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Por un pacto ético frente al terrorismo
Este País | Federico Reyes Heroles | 01.08.2010 | 3 Comentarios

Muertos que se cuentan por docenas todos los días y que ya suman decenas de miles, cabezas en bolsas de papel, hombres colgados, cuerpos descuartizados, el espectáculo pareciera no tener fin. Miembros de las fuerzas armadas y policías, también ciudadanos de a pie acribillados en la vía pública. Ciudades en las cuales hay toques de queda virtuales, calles vacías por un miedo ciudadano generalizado a ser víctima de un enfrentamiento entre bandas. Candidatos asesinados, estrategias de ataque con características castrenses pero ejecutadas por narcotraficantes. Todo es inédito, nadie sabe bien a bien cómo terminará esta historia.

De este amasijo de hechos escojo sólo una parte: el terror como método de lucha en contra del Estado. No me referiré entonces a las especulaciones sobre cuál es la mejor estrategia gubernamental para reinstalar el control y la calma. Quiero ocuparme de algo que considero aún más urgente, a saber: cómo debemos actuar desde la sociedad para librar la tormenta o por lo menos para no colaborar involuntariamente con los enemigos del Estado mexicano.

Parto de la premisa de que una democracia nace de un pacto en el cual todos los ciudadanos debemos aceptar la necesidad del Estado y asumir que su defensa es la de nuestros propios intereses. Eso nos dirían los clásicos, John Locke, Thomas Hobbes, Rousseau, Montesquieu y otros.

Quienes en 2010 siguen peleando por debilitar al Estado como una forma de cambio político ni siquiera han entendido los orígenes mismos de cualquier Estado-nación. Los anarquistas están en todo su derecho de defender sus creencias. Pero, para mí, éstos no son momentos de inútiles debates ideológicos: o se está de un lado o se está del otro; o se cree en la necesidad de sostener a la autoridad, cada quien dentro de sus posibilidades, o se puede caer en un juego muy peligroso por coquetear con posiciones políticas que nunca perderán su sex appeal pero que no sirven para librar esta batalla muy concreta.

Vociferar en contra del Estado es muy popular, pero también es muy miope. Más que pensar en los deberes de la autoridad pienso en nuestro papel como sociedad, en particular de aquellos que tenemos el privilegio y la enorme responsabilidad de tener foros, de incidir en la generación de información, en su interpretación, en la forma en cómo los ciudadanos reciben y leen los hechos que vivimos.

Quizá lo primero sería admitir que en esta materia todos estamos aprendiendo. Todos son, por supuesto, los comentaristas, pero también los reporteros, los directivos de los diarios, de las radiodifusoras y televisoras y las propias autoridades. Esa novatez generalizada es resultado de una enorme fortuna: México no había enfrentado actos sistemáticos de terrorismo. Distingamos: por un lado está la lucha gubernamental en contra del narcotráfico con sus propias coordenadas; por el otro las evidencias de una estrategia de terror en contra del Estado mexicano que nos incumbe a todos. Todos somos, en ese sentido, parte del Estado, no del gobierno. Por supuesto que los dos asuntos están íntimamente vinculados en tanto que el debilitamiento del Estado es un objetivo lateral del narco. Pero en orden jerárquico hoy lo más riesgoso para los mexicanos no es perder la lucha contra el negocio del narcotráfico sino perder al Estado.

Estrategia de terror

“Sucesión de actos de violencia para infundir terror” dice la Real Academia para definir al terrorismo. Eso es lo que estamos viviendo. No entraré en la evaluación de si la lucha se va ganando en las calles; sin embargo me queda claro que se está perdiendo en la percepción. Los estudios más recientes de opinión pública muestran a) un temor generalizado (63% México, 67% Guadalajara y 84% Monterrey, IPSOS), b) una creciente percepción de que la autoridad va perdiendo la lucha (61%, Reforma). Habrá quien diga que la percepción corresponde a los hechos. Pero el asunto es más complejo.

