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La fecundidad en el Censo
Este País | Carlos Welti | 11.05.2011 | 0 Comentarios

Uno de los resultados del Censo 2010 que probablemente más ha llamado la atención del público es que la población total supera en casi cuatro millones de habitantes las estimaciones previas derivadas de las proyecciones del Consejo Nacional de Población. Una proporción importante de esta diferencia la explica el nivel de fecundidad, que no ha descendido como las estimaciones del propio Consejo suponían. cw

©iStockphoto.com/Maura Houston

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Al hablar del Censo resulta útil describir la evolución reciente de la variable de la fecundidad a partir de las estimaciones derivadas de diversas fuentes, para hacer evidente además que de la información censal se derivan estimaciones confiables de la fecundidad.

Entre las generaciones a las que pertenecen nuestros padres, o para ser más exactos y considerar a los lectores jóvenes, a las que pertenecen nuestros abuelos, no era extraño que hubiera parejas conyugales que aspiraban a tener una docena de hijos, y era muy común que desearan completar “cuando menos la media docena”.

Efectivamente, los datos del Censo de 1960 muestran que poco más del 8% de las mujeres mayores de 50 años tenían 12 o más hijos. Esta situación puede parecer una exageración para los jóvenes, pero los datos muestran que todavía en la segunda mitad de la década de los setenta, las mujeres mexicanas tenían en promedio más de seis hijos.

Esta elevada fecundidad explica la preocupación por el alto crecimiento natural de la población, que entre 1960 y 1970 alcanzó los mayores niveles en la historia nacional.

Ahora bien, la mala calidad de las estadísticas de nacimientos y defunciones, originadas en un registro incompleto y extemporáneo, hizo que hasta la década mencionada las estimaciones de los niveles que presentaban las variables demográficas básicas, como son la natalidad y la mortalidad, se hicieran a partir de métodos indirectos, utilizando sofisticados modelos matemáticos y una serie de supuestos que se cumplían en el caso de la población de este país y por tanto permitían la aplicación de esta metodología.

Algunas de las estimaciones de la fecundidad que se hacían en el pasado utilizaban la información sobre el promedio de hijos nacidos vivos que desde 1921 se ha obtenido en los censos de población. Sin embargo, el carácter de estas estimaciones, que sólo se generaban para el país en su conjunto, limitaba su utilidad, por lo que en 1976 se realizó la primera encuesta demográfica de carácter nacional, con el objetivo de calcular con mayor precisión la tasa de fecundidad de la población. La información derivada de la Encuesta Mexicana de Fecundidad permitió estimar la fecundidad no sólo para todo el país sino también para ocho regiones y tres áreas metropolitanas: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Si bien éste fue un insumo básico para la planeación demográfica, ésta requería conocer con mayor nivel de desagregación la evolución de la fecundidad, por lo que se hizo indispensable realizar nuevas encuestas para conocer la situación en las entidades federativas.

En los censos de 1980 y 1990, la información sobre fecundidad se mantuvo limitada a conocer el promedio de hijos nacidos vivos. Ello, a pesar de la insistencia de los especialistas en incluir información sobre la fecha del nacimiento del hijo más reciente que hubieran tenido las mujeres, para derivar indicadores de la fecundidad. La explicación del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (imco) de la decisión de no captar esta información en el Censo estaba basada en el hecho de que ya se había planeado una encuesta con este propósito. Efectivamente, en 1992 el inegi realizó la primera Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (enadid 92), con la que se calculó una Tasa Global de Fecundidad (que en términos simples representa el número promedio de hijos que tendría una mujer al final de su vida reproductiva si tuviera la fecundidad observada en la fecha en que se hace la estimación) de 3.46 hijos por mujer.

Una innovación especialmente significativa en esta encuesta es que obtuvo información sobre la oportunidad con que se registran los nacimientos en el Registro Civil. Con esta información se estimó que de los nacimientos que se produjeron en el país entre 1980 y 1988, más de 96% había quedado inscrito hasta la fecha de la encuesta y más de 99% tenía un solo registro. Este último fue un hallazgo importante porque, como las cifras derivadas de las estadísticas de nacimientos se alejaban cada vez más de las cifras que se estimaban en las proyecciones oficiales, se argumentaba que las diferencias se basaban en la existencia de registros múltiples que, de ser éste el caso, tenían que corresponder a cientos de miles de nacimientos. No hay duda de la existencia de registros múltiples, pero su monto no podría explicar estas discrepancias entre proyecciones oficiales y estadísticas vitales.

En 1997 se hace la segunda enadid, con la que se calculó una Tasa Global de Fecundidad de 2.99 hijos por mujer para el quinquenio 1992-1996. Los datos que se captaron sobre registro de nacimientos ocurridos entre 1980 y 1994 mostraron que se alcanza un 96.3% hasta la fecha de la encuesta y los nacimientos registrados más de una vez representan sólo 0.60% del total.1

A pesar de que estas encuestas permitieron estimar la fecundidad a nivel estatal, la necesidad de captar con mayor precisión y mayor desagregación esta variable hizo que el Censo de Población del año 2000 incluyera por primera vez una pregunta para obtener la fecha de nacimiento del hijo más reciente que tuvieron las mujeres de 12 años y más. Por primera vez se usaban un Cuestionario Básico y un Cuestionario Ampliado en lo que constituye la muestra censal; sin embargo, esta pregunta se incluyó en el cuestionario básico y, por tanto, se captó información de todas las mujeres censadas.

