va de los 85 mil 889 a los 205 mil 222 pesos mensuales.17 Sin embargo, de acuerdo a los datos originales de la ENIGH 2010, el ingreso mensual promedio de los hogares cuyo jefe de familia era “alta autoridad del sector público o privado”, fue de 44 mil 192 pesos mensuales. En el sector privado, los sueldos de las altas autoridades son aún mayores. De acuerdo al Informe anual de gobierno corporativo 2010 del Banco BBVA, la percepción media que recibió cada uno de sus principales altos directivos durante el año 2010 fue de 2.5 millones de pesos mensuales. Entre ellos se encuentra el director general de bbva Bancomer de México.18 No obstante, su principal competidor tuvo un ingreso mucho mayor: el director general para México y Latinoamérica de Citigroup percibió, en el mismo año, un sueldo de 570 mil pesos mensuales, más una compensación variable anual por 7 millones 450 mil dólares19, es decir, en total percibió 8.3 millones de pesos mensuales.20 La diferencia entre el ingreso del director general de este grupo financiero y el de un cajero es de 1 a 3 mil 260, una distancia fuera de toda proporción y que raya en la inmoralidad. Todo parece indicar que las cifras de la ENIGH presentan un subregistro que debe corregirse. A esta conclusión llegaron tanto Ifigenia Martínez de Navarrete en los años cincuenta y sesenta, como Oscar Altimir en las décadas de los sesenta y setenta.21 Las cifras del ingreso corregidas por subenumeración Podemos conocer el nivel de subregistro si comparamos el ingreso que reportan las familias en la ENIGH con el ingreso que contabiliza el Sistema de Cuentas Nacionales de México. Después de contrastar las dos fuentes de información, entre 1994 y 2010 se observa un importante subregistro, que se incrementa año con año. En 2010, por ejemplo, por cada peso declarado por familia en la ENIGH, el Sistema de Cuentas Nacional registró 2.17 pesos.22 Si corregimos el ingreso de las familias de la ENIGH, bajo el supuesto de que el subregistro depende del nivel de ingreso —es decir, las familias más ricas no declaran la totalidad de lo ganado, como hemos visto—, la desigualdad aumenta. El ingreso del 10% de las familias más ricas crece de 41 mil 927 a 141 mil 100 pesos mensuales, lo que representa 66 veces más que el del 10% más pobre; y el ingreso del 1% más rico, es decir las 290 mil 613 familias más ricas de México, aumenta de 101 mil 217 a 359 mil 594 pesos mensuales (167 veces más que el ingreso del 10% más pobre). Los hogares cuyo jefe de familia es un alto directivo de gobierno o de una empresa privada perciben, una vez hecho el ajuste, 131 mil 215 pesos mensuales, en lugar de 44 mil 192 pesos mensuales (cifra original de la enigh, sin ajuste). Los sueldos ajustados son más creíbles. Si analizamos la desigualdad global con las cifras corregidas por subregistro de las encuestas que se han levantado en México desde 1950 —tanto las de Ifigenia Martínez y Oscar Altimir como las estimadas por el autor—, la tendencia es clara: somos un país con una fuerte desigualdad, que aumenta año con año. El coeficiente de Gini23 se incrementa del 0.50-0.53 de los años cincuenta al 0.58-0.60 de los años sesenta, y llega al rango de 0.62-0.64 en los años ochenta. No obstante, continúa aumentando para ascender al rango 0.61-0.65 en los noventa y llega al registro récord de 0.62-0.65 en los primeros años del siglo XXI (ver Cuadro 2). ¿Por qué tenemos una desigualdad tan alta? La desigualdad se amplía en México por el incremento en el ingreso del 30% más rico, que suma 8.7 millones de familias. Los ingresos de este grupo representaron, en 2010, 83% del total.24 El resto de la población no solo tiene cada vez una menor participación en la economía nacional; los pesos que gana le alcanzan para menos bienes y servicios cada año. En los últimos años, la población ha sufrido en México al menos tres efectos: (1) el empleo precario, (2) la pérdida del poder adquisitivo, y (3) la eliminación de los subsidios. El empleo precario A partir de los años noventa, los empleos formales se tornaron cada vez más precarios. Con el propósito de competir y obtener una ganancia cada vez mayor, muchas de las empresas han tomado una serie de medidas: 1. Despedir a la población adulta que ha acumulado antigüedad y, por lo tanto, prestaciones; 2. Reducir prestaciones y/o incorporarlas al sueldo, como en el caso de los empleados bancarios, cuyas prestaciones fueron incorporadas al sueldo, lo que provocó un beneficio temporal que se perdió cuando los grupos financieros comenzaron a despedir a los adultos y a contratar en su lugar a jóvenes con un sueldo bajo; 3. Contratar personal “barato” bajo el esquema de outsourcing; 4. Reducir la proporción de gerencia media, así como puestos de apoyo, conocidos como staff, ocupados –en su mayoría– por profesionistas. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, tres millones de personas perdieron el empleo en 2009; de ellos, 2.6 millones fueron víctimas de recortes de personal o su trabajo temporal terminó25 (ver Cuadro 3). En cuanto a la disminución de prestaciones, de acuerdo con la enigh 2010, 51.4% de la población que trabaja para otro no tiene ningún apoyo por parte del patrón, y prácticamente la totalidad de quienes trabajan por su cuenta no tiene prestaciones. El impacto en el ingreso es directo: si no tengo seguro médico y enfermo debo pagar mi tratamiento. Si soy madre y trabajo fuera de casa, y la organización para la cual laboro no me ofrece una guardería, debo pagar una. Si carezco de una ayuda para despensa, debo destinar una mayor proporción de mi ingreso a la alimentación. En la medida en que se propongan reglas laborales que tengan como propósito abaratar la fuerza de trabajo, la situación se agravará. Poder adquisitivo La población ha sufrido, desde mediados de los años ochenta, la pérdida de poder adquisitivo. En el año de 1976 el salario mínimo era de 6 mil 500 pesos, si traemos su valor a pesos actuales.26 Para 2011 había bajado a mil 766 pesos, una pérdida de 73%. Si bien no todo el personal ocupado percibe el salario mínimo, su aumento es un parámetro que rige el crecimiento de otros salarios. El salario medio industrial, por ejemplo, ha sufrido también una pérdida, aunque ligeramente menor. Buena parte de la estrategia económica de los últimos años ha dependido de mantener el crecimiento de los salarios por debajo del aumento de los precios. A diferencia de los años sesenta y setenta, cuando la meta era crecimiento y empleo, ahora se tiene como objetivo la reducción del gasto público y de la inflación (ver Gráfica 2). Reducción de subsidios La eliminación o reducción de subsidios afecta de manera directa e indirecta. Su impacto es indirecto cuando el gobierno reduce los montos de gasto e inversión y, por lo tanto, las familias deben aportar dinero directamente. Por ejemplo, la inversión en educación superior no ha crecido lo suficiente como para cubrir la demanda. Por ello, muchas familias deben destinar ahora parte de su ingreso al pago de una institución de educación superior privada. Todo esto se refleja claramente en la estadística. De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública, en el ciclo escolar 1980-1981 había 892 escuelas de educación superior (normal, licenciatura y posgrado), de las cuales 70% eran públicas. 