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Pluralidad religiosa, secularismo y sociedad en México
Creer En México | Este País | Marisol López Menéndez | 01.02.2015 | 0 Comentarios

©iStockphoto.com/juland

Este ensayo forma parte de la serie que el Imdosoc y Este País dedican al análisis de la Encuesta Nacional de Cultura y Práctica Religiosa. México —explica la autora— es hoy un país religiosamente diverso. El mismo catolicismo ya no es visto como un monolito: se reconocen en él infinidad de matices y posturas variadas e incluso encontradas.

Nadie duda de que el panorama religioso en México se ha transformado de manera importante en los últimos años. Los datos censales de 1895 a 2010 hacen ver que la gran prevalencia del catolicismo en los años previos a la Revolución ha ido disminuyendo en favor de otras denominaciones religiosas. Esta pluralidad no es precisamente nueva, aunque sí lo es el alcance que ha tenido en algunas regiones del país, particularmente el norte y el sureste.

Este cambio ha incidido tanto en prácticas colectivas como en la creación de nuevos espacios de sociabilidad y ha permitido la instalación de lo que Charles Taylor1 denominara una “era secular”, que facilita la interpretación de lo religioso en múltiples claves sincrónicas.

La Encuesta “Creer en México” 2013 proporciona una visión panorámica de ese cambio.

A nivel nacional, el 76% de los hombres y mujeres mayores de 18 años entrevistados se definieron como practicantes del catolicismo. La cifra difiere considerablemente de la reportada en el Censo de Población y Vivienda 2010, de 89%,2 lo que se explica gracias a la metodología seguida por los encuestadores de Ipsos, que hicieron entrevistas personales y evitaron el modelo censal de pedir información al jefe de familia.

Aun con estas diferencias, las cifras que el INEGI ha hecho públicas permiten percibir un aumento constante de la población no católica. Entre 1950 y 2010, se elevó de 1.8 a 10.7%. En el mismo periodo tendió a crecer también la población sin religión, que al inicio de la década de los cincuenta era de solo 0.6% y que en 2010 se elevaba a 4.9% según los datos censales disponibles. Es decir, el declive del catolicismo ha tenido un correlato en el aumento de la presencia de creencias religiosas no católicas y de un porcentaje de mexicanos que abiertamente se declaran no religiosos. Ello sin tomar en cuenta que los datos disponibles en materia de religión comenzaron a considerar solo a personas de cinco años o más a partir de 1990.3

Otro punto de referencia es el número de asociaciones religiosas registradas por la Secretaría de Gobernación. A finales de agosto de 2014 la lista era de 8 mil 54, de las cuales 17 pertenecen a la tradición oriental (budista, hinduista y krishna), 10 son judías, dos son islámicas, 4 constituyen “nuevas expresiones” y el resto se distribuye entre las diversas denominaciones cristianas. De ellas, 4 son cristianas bíblicas no evangélicas (Testigos de Jehová y otras iglesias bíblicas no evangélicas), 29 son cristianas ortodoxas, 112 son protestantes históricas (luteranas, anglicanas, presbiterianas nacional e independiente), 4 mil 609 pertenecen a alguna de las múltiples denominaciones evangélicas y 3 mil 262 son católicas romanas, incluyendo la Comisión Episcopal Mexicana y la Nunciatura.4

El catolicismo continúa siendo la creencia más extendida en el país, aunque en el México del siglo XXI las prácticas asociadas a él y las costumbres de los fieles católicos están en constante interacción con otras confesiones. Ello plantea el cambio entre un modelo monista de entendimiento de la fe —característico de la Europa premoderna— y uno pluralista, que no está necesariamente asociado a la secularización en su sentido duro de pérdida del sentimiento religioso.5

Ahora bien, pluralismo y secularización han sido procesos paralelos: la autonomía de Iglesia y Estado ha permitido la libre expresión y el reconocimiento de diversos credos y confesiones que, en el caso mexicano, solo adquirieron plena realidad jurídica tras la publicación de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público en 1992.

Estas dos tendencias hablan de transformaciones profundas en la sociedad mexicana. Durante los últimos 60 años la población creció casi cuatro veces, de poco más de 25 millones de habitantes a mediados del siglo XX a 94 millones al finalizar la primera década del siglo que corre.