De acuerdo con la información victimológica del ICESI, y por supuesto incluyendo las cifras de los muertos producto de las confrontaciones entre las narcobandas, la violencia en México –medida en homicidios dolosos por 100 mil habitantes– es mucho más baja que en otras naciones. Se concentra en cuatro entidades y en un puñado de ciudades. No afirmo que otras latitudes estén exentas de actos violentos, la violencia está en todas partes pero en dimensiones muy diferentes, recalco la concentración. Sin embargo la percepción está alterada en todo el territorio mexicano y ello es resultado de una estrategia de terror a través de actos espectaculares. Es frente a esa estrategia que hoy camina victoriosa para la que debemos tener una respuesta.

A pesar de esa concentración y de algunas historias de éxito –como el caso de Tijuana que el gobierno no ha sabido vender– el desconcierto, la desesperanza, el miedo, el terror es generalizado. Lo grave de este asunto es caer en una profecía autocumplida. Los mexicanos que abandonan hoy por miedo justificado Ciudad Juárez o Chihuahua o Tijuana o Tamaulipas, y además de sus familias sacan inversiones, cierran negocios, etc., involuntariamente debilitan a las autoridades locales y dañan a sus propios patrimonios. Se pueden perder plazas por abandono, lo cual es una victoria para el terrorismo. Más dramático aún es el caso de reacciones ciudadanas producto del temor generalizado en amplias zonas del país en las cuales la percepción no corresponde a hechos violentos. Una población subalertada es tan grave como una atemorizada artificialmente. Encontrar el justo medio es el reto.

Con frecuencia se escucha que los medios son los responsables e incluso el propio presidente Calderón ha hecho este señalamiento reiteradamente. Del lado de los medios la reacción es unánime: los medios no son responsables de lo que ocurre en las calles del país. “Cada uno de los muertos que los medios nos han mostrado es verdadero, nadie los ha inventado” escribió Héctor Aguilar Camín en estas mismas páginas. Pero también es cierto que ningún medio ha hecho explícita una estrategia propia para contender con el terrorismo. En este contexto, qué podemos hacer desde la sociedad para encarar con inteligencia al terrorismo partiendo de la premisa de la inexperiencia.

Pongamos el mapa en la mesa. Más de 90% de la información que reciben los mexicanos proviene de los medios electrónicos. Son ellos los que llevan la principal responsabilidad. Sin embargo, es conocido que los medios se nutren en buena medida de la prensa escrita, sobre todo de la opinión publicada que auxilia en otro nivel a la interpretación de los hechos. Nadie está exento de responsabilidad: periodismo escrito, radiofónico y televisivo. Entremos en materia.

Inflamación de la nota

Un primer descontrol de los medios proviene de lo que podríamos llamar la inflamación de la nota. Ésta se produce por una actitud de los reporteros en la defensa de su parcela. La nota debe describir puntualmente los hechos. Allí termina la misión del reportero. Sin embargo como asentó ese gran periodista y escritor que fue Ryszard Kapuscinski: “El texto periodístico funciona en su pleno valor en determinada ubicación y en determinado momento”. Los reporteros asumen que la veracidad de la nota es el valor supremo del trabajo periodístico. ¿No es esta óptica una forma muy parcializada de leer el trabajo informativo en el mundo contemporáneo?

En ese nivel no se habla de las consecuencias de la nota. Ronda además esa idea romántica del reportero- escritor, estilo Hemingway, que se desprende de sus envíos para regresar a la trinchera. Pero en el siglo XXI esas grandes firmas son cada día más escasas frente al crecimiento desbocado de los media worker que son un pequeño engranaje dentro de un gran corporativo como los hay en México. El problema, insisto, es saber quién está asumiendo las consecuencias de la nota. La responsabilidad recae en los directivos de las corporaciones dedicadas a la información en todas sus vertientes. ¿Tienen los grandes corporativos de la información una verdadera estrategia compartida con su personal para el tratamiento del terror? ¿Cuáles son las experiencias de otros grandes medios en Italia o España o Estados Unidos o Colombia frente a situaciones similares?

Un ejemplo, en el Libro de estilo de El País, además de observaciones muy puntuales sobre el uso del lenguaje periodístico, existe un apartado muy amplio de principios aplicados por esa casa editorial. En el primer párrafo del manual se lee una autodefinición del diario como europeísta y defensor de la democracia plural, pero comprometido “a guardar el orden democrático y legal establecido para el cumplimiento de sus fines”. En el segundo párrafo se lee una autolimitación explícita: “En este marco, El País acoge todas las tendencias, excepto las que propugnan la violencia para el cumplimiento de sus fines”. La ETA sabe que de entrada no cuenta con el diario y la cadena televisiva de la misma empresa.