30 años después, en el ciclo escolar 2010-2011, las escuelas privadas son mayoría: representan 55% del total de instituciones. De las 6 mil 289 instituciones de educación superior del ciclo 2010-2011, 3 mil 481 son privadas y educan a 804 mil alumnos.27 En 2011, 21.5% de la inversión que se realizó en educación de todos los niveles provino del sector privado; 30 años atrás, en 1980, esta proporción era de tan solo 6.9%.28 El 7% del PIB de actividades terciarias (comercio y servicio) es generado por los servicios educativos de particulares.29 En materia de salud ha sucedido algo similar. Como producto de la precarización en el trabajo, tan solo 39% de las personas con 12 años o más de edad está afiliado o inscrito para recibir atención médica de parte de alguna institución pública, de acuerdo a la ENIGH 2010; el resto debe acudir al Seguro Popular (que solo es gratuito para el 40% más pobre) o pagar por su cuenta la atención privada. De hecho, de acuerdo con la misma encuesta, 40% de las personas manifestaron que cuando tienen un problema de salud, acude a una clínica o farmacia privada o se automedican. La eliminación de subsidios también afecta de manera directa a la población. A partir de los años noventa se han retirado, poco a poco, los subsidios al pago de la energía eléctrica, el predial, el agua y la gasolina, entre otros bienes y servicios que otorga el gobierno. La telefonía que antes era pública y con tarifas bajas, ahora es una de las más caras del mundo, de acuerdo a la OCDE.30 En síntesis, no solo el ingreso se ha concentrado en unos cuantos, sino que además las familias de los sectores medios y bajos deben pagar bienes y servicios que antes les otorgaba la empresa por medio de prestaciones o el gobierno de manera gratuita. Tienen un menor poder adquisitivo y deben gastar más por los mismos bienes y servicios que antes recibían. _________________________________ 1 El producto interno bruto (PIB) es el valor de los bienes y servicios que produce una nación en un periodo determinado. 2 Datos del Banco Mundial, consultados el 16 de marzo de 2012: . 3 Population Division, “World Population Prospects, the 2010 Revision”, consultada el 16 de marzo de 2012: . 4 Si bien México tuvo una ligera caída en este indicador, por la crisis mundial de 2008, registró una recuperación en 2010, para llegar a 9 mil 123 dólares por persona. Datos del Banco Mundial, consultados el 16 de marzo de 2012: . 5 Revista Forbes, consultad el 16 de arzo de 2012: . 6 Si bien Alemania tiene siete millonarios en la lista Forbes, la suma de su riqueza representa 6% del total. 7 Para el autor, el concepto de riqueza considera tanto los activos financieros como los no financieros (no así la deuda) que tienen las personas mayores de 20 años de una familia. Acepta que su estimación es más complicada, ya que muy pocos países tienen la estadística necesaria para su cálculo. El estudio de la riqueza es relevante ya que el ingreso de las personas se genera a partir tanto de capital humano, como de sus activos. La riqueza se hereda y se convierte, para algunos, en su destino. Los hijos de las familias con mayor riqueza tienen más oportunidades que los hijos de familias con menos activos. Ante una situación difícil, por ejemplo la pérdida de empleo del principal proveedor del hogar o una enfermedad grave, el dinero ahorrado y las inversiones son de gran ayuda. 8 “Credit Suisse Global Wealth Databook 2010”, Credit Suisse Research Institute, Suiza, octubre de 2010, pp. 88 y 93. 9 Este porcentaje incluye a la población, que si bien tenía cubiertas sus necesidades, ganó menos de 2 mil 114 pesos, así como a las personas que vivían en una zona urbana, o tenían un ingreso menor a los 978 pesos, o si vivían en una zona rural. 10 Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), “Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social en México 2011”, México, 2012, cuadro 2.1, p. 21. 11 Es decir, la proporción de las personas desnutridas se ubicó por abajo del 5% de la población total. 12 De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), “la necesidad mínima diaria de energía es de unas mil 800 kcal por persona. La necesidad exacta viene determinada por la edad, tamaño corporal, nivel de actividad y condiciones fisiológicas específicas: enfermedades, infecciones, embarazo o lactancia”. 13 Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2011”, en ¿Cómo afecta la volatilidad de los precios internacionales a las economías nacionales y la seguridad alimentaria?, Roma, 2011, pp. 50-53. 14 En 1956 y 1958 la Dirección General de Estadística levantó las encuestas de “Ingreso y egresos de la población en México”, y en 1960 la encuesta “Las 16 ciudades de la República Mexicana, ingresos y egresos familiares”. En 1963 y 1968 el Banco de México llevó a cabo las encuestas de “Ingresos y gastos familiares”. Durante el periodo de 1969-1970 la Dirección General de Estadística realizó la encuesta “Ingresos y gastos de la República Mexicana” y en 1977 la “Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto de los Hogares”. 15 Los resultados que se muestran de la “Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares” se obtuvieron a partir de la descarga de archivos de la página del INEGI en la sección dedicada a dicha encuesta bajo el rubro “Microdatos de la muestra”. Estos datos fueron trabajados estadísticamente por el autor: . 16 “Divided We Stand: Why Inequality Keeps Rising”, OECD, 2011, p. 45. . 17 “Acuerdo mediante el cual se expide el Manual de Percepciones de los Servidores Públicos de las Dependencias y Entidades de la Administración Pública Federal”, Diario Oficial de la Federación, anexo 3a, SHCP, lunes 31 de mayo de 2010. 18 Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, S.A., “Informe anual de gobierno corporativo 2010”, pp. 17 y 18, consultado en la página de internet el 16 de marzo de 2012: . 19 El pago se repartió en los 12 meses de 2011. 20 Citigroup, Proxy Statement 2010, pp. 55 y 56, consultado el 16 de marzo del 2012: . 21 Véase Ifigenia Martínez de Navarrete, “La distribución del ingreso en México. Tendencias y perspectivas”, El perfil de México en 1980, 2a edición, editorial Siglo XXI, México, 1982. pp. 17-71; y Oscar Altimir, “La distribución del ingreso en México”, Distribución del ingreso en México: Ensayos, tomo I, documento no. 37, Banco de México, México, 1982, pp. 15-95. El banco Credit Suisse también ajusta la información en su reporte sobre la riqueza en el mundo, consciente de que de no hacerlo prácticamente no tendría mercado en muchos países, entre ellos México. 22 En La desigualdad y la clase media en México, un libro de próxima aparición, Carlos McCadden Martínez explica con mayor detalle la justificación y los cálculos específicos para llevar a cabo el ajuste a las cifras de las ENIGH. 23 Medida de desigualdad propuesta por el científico social Corrado Gini en 1912, que va de 0 a 1. A medida que el valor se aproxima a 0, la sociedad tiene igualdad en sus ingresos. Por el contrario, a medida que el índice se aproxima a 1, la distribución presenta una mayor concentración en el ingreso. 24 Si nos vamos a la cúspide de la pirámide, 1% de las familias más ricas, poco más de 290 mil, obtiene 13.7% del ingreso de todos los hogares. 25 Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, consultada el 14 de marzo de 2012: . 26 Se deflactó el monto del salario mínimo con el índice de precios al mayoreo de 1934 a 1969, y con el índice de precios al consumidor para el periodo de 1970 a 2011, según el Banco de México. 27 SEP, “Estadística Histórica del Sistema Educativo Nacional”, consultada el 16 de marzo del 2012: . 28 Felipe Calderón, “Quinto Informe de Gobierno”, Anexo Estadístico, Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos, Presidencia de la República, México, 2011, p. 322. 29 Ibídem, pp. 97-99. 30 “Perspectivas OCDE: México, reformas para el cambio”, OCDE, 2012, p.45. ______________________________________ MIGUEL DEL CASTILLO NEGRETE ROVIRA es profesor del Departamento Académico de Estudios Generales del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y profesor visitante en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa.