Por otra parte, la urbanización, la industrialización y la migración crecieron para configurar modelos familiares y societales distintos. Diversos estudios sobre pluralismo y pluralización religiosa vinculan tales fenómenos con la pérdida de importancia numérica del catolicismo y han sido ampliamente estudiados en América Latina (Bastian, 2011).

Los resultados de la Encuesta “Creer en México” pueden leerse en esta clave pluralista y secular, ya que plantean un panorama sociorreligioso complejo y diverso. La hegemonía del catolicismo que era común hasta 1950 ha dado paso a un entramado de creencias religiosas variadas y no necesariamente enmarcadas en la institucionalidad de las diversas iglesias.

Estas transformaciones permiten afirmar que México es hoy un país preponderantemente católico, cristiano y laico:6 el 47% de los encuestados se manifestó en contra de que las iglesias intenten influir en las decisiones políticas al calificar en el rango 1-3,7 si bien muchas especificidades históricas operan para explicar el rechazo generalizado a que las iglesias intervengan en las decisiones de gobierno (solo un 19% de los encuestados se manifestó de acuerdo, en el rango 8-10).

Esto nos remite a la certeza de que las convicciones religiosas son un asunto eminentemente privado (y, por tanto, no asequible al Estado ni susceptible de ser vulnerado por este). Y nos remite también al hecho de que los católicos contemporáneos tienen la clara convicción de mantener los ámbitos de la política y la religión separados, en consonancia con la configuración sociorreligiosa que ha caracterizado al mundo occidental moderno y contemporáneo.

A tono con el resto de los Estados occidentales modernos (Taylor, 2007), el país ha transitado por un proceso de secularización que ha hecho de las iglesias instituciones políticas autónomas y ha dado a la experiencia religiosa un carácter mayormente privado, generando distinciones analíticas y vivenciales entre lo religioso, lo político y lo social que carecían de sentido antes de la era moderna.

Ha sido este tránsito el que ha hecho posible la pluralización religiosa. De las 4 mil 313 personas entrevistadas como parte de la Encuesta “Creer en México”, 3 mil 287 se identificaron como católicos; de ellas, el 55% son mujeres. Otras 263 personas dijeron ser cristianas no católicas y 13 más se adscribieron a religiones no cristianas. No sobra decir que del total de las personas encuestadas, 3 mil 868 dijeron creer en Dios. Ello nos deja un 7% de personas que creen sin tener vínculo eclesial alguno.

Mientras tanto, 596 personas —el 14% del total— declararon no pertenecer a ninguna Iglesia. Ahora bien, el 88% de las personas entrevistadas en el ámbito rural o mixto se identificaron como pertenecientes a alguna religión o Iglesia, mientras que el 85% de quienes se adscribieron a alguna institución o creencia religiosa pertenecen a comunidades urbanas. Si, por el contrario, miramos a quienes no pertenecen a religión o Iglesia alguna, el 13% vive en zonas rurales o mixtas y el 15% en zonas urbanas. Ello implica una diferencia de solo dos por ciento, lo que no parece resultar altamente significativo para explicar la no pertenencia.

En este sentido, los resultados regionales son consistentes: las zonas centro y norte del país tienen el menor número de personas que pertenecen a religiones e Iglesias, un 85% del total en ambos casos, mientras que las zonas sureste y oriente tienen un 89% y un 87% de pertenencia a comunidades religiosas organizadas. Ello puede explicarse tanto por condicionantes históricos —por ejemplo, la escasez de presencia católica en el norte del país— como por el alto número de iglesias protestantes en el sureste, que le confieren una mayor densidad en términos de participación religiosa.

La diversidad de creencias se manifiesta más claramente al observar los resultados regionales desglosados por Iglesia. A nivel nacional, la Iglesia católica tiene un 92% de los fieles. En las regiones Bajío, centro y norte el porcentaje se eleva a 93%. Es digno de notarse que, contrariamente al supuesto que vincula la pérdida de hegemonía del catolicismo con la industrialización, son justamente esas las regiones más industrializadas del país.8 Por el contrario, las regiones oriente y sureste tienen un 91% y un 90% de católicos respectivamente.

