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Las migraciones de los mexicanos
Este País | Rodolfo Corona Vazquez | 11.05.2011 | 0 Comentarios

Es bien sabido que año con año muchos mexicanos emigran en busca de oportunidades permanentes. Se habla menos de los que van al país vecino por algunos meses para realizar labores de temporada, de la migración entre estados y municipios de la República, de grandes destinos receptores como Tijuana y Cancún. A continuación, una revisión de los principales datos migratorios del Censo.

Las migraciones han estado presentes en toda la historia del hombre. Los movimientos sin duda han sido una estrategia de supervivencia para millones de personas, y han permitido a muchos individuos cumplir metas personales de toda clase. En la escala de los grupos humanos, desde las tribus nómadas que se movían de un lado a otro hasta los actuales países, sus regiones y ciudades, las migraciones han mantenido o mejorado los sistemas productivos porque estabilizan, o al menos aminoran, los desequilibrios de los mercados de trabajo locales. De igual forma, la migración ha constituido un factor primordial en el intercambio de todo tipo de conocimientos y aspectos culturales, coadyuvando así al desarrollo general de la humanidad. Sin embargo, el efecto más notorio de las migraciones es la inmediata alteración del tamaño y la composición por sexo y edad de las poblaciones de origen y destino, así como las modificaciones en la fecundidad y la mortalidad.

Por estas razones, desde los primeros censos existe una preocupación por cuantificar las principales manifestaciones de este fenómeno. Los censos no pretenden la búsqueda del detalle sobre las causas y consecuencias de la migración o las formas de proceder de los migrantes, sino que aspiran a obtener una visión general, del país y de cada una de sus diferentes unidades y aglomeraciones poblacionales (entidades, municipios y localidades de todos los tamaños). Toda vez que el censo es una especie de fotografía de los residentes del país en una fecha determinada, la medición de la gran mayoría de los aspectos sociales, económicos, familiares y demográficos mediante esta fuente de datos consiste en registrar la existencia o la ausencia de determinado rasgo, situación o posesión de las personas en la fecha censal. En cambio, la medición de las migraciones plantea una problemática más compleja debido a la existencia de una amplia tipología de movimientos (no del todo acordada entre especialistas) que tiene su origen en los propios elementos constitutivos del fenómeno: un desplazamiento que puede ser fugaz entre dos áreas cercanas o muy lejanas, que obedece a motivos particulares variados aunque por lo general de carácter económico, y que puede ocurrir varias veces en la vida de una persona. De esta forma, en el censo se busca una aproximación general al fenómeno mediante la identificación de la condición migratoria o no migratoria de cada persona incluida en la enumeración.

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©iStockphoto.com/Brandon Laufenberg

El procedimiento más antiguo para cuantificar las migraciones consiste simple y llanamente en preguntar sobre el lugar de nacimiento y compararlo con el sitio de realización de las entrevistas, que en la mayoría de los casos es el lugar de residencia habitual, con lo que se identifica así a los migrantes como aquellos que viven en una región distinta a la de su nacimiento; son al mismo tiempo inmigrantes en el sitio de residencia y emigrantes del territorio donde ocurrió el nacimiento. En México se ha utilizado este procedimiento en todos los censos nacionales modernos (desde 1895); se ha hecho en todos los casos la pregunta mencionada a escala de país y de entidad federativa, por lo que, aprovechando que la población se enumera en su domicilio, se tiene la medición sistemática de los migrantes interestatales (los que viven y nacieron en una entidad diferente) y de los inmigrantes internacionales (que nacieron en el extranjero). En el Cuadro 1 se presentan las cifras totales de esta medición, llamada migración absoluta, en todos los recuentos censales realizados en el país desde 1960, con excepción del Conteo 2005, donde fue omitida. Ahí se aprecia el aumento metódico de migrantes interestatales absolutos, cuyo número se ha cuadruplicado a lo largo de los 50 años de referencia, hasta llegar a los 20 millones 451 mil. No obstante, las distribuciones porcentuales asociadas indican que desde 1990 parece haberse estabilizado la proporción de estos migrantes respecto a los totales de población (alrededor del 18%). El cuadro también muestra que la inmigración desde el extranjero ha sido de poca monta, aunque con un considerable aumento de los nacidos en Estados Unidos, muchos de los cuales son hijos de emigrantes.