Jóvenes que no estudian ni trabajan: ¿Cuántos son?, ¿quiénes son?, ¿qué hacer?1 (142.151)
El diseño de programas efectivos para enfrentar los mayores desafíos del país, como el de la inclusión cabal y justa de los jóvenes, debe pasar necesariamente por diagnósticos puntuales. El presente estudio constituye un análisis detallado y fundamentado del fenómeno de los Ninis. Sirva lo que revela para la discusión y el diseño de estrategias sobre un asunto de la mayor importancia. En los últimos años se ha hecho cada vez más visible en el debate público el fenómeno de las y los jóvenes que no estudian ni trabajan (los llamados “Ninis”). La expectativa social es que, durante su juventud, hombres y mujeres acudan a la escuela para adquirir conocimientos y desarrollar habilidades y destrezas o bien que trabajen para generar ingresos, formar un patrimonio y convertirse en personas autónomas. Se suele pensar que si los jóvenes no estudian ni trabajan, están en riesgo y se colocan en una situación de vulnerabilidad. Consecuentemente, constituyen un motivo de preocupación para sociedad y gobierno. En términos generales, el fenómeno de los Ninis2 se explica tanto por causas que escapan al control individual (acceso limitado a la educación, obsolescencia de los modelos educativos, falta de oportunidades de empleo y desarrollo productivo, inestabilidad y precariedad laboral e insuficiente ingreso de los hogares, entre otros), como por entornos familiares poco propicios para el desarrollo de los jóvenes e incluso –como veremos más adelante– por decisiones de carácter personal relacionadas (o no) con eventos del curso de vida (como la unión o el matrimonio y el embarazo tempranos) que determinan una elevada deserción escolar. Se trata, en consecuencia, de un fenómeno con múltiples causas y diversas manifestaciones. Diversos autores han señalado que el fenómeno de los Ninis no es privativo de las naciones en desarrollo —como México—, sino que ocurre en todos los países. Postulan también que se trata de un fenómeno reciente que afecta a la generación actual de jóvenes, en contraste con las precedentes. Sostienen que si bien los jóvenes tienen actualmente más acceso a la educación, los afecta la falta de perspectivas, los vaivenes continuos, el deterioro de las condiciones laborales y la incertidumbre en el empleo.3 Estas tendencias aparentes han conducido, a su vez, a centrar la atención en las consecuencias que se supone que podría traer aparejada la condición Nini. Entre otras preocupaciones formuladas por la literatura sobre el tema, destacan las siguientes: • Se dice que la doble exclusión que sufren estos jóvenes compromete no solo su presente sino también su futuro, al tiempo que constituye un doloroso desperdicio social de sus capacidades y potencialidades de desarrollo. De hecho, para muchos esta condición puede resultar en un “ocio frustrante, obligatorio, impuesto, incómodo, improductivo y, por supuesto, angustiante y doloroso”.4 • Además, la doble privación parece imponer a los jóvenes una enorme dificultad para emanciparse y definir o desarrollar un proyecto de vida, lo que, según diversos analistas, influye negativamente en su autoestima y les provoca escasa confianza en el porvenir, desánimo, apatía, indolencia, frustración, angustia, ansiedad, incertidumbre e indefinición.5 • Algunos otros autores sostienen que la situación de exclusión y los obstáculos crecientes que dificultan la emancipación refuerzan entre los jóvenes el descrédito de los estilos de vida tradicionales y la aparición de un nuevo modelo de actitud caracterizado por el rechazo simultáneo a estudiar y a trabajar. Según esta visión, los jóvenes piensan que “el futuro es tan incierto que es mejor vivir al día” y no están dispuestos a realizar “esfuerzos exorbitantes cuando el beneficio no es seguro”.6 • Por todas estas razones, diversos analistas piensan que, de no ser atendidos por políticas públicas adecuadas, existe el riesgo de que la condición Nini puede hacer de los jóvenes presa fácil de la violencia, las adicciones y el crimen organizado;7 convertirlos en un peligro para la cohesión social y la democracia,8 e incluso en una “bomba de tiempo” para la seguridad del país.9 Tomando en cuenta estas y otras preocupaciones similares, este artículo utiliza los resultados de la Encuesta Nacional de la Juventud de 2010 (ENJ)10 y de otras encuestas recientes para explorar y comprender mejor el fenómeno de los Ninis en el país. Esencialmente, en este artículo nos preguntamos si existe evidencia sólida que apoye en el caso mexicano algunas de las interpretaciones e hipótesis de trabajo arriba enunciadas. Estimamos, en primer lugar, la cuantía actual de los jóvenes Ninis y cómo se compara con otros países; procuramos conocer también su evolución en el tiempo y algunas de las características de los jóvenes que experimentan esa condición. En segundo lugar, exploramos otras interrogantes de indudable interés: ¿Qué pasa con los jóvenes Ninis? ¿A qué se dedican? ¿Qué valor le otorgan estos jóvenes a la educación? ¿Qué expectativas tienen? Finalmente, en tercer lugar, el artículo se propone llamar la atención acerca del imperativo de diseñar e instrumentar políticas públicas (preventivas y correctivas) para hacer frente a este complejo y preocupante fenómeno social. Jóvenes Ninis, un fenómeno mundial Las encuestas y censos permiten cuantificar el número de jóvenes que no estudian ni trabajan.11 Lo hacen interrogando a los jóvenes directamente sobre ambas condiciones. Esta manera de medir el fenómeno, aunque lo simplifica, permite seguir su evolución y comparar su intensidad en diferentes latitudes. Los datos disponibles confirman que efectivamente los llamados Ninis son una realidad mundial que tiene causas, alcances e implicaciones distintas en cada país. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde) estima que, en los países que la integran, alrededor de 15.2% de los jóvenes de 15 a 29 años de edad no estudia ni trabaja.12 Esta misma organización precisa que: • Un total de 19 naciones de la ocde tiene un promedio inferior al porcentaje indicado; destacan, entre los más bajos, los casos de Dinamarca (6.6%) y Holanda (7 por ciento). • En contraste, con valores ligeramente superiores al promedio, se ubican Francia (15.6%) y el Reino Unido (15.7%); en una posición más alejada destacan Italia (21.2%), España (22.7%) y México (24.8 por ciento). • A su vez, Israel y Turquía alcanzan los porcentajes más elevados, con 28.7 y 39.6%, respectivamente. Es decir, México ocupa el tercer lugar entre las naciones de la OCDE según la proporción de jóvenes (hombres y mujeres) Ninis. El valor atribuido por la ocde a México es muy similar al que deriva de la ENJ (25.2%). Cuando se incluye a toda la población de 12 a 29 años (y no solo a las personas de entre 15 y 29 años, como ocurre con el estudio de la OCDE), el porcentaje desciende a 21.6%, lo que significa alrededor de 7 millones 820 mil jóvenes (ver Gráfica 1). La tendencia del fenómeno Nini es a la baja La gran mayoría de los jóvenes (casi 8 de cada 10) actualmente estudia y/o trabaja. En consecuencia, no hay una “generación perdida”.13 Más aún, a diferencia de lo que comúnmente se cree, en México hay menos Ninis que en décadas pasadas. De acuerdo con los datos de muy diversas fuentes:14 • En 1960, 59% de los jóvenes sufría la doble exclusión. • Con el avance económico y social de las décadas siguientes, esa proporción descendió hasta uno de cada tres (33.1%) en 1990. • La tendencia a la baja prosiguió en las siguientes dos décadas aun cuando esta se moderó significativamente y alcanzó su mínimo en 2007 (en alrededor de uno de cada cinco jóvenes). • Hay indicios de que este fenómeno se ha elevado dos o tres puntos porcentuales en los últimos tres o cuatro años, debido al impacto de la crisis de 2008-2009 sobre el empleo y el gasto social. La tendencia de largo plazo obedece a mejoras notables en la cobertura educativa en todos los niveles, a la creciente participación de los jóvenes en los mercados laborales y —como veremos más adelante— a cambios favorables en la condición social de las mujeres. Los datos disponibles confirman que los jóvenes de hoy no son menos trabajadores o tienen menor escolaridad que los de generaciones previas. La gran mayoría de las y los jóvenes mexicanos estudia y/o trabaja y lo hace en una proporción significativamente mayor que quienes integraban las generaciones anteriores. Mayor proporción entre las mujeres La disminución de largo plazo en la proporción de jóvenes Ninis se origina en el avance significativo de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. En 1960 alrededor de 35.4% de los varones no estudiaba ni trabajaba; en contraste, la mayoría de las mujeres (81.4%) se encontraba en esa condición. Tres décadas más tarde, en 1990, su peso disminuyó a 12.4% entre los hombres y a 52.2% entre las mujeres. La tendencia descendente siguió su curso, aunque cada vez más lentamente, hasta alcanzar en ambos casos un mínimo en el cuarto trimestre de 2007. Desde entonces se advierte con diversas fuentes un aparente incremento de dos o tres puntos porcentuales en la proporción representada por los jóvenes Ninis, hasta alcanzar un total de 11.7% entre los hombres y 36% entre las mujeres. Si bien la doble exclusión de las mujeres no es privativa de México, el estudio de la OCDE ubica a nuestro país como uno de los más excluyentes hacia ellas. Lo coloca en el segundo lugar entre las naciones que integran esta organización con mayor proporción de mujeres Ninis, solo superado por Turquía (49.9%). Más alejados se encuentran Israel (25.2%), Italia (17.4%), Nueva Zelanda (16%) y Hungría (15.8 por ciento). En contraste, el mismo estudio advierte que el promedio registrado por los varones mexicanos se asemeja al de la ocde y es inferior al de países como Canadá, Nueva Zelanda, Hungría y Estados Unidos.15 Dicho estudio indica que la gran mayoría de los jóvenes mexicanos está estudiando o trabajando, incluso en mayor proporción que en algunas naciones líderes de la economía global (ver Gráfica 2). La marcada diferencia en la incidencia de este fenómeno por sexo se refleja en el hecho de que, del total de jóvenes Ninis (7 millones 820 mil), alrededor de 5.9 millones son mujeres (75.7% del total) y 1.9 millones son hombres (24.3%). La gran mayoría de las mujeres que no estudian ni trabajan entre 12 y 29 años están unidas (59.1%) y/o tienen hijos (67.2 por ciento). Entre las mujeres, la probabilidad de pertenecer al grupo Nini se incrementa con la edad. Alrededor de 5.3% de las mujeres de entre 12 y 15 años se encontraba en esa condición; dicha probabilidad se triplica (15.7%) entre las jóvenes de 16 a 18 años; se eleva al doble (33.1%) en el grupo 19 a 23 años y sigue su curso ascendente (46%) entre los 24 y 29 años. Este patrón es incluso más marcado entre los varones en las edades más tempranas (10.9% entre los 12 y 15 años y 25.3% entre los 16 y 18 años) y alcanza su máximo en el grupo de 19 a 23 años (33.2%, con una cifra similar a la de las mujeres en esas edades), pero empieza a declinar a partir del grupo de 24 a 29 años (30.6 por ciento). Estas cifras revelan que la existencia de la doble privación está marcada por el acceso desigual a la estructura de oportunidades entre hombres y mujeres. Nadie puede estar satisfecho de esta situación. A pesar de los esfuerzos por reducir la brecha de género, la población femenina sigue teniendo menos opciones educativas y laborales que los varones. De esta manera, para muchas de ellas, el confinamiento doméstico es la única opción, en vez de estudiar, trabajar y vivir el mundo público. La influencia de los eventos de la vida personal Algunos eventos de la vida personal (como la unión o el matrimonio y el embarazo tempranos) suelen obligar a las mujeres a truncar tempranamente sus estudios e influyen poderosamente en su alejamiento de la actividad económica. Así, mientras que dos de cada tres mujeres Ninis (67.2%) de entre 12 y 29 años están unidas, la cifra se reduce a 18.8% entre los varones. Igualmente, 59.2% de las mujeres Ninis tienen hijos, en contraste con solo 12.8% entre los varones. La unión y la reproducción tempranas reflejan la persistencia de patrones culturales que exaltan los roles femeninos de esposa y madre, y actúan como poderosos determinantes de sus trayectorias educativas y laborales. De esta manera: • 60.7 y 75.3% de las mujeres Ninis de 19 a 23 y de 24 a 29 años de edad tienen hijos. Las proporciones descienden hasta 12.7 y 25.2% entre los jóvenes de esas mismas edades. • 63.6% de las mujeres Ninis que no terminaron la educación básica tienen hijos, en contraste con solo 14.4% de los hombres. A su vez, 51.7% de las mujeres Ninis que terminaron algún grado de educación superior se encuentra en esa misma condición, mientras que entre los hombres se reduce a 10 por ciento. La relevancia de las decisiones de la vida personal en la deserción escolar es reconocida por una proporción significativa de las mujeres. Cuando se les pregunta explícitamente las razones por las que dejaron de estudiar, 17.6% se refiere al matrimonio o la unión o bien al nacimiento de un hijo, en contraste con 1.6% entre los hombres. Cuando se interroga a las mujeres que únicamente realizan quehaceres del hogar por qué dejaron de estudiar, la cifra de quienes invocan esos hechos se eleva a casi 25 por ciento. Además de la desigualdad de género y la importancia que cobran los hechos de la vida personal en la configuración de las trayectorias de las jóvenes, los factores vinculados al entorno económico y social también suelen tener una gran importancia. Estos factores, aunados a las diferentes dotaciones de capital escolar, crean una red de privaciones que obstruyen el desarrollo integral de las mujeres. Por ejemplo, de acuerdo con los datos de la ENJ-2010, una proporción semejante de hombres y mujeres Ninis invocó razones económicas (‘Tenía que trabajar’, ‘No tenía dinero’ y ‘No podía pagar la escuela’) como las