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Naufragio
Cultura | Este País | Prohibido Asomarse | Bruce Swansey | 01.04.2015 | 0 Comentarios

A mi madre,  técnica mixta sobre tela y madera,  50 x 1.50,  2014.

A mi madre, técnica mixta sobre tela y madera, 50 x 1.50, 2014.

Príncipe Igor

Cuando vieron el muelle retroceder se asombraron de la estabilidad mayestática —ese fue el término en boca de la mayoría— de la nave desplazándose levemente para partir, esplendorosa como gigantesca tina de porcelana bajo el sol de la media mañana.

Aunque algunos pasajeros esperaban que el movimiento se sintiera al salir a mar abierto, no ocurrió así. El Príncipe Igor continuó su inmutable deambular por los puertos del Mediterráneo. No se movía ni una de las gotas de cristal de las arañas que colgaban en incontables salones y vestíbulos.

Un pasado a la medida

Conforme el futuro inmediato florece, cada uno se inventa el pasado que mejor le conviene. En las mesas ante las cuales convivirán diariamente, cada uno disimula la magnitud de su desastre. Este, en cambio, es objetivo.

Vulnerabilidad

Debido a la prohibición recuperan su lejana juventud, cuando debían esconderse y era una travesura. Ahora desafían un orden que puede hacerlos ceniza cuando así lo decida o incluso sin proponérselo, como parte de su movimiento.

La convivencia a bordo se impone de manera similar a la que es corriente en los circos entre bestias melancólicas.

La buena fortuna de tener mala estrella

En la mala suerte hay algo vivificante porque escapa a nuestras fuerzas. Incluso a las puertas de la muerte permite evadir cualquier responsabilidad. Nada puede hacerse contra la mala estrella, dice la dama alzando los hombros.

La superstición es la otra cara del consuelo.

Intercambio

Creer en el demonio permite mantenerlo insomne. En venganza el mal espíritu lo suspende entre el sueño y la conciencia crucificado.

El demonio solitario

En esto no está solo. El hombre que reposa en el sofá lo llama “libertad”. Hay tantos nombres como bocas para pronunciarlos. Por el contrario, para otros es la fuerza ciega para dominar a sus semejantes. Todos entretienen un demonio solitario.

Los desollados

Hay quien ha cesado de recriminarse por lo que llamaba su vicio. Por fin ha aceptado que precisamente constituye lo más profundo y esencial de su naturaleza. Modificarlo equivaldría a matarlo o peor, a arrancarle la cara. Algunos ya han ido a la tumba desollados.

Una cuestión de honor

Después de una cena en la que apuró vino, cocktails y digestivos generosamente, el ebrio entra en una discusión que solo él toma en serio empeñándose en la misma cosa una y otra vez. Nadie supo en qué consistió el reto pero se comentó que había sido una cuestión de honor masculino.

–¡Viva México, cabrones! —dijo arrojándose desde la altura prodigiosa de la terraza del casino.

No encontraron sus restos. Las hélices lo succionaron destrozándolo y el resto debe haber sido devorado por los peces. El mar es tiempo: en él, cercado, su avidez insaciable disolvió los restos.

Encuentro en la cubierta

Le sorprendió verlo sonreír. Los músculos y los tendones estaban en la superficie, igual que los ojos, mantenidos milagrosamente dentro de las órbitas sanguinolentas. Se veía feliz, iluminado por una luz interior.

“Por eso estás contento, hermano” —le dijo deteniéndose a saludarlo en una de las cubiertas. Asiente. Sonríe pero no lo abraza como le habría gustado. Ya cumplió con su hora.

Vitalidad

Para preservar en lo posible la idea que tenía de sí mismo decidió que habitaba una era distinta. Su zona era el futuro. Por eso era el anciano más popular a bordo del Príncipe Igor.

El mayor mal

Quien se hace la menor ilusión sobre sí mismo sufre las mayores decepciones. El demonio insomne lo responsabiliza por el mal que no ha realizado. “¡Tú —le grita furioso— me has mantenido ocupado con tus pueriles ensueños, con tus venganzas infantiles, con tus remordimientos fútiles!”

