Lunes, 18 Noviembre 2019
Artículos relacionados
Manual para zurdos
Cultura | Este País | Manual Para Zurdos | Claudio Isaac | 01.04.2014 | 0 Comentarios

La-sombra-II,-oleo-sobre-tela,-180x80-cm.,-2012

Alicia en el país de la ficción corta

De muchos escritores se puede decir que son agudos, sagaces, brillantes o inspirados. Alice Munro es, llanamente, sabia. De esa condición insólita derivan la fluidez de sus cuentos y la sensación de que están construidos con simplicidad: no se sienten literarios ni producidos por un andamiaje complicado y, sin embargo, reflexionándolos, repasando cada línea, nos percatamos de que están intensamente elaborados y que obedecen a un armado de alta precisión. Por fortuna, Munro no concibe el cuento como un artefacto para el despliegue del ingenio argumental sino como un vehículo para alcanzar la mayor hondura humana posible en unas cuantas páginas, es decir: como en caída libre. La adjetivación es insólita pero no como resultado de una búsqueda alambicada, más bien por el contrario, debido a la aplicación de una mirada penetrante de sinceridad palmaria. No anda con rodeos: es preclara. Cada narración es una joya rara de forma delicada que contiene en sí una carga emocional potente, y uno percibe que la autora se ha vaciado al producir cada uno de sus microcosmos. Esta verdad palpable le confiere a los relatos un timbre inigualable de autenticidad.

 

Corolario

Como se sabe, los premios están sujetos a la veleidad de los jurados, desde el Nobel hasta el de la Reina del Carnaval. Acaso los relacionados a la literatura sirvan para vender más libros pero en realidad no definen al autor que los ha ganado (o perdido). Cuando el cuerpo de la obra producida posee su propio latido, su propia vida, todo premio queda corto. Tal es el refrescante caso de Alice Munro.

 

Perros, insectos, piedras

En su columna Café Perec Enrique Vila-Matas nos recuerda una entrada del diario de Kafka en 1913: “En el fondo soy un hombre incapaz, ignorante, que si no hubiera sido obligado a ir a la escuela, solo valdría para estar acurrucado en una caseta de perro…”.

Creo que es en su grandioso poema “Tabaquería” (1928) donde Fernando Pessoa compara también su existencia con la de un perro que duerme en un local bajo techo ya que “es tolerado por la gerencia porque no molesta”. Por su lado, en uno de los momentos más desesperados de Jaime Sabines, lo encontramos diciendo que él siempre ha sido el hombre, “el amigo fiel del perro” y aunque conserva así su humanidad el ánimo lo ha dejado a ras de suelo, hermanado con los perros. ¿Adónde lleva esta enumeración? Quizás a observar que por más contrición y desgarradura que percibamos en estos tres ejemplos, el asociarse con una criatura noble como el perro denota que queda en los autores todavía algo de conmiseración o esperanza para consigo mismos. Sin duda en otros textos los mismos tres autores han llegado más bajo en la escala biológica, a lugares de donde no parece haber retorno. Así, Kafka se sitúa famosamente en el reino de los insectos, al obsesionarse con un escarabajo que es, al mismo tiempo, un hombre. Sabines se compara a los cangrejos heridos que dejan sus tenazas sobre la arena y explica que, como ellos, se desprende de sus deseos, “muerdo y corto mis brazos, podo mis días / derribo mi esperanza, me arruino”, nos dice. Por su lado, al tocar el extremo, Pessoa parece convertirse al animismo cuando confiesa que “quisiera ser las piedras del camino” para que lo pise la gente pobre. Me vería tentado a seguir el hilo y vincular estas piedras con aquellas que le enseñaron a José Alfredo Jiménez que su destino era “rodar y rodar”. El ejercicio de divagación se lo tendría que dejar a algún virtuoso del tejido a mano si no fuera por un último eslabón que contrarresta el capricho de vincular las piedras portuguesas con las de Dolores, Hidalgo: recomiendo al lector que busque la rara grabación en la que la cantante de fados por excelencia, Amália Rodrigues, rinde su vehemente versión de la clásica “Grítenme piedras del monte” de José Alfredo: es posible que al atestiguar este fenómeno no le resulte tan arbitraria mi secuencia de asociaciones.

