Lunes, 10 Agosto 2020
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Iberoamérica 2020. Retos ante la crisis
Este País | Juan Ramón de la Fuente | 25.08.2009 | 0 Comentarios

Director de la Cátedra Simón Bolívar, Instituto de Estudios
Latinoamericanos, Universidad de Alcalá.

La Fudación Carolina, en el marco de las actividades
de la Comisión Nacional para la Conmemoración
de los Bicentenarios de la Independencia de
las Repúblicas Iberoamericanas, ha editado un libro
singular: Iberoaméricana 2020, Retos ante la crisis.
Se trata de una compilación de ensayos, que ha
coordinado Felipe González, el ex presidente del
gobierno español.
La nómina de los colaboradores es impresionante;
32 personalidades del mundo
de la política, la cultura, y la academia.
Jefes de Estado como Michelle Bachelet,
de Chile; Cristina Fernández de Kirchner,
de Argentina; Luis Inácio Lula da Silva, de
Brasil; Rafael Correa Delgado, de Ecuador,
y Alan García, de Perú, comparten
impresiones con quienes les antecedieron
en puestos con idénticas responsabilidades; Fernando
Henrique Cardoso, Ricardo Lagos, Julio María
Sanguinetti, Ernesto Zedillo y Belisario Betancour.
El libro está dividido en siete secciones. La primera,
Riesgos y oportunidades en un mundo globalizado
es la de los ex presidentes, cuya visión y experiencia
se enriquece con las reflexiones de Carlos
Fuentes, quien pone el dedo en la llaga; la educación
es la base del desarrollo. Los cambios estructurales,
el Estado de derecho, la fortaleza de las instituciones
y los insustituibles liderazgos, conjugan
las visiones de quienes tuvieron en su momento, la
delicada tarea de conducir los destinos de sus respectivos
países.
La segunda sección toca tres temas fundamentales:
Crecimiento, empleo y redistribución del ingreso.
Se reconoce que Latinoamérica creció en los últimos
años hasta antes de la crisis, pero no tanto como
otras regiones del planeta; y se reconoce también
que la desigualdad es, sin duda, uno de sus
puntos más críticos. Enrique Iglesias nos advierte
de las trampas que deben evitarse, en tanto que José
Luis Machinea, que dirigió la CEPAL, analiza un
aspecto fundamental: la limitada capacidad de innovación
en Iberoamérica, la insuficiente inversión
en investigación y desarrollo, y el impacto negativo
que esto tiene en nuestra capacidad productiva.
El ex ministro de Hacienda de Colombia y actual
profesor de la Universidad de Columbia, José
Antonio Ocampo, plantea con claridad
los desafíos para el crecimiento dinámico
y la estabilidad macroeconómica, en
tanto que José Juan Ruiz, economista
del Banco Santander, sustenta con cifras
–algunas optimistas y otras no tanto– su
metáfora; “de Artemio Cruz a Lehman
Brothers y después”. Otro ex ministro,
éste de Economía e Industria, Carlos
Solchaga, hace una revision de los sistemas
impositivos en América Latina y los principios
que pueden orientar futuras reformas fiscales, tan
necesarias como difíciles de instrumentar, por las
condiciones políticas.
La energía y el calentamiento global están presentes
en la tercera sección de la obra. El tema se analiza
desde la perspectiva mexicana, brasileña y argentina.
La infraestructura disponible, la seguridad energética,
las fuentes renovables y la energía nuclear,
son algunos de los temas abordados, por personalidades
como el director de la Comisión Federal de
Electricidad en México, y la ministra en jefe de la
Presidencia de la República Federal de Brasil, junto
con la presidenta argentina.
Cohesión social y desarrollo es el tema de la sección
cuatro. Aquí participan, junto con los presidentes
de izquierda moderada de Chile y Brasil, la directora
regional para Latinoamérica y el Caribe del PNUD,
el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo
y la ya ex secretaria de Educación de México. Rebeca
Gryspan, del PNUD, habla con certeza de “la tiranía
de los promedios” que esconden desigualdades, así como de la importancia de la protección social
y, de nueva cuenta, aunque en forma breve,
menciona a la educación profesional o terciaria.
Por su parte, Luis Alberto Moreno, del BID, condena
la exclusión y sentencia categórico: las políticas de
inclusión son políticas de inversión.
De los Efectos de los flujos migratorios, en la sección