Ni el demonio escapa de cuanto impide realizar aquello para lo cual fue creado. De allí el mayor mal.

Milagro

El tiempo hace milagros pero al revés. ¿Qué otra cosa es el rostro después de los cuarenta sino el que cada cual merece? Al final todos logran ser. Cuanto encubría la juventud surge con la fuerza de la experiencia acumulada y del rencor. Ni siquiera la cirugía es capaz de cambiar el choque de cromosomas ni el destino que se forjó en la infancia. El viento amenaza arrebatarle el Panamá auténticamente ecuatoriano. ¿Cuántas islas faltan?

Paraíso imposible,  encáustica sobre madera,  50 x 1,  2008.

Paraíso imposible, encáustica sobre madera, 50 x 1, 2008.

La Madre Superiora

Finge despreciar cuanto la rodea. Aprendió a disimular hace mucho, cuando era la mejor alumna y sabía que heredaría el poder. Nada la ha distraído, ni los encuentros ni los desencuentros, ni siquiera la presencia o pérdida de quienes en algún momento estuvieron muy cerca.

Su misión es perseguir una quimera. Incluso cuando se relaja y pregunta lo que acaba de decirse. Dista de estar sorda. Lo hace para llamar la atención pero también para examinar las reacciones, que le dicen mucho acerca de la obediencia o la impaciencia de quienes están alrededor. Además la hace simpática porque alguien que enfrenta un problema físico suele despertar la compasión de los que se creen saludables y solo cuentan con su inocencia.

Una vez semblanteado el sujeto peligroso la información forma parte de un arsenal que usará para destruir a quienes no hayan acatado su preponderancia de Madre Superiora. Sonríe con la mirada baja, virginal y prudente como la más dócil en el rebaño.

Conciencia del ridículo

Deseaba hacer nuevas amistades pero su conciencia del ridículo se lo impide apresándolo en el círculo vicioso del arrepentimiento. Como las ánimas en el purgatorio, hierve en un caldo revolvente de pez. A su favor puede decirse que ha sido el dolor lo que le ha impedido explayarse.

Ejercicios espirituales

Se ejercita espiritualmente pidiéndole al cielo para que desaparezcan los malos pensamientos, los arrecifes del corazón, todo aquello que la inquieta arrebatándole el sueño y deslizando en la duermevela revelaciones sorprendentes como las rocas afiladas que surgen de pronto entre la espuma. En cambio logra acendrar su resentimiento.

El viajero instruido

Es su quinto crucero. Lo hace anualmente y así ha visitado el Caribe y los mares del norte y del sur para admirar fiordos y paisajes de cristal, pero el del Mediterráneo es su preferido porque lo considera culturalmente atractivo.

No se ha perdido una plática del Dr. Narciso Petigris, quien conduce una reflexión sobre el Mare nostrum todos los martes por la tarde. Rota por fin la integridad de su alma da igual dejar vagar sus fragmentos.

El secreto

En la escuela leyó las vidas ejemplares de los santos para saber de qué entusiasmos purgarse. Evitó el chirriar de los dientes, los rechinidos del plástico y la insoportable ansiedad asumiendo sus límites.

El despechado

–Tus gestos te traicionan. En tu corazón no alienta nada más que ese impulso innombrable.

Eso dijo el hombre devorado por los celos pero articulando cada palabra con extraordinaria corrección. Debido a la sombra en esa cubierta solo fue posible ver sus piernas. Llevaba pantalones cortos y en todo parecía un niño que se hubiese vuelto súbitamente viejo pero conservando el glorioso estilo de los siete años, de vacaciones.

A su lado una rubia notablemente alta y opulenta, enfundada en un vestido escotado e intensamente rosa, pierde la vista en el horizonte.

Lo permitido

Habiendo admitido su derrota ante el Absoluto, se concentra voluptuosamente en lo Relativo. Después del mediodía está permitido.

El Camaleón

La parsimonia del Príncipe Igor es tan cómoda que adormece. Desde la altura se aprecia el lomo plateado del mar, plano como un espejo. Nada hay hasta donde la vista alcanza.