determinantes para dejar la escuela. Asimismo, 27.6% de los hombres y 15.6% de las mujeres Ninis identificó como motivo de la deserción escolar la reprobación, el aburrimiento o la indisciplina, factores que se relacionan con un bajo clima educacional de los hogares. A su vez, alrededor de 7.2% de los hombres y 5.5% de las mujeres citaron problemas de acceso a la escuela (‘La escuela me queda lejos’, ‘No me aceptaron en la escuela’, ‘No había escuela’). Los Ninis están presentes en todas las entidades y todos los estratos Los jóvenes Ninis no están confinados en algunos territorios. Radican tanto en las ciudades (60%), como en las localidades mixtas (12 de cada 100) y en las localidades rurales (28 de cada 100). Desde el punto de vista de su distribución por entidad federativa, este fenómeno sigue, en términos generales, las pautas de los asentamientos humanos. El Estado de México —la entidad federativa más poblada— tiene el mayor número de jóvenes Ninis (1 millón 36 mil); la menor cantidad se registra en Baja California Sur, con 37 mil. A su vez, desde el punto de vista de su peso relativo, existen diferencias importantes: la proporción de Ninis en 18 estados es superior al promedio nacional (de 21.6%) y en 14 entidades es menor. Por ejemplo, entre las entidades con los porcentajes más bajos, destacan Tlaxcala (10.7%), Puebla (11.1%) e Hidalgo (12.6%). En contraste, las entidades con las proporciones más altas son Coahuila (31.3%), Guanajuato (29.6%) y San Luis Potosí (29.5 por ciento). Todas estas cifras sugieren que el fenómeno de los Ninis constituye un asunto de la mayor importancia que exige la intervención de todos los órdenes de gobierno y reclama un esfuerzo de coordinación intergubernamental (ver Gráfica 3). El fenómeno de los jóvenes Ninis afecta tanto a las entidades más avanzadas, como a las de menor desarrollo relativo. Por ejemplo, Guerrero, el estado con el índice de marginación más elevado,16 ocupa la posición 6 entre las entidades con mayor proporción de Ninis; a su vez, Chiapas, la segunda entidad en marginación, ocupa la posición 14, y Tlaxcala, la número 16 en marginación, es la entidad con la menor proporción de jóvenes Ninis. En el otro extremo, el Distrito Federal, la entidad con menor marginación, se sitúa en la posición 29 y Nuevo León, la segunda entidad menos marginada, en la posición 7. Finalmente, Coahuila, una de las entidades menos marginadas (la número 29), ocupa la primera posición, con la mayor proporción de jóvenes Ninis. También hay presencia de Ninis en todos los estratos sociales. Sin embargo, los datos reflejan claramente que la probabilidad de ser Nini es significativamente mayor entre los grupos de escasos recursos: 6 de cada 10 jóvenes en condición Nini (4.7 millones) pertenecen a los cuatro primeros deciles de ingreso, uno de cada tres (2.6 millones) a los de ingreso medio (de los deciles V al VIII) y 6.7% (poco más de medio millón) a los de ingreso alto (IX y X deciles). Heterogeneidad y complejidad del fenómeno Nini Conviene señalar que en la medición de los jóvenes que no estudian ni trabajan no hay mayor esfuerzo de conceptualización. En consecuencia, no debe sorprender que el universo de estos jóvenes sea muy heterogéneo y exhiba expresiones muy variadas, unas de corta duración y otras más estables. Entre los jóvenes que sufren esta doble privación, destacan los siguientes: mujeres unidas (con o sin hijos) dedicadas a labores domésticas, jóvenes con discapacidad y personas que están buscando un empleo y no lo encuentran, hasta jóvenes que abandonaron la escuela y no desean trabajar (incluso porque piensan que no lo encontrarán) o bien aquellos que no asisten a la escuela pero estudian en sistemas abiertos y/o a distancia, o reciben capacitación para el trabajo. La información proveniente de la ENJ-2010 indica que 72.1% de las mujeres en la condición de Nini se dedica a quehaceres del hogar, otras buscan empleo (9.8%) o estudian en medios informales (1.5%)17 y algunas más tienen alguna discapacidad o están pensionadas (0.6%). A su vez, entre los varones, 41.1% de los jóvenes Ninis está buscando activamente un empleo,18 9.8% se dedica a los quehaceres del hogar, 3.4% estudia en sistemas abiertos o informales y 2.9% tiene alguna incapacidad o está pensionado. Se puede advertir que la mayor parte de los jóvenes Ninis tiene funcionamientos socialmente útiles. Además, hay un número importante de jóvenes que no realiza ninguna de las actividades antes identificadas (los llamados “otros no activos”). Se trata de alrededor de 16% de las mujeres y 42.7% de los hombres que aparentemente se encuentran en un estado de inactividad absoluta.19 Las causas de dicha inactividad son muy diversas: se dedican a la familia (10%), tiene trabajo eventual (7%), carecen de oportunidades laborales (7.5%) o sus padres los mantienen (56.2%), entre otras. Cabe precisar que en este grupo, dos de cada tres jóvenes desean seguir estudiando. Debido a esta enorme heterogeneidad, algunos analistas sostienen que la definición del universo de jóvenes Ninis pudiera no ser tan útil desde la perspectiva de la instrumentación de políticas públicas. El Consejo Nacional de Población, por ejemplo, señala que el excesivo interés mediático en el conjunto de los jóvenes Ninis ha contribuido a relegar del análisis cuidadoso a “otros fenómenos también preocupantes”, como son “la desocupación juvenil, la precariedad de la actividad laboral entre los jóvenes o la participación temprana de muchas mujeres en la vida doméstica y reproductiva, entre otros”.20 Los jóvenes Ninis no son improductivos, ociosos o indolentes A menudo se piensa que los jóvenes Ninis son improductivos. Sin embargo, como ya se dijo, muchos de ellos realizan funciones y actividades socialmente útiles. En consecuencia, sería incorrecto decir que estos jóvenes son improductivos o están ociosos. Algunas voces han calificado a los jóvenes Ninis como frustrados, perezosos, carentes de proyectos y expectativas.21 La información de la ENJ-2010 sugiere que eso es muy discutible. Destaca, por ejemplo, el alto valor que los jóvenes Ninis confieren a la educación. Alrededor de 74% de los jóvenes Ninis desea continuar estudiando. Entre quienes terminaron o aprobaron algún grado del nivel básico, el porcentaje se sitúa en 62.6 entre los hombres y 70.8 entre las mujeres; se eleva a 77.1 y 80.4 entre quienes poseen el nivel medio superior; y aumenta hasta 78.1 y 84 entre los que cursaron algún año de educación superior. Entre los principales motivos invocados por los jóvenes para seguir estudiando, destacan: ‘obtener un empleo’ y ‘ganar más’ (31.2%), ‘mejorar nivel de vida’ (45.8%) y alcanzar ‘mayores conocimientos’ (20%) y ‘reconocimiento social’ (1.3 por ciento). Sin embargo, muchos jóvenes Ninis enfrentan un entorno familiar y social poco favorable para regresar a estudiar o trabajar. Así, llama la atención que 31.3 y 40.5% de las mujeres y varones Ninis, respectivamente, declara que no puede volver a estudiar porque debe atender “responsabilidades familiares”. Incluso, alrededor de 13.5% de las mujeres Ninis manifiesta no tener tiempo para estudiar (en contraste con 10% entre los hombres). Hay, además, 15% de las mujeres y 35% de los hombres que dicen que no regresarían a las aulas porque no les gusta estudiar, lo que se relaciona con el escaso capital cultural de sus hogares. La condición de