Sbado, 20 Julio 2019
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Estoy en proceso de educación
Entrevista con Juan Carlos Rulfo sobre ¡De Panzazo!
Cultura | Entrevistas | Este País | Olga García-Tabares | 01.03.2012 | 0 Comentarios

Mi primera gran clase

El “érase una vez…” me estimula mucho. De chiquito, cuando pasaba navidad con mi abuela, en Jalisco, todos se juntaban. Me gustaba escuchar a los grandes viejos cuenteros de aquellos lugares que platicaban, echaban chisme, hablaban en desorden; a uno se le ocurría algo, otro agregaba algún dato, se secaban de risa, lloraban, en fin… Esa fue mi primera gran clase. Las conversaciones son así, se recuerdan de por vida esos momentos. Siempre quise regresar, volver a verlos, tratar de recrear esos momentos. De ahí salió El Abuelo Cheno, que tiene que ver con la raíz más lejana que pude encontrar, con los personajes que conocieron a mi abuelo. Así empecé, escuchándolos, viajando en las aventuras y los sueños que contaban, que tenían que ver con mi vida.

El dictado, las bancas, la geografía

Me acuerdo que cuando estaba en primero de primaria, en una escuela pública, como a las dos o tres semanas, me tocó el primer dictado. La maestra decía cosas, yo tenía que apuntarlo y no sabía qué hacer, todos mis compañeros lo lograban, yo no sabía escribir. Fue horrible, sufrí muchísimo. Era y soy muy lento para aprender, me cuesta mucho trabajo.

No olvido que en cuarto de primaria, en el salón, nos sentaban en las bancas según el promedio: en la orilla estaban los reprobados, seguían los de cinco, seis, siete hasta llegar a los de nueve y diez. Yo siempre estaba en las bancas de ocho y cuando troné el examen de matemáticas la maestra sufrió, me quería mucho, porque me bajaron a la fila de seis. Después volví a subir a la de ocho, y creo que sí llegué a la de nueve.

La primera vez que sentí un balance entre el rigor y la memorización fue en las clases de la maestra Guillermina, en sexto de primaria, en la escuela Guadalupe Victoria. Con ella aprendí todas las capitales, los ríos, los lagos del mundo, todo, todo, todo, todo; me gustó, me apasionó conocer el mundo así, lo manejaba de una manera muy particular, se tomaba las cosas en serio, con respeto, con cuidado. Ya murió. En cambio no tuve buenas clases de inglés, estudié de una manera autodidacta, tengo varios vacíos que he tratado de resolver con mañas, aprendiendo a mi manera.

¿Cómo me educaron? No sé, pero tenía el criterio para saber qué me convenía, qué me gustaba y qué no. Todos hemos tomado dos o tres cervezas y aprendido cuándo hay que detenerse. Algo pasa en el cuerpo, en la conciencia, que los niveles de abuso se contienen, son manejables, no pasan a lo grotesco.

Escuela pública y privada

Pasar de una escuela pública a una privada me dio un abanico bastante variado. Primero estuve en una escuela privada, después la primaria la cursé en una pública; preparatoria y secundaria en privada y la universidad fue pública. Vale la pena pasar por varios de los rubros de la sociedad o por lo menos mantener contacto con ellos de alguna manera. Lo que promuevo con mis hijos es conocer el chile y la manteca, no quedarnos en un extracto de la sociedad. Hay que darles herramientas para que entiendan por qué algunos son calificados como los buenos y otros como los malos, en el caso del narcotráfico, por ejemplo.

Del porvenir a las raíces

En El Abuelo Cheno se habla del descubrimiento, del amor y de la permanencia de las raíces; Del olvido al no me acuerdo tiene que ver con mi padre; En el hoyo, con mi lugar, la Ciudad de México; Los que se quedan, con este país, con los migrantes, ese sentimiento que le duele; Carrière, 250 metros, con el porvenir: un señor de 80 años le escribe cartas a sus hijas, de 40 y de 8 años, sobre los lugares que más le han movido y que son claves para el viaje, para moverse en los lugares de su vida; De panzazo, tiene que ver con un problema de base, con la raíz de la violencia, de la inseguridad.

El tema de la educación cayó en un momento en el que estaba, sin darme cuenta, con broncas que parecían personales, pero la película me ayudó a entender que son de todos, del país, por lo tanto valía la pena que le dedicara tres años, un cacho de vida.

¿Qué sigue? ¿Cómo? ¿Qué hacer? ¿A dónde ir? Trato de preparar un proyecto que tiene que ver con las cosas que me importan en la vida, que vale la pena asumir, que debo buscar porque me pertenecen y las quiero cristalizar. Quiero que se queden en el cine antes de que se vayan, que no se repita lo que pasó con mi padre que estuvo ahí y nunca le pregunté dos o tres cosas. Entonces fui al lugar de donde él vino a preguntar, pero mis inquietudes no me las respondió él, me las contestó el lugar. Buscar a Patti Smith, por ejemplo, que fue importante en mi adolescencia, plasmar en el cine preguntas y respuestas que —estoy seguro— no son solo mías.