Para explicar esto podemos recurrir a la sugerente interpretación que Bastian hace del campo religioso contemporáneo relacionando la gravitación de fieles del catolicismo a otras Iglesias cristianas (particularmente el pentecostalismo evangélico) con el carácter carismático de los liderazgos religiosos y con las diferencias de clase y status entre los pastores —generalmente mestizos y de extracción humilde— y los sacerdotes católicos —generalmente blancos y con estudios.9

En este sentido, vale la pena traer a colación nuevamente la noción de secularización propuesta por Charles Taylor,10 según la cual la modernidad occidental ha supuesto un cambio en las condiciones de la creencia. Para Taylor, nuestra era se caracteriza por tres modos de secularización que coexisten y generan diversas alternativas para los creyentes. Los primeros dos consisten en la expulsión de lo religioso de diversas facetas de la vida pública y el declive de las creencias y prácticas religiosas. El tercero, mucho más sutil y complejo, se refiere a las condiciones en que se producen la experiencia y la búsqueda espirituales en nuestros días (conditions of belief). Estas condiciones están marcadas por la pluralidad religiosa y la posibilidad individual de transitar entre un credo o Iglesia y otro. Ello es, a juicio de Taylor, lo que nos hace seculares.11

Así, pues, las transformaciones estructurales apuntadas arriba, la laicización del Estado y la distinción funcional entre esfera pública y esfera privada han derivado en modos de creer que ya no son aproblemáticos e incontestados.

Hoy, creer en Dios (y el modo en que se cree) responde a la elección más o menos racional entre diversas opciones que se organizan a la manera del mercado y donde las Iglesias —incluso la Iglesia Católica— responden crecientemente a las expectativas de los fieles para mantener o aumentar su grey.12

Las sociedades modernas y contemporáneas han virado de ser lugares donde era virtualmente imposible no creer en Dios a espacios donde la fe es una posibilidad humana entre otras muchas. Regresando sobre Taylor, la creencia en Dios ya no es axiomática,13 lo que implica nuevos contextos de entendimiento en los que la experiencia moral, espiritual o religiosa transcurre: una sociedad secular lo será o no en virtud de las condiciones en que la experiencia y la búsqueda espiritual se lleven a cabo.

Los resultados de la Encuesta “Creer en México” nos permiten ver una sociedad donde crecientemente la certeza espiritual se transforma en búsqueda personal, y donde las diversas respuestas (organizadas o individuales) apuntan a identidades sociales diferenciadas.

Los fieles de hoy se asumen en un contexto donde la pluralidad de opciones disponibles les permite combinar conscientemente diversas creencias y prácticas religiosas. No se trata solo del sincretismo cultural producto de intercambios subjetivos y reacomodos de prácticas y creencias, sino de la elección racional de prácticas que resultan convincentes y convenientes.

En México, como en otras partes en el mundo occidental, la experiencia religiosa ya no se encuentra necesariamente limitada por prescripciones doctrinales o litúrgicas, o a las formas institucionalizadas de devoción. Como ejemplo, veamos una vez más los datos que arroja la Encuesta. Al preguntar a los 3 mil 287 católicos a nivel nacional qué importancia asignan a prácticas como la confesión, el 39% le asignó una calificación de 7 o menos, en la escala 1-10. Puesto de otro modo, el 61% de los católicos encuestados consideran muy importante confesarse. Sin embargo, al preguntar por la frecuencia con que lo habían hecho, la realidad es distinta: solo el 15% lo había hecho en los últimos tres meses, el 18% lo había hecho hacía más de tres meses y menos de un año; el 27% se había confesado hacía más de un año y menos de tres, y el 40% se había confesado hacía más de tres años.

Dada la importancia doctrinal asignada a la confesión de los pecados desde el Concilio de Trento, y a la insistencia con que pontífices contemporáneos como Juan XXIII, Juan Pablo II o Francisco14 han instado a los fieles a respetar la convención de confesarse al menos una vez al año, estos números abonan a la conclusión de que la práctica religiosa en México asume formas menos institucionales, especialmente en lo que atañe a la mediación sacerdotal.

