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Manual para zurdos febrero 2015 (miscelánea)
Cultura | Este País | Manual Para Zurdos | Claudio Isaac | 01.02.2015 | 1 Comentario

El rey, óleo sobre tela y tabla, 30 x 25, 2003.

El rey,
óleo sobre tela y tabla,
30 x 25, 2003.

Nuestra estupidez

En su impar y admirable libro La inteligencia de las flores, Maurice Maeterlinck esquiva la definición formal del atributo que le concede a los seres vegetales pero lo describe como “una especie de equilibrio que es el gran secreto de nuestro porvenir”. Bajo esa óptica, queda claro que nosotros somos los únicos seres estúpidos del planeta, pues solo la humanidad es capaz de ir a contrapelo del orden natural y su equilibrio.

Una larga despedida

Siguiendo un pulso dramático calculado con maestría, Adiós a los padres, el más reciente libro de Héctor Aguilar Camín, se mueve entre el recuento personal, la memoria familiar y la novela. El libro abre en un dolido tono poético con revelaciones pertenecientes a un ámbito privado pero muy pronto emerge el aliento del narrador dotado y sagaz orquestador, y el texto cobra una amplitud novelística: la historia se cuenta con el aplomo y distancia propios de un temperamento clásico, con una prosa madura y rica, generosa, que nunca titubea en el trazo. A esto se añade el carácter del historiador, que va situando el relato de familia en el contexto global. Así, por ejemplo, el año del nacimiento del narrador es el mismo en que se calculó por primera vez la distancia entre la Tierra y la Luna, coincide también con el suicidio de Hermann Goering y el ascenso de Ho Chi Minh a la presidencia de Vietnam. Cuando ya se ha alcanzado una robustez épica, el relato regresa, una y otra vez, a los pasajes de intimidad pasmosa, a las reflexiones dolidas de un autor capaz de adueñarse de una ternura desnuda o de una mirada implacable con la que revisa a los demás y a sí mismo. Resulta particularmente estrujador constatar que las conclusiones sapienciales y las reconciliaciones afectivas no nacen aquí de juicios o actitudes premeditadas sino de un abrirse paso entre las palabras. De ahí el brillo literario de este Adiós a los padres: las verdades del libro surgen de una lucha viva con el lenguaje.

Por último, mencionaré la honestidad del texto, que desde el inicio envuelve al lector. No haré la alabanza de tal característica pues encuentro que un libro de esta naturaleza carece de propósito si no cuenta con ella.

Relectura natural

Concluida la lectura del libro de Aguilar Camín, parece cosa natural regresar al curioso libro Pláticas de familia: Poemas y prosas, de Luis Miguel Aguilar, quien plantea con bocetos en miniatura y un tono deliberadamente asordinado algunos de los acontecimientos clave referidos en Adiós a los padres. Se trata de piezas concebidas en escalas opuestas pero internamente hermanadas.

Reclamo en nombre de Bakunin

Concederles la bandera de anarquistas a aquellos que rompen escaparates y queman locales o pintan monumentos, no cuestionarles el uso de tal nombre resulta de ingrata negligencia para con aquellos ilustres luchadores como Kropotkin, Bakunin o Malatesta. Ellos también echaron mano de bombas caseras e incurrieron en formas de terrorismo. Pero fuera de eso, que no constituye su legado principal, de lo que pecaron fue de postular un humanismo exaltado y cándido: promulgar que no es necesario un órgano gubernamental ni una autoridad vigilante es confiar del todo en la bondad de la naturaleza humana y su potencial de mantener la armonía en una vida de comunidad. No queda rastro del enorme idealismo de los anarquistas originales en las acciones de nuestros vándalos contemporáneos, a quienes, si se insiste en ennoblecerlos con un mote resonante, se les podría denominar modernos nihilistas: propuestas no poseen y todo indica que la negación es lo suyo. Claro que todo eso se especula, acaso también candorosamente, en ausencia de la evidencia dura que nos explicara quién mueve los hilos, quién les paga, en cuyo caso el nombre tampoco sería nihilistas sino marionetas o golpeadores a sueldo.

Un caso ejemplar

El espléndido documental Encontrando a Vivian Maier nos recupera la figura de una mujer que se pasó la vida trabajando como niñera y empleada doméstica con distintas familias norteamericanas mientras, silenciosamente, iba desarrollando un trabajo fotográfico de calidad rotunda y contenido sobrecogedor. La misteriosa mujer nunca intentó exhibir su trabajo y, fuera de haber hecho una modesta gestión averiguando si en Francia se interesarían en considerar algunos paisajes suyos para convertirlos en tarjetas postales, nunca se ocupó de promoverse ni veló por el destino del gran volumen de su obra, que guardó en varios baúles de gran tamaño. Tras su muerte, quiso la fortuna que el joven historiador John Maloof comprara uno de los baúles en una subasta y descubriera el tesoro que llevaba dentro. Pronto Maloof localiza los demás baúles y los compra. Comienza a estudiar los contenidos, a revelar el copioso material que aún estaba en negativo y, paralelamente, se dispone a realizar el documental que narra este hallazgo suyo. A través de testimonios de los niños que Vivian cuidó —ahora adultos— nos va reconstruyendo lo que puede de la figura de la fotógrafa.

