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Igualdad, justicia y libertad
Este País | La Brecha De La Desigualdad | Enrique Alduncin Abitia | 01.03.2015 | 1 Comentario

©iStockphoto.com/drante

Piketty ha probado que la desigualdad en ciertos países desarrollados ha crecido. Lo atribuye a las ganancias que obtiene la franja más rica de la población por inversión de capital. En México, sin embargo, los datos sugieren que, así sea marginalmente, la desigualdad ha disminuido.

“Liberté, égalité, fraternité”, un lema para promover una revolución hoy o en 1789. En la esfera política la libertad se asocia con el liberalismo y la igualdad con el socialismo. No deberían contraponerse, pero las ideologías insisten en las dicotomías. Después del derrumbe del comunismo en la URSS y su órbita en 1991, se pensó en el triunfo del capitalismo, que se creía el único sistema posible. Al final de la primera década de este siglo, sufre una crisis similar a la de la Gran Depresión de 1929; aunque mejor manejada, deja una secuela de miseria y pobreza, incluso en los países hegemónicos, y una situación de inestabilidad y malestar que perdura. Una consecuencia fue que las mediciones a nivel global apuntan a un alejamiento entre los que más tienen y los que apenas sobreviven (Piketty, 2013), esto es, un deterioro en la distribución del ingreso y la riqueza.

En México, el problema de la distribución del ingreso se describe y analiza en un excelente artículo de Miguel del Castillo Negrete.1 Las estadísticas señalan que en los últimos 50 años la distribución del ingreso mejora: hay menor desigualdad. La participación en el ingreso de los ricos, el 20% de la población con mayores ingresos, integrado por los deciles IX y X, declina en este periodo, a la vez que los pobres, el 20% de los deciles I y II con menores ingresos, aumentan su participación. Las causas son múltiples, la mayoría por políticas del Gobierno: el desarrollo estabilizador, el aumento de la escolaridad y el incremento de la oferta de profesionales, el auge de las exportaciones, el incremento en el gasto social dirigido al sector rural y a los marginados con programas como Procampo, Solidaridad, Progresa, Oportunidades, Prospera, etcétera. Fernando Cortés da cuenta con rigor académico de estas tendencias y sus causas, y analiza los argumentos de los principales estudiosos del tema.2 Asimismo, se pueden consultar los exhaustivos estudios a nivel entidad del Coneval.3

En 1963, el estrato de los más pobres (I+II) participa con 3.5% del ingreso; en la última estimación (2013), realizada con la ENIGH-2012 y proyecciones de Conapo, muestra una participación de 4.9%. Por otro lado, en los mismos años el estrato de los ricos (IX+X) declina de 58.9 a 50.9%. En términos porcentuales, en este lapso los pobres ganan 40% y los ricos pierden 14% en la distribución del pastel. Una medida simple que permite observar cómo se reduce la brecha entre ricos y pobres es el cociente del porcentaje del ingreso de los primeros entre el de los segundos. En 1963 la diferencia de ingresos promedio era casi 17 veces mayor; en 2013 fue de poco más de 10 veces, una disminución de 38%. Si se considera el cociente del 10% más rico respecto al 10% más pobre, las cifras son más dramáticas: en 1963 los privilegiados tenían 25 veces más ingreso que los marginados; en 2013, el primero fue 19 veces mayor, un decremento de 23%. Como sea que se cuantifique, se aprecia en México una reducción gradual importante de la desigualdad en el último medio siglo (Gráfica 1).

GRAFICA ALDUNCIN

En lo que concierne a la percepción sobre estas tendencias, en la encuesta sobre los valores de los mexicanos de 19874 se emplea una serie de índices para cuantificar el grado de enajenación o malestar social en nuestra nación. El ejercicio se repite en 2011. Uno de los índices, denominado “injusticia”, mide la percepción social del cambio a través de la distribución del ingreso: si se avanza hacia una sociedad más igualitaria o si el sistema político, social y económico opera con un sesgo que favorece a una élite. El planteamiento es: “En los últimos años los ricos se han vuelto más ricos y los pobres más pobres”. En el lapso de 24 años que media entre las dos encuestas, el promedio nacional de los que están de acuerdo con la frase se reduce de 77 a 61%, un decremento de 21%, mientras que los que desacuerdan avanzan de 14% a 31%, un incremento de 120%. Cambian las opiniones hacia una visión de disminución de la desigualdad, que concuerda con las mediciones. Sin embargo, continúa la anomia o enajenación que se mide con este indicador: la mayoría de las personas cree que cada vez obtiene una menor porción de la riqueza que se produce en el país, mientras que los ricos toman una tajada mayor, creencia contraria a las mediciones descritas.