El terrorismo es un enemigo de El País y viceversa, El País es enemigo del terrorismo. “Los rumores no son noticia” se establece con toda claridad en el mismo texto. Hay una política en el tratamiento de los suicidios en tanto que se ha comprobado que esas notas incitan a la gente tocada por esa tentación a quitarse la vida. Por lo tanto, sólo se habla de los suicidios cuando tienen relevancia social general. El País es también enemigo del boxeo por lo tanto no se cubre ese deporte, punto. Los ejemplos son muchos y muestran una clara política editorial en favor de la sociedad y el Estado español. Es decir, hay valores superiores al acto informativo.

Allí se lee “las fotografías con imágenes desagradables sólo se publicarán cuando añadan información”. También se aplica una política sobre el manejo de los rostros de los policías y miembros del ejército o de los menores. No se dan los nombres de las personas violadas. Entiendo que hay mucha subjetividad en estos párrafos pero por lo menos hay principios a discutir: cuándo una imagen de verdad añade información y cuándo no. Valdría la pena aplicar ese criterio a la vida cotidiana de nuestro país. El Libro de estilo es muy concreto. Por ejemplo, establece el tratamiento que debe darse a cualquiera de los miembros de la monarquía que irá precedido de un don o doña, lo cual nos da idea de la importancia de la figura del Estado para una de las publicaciones más libres del mundo. Regresemos a la visión parcializada de una nota o una imagen.

Un fotógrafo envía una imagen de un cuerpo que cuelga de un puente en una carretera. Periodísticamente hablando tiene un contenido pero, ¿debe ir a primera plana? ¿Qué se publicó el día anterior, pero sobre todo qué vendrá al día siguiente? ¿Cómo administrar las imágenes del horror? ¿Cuáles son los códigos mexicanos para la situación mexicana actual? También aparece el conocido dilema de valorar el impacto de la nota en la vida de la gente que se queda en el mismo pueblo, en el mismo hogar a enfrentar las consecuencias de esa imagen, de esas escenas transmitidas a decenas de millones de hogares. Son esos hechos –cómo tratar al primer degollado y cómo tratar al número cien– los que nos han avasallado con la probable consecuencia de que hoy estemos sirviendo involuntariamente a los fines de los terroristas. El éxito periodístico de los terroristas nació del desconcierto inicial. Pero ya llevamos más de tres años y por lo que se ve la lucha seguirá por muchos más. Vale la pena detenerse a reflexionar sobre otras posibilidades.

Discreción por México

“Preferimos perder una nota antes que una vida” fue el lema adoptado por decenas de directivos de medios colombianos convocados por la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de la Sabana, en Bogotá. El objetivo central fue el de “elevar el nivel de calidad y responsabilidad en el cubrimiento y difusión de hechos violentos”. El acuerdo propuso que cada medio elaborase un código ético, con normas y estándares específicos para elevar la calidad de las informaciones sobre hechos violentos. La propuesta tomó como fundamento el paradigma de la responsabilidad social de los medios nacida en Estados Unidos en los años veinte. La tesis es sencilla pero contundente: el periodismo como profesión debe valorar las consecuencias de su ejercicio.

En 1947 la Comisión sobre Libertad de Prensa presidida por Robert M. Hutchins publicó un informe denominado A Free and Responsible Press que hizo hincapié en la necesidad de la autocrítica y autorregulación por parte de los medios. La llamada doctrina Hutchins, basada en la responsabilidad social de los medios, parte de una premisa: los medios no son un negocio más sino que constituyen un servicio a la sociedad. Louis Hodges agregó la idea de un pacto implícito entre la sociedad y los medios: ”la sociedad promete a los medios la libertad para funcionar siempre que los medios sirvan a las necesidades informativas de la sociedad. El afán de lucro es necesario para garantizar la verdadera independencia de los medios, pero debe hacerse compatible con la difusión de ciertos principios que colocan los intereses de la sociedad por encima de todo.”

