Sbado, 07 Diciembre 2019
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Ménage à trois? El acercamiento Estados Unidos-Cuba y los ecos venezolanos
Cuba- Estados Unidos ¿Tierra A La Vista? | Este País | Armando Chaguaceda y Tomás Straka | 01.02.2015 | 0 Comentarios

©iStockphoto.com/mstay

Si Cuba volteó al norte, dio la espalda a Venezuela.

Al parecer, tomó por sorpresa al Gobierno de Maduro. Sin el respaldo moral de la isla, la República Bolivariana pierde uno de sus asideros. ¿Cómo repercute el viraje cubano en el socialismo latinoamericano?

El anunciado restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos es uno de esos extraños rejuegos políticos en los que todos los actores, directa o indirectamente implicados, se sienten ganadores. Descontando al sector más radical del exilio cubano, a líderes del Partido Republicano y a ciertos opinadores descontentos, en general el mundo ha celebrado lo que considera el final de un conflicto tan largo como inútil. Los radicales festejan o rechazan el acuerdo tras entenderlo, alternativamente, como una victoria sobre el imperialismo yanqui o una claudicación frente a la dictadura; mientras la mayor parte de Latinoamérica, la Unión Europea, Canadá, la Iglesia católica, los sectores liberales de Estados Unidos y un segmento mayor de su comunidad empresarial ven en la distensión una oportunidad para acelerar, simultáneamente, los cambios en la isla y la normalización diplomática y comercial. Todos tienen buenas razones para pensar como lo hacen, aunque es difícil saber cuál de las interpretaciones será, a la postre, la más acertada.

Tal vez por eso resulte útil detenerse en lo que pueden significar los anuncios de Obama y Castro de cara a la realidad venezolana. En pocos lugares, fuera de las “dos Cubas” (la de la isla y la de Florida), pueden tener aquellos tanto impacto como en el más estrecho aliado del Gobierno cubano. En consecuencia, su recepción en Venezuela ofrece claves para entender sus posibles alcances tanto en el interior de la política y sociedad cubanas, como en la geopolítica de la región. Repasemos algunas de ellas.

Una victoria pírrica

De momento, Castro puede cantar victoria: resistió numantinamente por más de medio siglo a su poderosísimo enemigo, forzándolo a reconocerlo. No se trata de cualquier cosa si se evalúa la asimetría de fuerzas entre los contrincantes y la traumática historia de las relaciones cubanas con Estados Unidos. Así, triunfalistas, fueron las lecturas del comunicado oficial de la Cancillería venezolana,1 y las notas de prensa y opinión de Telesur, Aporrea.com, Correo del Orinoco y demás medios bolivarianos.

Sin embargo, Luis Britto García —uno de los pocos intelectuales de prestigio que respaldan a Caracas— evidenció las preocupaciones del sector más ortodoxo del chavismo en torno a que la mayor presencia comercial y turística estadounidense abriría desafíos a un sistema cubano fundado en el conflicto y el atrincheramiento.2 Con su opinión, Britto García revela las inquietudes de ese sector —y, presumiblemente, del alto Gobierno— frente al impacto en Venezuela de los cambios en Cuba. Mientras el Plan de la Patria para el periodo 2013-2019, convertido en ley por la Asamblea Nacional,3 plantea la construcción de un socialismo en el que la empresa privada tendrá un rol muy restringido, Raúl Castro parece asumir la ruta contraria al hacer las paces con Estados Unidos y desestatizar parte de la economía insular. Otros participantes en el foro de Aporrea.com manifestaron un parecer similar.4 Naturalmente, no se puede otorgar al portal la vocería de todo el chavismo (de hecho, el día de hoy es más bien una voz crítica desde la izquierda), pero tanto la relativa perplejidad que ha traslucido Maduro en sus respuestas como el tono más bien moderado de algunos portavoces oficialistas hacen pensar que fueron tomados por sorpresa o que no existe una directriz clara sobre cómo evaluar los hechos.5

La batalla de los símbolos

El principal problema para “La Revolución” de que ocurra lo que teme Britto García está en el plano ideológico. Hay todavía que profundizar en las razones por las cuales en Venezuela una facción de las élites creyó viable implementar una versión del socialismo real, de un modo radical que sus aliados más estrechos (Bolivia, Ecuador, Nicaragua e incluso, desde el mandato raulista, Cuba) no parecen seguir ya.6 Pero, especulaciones aparte, lo que subrayamos es que un primer efecto para Venezuela no derivaría de un debilitamiento de las relaciones intergubernamentales Caracas-La Habana, sino del impacto que un cambio en la isla pueda tener hacia dentro de la sociedad venezolana, en especial en ese grupo poblacional que aún se declara chavista.