En tiempos de culto a la personalidad, un caso de vocación por el anonimato. En su entrega al oficio fotográfico, Maier se concentra en ocuparse de lo suyo y no lleva una vida social de artista, no está inserta en un medio cultural o creativo, ni siquiera vagamente bohemio. Ese rasgo ejemplar parece haberse perdido entre los ejecutantes modernos, sumamente ocupados en lo que hace el de al lado, cómo y cuándo lo hace. (En ese sentido, se asemejan tristemente a los adictos a la pornografía o al Facebook, más interesados por la actividad de otros que la posibilidad de desarrollar una propia.)

Frase del mes

“El amor

une cuerpos.”

Jaime Sabines

Tony y Susan

Habiendo en el mercado tantos libros altamente recomendados, libros con verdadero pedigrí, se antoja cada vez más improbable el encuentro fortuito con un título que nos seduzca sin que sepamos nada de su procedencia. Contrario a lo que supone Marisol Schultz, directora de la Feria del Libro de Guadalajara, los precios de los libros sí paralizan al más asiduo de los lectores. En fin, a lo que voy es que hace unas semanas, cruzando una tienda departamental —que no una librería—, me encontré con una portada que me atrajo mucho: Tres noches, de Austin Wright. Una imagen en blanco y negro nos muestra el rostro casi inexpresivo de una mujer al volante. ¿Quién es Austin Wright? ¿De dónde salió?

Al grano: Susan, una mujer casada y con hijos, recibe por correo el manuscrito de la primera novela de su exmarido, a quien no ha visto en veinte años. Él le pide una opinión crítica confesándole en una nota que valora su juicio por encima de cualquier otro. Susan aprovecha las tres noches en que su marido actual se ausentará de casa por cuestiones de trabajo para leer el texto Animales nocturnos. Muy pronto advertimos que la novela dentro de la novela se intercala a la narración de la vida de Susan y no solo eso, ocupa casi un setenta por ciento del libro que leemos nosotros. El otro treinta se refiere básicamente a cómo Susan reacciona ante Animales nocturnos y la manera en que el manuscrito inesperado le produce cavilaciones sobre su propio pasado y suposiciones de la manera en que su exmarido ha evolucionado. A final de cuentas lo que cuenta más es la relación emocional que se establece entre Susan, la lectora, y Tony, el protagonista de Animales nocturnos. Sin duda por eso en su versión original este impactante libro impar se titula Tony and Susan. Una meditación sicológica profunda al tiempo que, mediante un sencillo recurso estructural, Tres noches logra la tensión dramática del mejor thriller. El libro posee los matices y la riqueza de estratos del hipertexto pero con una fluidez e intensidad que la metaliteratura de vanguardia jamás soñó.

La importancia personal

Hace unos años mi hija, aún una niña, me preguntó sobre el significado de las siglas vip, visibles en áreas reservadas de los bancos, aeropuertos y otros lugares públicos. Cuando le expliqué: “vip quiere decir en inglés very important person, lo que en español es ‘persona muy importante’”, de inmediato reparé, acaso por primera vez conscientemente y ante la risa de la niña —quien había entendido el sinsentido y la pomposidad del término—, en esto que por instinto siempre me había parecido chocante: dentro de una democracia cabal el concepto de vip estaría proscrito. Podrían establecerse la siglas vrp (very rich person) o vpp (very powerful person), para ya dejarse de hipocresías y admitir qué es lo que ordena y mueve nuestro mundo. En la práctica se siguen ejerciendo todos los atropellos discriminatorios posibles, pero la cachaza de también pasarse por alto el principio de que ningún individuo es más importante que otro insulta los fundamentos del contrato social. Ya bastante grave es no tomar en serio el espíritu de equidad pero mofarse de este abiertamente es un escándalo de consecuencias aún no mesurables. Luego se quejan de las Ladies de Polanco y los Gentlemen de las Lomas con sus descerebrados desplantes de altanería clasista, pero ¿cómo no van a comportarse así si se sabe que no poseen sentido de decoro o mesura y se les extiende la alfombra roja para que perpetúen sus peligrosos (por insultantes y provocadores) sueños de grandeza? Esa misma mentalidad es la que dicta, ya en una escala mundial y con enorme trascendencia, que se reaccione tarde ante la epidemia del Ébola en África o ante los genocidios en Medio Oriente: las víctimas son personas sin importancia o no son personas importantes, lo cual es casi lo mismo.

Para deleite de mi instinto paterno y como manera de sobrepasar la indignación, llegué con mi hija al acuerdo de que en un mundo ideal solo existiría el salón privado sip (self important person), que sería ocupado por aquellos que, a riesgo del ridículo, insistieran en sentirse importantes. Detrás de los cristales de tal salón privado habitaría una curiosa fauna en vías de extinción.

____________________

Escritor, artista plástico y cineasta, CLAUDIO ISAAC (1957) es autor de Alma húmeda; Otro enero; Luis Buñuel: a mediodía; Cenizas de mi padre, y Regreso al sueño. Su novela más reciente se titula El tercer deseo (Juan Pablos Editor, México, 2012).

Una respuesta para “Manual para zurdos febrero 2015 (miscelánea)
  1. M dice:

    Hermosos naturaleza, reclamo y sip.

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