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En general, la utilidad de la información censal se incrementa cuando se examinan datos asociados a territorios más reducidos, como entidades, municipios y localidades, pues los fenómenos sociales y económicos no tienen distribuciones homogéneas sino que se recargan en algunas zonas y apenas se aprecian en otras. Las migraciones tienen este comportamiento desigual, de tal forma que con esta información a nivel de las entidades se pudo dar seguimiento cuantitativo a la redistribución espacial de los mexicanos durante las últimas décadas, primero con corrientes migratorias considerables hacia el Distrito Federal desde las entidades del centro y sur del país, y después con flujos de salida del Distrito Federal, principalmente hacia el Estado de México y otras entidades cercanas, así como una sostenida emigración a las entidades norteñas desde el centro y occidente de la República. A nivel municipal, únicamente puede registrarse la inmigración desde otras entidades federativas; sin embargo, esto resulta fundamental para las áreas de alta recepción, como Tijuana en Baja California y Benito Juárez (Cancún) en Quintana Roo, donde las cantidades de inmigrantes interestatales superaron las de residentes nativos de la propia entidad: en 2010 estas cantidades ascendieron respectivamente a 740 mil y 720 mil personas en el caso de Tijuana, y a 418 mil y 226 mil en el de Cancún.

No obstante, esta medición de migrantes absolutos tiene serias desventajas, como la de no ofrecer el dato preciso de la fecha del traslado, o la de referirse a las entidades como unidades territoriales mínimas, con lo cual no se detectan los movimientos al interior de cada una de ellas. Con el fin de eliminar algunas de estas limitaciones se han diseñado diversas variantes, una de las cuales ha sido aplicada en los recuentos censales mexicanos a partir de 1990. Se trata de la pregunta sobre la entidad federativa (o país extranjero) de residencia cinco años antes de la fecha censal correspondiente, con lo cual se delimita el periodo de ocurrencia de los desplazamientos registrados. Los migrantes que son identificados de esta forma (porque cinco años antes vivían en un estado diferente al de su residencia en el momento de recabar los datos) presentan entonces rasgos muy próximos a los que tenían cuando hicieron el último desplazamiento, con lo cual se documenta de hecho su perfil demográfico, social, económico y familiar, a través de las variables contempladas en cada boleta censal. En los censos de 2000 y 2010, así como en el Conteo de Población 1995, se dio un paso más en la búsqueda de información de mayor utilidad analítica pues la pregunta se realizó, además, a escala de municipio; se identificó así a los migrantes intermunicipales o personas que modificaron su domicilio de un municipio a otro dentro de la misma entidad. El Cuadro 2 muestra los resultados globales obtenidos con este procedimiento de 1990 a 2010. Con estos datos se pone de manifiesto que en las dos décadas pasadas la migración interna se ha mantenido aproximadamente en la misma intensidad, entre 3 y 4% de la población con cinco y más años de edad. De cualquier forma, no resulta despreciable el hecho de que durante los últimos quinquenios, alrededor de 7 millones de personas en promedio modificaron su residencia entre entidades o entre municipios del mismo estado: 3 millones 502 mil migrantes interestatales y 3 millones 372 mil migrantes intermunicipales en el quinquenio 2005-2010. Asimismo, llama la atención el notable crecimiento de la inmigración proveniente de Estados Unidos, que casi alcanzó el millón de personas entre 2005 y 2010, muchos de ellos seguramente mexicanos que regresan después de vivir en ese país. También, sucede que al concentrarse los desplazamientos en algunas partes, las proporciones de inmigrantes del quinquenio superan la media nacional en varios estados y municipios, como Ensenada (Baja California) en 2010, donde el porcentaje de inmigrantes recientes respecto a la población de cinco años y más de edad alcanzó 7.5% para los procedentes de otras entidades y 2.3% para los que llegaron de otros municipios de Baja California.