En la encuesta de 2011, el sexo, el nivel de alfabetismo y la etnicidad (indígenas y no indígenas) de los entrevistados no afectan las respuestas, en todos los casos cercanas al promedio. Se aprecia una polarización en las variables de edad, región, tamaño de la localidad, nivel socioeconómico e ingreso familiar mensual. El 68% de los jóvenes entre 18 y 24 años está de acuerdo con la frase, y 24% en desacuerdo, mientras que entre las personas mayores de 65 años los resultados se invierten: 28% acuerdan y 52% desacuerdan, una pronunciada brecha generacional y un mayor alejamiento social de los jóvenes. En las macrópolis de más de un millón de habitantes el porcentaje de los que acuerdan y desacuerdan es el mismo (50%); en las ciudades medianas y los pueblos 75% acuerdan y 20% desacuerdan. Veamos los extremos de los niveles socioeconómicos: en los estratos medio-alto y alto (A/B), 50% acuerdan y 42% desacuerdan; entre los marginados (E), los porcentajes son 73 y 22. La distancia entre las regiones Norte y Sureste es más amplia que la socioeconómica: acuerdan 47% y 74%, respectivamente, y desacuerdan 42% y 18%. La mayor polaridad se presenta en términos del ingreso familiar mensual: 77% de los que sobreviven con un ingreso de hasta 5 mil pesos acuerdan y 17% desacuerdan; 29% de los que cuentan con ingreso superior a 25 mil pesos acuerdan y 71% desacuerdan, una inversión total de las percepciones (Gráfica 2).

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El indicador de enajenación refiere cuáles son los segmentos de la población que la padecen; se relaciona con sentimientos de abandono (ser dejados de lado, no contar, estar de más), con importantes consecuencias psicosociales. El caso más grave, el de las personas cuyas familias tienen ingresos mensuales inferiores a cinco mil pesos (12 dólares diarios por familia), es la población objetivo de programas de Gobierno. El resto de los segmentos —los jóvenes, las ciudades medianas y los pueblos, así como el Sureste del país— se atienden con programas insuficientes. Destaca el caso de los jóvenes; independientemente de su condición, muestran una alta anomía, desde luego más marcada en los estratos de ingresos bajos. Muchos no logran incorporarse a la vida adulta, sufren una alta deserción y les faltan oportunidades de estudio y empleo. La exclusión educativa y la inactividad económica de los jóvenes es un grave problema al que se ha dedicado atención, pero no la que amerita. Rodolfo Tuirán y José Luis Ávila
consideran que es un “asunto de la mayor importancia que exige la intervención de todos los órdenes de gobierno y reclama un esfuerzo de coordinación intergubernamental”.5

En la encuesta sobre los valores de los mexicanos de 2011 se pregunta simplemente si gustan o no las ideas que representan 40 palabras clave, entre las que se incluyen igualdad, libertad, justicia y fraternidad. A nivel nacional, los porcentajes de quienes respondieron afirmativamente sobre estas cuatro ideas son: 94, 93, 90 y 79, respectivamente; y de quienes respondieron negativamente: 5, 5, 8 y 16.6 El lugar que ocupan estas ideas entre las 40 es su valor ordinal: 3°, 6°, 10° y 18°. Las dos primeras son trabajo y tradición, que gustan a 97.2% y 94.3%, respectivamente. La cuarta y la quinta son México y escuela (93.8% y 93.4%). El orden de valoración de igualdad, libertad y justicia es el mismo para casi todos los segmentos, y todos las ubican entre los primeros lugares, lo que muestra un alto grado de consenso entre todos los mexicanos. La excepción son aquellos para los que es más importante libertad que igualdad. Los que cuentan con licenciatura ubican a las dos en el mismo nivel (95%). Los de posgrado prefieren la primera (91% contra 82%), una diferencia de nueve puntos porcentuales (pp). Entre los miembros de familias con ingresos mensuales mayores a 25 mil pesos, las valoraciones promedio son de 97% y 90%, una diferencia de siete pp. Por nivel socioeconómico, en el estrato alto se observa una valoración similar: 97% vs. 91%, una diferencia de seis pp. En la zona metropolitana de la Ciudad de México y la región Norte los porcentajes promedio son, respectivamente, 93% vs. 90% y 95.3% vs. 94.7%. Los niveles de ingreso, socioeconómico y de escolaridad determinan, junto con la ubicación geográfica, las mayores diferencias valorales y marcan, incluso, inversiones en las preferencias; determinan distintas visiones del mundo, así como actitudes y conductas diferentes. Sin embargo, se coincide en lo esencial, ya que en todos los segmentos hay una alta valoración de igualdad y libertad (justicia se ubica un poco más abajo). Este alto grado de consenso refleja cohesión social en aspectos fundamentales: quien está a favor de la igualdad también desea la libertad, y los que valoran más la libertad también favorecen en un alto grado la igualdad. Entre los mexicanos no tiene peso la dicotomía liberalismo-libertad / socialismo-igualdad.