Nini no es permanente ni una opción de vida Existe cierta inclinación a considerar que los jóvenes Ninis se encuentran en una condición permanente e inevitable de inactividad o bien a decir que reflejan una forma de vida. Sin embargo, se sabe que alrededor de 58% de los jóvenes Ninis (y 87% de los jóvenes Ninis que están buscando activamente un empleo) tienen experiencia laboral previa. Esto quiere decir que todos estos jóvenes no han permanecido inactivos o desocupados durante su juventud. Más aún, la escasa evidencia disponible sugiere que, para muchos jóvenes, la condición en la que se encuentran es solo transitoria:22 hay una alta movilidad entre estos jóvenes de un grupo a otro (de Nini a estudiar y/o trabajar).23 Según los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), 19.7% de los jóvenes Ninis en el segundo trimestre de 2010 ya se desempeñaban laboralmente en el tercer trimestre de ese mismo año; de la misma forma, 3.5% en ese mismo lapso regresó a estudiar y 0.5% decidió estudiar y trabajar simultáneamente. En contraste, 76.2% de las y los jóvenes Ninis retuvo esa condición entre el segundo y el tercer trimestre de 2010. El capital escolar de los jóvenes Ninis Las distintas cuotas de capital escolar de los jóvenes Ninis configuran situaciones muy diversas para escapar de esa condición. • El grupo de mayor vulnerabilidad lo conforma el 26.6% que no concluyó la educación básica, entre quienes la edad promedio de abandono de la escuela es de 15 años para hombres y mujeres. • Un segundo grupo lo integra el 43.8% de los jóvenes, cuyo logro educativo le permitió concluir la educación básica o bien incursionar en el nivel medio superior sin terminarlo. Para este grupo, la edad promedio al momento de abandonar la escuela se eleva a 18 años entre las mujeres y a 20 años entre los hombres. • El tercer grupo de jóvenes Ninis es el de menor vulnerabilidad y está integrado por alrededor de 29.6% que posee el mayor capital escolar. De este total, 18.6% concluyó el nivel medio superior y 11% aprobó algún grado de educación superior o terminó sus estudios profesionales. En el primer caso, la edad promedio es de 19 años para las mujeres y 20 para los hombres, mientras que en el segundo caso se incrementa a 22 y 26 años, respectivamente. Como se puede advertir, la menor formación de capital escolar entre las mujeres, reflejada en la edad promedio de abandono de la escuela, compromete sus oportunidades de desarrollo personal. El rezago educativo de los jóvenes Ninis se origina en decisiones recientes de abandono escolar o bien de hace uno, dos o hasta tres lustros (según la edad actual). Por ejemplo, entre los jóvenes Ninis que no han concluido la educación básica, 16.8% proviene del grupo de 12 a 15 años de edad (decisiones de abandono escolar en curso); 19% del grupo de 16 a 18 años (decisiones de abandono que en promedio ocurrieron hace menos de un lustro); 26.8% del grupo de 19 a 23 años (decisiones que tuvieron lugar entre uno y casi dos lustros), y 37.3% del grupo de 24 a 29 años de edad (decisiones que se tomaron hace dos o casi tres lustros atrás). Esto implica la necesidad de reforzar las acciones tanto de carácter preventivo, como correctivo en el ámbito educativo (ver la Gráfica 4). El desafío de la inclusión social de los jóvenes Ninis En las últimas décadas el Estado y la sociedad mexicana han intentado encarar el reto que significa el desarrollo y la inclusión social de los jóvenes. Son amplias y diversas las acciones de política pública dirigidas hacia este segmento de la población. Destaca, sin duda, la constante ampliación de las oportunidades en la educación básica, media superior y superior a través del sistema escolarizado,24 y más recientemente de las modalidades abierta y a distancia.25 Igualmente, la expansión de los programas de becas está propiciando mayor acceso y permanencia de los jóvenes en la educación.26 También se han fortalecido las intervenciones públicas para facilitar el tránsito hacia la vida laboral de los jóvenes, tanto a través de becas de capacitación para el trabajo, así como otras acciones que vinculan la oferta y la demanda laboral.27 Sin embargo, estas y otras muchas intervenciones han resultado insuficientes, como se advierte en la enorme cuantía de los jóvenes Ninis. Estado y sociedad deben reconocer la prioridad que representa la atención a los millones de jóvenes que por razones muy diversas no estudian ni trabajan. Desafortunadamente, tanto en México como en otros países es hasta recientemente que se hace visible este problema social y, en consecuencia, resultan aún escasas y un tanto dispersas las acciones expresamente dedicadas a la atención de los jóvenes Ninis en sus diferentes expresiones. Urge, en consecuencia, estructurar políticas integrales para transformar las condiciones de vida de este segmento de la población. Miguel Székely28 señala correctamente que la atención a este numeroso grupo de jóvenes debe adoptar un conjunto articulado de políticas de protección, de ampliación de capacidades y de generación de oportunidades, integradas —en cada caso— por medidas tanto de prevención en las etapas previas del ciclo de vida, como de reacción o correctivas en el presente. Se requiere, en suma, configurar una agenda de políticas, estrategias y acciones en esta materia, complementada además con un conjunto de políticas transversales que, entre otros propósitos, contribuyan a garantizar igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Resulta prioritario consolidar la tendencia histórica a la disminución del número de jóvenes Ninis mediante el fortalecimiento de políticas de protección, priorizando la atención a grupos en situación de vulnerabilidad: en la niñez, con acciones de nutrición y de salud, apoyos alimentarios y escuelas para padres y madres, entre otros; y en la juventud, mediante intervenciones en las áreas de salud, salud sexual y salud reproductiva, programas para evitar el consumo de drogas y alcohol, estrategias de prevención de la violencia —en el hogar, la escuela y la comunidad— y acciones que faciliten la inserción y reinserción social, entre otros. A su vez, las políticas de la ampliación de capacidades están llamadas a jugar un papel crucial en el futuro de los jóvenes que enfrentan la doble exclusión. Estas políticas abarcan intervenciones educativas en la niñez, como son las de ofrecer servicios de educación básica suficientes y de calidad, fomentar la asistencia a la escuela, ampliar las becas y prevenir el abandono escolar a edades tempranas. A su vez, durante la juventud se requiere contar con un conjunto articulado de intervenciones, entre las que destacan las dirigidas a ampliar las oportunidades educativas en los niveles de educación media superior y superior; actualizar de manera permanente los modelos educativos para ofrecer aprendizajes que resulten pertinentes y relevantes para los jóvenes; diversificar la oferta educativa en ambos niveles educativos; fortalecer los incentivos a la permanencia escolar; enfatizar los programas de tutorías y acompañamiento permanente a los jóvenes; atender el rezago educativo; ofrecer programas de educación alternativa o facilitar su reinserción en el sistema educativo, y ampliar los programas tanto de becas para los jóvenes como de incentivos financieros y otros apoyos (como guarderías y estancias infantiles) para mujeres (con