Resulta interesante comparar tales cifras con las relacionadas con festividades religiosas. Algunos de los reactivos de la Encuesta se centraron en identificar la opinión de católicos y no católicos al respecto. De los 4 mil 313 casos, el 67% consideró importante o muy importante participar en las celebraciones del 12 de diciembre. En ese mismo tenor, el 73% consideró importante o muy importante celebrar la navidad con su familia, lo que enfatiza el carácter comunitario de las prácticas religiosas en México, que ha sido ampliamente estudiado,15 y permite identificar los espacios relacionales como fundamento de estas y el relativo abandono de prácticas no festivas. Un dato más: solo el 3% de los entrevistados católicos afirma que rezar es lo que les provoca mayor felicidad de su religión.16

Por otra parte, los resultados de “Creer en México” hacen eco de la compleja situación que plantea Charles Taylor. Para creer en una institución religiosa y asumir la identidad que ello supone es necesario reconocer el hecho de que existen diversos constructos espirituales, puntos de vista y modos religiosos distintos a los propios. Este modelo de secularidad hace que la duda y la incertidumbre se integren a la práctica de la fe y que esta pierda el carácter “ingenuo” de la religión premoderna: solo nueve personas (0.07%) del total de los católicos entrevistados mencionaron los milagros como parte sustancial de lo que los hace felices con su fe. Comparemos esto con la situación que Martha Tenorio (2001) observa en la Ciudad de México del siglo XVI17 para hacer evidente el cambio colosal del que somos hijos. Hoy, prácticamente nadie es capaz de ese candor. En cambio, prevalece la conciencia de que la fe religiosa puede desplegarse en un abanico de opciones maleables, fluidas, adaptables a la disposición y gustos individuales que permiten que tener una creencia, cualquiera que esta sea, se convierta en un asidero emocional.

Ello aparece con claridad al mirar los resultados de la Encuesta “Creer en México” en lo que atañe a la disciplina religiosa. Se preguntó a todos los creyentes, sin importar su religión, qué tan de acuerdo estaban con la frase “Se debe creer y practicar lo que mi religión dice”. De los 3 mil 867 creyentes, menos de la tercera parte (29%) aceptó esta idea, mientras que el 42% se identificó con la frase “Es importante creer, pero cada persona puede decidir libremente qué es lo que practica”. Esta flexibilidad fue más prevalente entre los católicos (el 41% de ellos contestaron de ese modo) que entre los practicantes de religiones no católicas (37 por ciento).

Por otra parte, los datos recolectados por la Encuesta reflejan la pluralidad de opciones y estilos de vivir la fe que son centrales en nuestra era: por ejemplo, de las 4 mil 313 personas encuestadas, el 51% están casados, el 19% viven en unión libre y el 3% están divorciados o separados. De los 3 mil 287 católicos, el 52% están casados, el 21% son solteros, el 19% viven en unión libre y el 3% están divorciados o separados. Ahora, de los católicos casados (1 mil 746), el 31% contrajo matrimonio civil, el 5% contrajo solo matrimonio religioso y el 64% está casado por ambas leyes.

Ello nos plantea dos situaciones. Por un lado, el hecho de que el 95% de los católicos se hayan casado por lo civil da fe de la fortaleza del aparato estatal y de la importancia de las instituciones seculares en la sociedad mexicana. Por otra parte, el alto número de matrimonios exclusivamente civiles apuntala la idea de un elevado contextualismo y una alta individuación en la práctica religiosa nacional. 

Bibliografía

Asad, Talal, Formations of the Secular: Christianity, Islam, Modernity, Stanford University Press, Stanford, 2003.

Bastian, Jean-Pierre 2011, “Las dinámicas contemporáneas de pluralización del campo religioso latinoamericano o cómo pensar de manera relacional una configuración de relaciones objetivas”, en Olga Odgers Ruiz (coordinadora), Pluralización religiosa de América Latina, El Colegio de la Frontera Norte / CIESAS, México, 2011.

Bellah, Robert, “Secularism of a New Kind” en The Immanent Frame: Secularism, Religion and the Public Sphere, Social Sciences Research Council, 2007, en <http://blogs.ssrc.org/tif/2007/10/19/secularism-of-a-new-kind/>, consultada el 7 de septiembre de 2014.

Giménez, Gilberto, Cultura popular y religión en el Anáhuac, Centro de Estudios Ecuménicos, México, 1978.

Miller, James, “What Secular Age?”, en International Journal of Politics, Culture and Society, vol. 21, núm. 1-4, 2008, pp. 5-10.