“El que nuestro producto penetre gratuita y deliberadamente en cada hogar le otorga un carácter especial” fue otra de las premisas utilizadas para lanzar Discreción por Colombia. La intención de captar más audiencia puede deformar el valor mismo de la noticia. Si la noticia se ve como un simple bien de consumo y se diseña y empaqueta para lograr una mayor audiencia se puede resbalar en un mercantilismo noticioso que riñe con los intereses de la sociedad. La discusión desatada por la Comisión Hutchins dio pie a la elaboración de un código de autorregulación con ciertos principios: 1) que la información sea justa y honesta, 2) considerar los casos en que se ha informado de manera distorsionada y parcial, 3) elaborar los criterios imperantes en las redacciones, 4) promover canales de comunicación entre los periodistas y la audiencia.

Éste fue el origen teórico del Acuerdo por la Discreción. Pero sería deshonesto dejar de mencionar los muchos y terribles actos violentos que sufrieron los medios en Colombia y que también orillaron a la reflexión de cómo reaccionar en conjunto y de manera defensiva. México ya está en una situación similar, basta con revisar los múltiples casos de periodistas muertos o amenazados o la imposición de silencio sobre ciertos temas en varias entidades. Las oficinas de Televisa sufrieron un atentado en Monterrey. Nadie está a salvo. El Acuerdo partió del supuesto de que el fenómeno terrorista tiene por lo menos cuatro componentes: los terroristas, el gobierno, los medios de comunicación y la sociedad. Los terroristas promueven acciones de propaganda que van más allá de las víctimas concretas con el fin de proyectarse al resto de la sociedad. Ése es su objetivo, para cuya consecución requieren de los medios. El componente comunicativo es esencial.

Hay, así, el riesgo de la “publicidad gratuita”. Los medios pueden “contagiar” violencia al informar sobre hechos violentos, sobre todo si se atiende exclusivamente al criterio de rapidez que puede ser una verdadera trampa. El riesgo de perder perspectiva está ahí a diario, por eso la necesidad de códigos preestablecidos que impidan un mal reflejo. Agrego otro ejemplo, los manuales de emergencia para los pilotos. “La exactitud debe primar sobre la rapidez”. ABC News, señala el Acuerdo, destaca la importancia de no perder el contexto y prohíbe la cobertura en directo de actos terroristas con rehenes, sobre todo si peligra la vida de éstos. CBS señala los riesgos del protagonismo y de presentar los rumores como hechos.

Los materiales utilizados por los terroristas también recibieron una tipología elaborada por Gladis Ganley que fue mencionada en el Acuerdo. Las categorías para los videos nos dan una idea de la complejidad: videos de exigencias, videos de lástima, videos de acusación, videos de confesiones y finalmente de venganza. A pesar de la complejidad del tema, el Acuerdo por la Discreción se expresó en 23 renglones:

Conscientes de la responsabilidad social de nuestro oficio, los profesionales de los medios de comunicación de Colombia nos comprometemos con este Acuerdo por la Discreción, porque queremos contribuir al logro de la paz, al respeto de la vida y a la búsqueda del bien común.

1. El cubrimiento informativo de actos violentos –ataques contra poblaciones, masacres, secuestros y combates entre los bandos– será veraz, responsable y equilibrado. Para cumplir con ese propósito, cada medio definirá normas de actuación que fomenten el periodismo de calidad y beneficien a su público.

2. No presentaremos rumores como si fueran hechos. La exactitud, que implica ponerlos en contexto, debe primar sobre la rapidez.

3. Fijaremos criterios claros sobre las transmisiones en directo, con el fin de mejorar la calidad de esa información y evitar que el medio sea manipulado por los violentos.

4. Por razones éticas y de responsabilidad social no presionaremos periodísticamente a los familiares de las víctimas de hechos violentos.

5. Estableceremos criterios de difusión y publicación de imágenes y fotografías que puedan generar repulsión en el público, contagio con la violencia o indiferencia ante ésta. 6. Respetaremos y fomentaremos el pluralismo ideológico, doctrinario y político. Utilizaremos expresiones que contribuyan a la convivencia entre colombianos.