hijos o sin hijos) que deseen regresar a la escuela.29 Finalmente, las políticas de generación de oportunidades deben orientarse a generar más y mejores opciones de empleo y autoempleo para los jóvenes; mejorar los sistemas de información y orientación laboral dirigidos a este segmento de la población; impulsar el emprendimiento juvenil y la formación de negocios; apoyar los programas de inserción al primer empleo; fortalecer los programas de orientación y capacitación laboral; incentivar, reconocer y regular las pasantías para adquirir entrenamiento y experiencia, y revisar la legislación laboral para remover las barreras que impiden o desalientan el acceso de los jóvenes a los puestos de trabajo, entre otras intervenciones. Las políticas públicas en la materia deberán dimensionar la envergadura de los desafíos, diseñar e instrumentar acciones y promover su articulación mediante estrategias globales que contribuyan a erosionar la red de privaciones que atrapa a los jóvenes en la doble exclusión de no estudiar ni trabajar. Asimismo, dichas políticas públicas deberán ser sensibles a la enorme heterogeneidad de los jóvenes que no estudian ni trabajan.30 Cualquiera de las intervenciones públicas aquí mencionadas requiere de la inversión de cuantiosos recursos. Sin embargo, “el mayor costo de todos los posibles es no atender el problema, generando riesgos crecientes para el futuro”.31 Por esta razón es tan importante que en el país sean cada vez más amplias las oportunidades para los jóvenes. México es una nación que debe cuidar y procurar a sus jóvenes. Así también será capaz de perfilar su futuro con mayores posibilidades de éxito. _______ 1 Los autores agradecen el apoyo de Carlos Fuentes Villalba en la generación de la información de este artículo. 2 Se utiliza el acrónimo Nini para referirnos tanto a las mujeres como a los hombres de entre 12 y 29 años de edad que no estudian ni trabajan. 3 En México, por ejemplo, la gran mayoría de los jóvenes que trabaja recibe bajos ingresos y no cuenta con prestaciones: dos de cada tres jóvenes (67.6%) recibe hasta tres salarios mínimos y más de la mitad (56.7%) no cuenta con prestaciones. 4 La frase es de Sabino Bastidas, citada en el artículo “Ninis: ¿Generación sin esperanza?”, www. abcuniversidades.com/Articulos/263/Ninis__generacion_sin_esperanza_.html. 5 Véase Alejandro Schujman, Generación NI NI, Grupo Editorial Lumen, Buenos Aires, 2011. 6 Véase José Luis Barbería, “Generación NI NI: Ni estudia ni trabaja”, El País, 22 de junio de 2009. 7 Algunos analistas han dicho, por ejemplo, que este sector de la población constituye “la bolsa de trabajo del narcotráfico”. 8 Véase, por ejemplo, Miguel Székely, “Jóvenes que ni estudian ni trabajan: Un riesgo para la cohesión social en América Latina”, MIMEO, junio de 2011. 9 Algunos se preguntan: ¿Por qué no protestan los jóvenes Nini? ¿Por qué no toman las calles? Aunque no hay evidencia sólida, se dice que fue decisiva la participación de los jóvenes Nini en las revoluciones árabes de 2010 y 2011. Al respecto, véase José Ignacio Torreblanca, “Revoluciones ni-ni”, El País, 18 de febrero de 2011. 10 La ENJ fue levantada por el Instituto Mexicano de la Juventud del 19 de noviembre al 9 de diciembre de 2010. Consta de 29,787 cuestionarios individuales y es representativa a nivel nacional, estatal y seis zonas metropolitanas. Cuenta también con un cuestionario de hogares y su diseño es probabilístico, polietápico, estratificado y por conglomerados. 11 Referido al momento del levantamiento de alguna encuesta o durante algún periodo determinado de referencia. 12 OCDE, Education at a Glance 2011. OCDE Indicators, www.oecd.org/publishing/corrigenda. 13 Pablo Peña ha dicho que “este término es melodramático e incorrecto”. Véase al respecto “La generación ‘Nini’… y otros cuentos” en . 14 Para hacer posible la comparación entre muy diferentes fuentes de información, fue necesario acotarla únicamente al grupo de 14 a 29 años de edad. 15 Véase OCDE, Education at a Glance 2011, pp. 345-346. 16 Véase Consejo Nacional de Población, Índices de marginación 2010, México, 2011. 17 Toda vez que las encuestas generalmente se basan en la asistencia (o no) a un centro educativo para determinar la condición de la educación, se suele incluir dentro del fenómeno Nini a los jóvenes que sí estudian pero lo hacen a través de sistemas informales, en las modalidades abierta o a distancia, o bien llevan a cabo capacitación laboral u otro tipo de instrucción mediante sistemas no formales. 18 ¿Es correcta la inclusión —como parte del fenómeno Nini— de los jóvenes que están buscando trabajo y no lo han encontrado? Diversos analistas consideran que, debido al hecho de que destinan activamente sus esfuerzos a conseguir un empleo, no se les puede considerar como inactivos. 19 Se trata, según los datos de la encuesta, de alrededor de 1 millón 750 mil jóvenes conocidos como “otros no activos”. La naturaleza no especializada de la ENJ-2010 en materia laboral probablemente explica que el número de los “otros no activos” sea significativamente mayor que el generado por las encuestas laborales (del orden de 765 mil jóvenes). Respecto a los “otros no activos”, véase CONAPO, “¿A qué se dedican los jóvenes en México? Análisis de la condición de actividad de la población de 14 a 29 años de edad” en La Situación demográfica de México, México, 2011. 20 Al respecto, véase CONAPO, óp. cit., p. 23. 21 La Encuesta Nacional sobre Discriminación en México indica que 36% de la población entrevistada percibe que los jóvenes NINI se encuentran en esa condición porque así lo desean. 22 Fue el Dr. Jaime Domingo López Buitrón, anterior Subsecretario de Empleo y Política Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, quien nos compartió hace algunos meses la idea de que, desde el punto de vista laboral, la condición NINI era transitoria en el caso de muchos jóvenes, ya que es común que en un periodo corto de tiempo entren y salgan del mercado de trabajo. 23 Además, existe una gran cantidad de jóvenes que permanecen sin estudiar ni trabajar en periodos específicos del año o en determinados momentos de su entrada al mercado laboral, terminación de estudios, cambio de estado civil y otras coyunturas de tipo familiar y personal. 24 Esas acciones se han visto fortalecidas en particular con el aumento de las oportunidades educativas para las mujeres. Por ejemplo, entre 1990 y 2010 aumentó la proporción de mujeres de 15 a 29 años dedicadas únicamente a estudiar, al pasar de 19 a 30%, lo cual significó un crecimiento —en valores absolutos— de 2.4 a 4.2 millones de mujeres. 25 En este sentido, destaca la reciente creación de la Universidad Abierta y a Distancia de México y de la Preparatoria Abierta en Línea de la SEP, dado que se trata de iniciativas flexibles que podrían contribuir a aumentar el capital escolar de los jóvenes. 26 Una beca puede significar la diferencia entre seguir estudiando o abandonar la escuela. Actualmente se otorgan más de 2.8 millones de becas a jóvenes de educación media superior y superior que benefician a los adolescentes y jóvenes mayores de 15 años. 27 Se han entregado en los últimos cinco años casi 600 mil becas de capacitación para el trabajo y en el sector educativo se atendió directamente a un 1 millón 345 mil alumnos. 28 Véase “Jóvenes que ni estudian ni trabajan: Un riesgo para la cohesión social en América Latina”, mimeo, junio de 2011. 