Una cosa son los valores como ideas y otra es su concreción en un sistema social. Cuando se pregunta por las características del sistema socioeconómico deseado,7 cinco opciones de un total de 20 se refieren a la libertad y la igualdad, las cuales resaltan entre los más deseables. Las encuestas de valores que indagan sobre qué país queremos se realizaron en 1987, 1995 y 2011. Entre 1987 y 1995 destaca una revaloración general de todos los aspectos; la población en esos años tiene mayores anhelos. Entre 1995 y el 2011, todos declinan un poco; las expectativas decaen pero se mantienen arriba de las que se tenían antes de la alternancia política y de una mayor apertura. Sin detallar las diferencias por segmento, enlistamos a continuación los cambios axiológicos en el promedio nacional en el curso de 25 años (Gráfica 3):

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Igualdad de oportunidades para todos sin importar el origen social. Entre 1987 y 2011, esta premisa se revalúa 12 puntos. Su índice (0 = nada deseable, 100 = totalmente deseable) avanza de 78 a 90; respecto a 1995, declina solo dos pp. Muestra un repudio a las injusticias derivadas de privilegios de clase, ingreso, educación o políticas. Se aspira a una meritocracia donde no intervengan las recomendaciones y el favoritismo.

Bienestar para toda la población. Esta aspiración no se relaciona directamente con los valores de libertad e igualdad, pero sí es consecuencia de ellos. Se ubica ligeramente abajo de la igualdad de oportunidades. Significa que se desea trabajar y luchar para lograr el bienestar; existe confianza en alcanzarlo si las reglas son parejas. En 1987 y 2011 registra 83 y 89 puntos, respectivamente, un incremento de 9 pp.

Libertad de creencias y religión, de expresión y práctica. En la primera tuvo 75 puntos; para 2011 subió a 88, un aumento de 13 pp. A pesar de que la gran mayoría de los mexicanos se declara católica, estima en mucho que los que tienen otras creencias sean libres de profesarlas. Hay una gran tolerancia y aceptación de otros hombres y mujeres con ideas diferentes.

Libertad de palabra y acción; poder expresarse libremente. Es similar a la premisa previa, pero se extiende a todos los campos, incluido el político. El que reciba la misma evaluación resulta una muestra de coherencia. Los valores respectivos son 79 y 88, un incremento de nueve pp.

Seguro de desempleo y garantía de un ingreso mínimo. En 1987 y 2011 registra 73 y 88 puntos, un incremento de 15 pp. Solo baja dos puntos respecto a 1995. Es de las que más se revalúa. Refleja el deseo de alcanzar logros similares a los de los países más desarrollados.

Ingresos de acuerdo a capacidad y trabajo. Esta premisa retoma la primera parte de la famosa frase de Marx: “A cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. Establece una proporcionalidad entre capacidad y trabajo realizado, por un lado, y la remuneración correspondiente, por el otro. En 1987 y 2011 registra 79 y 83 puntos, un incremento de cuatro pp. En 1995 alcanza un índice de 90, un decremento de siete pp.

Ingreso aproximadamente igual para todos. Es una premisa opuesta a la previa ya que postula que el ingreso no debe corresponder a la capacidad y el trabajo realizado sino que debe ser parejo para todos. Su nivel de preferencia en 1987 era de 66; en 2011 avanza a 83, un incremento de 17 pp. Es la aspiración que más se revalúa. Respecto a 1995, solo pierde dos puntos. Hay una inconsistencia que muestra la necesidad de un debate social más amplio para esclarecer y precisar ideas y —consecuentemente— valores, aspiraciones y políticas públicas.

Libertad de acción política para la oposición y las minorías. Por muchos años durante el siglo XX no se permitió la disidencia política y las minorías carecían de derechos. En el último cuarto de siglo, el cambio valoral de los mexicanos a este respecto fue notable. El índice crece de 68 a 83, un incremento de 15 pp. De 1995 a 2011 sufre una ligera baja, cae cuatro pp.

Igualdad y libertad son dos valores fundamentales en la estructura social, económica y política de los mexicanos; anhelamos que estos valores se plasmen de mejor manera en normas, leyes, conductas, prácticas y políticas de gobierno. Ha habido un gran avance pero las expectativas hoy son más altas, debido a la creciente importancia que se da a esos valores, por lo que la brecha entre lo que se desea y lo que hemos conseguido aún es amplia.

1 Miguel del Castillo Negrete Rovira, “La distribución del ingreso en México”, en Este País, núm. 252, abril de 2012.

2 Fernando Cortés, “Medio siglo de desigualdad en el ingreso en México”, en Economía UNAM, núm. 29, marzo de 2013.

3 Coneval, “Medición de la pobreza en México y en las entidades federativas”, julio de 2013 <www.coneval.gob.mx>.

4 Enrique Alduncin Abitia, Los valores de los mexicanos: Tomo II. México en tiempos de cambio, Fomento Cultural Banamex, México, 1991.

5 Rodolfo Tuirán y José Luis Ávila, “Jóvenes que no estudian ni trabajan: ¿Cuántos son?, ¿quiénes son?, ¿qué hacer?”, en Este País, núm. 252, abril de 2012.

6 La diferencia entre la suma de los porcentajes y el 100% corresponde a la no respuesta.

7 Enrique Alduncin Abitia, Los valores de los mexicanos: Tomo III. En busca de una esencia, Fomento Cultural Banamex, México, 1993.

________

ENRIQUE ALDUNCIN ABITIA es director general de Alduncin y Asociados.

Una respuesta para “Igualdad, justicia y libertad
  1. […] 3 Coneval, “Medición de la pobreza en México y en las entidades federativas”, julio de 2013 <www.coneval.gob.mx>. […]

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