El otro día me pregunté: ¿Por qué será?, ¿de dónde viene esta sensación?, ¿me quiero refugiar? Y me di cuenta que es un mecanismo normal… regresar, retroalimentarme de las cosas que son mías, descubro que tengo cosas que contar. ¿Cómo?, me gustaría hacer algo propositivo, locochón, medio ficción-documental, plantearme problemas creativos, no ponerme en un lugar cómodo, hacia allá voy. Otro documental me daría mucha flojera. El tema de fondo: “Érase una vez un país que ya no es”. Estoy tratando de obtener herramientas para que se sostenga la historia. Por ejemplo, antes el proyecto estaba basado en los viajes de mi padre, quien era vendedor de llantas e iba por los pueblos, así conoció el país y tomó sus fotos. Pero ya no quiero que sea otra vez el jefe, por supuesto que estará siempre como algo que admiro, pero no directamente. Formará parte del proyecto como la música, la naturaleza, el indigenismo y mi vida.

Ahora estoy empezando a trabajar en una serie de televisión para Canal Once sobre comida, es la primera que hago. Responde a querer hacer otra cosa. Estoy buscando estufas, platos, productos orgánicos. La serie se llama Diario de un chef, mas no es mi intención volverme chef.


Cine: notas, tesis

Esperé casi toda mi carrera para descubrir lo que quería y podía hacer; ya conocía los personajes, había conversado con ellos y ahí se habían quedado. Después de estudiar cine volví a ver el material y decidí usarlo como tesis. Cinco años después regresé con la claridad de querer hacer una película sobre el abuelo; ya había escuchado la grabación, sabía prender y apagar la cámara, sacar el presupuesto, para todas esas talachas me sirvió la academia.

Casting

Entonces volví a filmarlos, dejaba que se explayaran, trataba de obtener lo que me interesaba de ellos. La gente tiene mucho que decir pero no se siente a gusto si no se cultiva la conversación.

Cuando estoy trabajando con alguien para saber si es susceptible de convertirse en un personaje dentro de un proyecto divago muchísimo, lo escucho, veo lo que dice, dónde hace las pausas, si se ríe o no; aquí el tiempo es distinto al de las noticias, para ellos no es económico escuchar, quieren ir al grano, pero yo me tengo que basar en lo que conozco, no puedo dejar espacios para que la realidad haga conmigo lo que quiera. Eso da miedo, por eso cuesta trabajo arrancar un proyecto, porque sabes que te van a barrer. No llego seguro de todo, yo no, soy muy tímido, me cuesta arrancar, entablar una conversación, la primera conversación es muy difícil para mí y tiene que darse de una manera que también me estimule. Lo primero que tengo que hacer es romper mi hielo para que el hielo del otro se abra. Tengo una actitud que a veces funciona, me gusta tener amigos, sé que a la gente le gusta que la cuiden, que la apapachen; entonces busco ese camino, intento jugar, hacer bromas, cuidarlos y ellos lo sienten. Hay otros a los que no les importa y me mandan al carajo, es normal, pero cuando responden a ese primer impulso hay un buen trecho avanzado. Ser un poco irreverente también, no me pongo en el lugar de director a ordenarle al otro. De entrada me bajo al nivel más anónimo posible, al más ausente. Nos conocemos poco a poco, entramos en confianza, todo empieza a ser más natural, espontáneo y eso sí se ve en la cámara. En ese sentido hay una especie de humildad, no me pongo enfrente de ellos con la cámara. La cámara está por allá, atrás, lejos, la tengo, pero no parece que estuviera enfocando. Lo mismo pasa con el equipo, con el sonidista y los que están rodeándome. Así aprendo a ver a los ojos, escucho, percibo cuando el otro me escucha. Todas esas cosas, aparentes tarugadas, para mí son las más importantes. El cine es muy delicado, la gente es muy delicada, los sentimientos son muy delicados, entonces tienes que cuidarlos.

Cámara

Las historias tienen una belleza, un color, una luz, un sabor, un lenguaje, un tiempo, tienen cinematografía. El cine te permite manejar todo, en todos los sentidos, incluso los sentimientos, la bronca es cómo le hace el sentimiento con una cosa tan física, mecánica y electrónica como es la cámara. Bueno, pues de eso se trata, de buscar esa belleza con la música, con el personaje, con el paisaje, con los elementos que te gustan, aun en las cosas más áridas.

El espectador

Para que no se note el artificio que hay alrededor del cine, y el espectador se sienta más cómodo, trabajo la confianza y la amistad del personaje. Esa es una teoría del guión muy clara: qué puede pensar el espectador frente a tal personaje: que tiene una cara divertida, que se ríe padre. Soy el primer espectador cuando estoy buscando un personaje, cuando estoy haciendo un casting.