 

Más de perros

Desde hace cuarenta y tres años poseo un pequeño librito rojo publicado por la editorial chilena Zig-Zag en 1946 y cuyo título no he vuelto a encontrar en otras ediciones ni he visto mencionado jamás en bibliografías o ensayos; tampoco conozco a alguien más que lo haya leído, de tal suerte que he llegado a suponer que es algo que imaginé en la febril adolescencia o bien que sí existe pero se trata de una novela apócrifa, una invención feliz del editor santiaguense quien pensó que, acogiéndose a la celebridad del autor que la portada anuncia, su historia podría gozar de un futuro más promisorio. El libro en cuestión es El amo y el perro y su autor es Thomas Mann. Se trata de un delicioso recuento cotidiano del desarrollo de un cachorro llamado Belcan al lado de su dueño, un hombre de vida aislada y costumbres casi invariables. Cuando uno visualiza escenas del entrañable libro parece estar ante un material del que quisiera apoderarse la casa Disney para convertir en película de domingos por la mañana si no fuera porque el hombre que deambula con su mascota va a su paso tramando La montaña mágica.

 

Frase del mes

“…Y Dios salió a crear el Mundo, y llevó consigo a su perro”.

Relato del origen de la tribu Kato

Viuda generosa

Gracias a las regalías que le generó la obra Cats de Andrew Lloyd Webber, basada en el libro de versos ligeros de T.S. Eliot, la señora Valerie Fletcher, viuda del poeta, fue invirtiendo —hasta su muerte en 2012— en una colección de arte que incluye cuadros de Constable, Matisse, Francis Bacon y Lucien Freud, entre tantos otros. Pero no concibió sus adquisiciones como lujo personal sino que siempre tuvo en mente que esta fortuna amasada le diera plataforma a su fundación en apoyo a jóvenes poetas y artistas. Un verdadero ejemplo para las viudas alegres de la literatura en general.

 

La fórmula ideal

La detestable práctica de soltar nombres de alcurnia o de prestigio intelectual para causar admiración entre los escuchas o bien para apabullar a un solo interlocutor (eso que en inglés se da en llamar name-dropping) encontró en los relatos orales de Lupe Marín un giro formidable: constituye el único caso que conozco en el que la pedantería está ausente y en cambio aparece un fulgor excepcional. Lupe, que conoció de cerca a gran cantidad de celebridades de su siglo —ya fuera por los vínculos de sus maridos Jorge Cuesta o Diego Rivera, o por los méritos de su propia personalidad magnética—, encontró una fórmula de balance perfecto para la invocación de nombres conspicuos: la anécdota contenía algún detalle de precisión contundente y a ello añadía una pizca de maledicencia (muchas veces una cucharada entera), lo cual aseguraba que ninguna alusión fuera solemne: “Oye tú, solía espetar, el guarro de André Breton estuvo metido en mi casa quince días y nunca se cambió de ropa…”. O: “Mira, puesn’, el Jean Cocteau muy delicadito pero me rompió el asa de una tacita de mi vajilla Longchamp…”.

En sus narraciones había algo burlesco y siempre negativo que adjudicarle a Siqueiros, a Novo o a Aldous Huxley. En un episodio particular, contaba que Diego se había ido de viaje a Oaxaca pero antes de ello le había dicho a Lupe: “Aquí te dejo encargado a mi amigo Tito”. Explicaba Lupe: “Más que callado, el tal Tito era mudo, y lo tuve una semana a dieta de caldo de gallina y plátano macho cocido… y luego me voy enterando que era Tito de Yugoslavia”.

 

Ángel soñador

Sueños simples, sueños enriquecidos por la autoconciencia del soñador y el conocimiento de las diversas teorías en torno al sueño; sueños más cercanos al anhelo creativo de Breton que a la teoría de Freud; sueños con espíritu lúdico y que también juegan con referencias del cine y la literatura del tema. Poeta y estudioso, el coahuilense Ángel Miquel nos entrega con ¡Cobre, penique! Sueños y otras ficciones un delgado y deleitante libro cargado de poesía natural, de ligereza, de sugerencias infinitas que se quedan como tales y no se subrayan, todo acompañado de un estilo directo y una falta de pretensiones que no solo se agradece sino que resulta el signo que guía el proyecto y permite que este respire libre, como el sueño mismo.

 

F.C. (1941-2014)