Sota García, Eduardo, Religión “por la libre”: Un estudio sobre la religiosidad de los jóvenes, Universidad Iberoamericana, México, 2010.

Taylor, Charles, A Secular Age, Harvard University Press, Cambridge, 2007.

Tenorio, Martha, De panes y sermones: El milagro de los panecitos de Santa Teresa, El Colegio de México, México, 2001.

1 Charles Taylor, A Secular Age, Harvard University Press, Cambridge, 2007.

2 INEGI, “Características culturales de la población mexicana” <http://www3.inegi.org.mx/sistemas/sisept/default.aspx?t=mrel01&s=est&c=27645>, consultado el 23 de agosto de 2014.

3 Ver la nota al pie del cuadro del INEGI sobre características culturales de la población mexicana citado arriba.

4 Datos de <http://www.asociacionesreligiosas.gob.mx> correspondientes a la tabla “Asociaciones religiosas por tradición”, consultada el 29 de agosto de 2014.

5 Al respecto, es interesante la crítica que James Miller ha hecho de la noción de era secular de Taylor, afirmando que el verdadero signo de nuestros tiempos es el pluralismo —la coexistencia de múltiples verdades— y una cierta “esquizofrenia” donde lo religioso y lo secular se mezclan (Miller 2008).

6 Si bien la laicidad en México es dada por hecho en términos políticos e institucionales desde mediados del siglo XIX, la Encuesta muestra cómo ha permeado también a la mayoría de la población mexicana.

7 Se pidió a los entrevistados que calificaran ciertas afirmaciones o asuntos del 1 al 10 (como en la escuela), donde 1 era la calificación más baja posible y 10 la más alta.

8 Los estados de la República comprendidos en las diversas regiones pueden consultarse en la página web <www.encuestacreerenmexico.mx> del Imdosoc.

9 Jean-Pierre Bastian, “Las dinámicas contemporáneas de pluralización del campo religioso latinoamericano, o cómo pensar de manera relacional una configuración de relaciones objetivas”, en Olga Odgers (coordinadora), Pluralización religiosa en América Latina, El Colegio de la Frontera Norte / CIESAS, México, pp. 27-28

10 Taylor, óp. cit., pp. 8-10.

11 Al respecto, vale la pena traer a cuento la opinión de Robert Bellah sobre esta tercera dimensión de lo secular, el gran aporte de Taylor a la sociología y la historia de la religión. Ver The Immanent Frame <http://blogs.ssrc.org/tif/2007/10/19/secularism-of-a-new-kind/>.

12 La propia Encuesta “Creer en México” se inserta en esta lógica al buscar mediante herramientas metodológicas sólidas la generación de conocimiento sobre las preferencias y prácticas de los fieles católicos para orientar la labor pastoral eclesial.

13 Charles Taylor, óp. cit., p. 3.

14 Ver las encíclicas Paenitentiam Agere (Juan XXII, 1962) y Redemptor Hominis (Juan Pablo II, 1979) y las declaraciones del papa Francisco sobre el tema en <http://www.catholicnewsagency.com/news/pope-be-courageous-go-to-confession/>, consultada el 9 de septiembre de 2014.

15 Ver al respecto Gilberto Giménez, Cultura popular y religión en el Anáhuac, Centro de Estudios Ecuménicos, México, 1978, y, más recientemente, Eduardo Sota, Religión “por la libre”: Un estudio sobre la religiosidad de los jóvenes, Universidad Iberoamericana, México, 2010.

16 Otro 3% consignó “Alabar a Dios” en este rubro. Sin embargo, hay que señalar que la oración individual sigue siendo una práctica cotidiana: el 50% de los 3 mil 867 creyentes entrevistados a nivel nacional dijeron rezar todos los días. El 50% de los católicos se encuentran en este caso, y el 72% de los no católicos.

17 El estudio de Tenorio narra el caso de los “panecillos de Santa Teresa”, que se creía se reintegraban milagrosamente tras ser pasados por agua.

_______

MARISOL LÓPEZ MENÉNDEZ es licenciada en Ciencia Política y maestra en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM, y doctora en sociología por la New School for Social Research. Actualmente realiza una estancia de investigación posdoctoral en el Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana.

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