Pacto de ética

¿Qué ocurriría si las dos grandes cadenas televisivas, Televisa y TV Azteca (declaro que he trabajado muchos años para Televisa, TV Once y actualmente colaboro en TV Azteca) y otros medios determinantes en la opinión pública, como los que se aglutinaron alrededor de la Iniciativa México, hicieran explícito un breve pero consistente Pacto de ética frente al terrorismo? De entrada, al hacerlo los corporativos declararían en los hechos que hay un interés superior al rating y a la competencia. Harían saber así la decisión de no hacer involuntariamente el juego a la estrategia del terror como una decisión unilateral de convicción ciudadana y nacional ejercida en plena libertad. Los enemigos del Estado no pueden convertirse en mercancía para los negocios, mercancía que termina por debilitar al barco en que todos navegamos.

Ya escucho las primeras críticas: el deber de los medios es informar como un dictado absoluto. Falso, en esto no hay absolutos. Lo que sucede es que en México no tenemos experiencia. En una guerra los códigos de comportamiento de los medios están atenidos al interés del Estado. Pensemos en los medios informativos de Israel, su prioridad es Israel no venerar la información como a una deidad suprema. ¿Por qué CNN, o ABC o Fox, con todas las diferencias ideológicas, dejaron de transmitir las escenas de las personas que se lanzaron al aire desde las Torres Gemelas o la condición en la que quedó el Pentágono el 11 de septiembre o los múltiples envíos de féretros con los cuerpos de los jóvenes estadounidenses muertos en combate? Es muy claro, se enfrentaban a un enemigo común que atentaba, no en contra de un régimen, el de Bush, sino en contra de las estructuras mismas de gobierno, es decir en contra del Estado. Harían lo mismo ahora con Obama. Defienden al Estado del cual forman parte.

Otra crítica podría enfilarse a decir que un filtro declarado estaría favoreciendo a las autoridades, en particular al presidente Calderón. Creo que son cosas diferentes. El gobierno de Calderón, quizá también por inexperiencia, no ha sabido atajar al terrorismo informativo. Una parte del problema se explica por ese círculo vicioso en el cual el presidente reclama a los medios la excesiva cobertura de los actos violentos, pero a la par no desaprovecha oportunidad para aludir a ellos. Por el otro lado las historias de éxito de las fuerzas armadas y de la policía federal no han penetrado en la opinión pública. La gente ya no atiende a las incautaciones o detenciones; el número de muertos se ha convertido en el parámetro único de medición de la ahora llamada lucha. El resultado concreto lo conocemos todos: la estrategia terrorista ha sido todo un éxito. El daño es enorme, tanto en el interior del país como en la imagen de México en el exterior. Los estímulos para que los terroristas sigan por el mismo camino no tienen fin. Gobierno y sociedad, en particular los medios masivos de comunicación, hemos fallado, no hemos sabido reaccionar ante el nuevo enemigo.

Pongo a discusión otro ejemplo. Recientemente un jurista me hacía ver que la palabra ejecución alude a un acto en que se hace justicia. De tal manera que lo que vemos en las calles casi a diario son viles homicidios y como tal deben ser presentados. Hace unas semanas un residente de la ciudad de Chihuahua me hacía otra observación en el sentido de que, paradójicamente, algunos jóvenes en ese estado ven con verdadera admiración a los capos. Camionetas, aviones, casas, dinero, mucho dinero y rápido, mujeres, poder, conforman un atajo riesgoso pero muy atractivo. Su reflexión la provocaron las imágenes televisivas de un arsenal con armas con incrustaciones de oro y joyas. Pero igual se aplica a los cuartos repletos de dólares o a las mansiones.

El asunto es delicado pues existe la posibilidad de resbalar involuntariamente en una apología del delito. En el Código Federal se establece como responsable de esa figura delictiva a quien provoque a cometer un delito, lo cual no es aplicable a la materia de la que hablamos. Pero en el Código Penal del Estado de Colima se establece un matiz interesante. Allí se lee: “Al que públicamente, en forma directa o indirecta, incite a la comisión de un delito…” ¿Cómo valorar la vía indirecta? ¿Qué efecto causan las imágenes de riqueza en jóvenes de escasos recursos, pobres para decirlo con llaneza? No lo sabemos, pero la materia es discutible. Valdría la pena investigar.