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Desde finales del siglo pasado, otro par de movimientos espaciales de población adquirió mayor presencia en México: (1) los desplazamientos laborales cotidianos, del domicilio al lugar de trabajo, que implican el traslado entre municipios o entidades federativas, y (2) la migración a Estados Unidos, compuesta básicamente por dos grupos no excluyentes: los jóvenes, en su mayoría varones, que viajan a ese país para trabajar por temporadas, y los mexicanos que deciden quedarse a vivir en Norteamérica para resolver sus necesidades económicas o para reunirse con familiares ya domiciliados en ese país. Para contar con datos sobre estos dos tipos de traslados, en los más recientes recuentos censales se han incorporado algunas preguntas especiales.

En cuanto a los desplazamientos laborales, los censos de 2000 y 2010 aplicaron una pregunta a las personas (de 12 años y más de edad) económicamente activas ocupadas, sobre la localización de su lugar de trabajo en términos de municipios. Con ello, cuando no coincide el municipio de residencia con el de trabajo se identifica un traslado laboral intermunicipal, que puede ser interestatal si los municipios pertenecen a distintas entidades. El Cuadro 3 contiene los datos globales obtenidos en esta materia, los cuales dan cuenta de la amplitud del fenómeno: alrededor de 20% de la población económicamente activa ocupada (cerca de ocho millones de personas) tiene que trasladarse cotidianamente de un municipio a otro, o de una entidad a otra.

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Respecto a la emigración al extranjero, en los cuestionarios ampliados del Conteo 1995 y de los censos 2000 y 2010 se agregó un módulo —aplicado a una muestra de 0.37% de la población en el primer caso y de 10% en los otros dos— mediante el cual se indaga sobre la existencia de alguna persona que, siendo miembro del hogar, se fue a vivir al extranjero durante los cinco años previos al momento de la entrevista. En caso positivo, se identifican las personas en esta situación y se recaba información sociodemográfica básica sobre ellas, así como información sobre el desplazamiento propiamente, como el país de destino (Estados Unidos es el país registrado en más de 90% de los casos) y el lugar actual de residencia, que puede ser el extranjero o nuevamente nuestro país, a fin de identificar a los emigrantes permanentes y los migrantes de retorno reciente. El Cuadro 4 da cuenta de los resultados más agregados al aplicar este procedimiento, tanto en los tres recuentos censales anotados como en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica realizada en 2006 y 2009, donde se utilizó el mismo módulo.

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Los datos muestran una reducción importante de la emigración a Estados Unidos, de aproximadamente un millón y medio de personas en los tres quinquenios anteriores a un millón entre 2005 y 2010. También, se aprecia que se mantiene la proporción de emigrantes que se quedan y los que regresan (alrededor de dos tercios y un tercio respectivamente), lo que repercute en una disminución de sus cantidades que es proporcional a la disminución de emigrantes mencionada. Estos datos se encuentran en concordancia con la información de fuentes norteamericanas, en particular con la Current Population Survey y la American Community Survey, y con otras encuestas efectuadas en México, como la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo: sus datos también marcan un descenso de la emigración al vecino país del norte durante el quinquenio pasado. En todos los casos se trata de una disminución del flujo migratorio, seguramente a causa de los problemas de la economía norteamericana y su repercusión en la reducción de empleos, así como de las medidas tomadas en la frontera para impedir el cruce a personas sin documentos, de la proliferación de leyes y normas locales discriminatorias, y de la actitud francamente antimigratoria de una parte de la sociedad estadounidense. Sin embargo, también se observa una notoria extensión de los periodos de estancia en el norte por parte de los que no tienen documentos y siguen considerando a México como su país de residencia (según lo contabiliza la Encuesta de Migración en la Frontera Norte), así como una tendencia a la mayor integración social en Estados Unidos, manifestada por el aumento de quienes regularizan su situación migratoria, cuyo número ascendió a 1 millón 466 mil en el lustro 2005-2009 (un promedio anual de casi un cuarto de millón de personas) según la Office of Immigration Statistics (U.S. Department of Homeland Security), de los cuales 839 mil adquirieron la residencia permanente y 627 mil la nacionalidad norteamericana. Además, debe señalarse que el anotado procedimiento de medición empleado en los censos sobre este tema tiene restricciones conceptuales que impiden abarcar el universo de la emigración, pues no incluye a las familias que se trasladan en conjunto, ni a los que se encuentran en Norteamérica pero cuyos familiares consideran que siguen perteneciendo al hogar aunque su ausencia sea prolongada. De esta forma, los datos censales sobre el decremento de la emigración deben ser corroborados con análisis detallados de los propios datos censales.