Sin la excusa de la agresión imperialista (más allá de que aún sea necesario saltar algunas barreras, congreso mediante, para levantar lo que queda del embargo), el discurso que legitimaba al Gobierno cubano pierde uno de sus pilares fundamentales. Poco importa el hecho de que los sistemas de planificación centralizada hayan fracasado históricamente, pues el Gobierno cubano repite desde hace 50 años que sus principales problemas económicos se deben al embargo. Retórica que preserva cierto valor político para los voceros del Gobierno bolivariano, que buscan no solo en los símbolos y discursos del modelo cubano su identidad legitimadora como revolucionarios, sino también los argumentos concretos para justificar sus problemas específicos: desde la “guerra económica” de los especuladores hasta la conspiración que, desde el “Imperio”, supuestamente se trama sobre la economía venezolana. El razonamiento es, más o menos, el de “esto pasó en Cuba, pasa en toda revolución, pasa con nosotros. Es la prueba de que somos revolucionarios”. Sin embargo, es cada vez más difícil, de cara a las evidencias (comenzando con la cubana) ignorar que la causa principal de los problemas del modelo son estructurales, por lo que las sorpresivas declaraciones de Fidel en 2010 y los repetidos discursos (auto)críticos de Raúl al respecto, ahora amplificados con las promesas del acercamiento, operan como torpedos debajo de la línea de flotación del andamiaje discursivo de la Revolución bolivariana.

Pero si algo se repitió viralmente en las redes sociales después del anuncio del 17 de diciembre, fueron los chistes en los que, invariablemente, aparece Maduro burlado por Castro; percepción, además, que se replicó en La Habana.7 Se repitieron venezolanísimas expresiones, como las que sugerían que Raúl “le montó cachos” (le puso los cuernos) a Nicolás con Obama. Y si bien no hay pruebas contundentes de que las negociaciones se hayan hecho a espaldas de Maduro (lo que sería una jugarreta diplomática sensacional), en este caso lo importante es la percepción social de los acontecimientos.

Además, siete días antes del anuncio de la reanudación de las relaciones con Cuba, el Congreso estadounidense había estipulado un conjunto de sanciones para funcionarios venezolanos a quienes responsabiliza de la represión, con agravio para los derechos humanos, de los disturbios antigubernamentales de principios de 2014. Aunque no sea un dato menor (no discutimos aquí la solvencia moral de quienes propusieron la medida en el contexto del escándalo por las torturas que ha aplicado la cia en la lucha contra el terrorismo; tampoco en lo fundamentadas, o no, que están las acusaciones o hasta qué punto se trata de una intromisión extranjera en un asunto interno), lo que enfatizamos es cómo la coyuntura permitió que todo el chavismo (gubernamental y simpatizante) desplegase sus más encendidas acciones (marcha del 15 de diciembre, convocada por Maduro) y discursos antiimperialistas justo dos días antes de los anuncios de Raúl y Obama. Generando a la postre un contraste que no pasó desapercibido entre los venezolanos.8

Para añadir sazón, el espectro político —y opinático— opositor venezolano no perdió la oportunidad de echarle en cara al Gobierno lo que considera su errática política confrontacional con Estados Unidos: si hasta Raúl bajó el tono, se decía, ¿por qué ser más antiyanqui que los cubanos?9 Incluso opositoras de discurso radical como María Corina Machado saludaron una medida que le quita sufrimientos al pueblo cubano y abre potenciales escenarios de cambio en el país vecino. Que los sectores opuestos al Gobierno hayan manifestado más alegría que los “bolivarianos” sobre lo que es, en gran medida, un triunfo político del principal aliado del Gobierno, demuestra que el afán despolarizador (hermano gemelo del compromiso democrático) goza aún de buena salud en el seno de la acosada oposición venezolana.

Amoríos por conveniencia

No obstante, en la dinámica bilateral Caracas-La Habana, no parece plausible esperar cambios dramáticos: la primera depende de la segunda para el mantenimiento y desarrollo de su aparato de control y propaganda políticos; la segunda necesita mantener, en contrapartida y mientras dure, la mayor transfusión energética y financiera posible. Miraflores parece apurado —ante su desastrosa gestión económica, aunada a la acelerada merma de apoyo popular e ingresos petroleros— a apretar la tuerca de la represión política, el control institucional y la captura de espacios autónomos del mundo empresarial, mediático y, en sentido general, de la sociedad civil. Por primera vez desde su arribo al poder hace 15 años, la élite “bolivariana” sabe que no cuenta con una mayoría en la población (ni en los votantes) y ha perdido parte de su credibilidad internacional, tanto en el mundo financiero como en lo referente al estado de los derechos humanos. Sin embargo, las divisiones y errores de la oposición, la complacencia de los gobiernos latinoamericanos y los retrocesos de la democracia a nivel global (desde el mundo árabe hasta el espacio postsoviético) parecen indicar a Maduro & Co. que el costo de reprimir es menor, por el momento, al de abrir el juego de una transición democrática.