No propongo que se extienda la aplicación de la vía penal y, por ejemplo, se persiga a los autores de los narcocorridos. Al contrario, lo que propongo es que en plena libertad se asuma que en tanto que entramos a territorios no explorados debemos todos actuar con cautela.

Que quede claro, en ningún momento propongo no informar; sería absurdo y contrario a mis convicciones. Yo vivo de la información. Lo que estoy proponiendo es un pacto que no incentive y, de preferencia, desincentive las acciones de terror. Si entregar una cabeza en una bolsa recibe primeras planas y horarios estelares pues entonces la acción fue muy eficiente y salió barata en términos de esfuerzo y logística. Todo gracias al tratamiento que se hizo del hecho. El terrorismo acude a lo espectacular para cumplir con sus objetivos. Lo espectacular es una trampa. Recordemos, además, que el morbo nunca desaparece, ni siquiera en las sociedades altamente desarrolladas y educadas. Allí están los tabloides londinenses. Pero hay una diferencia sustancial: el morbo común no debilita a las instituciones. Pero en el caso de México ese morbo afecta el trabajo de las fuerzas armadas, de las policías y del mismo Estado.

Se me dirá también que esas imágenes aparecerán en YouTube o en Facebook. Es cierto, pero recordemos que 97% de los hogares en México ya tienen televisor. Las entradas a YouTube son menores en comparación con el impacto de la pantalla televisiva. Atajemos ahí donde se puede. El impacto de llevar imágenes a las pantallas televisivas no tiene comparación. Hay un efecto magnificador innegable. Pero quizá sea más fácil ver en concreto cómo imagino esa declaración conjunta de los medios.

PACTO DE ÉTICA FRENTE AL TERRORISMO

Los medios que suscribimos este texto declaramos: Considerando Primero. La libertad de expresión se inscribe en un marco de legalidad que garantiza las expresiones plurales de la sociedad. Sin la vida institucional no hay libertad posible. Quienes atentan en contra de las instituciones atentan en contra de la libertad. Segundo. El periodismo escrito, radiofónico y televisivo tiene como objetivo informar a la sociedad. La información debe ser veraz y puntual. Tercero. El terrorismo busca, a través de actos violentos y brutales, confundir a la sociedad y mellar las instituciones. Los narcotraficantes han incidido en actos de terrorismo que deben recibir total condena. Cuarto. Los medios de comunicación tenemos la responsabilidad de informar a la sociedad sin facilitar el camino a esta estrategia que utiliza la violencia para amedrentar a los mexicanos. La difusión de ciertas imágenes puede tener el efecto perverso de magnificar los hechos, infundir miedo e incentivar el uso de esa violencia. Por tal motivo Quinto. A partir de hoy nuestras distintas casas harán una evaluación minuciosa del impacto objetivo de la transmisión de ciertas notas e imágenes con el fin de no alentar involuntariamente el uso del terror.

Hasta aquí el Pacto. Cada empresa podría establecer sus propias normas y códigos, pero el principio fundamental sería el mismo: no caer en el juego. Que cada casa se haga responsable de las imágenes, de las notas y de sus consecuencias sociales. El simple anuncio de un código similar desalentaría a los terroristas y eso es un objetivo común superior.

No se necesita más, pero esto sí es imprescindible.

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3 Respuestas para “Por un pacto ético frente al terrorismo”
  1. FRANCISCO BORREGO dice:

    Estimado Rodrigo, está más que claro que el negocio del narcotráfico tiene varias vertientes, y que dentro esta guerra los sectores que tienen que ser atacados desde su raíz es la que puede llevar a la quiebra a cualquier negocio, el sector de los recursos humanos y financieros, sin estos sectores no hay negocio, claro está que también se requieren consumidores, pero como dices esta guerra no es una campaña contra las adicciones de eso se encargarán los programas de salud y prevención así como los de autoayuda, aquí la propuesta de Federico Reyes Heroles, es una convocatoria a todos los medios informativos para que dentro de esta guerra, que aunque no pidieron ser involucrados, pero como lo decía ayer en la entrevista con Sergio Sarmiento, son participes se conduzcan ética, informando a la sociedad con ética, dando la información puntual y veraz, pero que antes de que salga se evalúen las notas y las imágenes que se publicaran, y que esta información no sea partido para desinformar, confundir, agredir a las instituciones, magnificar los hechos que puedan infundir miedo y alentar el uso de la violencia y el terror. Y por otro lado me parece inmaduro de parte de cualquier ciudadano en estos tiempos actuales que debamos echarle la culpa al gobierno de esto o aquello, el Gobierno está puesto por los que votamos por ellos y se deben al pueblo, su compromiso es con el pueblo mexicano votantes o no, pero con todo respeto me parece infantil esperar que el Gobierno que es la autoridad, nos pida permiso para ver si queremos guerra o no, nosotros los que votamos, les dimos la autoridad para salvaguardar a toda la nación y como tal deben actuar, nos guste o no, seguramente van a hacer un referéndum para ver si queremos o no sacar a el crimen organizado de nuestro país, porque mejor no vamos y nos presentamos con el Presidente Calderón, Señor aquí estoy para apoyarlo en lo que mis dones y habilidades me permitan hacerlo cuente conmigo, para dar la batalla. Ellos son un puñado de hombres y mujeres que crecieron dentro de este país con una educación si es que la tuvieron carente de lo que el mismo Federico Reyes Heroles, esta proponiendo en este pacto, LA ETICA. Que si escudriñamos tantito, nos vamos a dar cuenta que todo lo que está pasando es culpa de todos, porque los principios éticos y morales se maman desde nuestros hogares, y muchos padres de familia nos hemos escudado en el afán de dar prosperidad a nuestras familias, trabajando de sol a sol, desatendiendo el rol que como padres nos corresponde, dándole esas funciones a otras personas, o simplemente hemos desintegrado nuestros hogares o venimos de un hogar disfuncional o desintegrado.
    No Rodrigo yo me uno a la convocatoria de Federico Reyes Heroles, que desde mi casa y de mi trinchera donde yo trabajo, pueda fomentar los principios y los valores morales que harán un México mejor, la lucha de nosotros no tiene que ser con armas para eso está el ejercito, y si el paìs me lo requiere ahi estare, pero como dijo Luis Donaldo Colosio en aquel famoso discurso del 6 de marzo de 1994, “YO VEO UN MEXICO CON HAMBRE Y SED DE JUSTICIA”, “YO VEO UN MÉXICO CONVENCIDO DE QUE ÉSTA ES LA HORA DE LAS RESPUESTAS; UN MÉXICO QUE EXIGE SOLUCIONES. LOS PROBLEMAS QUE ENFRENTAMOS LOS PODEMOS SUPERAR.” Seamos críticos, pero proactivos para apoyar y respaldar al Presidente Calderón, y a hombres como Federico R. H. que han decido sumarse a esta lucha, en la medida de sus posibilidades, pues en esta guerra los que más pierden son nuestros hijos y nuestros nietos pues es el México que les vamos a heredar.

  2. Rodrigo Baldivia Colín dice:

    Es importante desglosar el problema desde lo que se está atacando, el problema de las drogas tiene varios vectores, está la producción, la venta, el consumo, la adicción, los problemas sociales que que se generan a partir de una persona adicta,etc.

    Pero lo que se está atacando, con armas, con violencia, es a las personas que se encuentran dentro del negocio de compra venta, de producción, no tiene que ver con una campaña de prevención de adicción ni con la información respecto al uso de drogas, se está atacando a los que trafican con drogas.

    Otro punto importante es pensar que se trata de desarticular a las organizaciones, que por cierto no se está atacando a todas si no a unas cuantas, y se han tomado acciones que han involucrado a todo el país, como introducir a las calles a las fuerzas armadas.

    En lo personal considero que esta opinión se ha quedado un poco corta pensando en que compro esta revista por su capacidad de atender con un punto de vista critico investigaciones de temas primordiales en la agenda política y social de país a fondo, pero el parcializar diciendo que hay que tomar partido para no perder al estado y diferenciar al gobierno del estado, cuando al estado no se le tomó en cuenta para saber si los que integramos el estado queríamos un movimiento armado en contra de lo que trafican con drogas o preferiamos el desarrollo social o aminorar las brechas sociales, me parece que no es correcto

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