Únicamente como ilustración se presenta el Cuadro 5. Elaborado con datos del Censo 2010 a escala de entidad federativa, contiene las cantidades de personas consideradas como migrantes internos e internacionales del quinquenio 2005-2010, así como las cifras de desplazamientos laborales. En el cuadro se aprecia la variación de cifras de uno a otro estado, y aunque se requerirían valores relativos en vez de números de personas para ver el impacto de los diferentes movimientos migratorios en cada entidad, llaman la atención algunas cantidades. Por ejemplo, durante el quinquenio, en el caso del Distrito Federal se identifica una pérdida de 703 mil habitantes que se fueron a vivir a otras entidades, que no alcanza a compensarse con la llegada de 303 mil individuos de otras partes del país, con lo cual su saldo neto migratorio interestatal fue negativo (una pérdida neta de 373 mil personas); además, un total de 383 mil personas cambió su domicilio de una delegación del Distrito Federal a otra. Los desplazamientos laborales que involucran al Distrito Federal resultan especialmente relevantes, pues cotidianamente llegan a trabajar a sus distintas delegaciones 1 millón 309 mil personas de otros estados (básicamente del Estado de México), otros 211 mil individuos salen diariamente a laborar en otras entidades y 1 millón 422 mil se mueven entre delegaciones para llegar a sus trabajos desde sus domicilios.

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Para terminar, resulta conveniente hacer mención de dos aspectos que sin duda aumentan la utilidad analítica de la información censal:

1. La disponibilidad de la base de datos a escala de registro individual de 10% de la población censada en cada municipio del país, la cual permite el manejo combinado de la información recabada y ofrece la posibilidad de identificar modalidades migratorias más específicas a partir de las tipologías ya establecidas. Por ejemplo, los 985 mil individuos que entre 2005 y 2010 llegaron a radicar al país provenientes de Estados Unidos (véase el Cuadro 2) pueden ser diferenciados en dos grupos según su país natal: México y el resto de países; pertenecen entonces al primer grupo los mexicanos de nacimiento que en algún momento previo al 2005 se fueron a vivir a Norteamérica, pero que retornaron a sus lugares de origen durante el último quinquenio. El número de estos migrantes de retorno alcanzó los 826 mil individuos, lo cual, además de explicar el aumento de la “inmigración” desde el país del norte, constituye un dato muy significativo sobre la anotada disminución de los desplazamientos al norte mediante el regreso de Estados Unidos de los emigrantes mexicanos.

2. Entre las preguntas de la boleta censal extendida existen dos que indirectamente dan cuenta del fenómeno migratorio. Se trata de las preguntas que se hacen a todas las personas de 12 años y más de edad sobre la condición de recibir remesas familiares, desde el extranjero y desde otras partes del país. Dado que una de las características de la migración de mexicanos es el mantenimiento de sus lazos familiares a través del regreso periódico al lugar de origen y, al menos durante los primeros años de permanencia en el lugar de destino, mediante el envío de dinero para la manutención de familiares cercanos, como los padres, el cónyuge y los hijos, estos datos dan cuenta indirectamente de la existencia de emigrantes. Para el caso de las remesas del extranjero, asociadas a la emigración a Estados Unidos, el Censo de 2010 registró un total de 1 millón 443 mil personas que reciben remesas, las cuales se distribuyen por entidad federativa conforme se anota en la última columna del Cuadro 5. Por cierto, según el Censo de 2000 fueron 1 millón 225 mil las personas (también de 12 años y más) que declararon recibir remesas del extranjero. Si se compara ambas cifras se observa que el número de receptores de remesas se incrementó, lo que indica, al menos, el mantenimiento de elevadas cantidades de emigrantes mexicanos radicados en Estados Unidos.

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rodolfo corona vazquez es investigador titular de El Colegio de la Frontera Norte.

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