cinco, se acupan el ex secretario de Relaciones Exteriores
mexicano, y los presidentes de Ecuador y Perú.
El fenómeno, de enorme complejidad y dimensión
creciente, representa uno de los grandes desafíos
para la integración regional. Estados Unidos y
Europa son las principales regiones receptoras. La
crisis financiera internacional estimula los nacionalismos
económicos y será probablemente, una barrera
más para los ya de por sí atropellados derechos
de los migrantes.
Las Amenazas a laseguridad son objeto
de la sexta sección. Dos colombianos,
uno ex presidente y otro actual ministro
de Defensa, enmarcan las reflexiones de
Narcís Serra, ex ministro español de Defensa.
Juan Manuel Santos conoce el tema
como pocos. Su tesis principal es
contundente: el narcotráfico representa
ante todo una amenaza a la gobernabilidad.
Defiende con argumentos inteligentes
el monopolio de la fuerza legítima del Estado
y la importancia de la recuperación territorial.
Los listados puntuales para la paz y las políticas de
seguridad cuidadana, contribuyen a tener una visión
integral sobre una de las grandes amenazas
que se ciernen sobre Iberoamérica.
La última sección se refiere a la Calidad de la democracia
y las reformas institucionales. El escritor mexicano
Héctor Aguilar Camín se refiere a algunas
lecciones de la Independencia, ad hoc con el Bicentenario.
El caso chileno es abordado por la ex presidenta
del Partido Demócrata Cristiano, Soledad
Alvear Valenzuela, en tanto que el académico Natalio
Botana hace un recuento histórico de la cultura
política, relevante para revisar “el perfil de una
sociedad cruzada por la impotencia”. Beatriz Paredes,
presidenta del PRI en México, urge a revisar el
presidencialismo latinoamericano y dialoga entre
la democracia representativa y la democracia participativa.
Cierra la obra Arturo Valenzuela, de la
Universidad de Georgetown, flamante jefe diplomático
para Latinoamérica, nombrado por el presíidente
Obama. El título de su trabajo lo dice todo:
“La reforma pendiente en América Latina”.
Como suele ocurrir en obras colectivas como ésta,
hay una natural e inevitable heterogeneidad. Algunos
ensayos son mejores que otros. Pero éste no es,
no pretende ser, un trabajo académico propiamente
dicho. El libro es más rico en ideas que en cifras.
Queda claro que durante la última década del siglo
pasado, las perspectivas de los países latinoaméricanos
se escribieron con la palabra de las democracias
y los acuerdos del libre comercio. Y aunque
hubo un crecimiento económico es ahora insuficiente.
Ofrecer mejores opciones de vida a los ciudadanos
resulta mucho más importante que nuestras
promesas de desarrollo. Por otro lado, la integración
regional sigue siendo más un objetivo deseable
que una meta alcanzable, por lo menos en el
corto plazo.
Iberoamérica sigue viviendo, mayoritariamente,
en los suburbios de la sociedad
del conocimiento. Las posibilidades
que ofrecen la ruta de la ciencia y la tecnología,
junto con el uso nacional de los
recursos naturales y la posibilidad de
aprovechar mejor la dinámica poblacional,
a través de la educación, puede ser
una alternativa promisoria.
La mayoría de los autores del libro convienen en
que uno de los grandes retos de América Latina radica
en encontrar mejores fórmulas para la distribución
de la riqueza. La crisis ofrece, sin duda,
oportunidades para reconfigurar el mapa económico
y social de la región. El papel que en ello
puedan tener las universidades y la sociedad civil,
podría contribuir también a recuperar la ilusión, el
entusiasmo y la esperanza de muchos jóvenes latinoamericanos,
que hoy se perciben a sí mismos
como marginales ante la globalización y como víctimas
frente a la crisis.
En los albores del Bicentenario de la Independencia
de las repúblicas iberoamericanas, el libro que
coordina Felipe González es, por muchos motivos,
bienvenido y oportuno. Su convocatoria, más que
hospitalaria, es una fraternal complicidad para
construir un nuevo imaginario colectivo, al que podamos
pertenecer todos los iberoamericanos, sin
exclusiones, en el legítimo anhelo de fortalecer
nuestra independencia con libertad bajo los mandatos
de la razón y la concordia.

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