Como tantos otros tímidos, Federico Campbell podía pasar por arrogante. Pero solo habría que internarse un poco en su prosa narrativa para encontrar la ternura de una sensibilidad aguda, la fragilidad del talante poético. Sus novelas se desarrollan en una región delimitada, la Baja California de su nacimiento, y por ello gozan del sustento robusto de raíces muy específicas. Los paisajes circundantes poseen la misma autenticidad que las emociones de sus personajes. Su estilo es peculiar pero no excéntrico, se ajusta a lo muy sutil que nos quiere comunicar y lo logra con eficacia y hermosura formal. Aunque reconocida entre colegas, la obra de Federico aún no alcanza la difusión que merece, la dimensión que realmente le es propia. Sin duda eso se debe en buena medida a que a él no le funcionaba el ejercicio nefasto de la autopromoción y con todo y una fe recóndita en su propio trabajo le ganaban el pudor y la dignidad, la llana modestia, eso que tanta falta le haría a algunas de las estrellas literarias del momento, estrellas fugaces según calculo, a diferencia de Campbell, cuya luz habrá de intensificarse en un plazo no muy grande, vuelvo a calcular en base al equilibrio certero de su prosa evocativa, intensa y sin sentimentalismo, austera pero no desposeída de una música interna. Todo lo de las focas, por ejemplo, es una inusitada novela de iniciación que contiene todos los ingredientes de un clásico de esa veta; Transpeninsular es una obra maestra inquietante y poderosa que nos brinda la posibilidad de lecturas diversas simultáneamente; La clave Morse alcanza la tónica de la reconciliación tras la rasgadura más grave, una novela que emociona y cimbra, permitiéndole al lector la catarsis que tanto le escatiman hoy en día. Más que decirle adiós, quisiera decirle gracias. ~

_______

Escritor, artista plástico y cineasta, CLAUDIO ISAAC (1957) es autor de Alma húmeda; Otro enero; Luis Buñuel: a mediodía; Cenizas de mi padre, y Regreso al sueño. Su novela más reciente se titula El tercer deseo (Juan Pablos Editor, 2012).

Dejar un comentario



Manual para zurdos junio 2015 (miscelánea)
Carta a Eufemio Algunas de las vacas más sagradas del cine mexicano, como Alejandro Galindo y Gabriel Figueroa, instauraron y fortalecieron por décadas las normas de una política sindical que mantuvo las puertas de la industria cerradas a las nuevas generaciones. Durante los años en que estaba por colapsar esa cerrazón brutal comenzaron a darse […]
(miscelánea) de mayo 2015
Islam De reciente aparición, el docto estudio El Islam, de Karen Armstrong, analiza para beneficio nuestro —en tanto occidentales prejuiciosos e ignorantes— las creencias derivadas del Corán, y nos sorprende particularmente al detenerse en una cláusula sobre la “especulación teológica” denominada zama. Los casos de zama, explica la profesora, se consideran condenables cuando se trata […]
Manual para zurdos abril 2015 (miscelánea)
El hombre pájaro me ha callado la boca Douglas Day, gran biógrafo de Malcolm Lowry, anota en torno a la figura trágica del novelista inglés un razonamiento que parece evidente pero no solo no lo es sino que plantea un matiz de importancia. En su prólogo a Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, Day […]
Manual para zurdos marzo 2015 (miscelánea)
Un título que cumple En efecto, el pequeño libro de Patrick Modiano, Un pedigrí, cumple con lo que anuncia su título: es una enumeración despojada de sentimentalidad, un recuento de nombres, fechas y lugares, la relación de un árbol genealógico inmediato en donde el autor no se da un respiro de indulgencia sensiblera ni da […]
Recomendaciones y reseñas

Recomendaciones Vivimos en una sociedad del espectáculo donde el individuo debe someterse a las necesidades del mercado, a la dictadura del consumo en el mundo de la contra-ilustración. El espectáculo decide sobre nuestras percepciones en una vida de segunda mano que atravesamos como objetos adictos al evento. Hace 50 años, Guy Debord escribió su manifiesto […]
Más leídos
Más comentados
¿Por qué es un problema la lectura? (231.536)
Desarrollar el gusto por la lectura no es cuestión meramente de voluntad individual. El interés por los libros aparece sólo en ciertas circunstancias.

Los grandes problemas actuales de México (141.361)
...

Jóvenes que no estudian ni trabajan: ¿Cuántos son?, ¿quiénes son?, ¿qué hacer?1 (131.821)
...

La distribución del ingreso en México (126.707)
...

Perfil demográfico de México (75.206)
...

Presunto culpable: ¿Por qué nuestro sistema de justicia condena inocentes de forma rutinaria?
Bas­tan­te han es­cri­to y di­cho ter­ce­ros so­bre Pre­sun­to cul­pa­ble....

Los grandes problemas actuales de México
Se dice que el país está sobrediagnosticado, pero en plenas campañas y ante...

I7P5N: la fórmula
Homenaje al ipn con motivo de su 75 aniversario, este ensayo es también una...

La sofocracia y la política científica
Con el cambio de Gobierno, se han escuchado voces que proponen la creación...

China – EUA. ¿Nuevo escenario bipolar?
No hace mucho que regresé de viaje del continente asiático, con el propósito...

1
Foro de Indicadores