29 Debe considerarse que del total de jóvenes Ninis en México, 2 millones 80 mil jóvenes no concluyeron la educación básica; de ese total, 76% son mujeres. Además, 3 millones 425 mil jóvenes concluyeron la educación básica pero no siguieron estudiando o bien truncaron sus estudios en el nivel siguiente. De nueva cuenta, la gran mayoría son mujeres (77%). Finalmente, 1 millón 930 mil jóvenes concluyeron el nivel medio superior pero no siguieron estudiando o truncaron sus estudios de nivel superior. La gran mayoría son mujeres (73.5 por ciento). 30 Por ejemplo, en los programas orientados a abatir el rezago educativo y ampliar el capital escolar, debe considerarse el predominio de las mujeres unidas con hijos. La omisión de esta característica en el diseño de las intervenciones puede reducir significativamente la eficacia de las intervenciones públicas en la materia. 31 Miguel Székely, óp. cit., p. 16. ___________________________________ RODOLFO TUIRÁN es subsecretario de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública. JOSÉ LUIS ÁVILA es académico de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Con toda la barba (98.909)
Mil palabras dicen más, mucho más, que una imagen. El autor de esta nota nos brinda una escena memorable, cinematográfica, que pinta de cuerpo entero al Castro revolucionario en sus tiempos mexicanos, al Castro omnipotente de la Cuba del último medio siglo y al anfibio que pasaba gustoso de las aguas estancadas del protocolo tropical a los aires abiertos del humor involuntario y la broma fácil. En el año de 1986 asistí por tercera ocasión al Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que se celebraba en La Habana, Cuba. La recepción en el Palacio de la Revolución sería el miércoles 17 de diciembre, con la presencia siempre incierta, por razones de seguridad, del comandante Fidel Castro. Durante los años que acudí al festival, la asistencia del presidente del Consejo de Estado y del Gobierno de la República de Cuba nunca fue confirmada, pero, al final, siempre llegaba a los eventos. Los representantes de las diversas cinematografías éramos agrupados en el Palacio de la Revolución de acuerdo a un protocolo muy estricto. Se trataba de una suerte de comitivas nacionales que aguardaban mientras Castro las recorría en compañía del funcionario responsable de la industria del cine cubano, a quien correspondía presentarnos con el comandante. Sobra decir que alrededor de Castro se movía un tumulto y eso le daba cierto aire teatral al momento. Nosotros, de pie, esperábamos ansiosos. Después de una larga dilación, el comandante Castro y Pastor Vega, director cubano de cine, llegaron finalmente hasta nosotros. Vega presentó a la delegación mexicana. Castro vestía su tradicional traje verde olivo y botas militares con doble tacón que lo hacían lucir aún más alto. Le dije mi nombre; me pidió que se lo repitiera. Así lo hice y en ese momento inició, sin ninguna prisa, con esa actitud relajada que tienen los políticos cuando saben que son ellos quienes fijan los tiempos de la entrevista, una conversación informal. –Mire, compañero Hernández Torres, quisiera comentarle que guardo un cariño muy especial por el cine mexicano, porque una de las etapas más difíciles de mi vida fue la de los meses previos a la salida por Tuxpan, Veracruz, hacia el inicio de la Revolución Cubana. Recuerdo que lo que me ayudó mucho a subsistir fue mi participación en el cine mexicano como extra en diferentes películas que se rodaban en los estudios Churubusco. Esta invitación la recibía de un hombre al que considero mi hermano mexicano y es Rodolfo Echeverría, que en esa época tenía gran influencia en el sindicato de actores, la anda, y nos daba la oportunidad, a mí y a un grupo de cubanos, de representar esos pequeños papeles y contar con algunos recursos. Eran modestos pero, en ese momento, indispensables para seguir adelante con nuestros planes revolucionarios –contó el comandante. Haciendo gala de su memoria, continuó su relato: –Otro hermano mexicano es Fernando Gutiérrez Barrios, quien desde su cargo en Gobernación nos ayudó a salir de un retén carcelario ubicado en la calle de Miguel Schultz en la colonia San Rafael, donde fuimos a parar un par de veces por falta de documentación migratoria actualizada. Usted, Hernández Torres, ¿los conoce? –me preguntó. Yo empezaba a responder, “Sí, desde luego. Por cierto…”, cuando me interrumpió y siguió contándome de los lugares donde se reunían los revolucionarios cubanos. Me dijo que cuando cobraban sus sueldos como extras comían en Sanborns, y cuando se agotaban los dineros, en una fonda cercana a la anda, o tomaban café en el Café La Habana en las calles de Bucareli. En esta pausada y amena charla estábamos cuando, abriéndose paso entre los funcionarios de Fidel y el equipo de seguridad que lo acompañaba, apareció una mujer de unos 30 años y, casi gritando, llamó la atención de los ahí presentes: “¡Comandante Fidel, comandante Fidel!”. Él volteó y, con una discreta seña a su equipo de seguridad, le permitió el paso hacia donde estábamos. –Dime compañera, ¿en qué puedo ayudarte? –Comandante, soy chilena; desde joven lo he admirado y ahora que en mi pueblo supieron que venía al festival de cine me pidieron hacerle una petición. –Pues dime… –Quisiera pedirle que me regalara un pelo de su barba para colocarlo en la biblioteca de mi pueblo –dijo para asombro de todos, Fidel incluido. Se hizo un silencio total. Los ahí reunidos mirábamos indistintamente los ojos de Fidel, los de la chilena, a los agentes de seguridad y a los funcionarios de cine cubano, que trataron de intervenir. Esos segundos, que parecieron horas, fueron resueltos con una mirada complaciente de Castro y una sonrisa que a todos nos relajó. A esa siguieron algunas risas, hasta que el comandante dijo con voz firme: –Pero con una condición–. Volvieron el silencio y las miradas cruzadas. –¿Cuál condición? –preguntó con voz temblorosa la chilena. –Que seas tú misma la que me la arranque. Ante la sorpresa de los asistentes, el comandante bajó la cabeza. A la mujer le temblaban los dedos. No decidía si ir por una barba del frente o de un costado. Finalmente opto por el frente y jaló rápido y con firmeza una barba cana del comandante. Después, como en cámara lenta, la depositó en el centro de un libro y con devoción de reliquia sagrada cerró el volumen lentamente, tratando de no maltratar la barba. Con los ojos en llanto, apenas atinó a decirle: “Gracias, comandante, gracias por su generosidad. Gracias”. Y caminando siempre hacia atrás para no darle la espalda, se retiró. El comandante volteó nuevamente hacia nuestra delegación y dijo con gran sentido del humor: “Espero que su pueblo sea pequeño y no genere una peregrinación anual a La Habana, no para escucharme sino para dejarme lampiño”. Nos dio la impresión de que el comandante Fidel Castro quería contar más anécdotas de su estancia en México, pero la presión de la delegada del cine soviético lo urgió a seguir el recorrido. __________________________________________ JESÚS HERNÁNDEZ TORRES fue director general de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) y del Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa. Se encargó de crear el Fondo de Fomento a la Calidad Cinematográfica.

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