Si el espectador no entra en la película es porque algo no está haciendo click. Para manejar al espectador por un camino y llevarlo a donde quiero, el material tiene que ser digerible. Los grandes objetivos son poder contar un cuento y llevarte al espectador en la bolsa, siempre, siempre. Si no lo logras masivamente entonces te equivocaste, si lo logras en un 80% pues algunos sí pudieron, algunos no.

Personajes

De panzazo fue un reto, la educación es un elemento muy árido, aburridísimo. ¿Cómo lo puedo hacer mío? Busqué lo que me gustaba, lo que había de mí en eso. Si no se puede entrar, no hay nada que hacer.

Recuerdo el primer día: ¿cómo empiezo?, me preguntaba. Me daba mucha flojera. Iba al llamado de una cita en la mañana, desvelado, veía cientos de niños, de chavos, todos en pleno desmadre a la hora de entrar al salón. Hasta que entré a la clase de ética, me senté, los escuché y encontré cosas en común que todos hemos vivido. Me empecé a llevar bien con ellos, a jugar, a usar la cámara de una manera diferente, se las presté. Empezaron a jugar con ella, grababan, filmaban cosas que pasaban frente a ellos que yo no lograba captar, entonces me dije: eso quiero. Si yo cogía la cámara todos se guardaban. Estaban emocionados de ver un equipo y la solución fue hacerlos parte, volverlos directores. Les dimos camaritas y les pedí que hicieran un diario de su vida, que jugaran con amigos, que hicieran preguntas y los resultados fueron padrísimos.

Formato

Me gustaría que hubiera más documentales, que cada dos o tres meses apareciera un De panzazo, un Presunto culpable, profesionalizar el formato, que se vuelva respetable, que se cuiden los presupuestos, que la gente esté más en contacto con él, ávida de él, de lo que se va a decir, que lo reconozcan y no lo sientan aburrido. En Guadalajara me preguntaban por qué utilizar el cine, por qué aprovecharse de él para pasar una película de este tipo. Yo creo que al cine lo han perjudicado haciendo películas de otro tipo que no tienen nada que ver con la realidad. Para mucha gente el cine es un entretenimiento, una fuga, la película dominguera con palomitas, y está bien, pero no hay que subestimar el documental, el concepto de cinematografía está muy distorsionado.

La comercialización del documental en el mundo ha tenido sus pros y sus contras, creo que aquí vamos bien pero hay mucho que hacer. Hay más películas, los directores están muy agradecidos con lo que el formato les ha dado, entre otras cuestiones, es más barato.

Pienso en Carlos Hagerman y en su documental Vuelve a la vida, un tocayo, un colega que quería hacer ficción y se le presentó la posibilidad de hacer un documental. Fueron cuatro años de trabajo muy duros, pero logró instalarlo en una posición muy importante que él no se hubiera imaginado.

¡De panzazo en panzazo!

Cuando me propusieron dirigir De panzazo se llamaba La revolución inconclusa, una cosa rara, después propuse que se llamara Dónde quedó la bolita.

La asociación Mexicanos Primero me dio una cantidad de datos estadísticos brutales y Loret de Mola había hecho un guión porque él quería hacer una película ya que a una serie de reportajes en televisión se los lleva el viento. Entonces me llamaron. Lo curioso era el personal que estaba alrededor del asunto pero, al mismo tiempo, la importancia del tema ganó, ahí no hubo duda. Lo importante era que me dejarían hacer lo que quería, y lo que yo quería, otra vez, era hablar con la gente, acercarme a los personajes que viven y sufren la educación en México, sobre todo los que están al final de la educación básica.

Lo que nunca había hecho era tener un locutor, siempre mis películas se cuentan solas. Loret es un periodista polifacético y en la película es un personaje y narra. Eso también era algo curioso que debía manejar y no sabía muy bien cómo. Había muchos retos y en resolverlos me llevé tres años.

El tema, los personajes, las escuelas, los alumnos, los maestros, etcétera, fue una bronca, un infierno. Algunas veces nos equivocamos; otras, atinábamos, un poco al azar. Llegamos a los maestros porque los chavos hablaron de ellos, luego con las autoridades educativas, después con los padres, y todos —además de que se echan la bolita— resultan ser unos personajazos, es decir, es una fuente inagotable de temas, de historias que no se han explorado.

Luego, en vez de estar buscando quién tiene la culpa, intenté dar una solución a corto plazo. A largo plazo es: ¡Por supuesto, que el sistema cambie!, pero ¿cuándo?, ¿cómo?

Lo que puedo hacer como papá es acercarme de otra manera a la educación de mis hijos y me cuesta trabajo hacer las cosas de otra forma, pero lo intento y es lo que he aprendido. Todo este numerote es para decir que también yo estoy en proceso de educación.
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OLGA GARCÍA-TABARES es escritora y periodista.

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