El Camaleón saluda a todos. Cambia de color cada vez que choca manos con otro pasajero. Es infatigable. Intercambia la lealtad a los principios que le enseñaron sus mayores por la metamorfosis. A eso se dedica.

Encomio del presente

¡Ah, ese encomio entusiasta y positivo del presente! Esa inspirada reflexión sobre la importancia del momento actual y sobre todo de ser conscientes de vivirlo intensamente, la convicción de ver en el instante fugitivo el reflejo de los más caros anhelos es la neurosis corriente.

Cuando se ha liquidado el futuro es necesario darse cuenta de cada segundo que el tiempo devora. Creyendo huir se precipitan a abolir el suyo.

Y la nave va

Cada isla que dejan atrás hasta perderla entre las olas es el paraíso que pudo haber sido. Pero lo que importa es el desplazamiento a bordo de la montaña repleta de tentaciones, deteniéndose en algunos puertos que invaden momentáneamente. Hay pequeñas calas rodeadas de una cinta de mar azul.

Allí han muerto dioses y algún héroe prudente pudo retornar, pero la mayoría de los vacacionistas a bordo del Príncipe Igor tiene una idea muy general de la historia del Mediterráneo. Además desde las alturas todo es promontorio sin consecuencia, una pequeña expedición para ver si hay algo que comprar y comer que imite lo que acostumbran en la nave y regreso al atardecer, que sigue siendo un tópico entre los turistas convencidos de haber sido testigos del más hermoso.

Panegírico

Avanza como arácnido ponzoñoso de mesa en mesa atemorizando a sus compañeros de viaje. Lo hace de una forma fenomenal: los encomia. Al principio su cortesía es grata e incluso su adulación. Pero pasado este punto cuanto más entusiasta, mayor el resquemor que suscita.

Tantas alabanzas avergüenzan causando una incomodidad proporcional a la falta de méritos. Al verse reducidos sin ambages sobreviene el rigor mortis. Todos lo temen porque su fervor no dejará títere con cabeza.

Torre incandescente…

Entre el mar y el cielo el Príncipe Igor es una torre incandescente a la deriva en medio de dos abismos.

Revelación

Apenas subió a bordo se apoderó de ella una euforia que la arrastraba a aprovechar al máximo su tiempo a bordo. Fue la primera en bailar y la última en regresar al camarote.

Al día siguiente no la abandonó el entusiasmo aunque no hubiese causa alguna que lo justificase. Durante días siguió brincando presa de una impaciencia implacable, poseída de una energía inquietante hasta que se desplomó y entre contorsiones y espumarajos los conminó a abandonar la nave. La condujeron a la enfermería, donde la sedaron. Por eso no se percató de hundirse en el agua lívida a causa de las luces del Príncipe Igor.

La euforia precede la revelación.

Invitación de la muerte

Aceptó la muerte como quien accede a una invitación a cenar: con un gusto del que no está ausente cierta dosis de repugnancia.

Órdenes

La orden perentoria fue repetida varias veces.

–La Capitanía le ordena que regrese a la nave.

El Capitán alegó no poder oír aunque la voz repitiera con claridad las órdenes que también estaban siendo grabadas para que no quedara duda de que le exigían retornar. Luego adujo no ser capaz de entender el mensaje aunque la voz seguía cada vez más atronadora.

–¡Regrese inmediatamente a la nave! Repito: ¡regrese inmediatamente a la nave!

En lugar de eso visitó a su anciana madre.

La estabilidad contrariada

El Príncipe Igor se recarga notablemente a estribor, su enorme corpulencia gime atrapada entre las rocas. Aunque el mar está en calma la nave es inmensa y su peso crea una corriente submarina que la hace escoriar como un enorme animal herido, medio cuerpo aún en la superficie.

Quien entretenga la menor esperanza sobre la compasión se llevará grandes desilusiones.

_________________________

BRUCE SWANSEY (Ciudad de México, 1955) cursó el doctorado en Letras en El Colegio de México y el Trinity College de Dublín, con una investigación sobre Valle-Inclán. Ha sido profesor en esta institución y en la Universidad de Dublín. Es autor de relatos y crítico de teatro. Su publicación más reciente se titula Edificio La Princesa (UNAM, 2014).

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