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Buenos días melancolía
Cultura | Este País | Vladimir Balderas | 01.01.2015 | 0 Comentarios

Karina Juárez, de la serie Días rojos, 2012.Mucho me avergüenzo,

yo, humano.

Wislawa Szymborska

Así como existen maneras y formas de pronunciar el amor, hay también rutas para explorar y acercarse a la violencia. El acierto radica en cómo se desarrolla ese sendero: ahí residen el asombro y la pregunta; pues la obra, en su abismo de tiempo y color, nunca ofrece respuestas claras. En la duda está la fuerza. ¿De esta manera también se puede amar: con un lenguaje que equipara el cabello al viento de la mujeres con relinchos de potro en la montaña o silbidos de barco? ¿Existe la metáfora precisa para señalar la violación sin lacerar?

Aquello que incomoda también necesita expresarse. El amor, entre flores y líneas rosas, que transita repetido y pútrido, como en la mitad de febrero, parece no tener escapatoria frente a su cansado reflejo de nauseas comerciales y, sin embargo, hay juicios sensibles, afilados, que se atreven a reconfigurarlo en imágenes, palabras y secuencias narrativas novedosas: otro paisaje no conocido del amor ha sido expuesto. La violencia, en el extremo contrario, está ahí como un hachazo del que nuestros ojos huyen. Está ahí, no dicha sino expuesta como un coágulo. Nadie habla, nadie dice algo. Se prefiere enterrarla con premura o ignorar su peso de hoz que decir: esto pasa y esto nos muerde. Pero se necesita decir y nombrar. Repito, hay maneras de afrontar aquello que nos duele, quizá la imaginación está tan limitada que solo alcanza a exhibirla en portadas amarillas con muecas de circo.

Pero no todo es así, nunca. De la serie Días rojos brota la imagen de Karina Juárez (Morelia, 1987) que fue seleccionada, junto con otras seis que la acompañan en la serie, para la 15 Bienal de Fotografía en 2012; en ellas la crudeza de los mataderos de reses en rojos vivos y testuces muertas tiene una estampa metafórica, no dicha, de la condición actual. Un espejo de silencio que refleja de otra manera los años de titulares y noticias de todos los días y todas las horas.

En la fotografía de Karina Juárez, el crimen está ahí, mas no los gritos ni las palabras. Aguardando siempre como un corazón por despertar, el silencio reina. Quizá alguno de los animales esbozó un quejido o una resistencia pero lo aterrador de la imagen escapa del recuadro: ¿qué fuerza, colosal e ignorada, sepulta vidas y acalla alaridos de dolor con total impunidad? Solo el tiro de gracia y la cifra impersonal de otra muerte son el rastro de su paso. El crimen se perpetúa como cáncer.

Aprender a pronunciar nuestra voz en alto, muy alto, sobre todo cuando algo está mal y retorcido, resulta indispensable y fundamental. Es preciso si deseamos otro sitio. El silencio frente a la incomodidad e injusticia solo prolonga el suplicio. Nunca la prudencia ha transformado a un hombre; tampoco la espera. Pretender que la herida que zanja la tierra que pisamos es pasajera y superable niega la dignidad humana de la memoria. Siempre será más fácil no decir nada que pronunciar aquello que punza; mientras el mutismo subsista, nosotros, uno a uno, avanzamos en la fila de las reses que llegan al matadero.

Pero la fotografía que nos reúne en estas líneas es también un acto de amor. Un acto de amor propio y colectivo que rescata, del abandono y la negación, la posibilidad de cambio. Esto pasa y lo digo porque no quiero que se repita. Esta es la mancha que gangrena: no la oculto, no la niego pues forma parte de mi historia. Para que las heridas sanen es necesario exponerlas, que se cuezan en el mar inmenso de ojos salados y se oxigenen en los pulmones que las respiran. Las heridas entonces cicatrizan y las cicatrices crecen con nosotros. Matar al dinosaurio de Monterroso es ya una obligación, el monstruo sigue ahí, cada día, con su tamaño de demonio, las fauces podridas y afiladas, erecto, fantasmal y amenazante. Darle los buenos días a la melancolía y llorar gritando —viceversa—, es el paso que sigue. Y hablar, decir, señalar, denunciar con fotografías o con metáforas como esta, se necesita tanto en este día, tan aciago, que empezó ya hace muchos años. ~

______

VLADIMIR BALDERAS (Ciudad de México,1985) es egresado de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas de la UNAM. Lee, escribe, imagina pero, sobre todo, juega fútbol. Deambula entre el cine, la música, las imágenes fotográficas, la poesía y la literatura. Es autor del blog <aguasuelta.wordpress.com> y desempeña labores de corrección y edición de manera independiente.

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