Mircoles, 08 Julio 2020
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Las exequias mediáticas de Carlos Monsiváis
| Gerardo Ochoa Sandy | 01.08.2010 | 2 Comentarios

A Nelly e Iván

No hizo falta el anuncio de un decreto oficial, ni el lábaro patrio a media asta en el Zócalo. No hacían falta tampoco las banderas nacional, de la UNAM y el orgullo gay sobre el féretro, aunque sobrepues­tas emblematizaban tres de sus orgánicas bases axiológicas: el país decididamente laico por origen, la libertad de pensamiento y el “derecho a la dife­rencia”, el llano hacer lo que a uno se le da la ga­na, con responsabilidad, imaginación y valor civil, como ejemplificó. No fue necesario que la noticia apareciera en las versiones Internet de los diarios o en la televisión pues ya se volvía ubicua, como fue a diario su vida, por mensajes de texto, Twitter, BlackBerry y Facebook. Ni siquiera amainó el desa­sosiego los dos meses y medio en que el entendi­miento en vigilia perpetua permaneciese sedado en el hospital, con la esperanza de tenerlo de vuel­ta. El luto, como el big bang, ocasión desde la cual el cronista ya se encontraba allí, emergió desde, sin eufemismos, millones de corazones. Desde la iz­quierda, desde los de abajo, desde las incontables marginalidades que constituyen el centro de la na­ción. Entre los distintos modos de vida de la cultu­ra y la sociedad organizada. Dentro de su familia y sus cercanos, intelectuales y artistas, periodistas y ciudadanos. En todos y cada uno de aquellos que descubrieron su derecho a volverse la vida pública de México porque se encontraron, dignificados, en sus crónicas. Incluso los otros, la estulticia nacio­nal, expresaron su respeto, fuese auténtico o posti­zo. Es el 19 de junio de 2010, Carlos Monsiváis ha muerto y, sin más, el duelo es nacional.

La noticia recorre de inmediato varios diarios de países de habla hispana: España, Chile, Venezuela, Ecuador, Perú, Colombia, Argentina y Puerto Rico, y también en Estados Unidos e Inglaterra: Los Angeles Times, The Washington Post, la BBC de Londres, entre otros. Tal vez por una cuestión de perspectiva, desde el exterior se ofrecen reportes que se decantan más y se concentran en la trayectoria intelectual, la fun­dación de los temas y el legado de la obra, el icosae­dro de sus intereses intelectuales y sociales, la in-cuantificable dimensión de sus aportes, la inmensa figura pública. Mientras, en los medios de Canadá, país donde el cronista, acompañado por Claudio Lomnitz, estuvo por última vez en 2008, y expuso su visión de la migración mexicana desde una pers­pectiva cultural, ante el desbordado Alumni Hall del Victoria College de la Universidad de Toronto, don­de fue recibido con una ovación de pie, ni una sola mención, ni siquiera en los medios hispanos.

En México, por supuesto, se impone la conster­nación. Los principales diarios accesibles por Inter­net publican los datos generales de la vida y obra, textos probablemente preparados con anteriori­dad, tomados de agencias, o una combinación de ambas. Las síntesis, básicamente informativas, in­sisten de manera general en la relevancia de Mon­siváis pero parecen más ascépticas semblanzas bio­gráficas y bibliográficas y menos una apuesta de periodismo cultural en busca de lo fundamental. Desde varios de esos textos no sabemos por qué Monsiváis es imprescindible en una variedad de asuntos asociados a la vida de México, qué es lo que lo hace excepcional. Las descripciones de los alcances de sus libros y las dimensiones de su vida pública son, en ocasiones, famélicas, a resultas de la ambigüedad y la generalización. Nadie solicita que al momento de su muerte que duele la cober­tura inicie una discusión intelectual pero sí que al menos figure qué diferencia a esta muerte de las demás. Es así que, entre la sucesión de declaracio­nes telefónicas y exclamaciones de los ciudadanos durante las ceremonias de duelo, algunas senten­cias destacan sobre las otras y comienzan a llenar la omisión a fuerza de repetición: la conciencia crítica de México, el último escritor público, Monsiváis es del pueblo, te queremos Monsi (váis) te queremos, qué vamos a hacer sin ti. Y todo eso, y más, carajo, es cierto, pero también contribuye a desaparecerlo.

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2 Respuestas para “Las exequias mediáticas de Carlos Monsiváis”
  1. […] Las exequias mediáticas de Carlos Monsiváis, Gerardo Ochoa Sandy […]

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