Hoy Venezuela (si bien de forma paulatina y reversible) se va totalitarizando, en la misma medida que Cuba avanza a un aggiornamento de la gobernabilidad autoritaria con liberalización económica y cierta pluralización social. No hay contradicción en ello, si comprendemos los puntos de partida, el estado de los liderazgos, las correlaciones internas de fuerza y las “edades” de ambos procesos. Al final, el incremento del peso de los militares y de segmentos tecnocráticos y diplomáticos ligados al mercado global y a sus aliados geopolíticos comunes (Rusia, China, Irán) es un factor que se repite en los regímenes políticos de ambas naciones caribeñas. Las ideologías, a la postre, podrían perder protagonismo ante reacomodos pragmáticos de La Habana y Caracas con el poderoso vecino continental. Y la clase política de Estados Unidos, de continuar la agenda de Obama, podría aceptar los statu quo de ambas naciones con las miras puestas en una normalización (Cuba) y un relanzamiento (Venezuela) diplomáticos, que beneficien a su comunidad empresarial y rompan el relativo aislamiento de la política exterior de Washington en foros interamericanos.

Si Raúl Castro acelera una transición controlada a un capitalismo militarizado y autoritario, no hay razones para pensar que desechará la alianza con el Gobierno venezolano, al menos si este logra sobrevivir a sus actuales problemas políticos y económicos. El caso de China (que es, simultáneamente, socio económico de Estados Unidos y aliado político del régimen norcoreano, archienemigo de Washington) es tan elocuente al respecto como la actual alianza de Estados Unidos y Vietnam. Cuba puede seguir aportando a sus aliados del alba toda su experiencia en el control social, mientras dialoga cada vez más con Estados Unidos; como lo viene haciendo, bajo cuerdas, desde hace décadas. Incluso pudiera replicar el rol chino con Norcorea, convirtiéndose en una especie de interlocutor válido para Venezuela a la hora de negociar con Estados Unidos y Europa. En ese tenor, que las farc colombianas hayan anunciado, el mismo 17 de diciembre y desde La Habana, su cese al fuego parece otro ejemplo de la capacidad del Gobierno cubano para concertar movidas en varias bandas y ejercer la intermediación en procesos regionales.

En cualquier caso, todo aquello que destierre los demonios de la Guerra Fría es agradecible. La normalización Estados Unidos-Cuba apunta en esa dirección, despolarizando las relaciones regionales y beneficiando a la población cubana. Pero también es un legado de aquellos tiempos aciagos la necesidad de una defensa interamericana de la democracia frente a dictaduras de todo pelaje. Y este último reto queda en pie, considerando las omisiones y errores de las cancillerías americanas frente a las agendas autoritarias de Caracas, La Habana y otros aliados del alba. Por eso, el no confundir distensión con apaciguamiento ni el necesario respeto a la soberanía nacional con impunidad para los gobiernos violadores de los derechos humanos sigue siendo una asignatura pendiente de cara a la verdadera superación, multilateralismo mediante, de los graves problemas de gobernabilidad democrática que aún aquejan a nuestras naciones. 

[1] Ver <http://m.eluniversal.com/nacional-y-politica/141217/venezuela-celebra-nuevo-rumbo-de-relaciones-diplomaticas-entre-cuba-y->.

[1] Luis Britto García, “El fin de los bloqueos”, en <http://www.aporrea.org/actualidad/a200328.html>.

[1] Ver el documento en <www.asambleanacional.gob.ve>.

[1] Ver <http://aporrealos.com/forum/>.

[1] Collette Capriles, “El porvenir de una desilusión”, en <http://internacional.elpais.com/internacional/2014/12/28/actualidad/1419742505_228181.html>, y Ángel Alayón, “Cuba, EEUU y Venezuela: Una lectura de los eventos recientes”, en <http://prodavinci.com/blogs/cuba-ee-uu-y-venezuela-una-lectura-de-los-eventos-recientes-por-angel-alayon/>.

[1] Tomás Straka, “¿Por qué Venezuela?”, en <http://www.el-nacional.com/tomas_straka/Venezuela_0_499750130.html>.

[1] Anett Ríos, “La reapertura crea ola de sarcasmo y humor”, en <http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article4712088.html>.

[1] Ver <http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/actualidad/politica/maduro-agarren-su-visa-y-se-la-meten-por-donde-tie.aspx>.

[1] Un cable de EFE (Caracas, 18 de diciembre de 2014) hace un buen resumen de sus declaraciones: “La oposición venezolana insta a Maduro a seguir el ejemplo de la ‘lección’ de Cuba” <http://www.elmundo.es/internacional/2014/12/18/5492ab04ca474131038b457d.html>.

________

ARMANDO CHAGUACEDA, politólogo e historiador cubano, es profesor-investigador en la Universidad de Guanajuato. TOMÁS STRAKA, historiador venezolano, es profesor-investigador en la Universidad Católica Andrés Bello.

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