Con esta información, también denominada “fecha de nacimiento del último hijo”, se calculó para el año 1999 una Tasa Global de Fecundidad de 2.85 hijos por mujer. A partir de los valores de las tasas de fecundidad por edad, se estimó un número de nacimientos ligeramente superior a 2.4 millones.2 Si se consideran problemas de falta de información y subenumeración censal, puede suponerse que éste sería el número mínimo de nacimientos que ocurrieron en México en ese año. Sin embargo, de acuerdo con la estimación del conapo, la tasa global de fecundidad en 1999 sería de 2.48 hijos por mujer y el número de nacimientos sería de “poco menos de 2.2 millones”.3 Puede notarse ya una diferencia especialmente significativa de cuando menos 200 mil nacimientos anuales entre la cifra censal y la estimación del conapo.

Con la información de las estadísticas de nacimientos provenientes del Registro Civil, que hasta la fecha de redacción de este artículo contiene los nacimientos registrados hasta el año 2008 y está disponible en las bases de datos del inegi, que cualquier persona puede consultar, es posible identificar los nacimientos ocurridos en 1999 y que se fueron registrando en éste y en los años sucesivos, para contabilizar un total de 2 millones 467 mil nacimientos, cifra que coincide con las estimaciones mencionadas en el párrafo anterior, que elaboré cuando estuvieron a disposición de los usuarios los datos censales. No obstante, el número de nacimientos puede ser ligeramente mayor en la medida en que en años sucesivos se registren más nacimientos ocurridos en 1999.

Un aspecto que debe subrayarse es que la información del censo sobre fecha de nacimiento del último hijo está disponible en la base de datos de la muestra censal, lo que permite un análisis multivariado y en profundidad de la fecundidad a fin de observar diferencias no sólo entre entidades federativas sino entre grupos socioeconómicos; por ejemplo, según el nivel de escolaridad de las mujeres.

Después del Censo 2000 y por lo importante que es tener estimaciones actualizadas de la fecundidad para planear acciones en materia demográfica y de salud, se realizó en 2003 la Encuesta Nacional de Salud Reproductiva (ensar 2003), cuyos resultados mostraron que el nivel de la fecundidad estaba por encima de los valores proyectados por el conapo. Como era de esperarse, los resultados de la ensar fueron cuestionados por esta oficina gubernamental.

Balazo-welti

Al hacer una primera evaluación de esta encuesta a solicitud de la Secretaría de Salud, el autor de este artículo apuntó que “los resultados de la ensar 2003 hacen evidente que la fecundidad no ha descendido al nivel que muestran estimaciones previas elaboradas para el periodo reciente”,4 en referencia a las proyecciones de población.

La tercera enadid fue realizada en 2006 por el conapo y la Secretaría de Salud, con la participación del inegi.

La enadid 2006, mostró una fecundidad de 2.24 hijos por mujer para el bienio 2004-2005, que resulta ser un valor muy similar al que presentan las proyecciones de población para el año 2004, de 2.25 hijos por mujer.
En estas encuestas se reconstruye la historia de embarazos de las mujeres, por lo que pueden hacerse estimaciones de la fecundidad para varios años anteriores al año de realización de la encuesta. Así, con la información retrospectiva, he calculado una tasa global de fecundidad para 1999 de 2.8 hijos por mujer, es decir, la misma que se obtiene con los datos del Censo 2000. Además, para el bienio 2001-2002, la fecundidad también es similar a la que en su momento se calculó con los datos de la ensar 2003.

En el año 2009 el inegi lleva a cabo la cuarta enadid; la Tasa Global de Fecundidad que se estimó para el trienio 2006-2008 es de 2.2 hijos por mujer, prácticamente la misma que la calculada con la enadid 2006 para el año de realización de esta encuesta y muy cercana a la proyección de 2007 de 2.13 hijos por mujer. Como podría esperarse, la coincidencia entre las encuestas más recientes y las proyecciones evitó descalificaciones de estas fuentes.

Es posible que la sucesión de encuestas que se hicieron en la década más reciente —en 2003, 2006 y 2009— con el propósito central de estimar la fecundidad, sirvió para justificar que la pregunta sobre la “fecha de nacimiento del último hijo” no se incluyera en el cuestionario básico del Censo 2010 y sólo se aplicara a la muestra censal; de otra manera, es difícil justificar esta decisión.

Con la información del Censo 2010, se ha calculado que la Tasa Global de Fecundidad es de 2.39 hijos por mujer en 2009; de la aplicación de las tasas de fecundidad a la población femenina se deriva un número total de 2 millones 267 mil nacimientos en este año, cifra muy por encima la estimada por el conapo: 1 millón 940 mil. Es decir, el número de nacimientos derivados de la información censal es 16% superior a las proyecciones oficiales y representa en términos absolutos más de 300 mil nacimientos. Lamentablemente, estas cifras censales son estimaciones derivadas de la aplicación del cuestionario ampliado a una muestra y, por tanto, se ubican en un cierto intervalo que el cálculo de los denominados errores de muestreo establece; así, el verdadero valor puede ser superior o inferior a la estimación puntual. Sin embargo, desde mi punto de vista y por lo mostrado previamente, es posible suponer que los resultados censales mostrarán una gran coincidencia con las cifras de los nacimientos ocurridos en 2009 y registrados año con año, lo que será posible comprobar en el futuro, cuando estén disponibles las bases de datos con las series anuales de nacimientos de 2009 y años posteriores.

Como el lector habrá observado, la tendencia a la baja de la fecundidad en años recientes que las proyecciones de población han previsto no se sostiene con los datos de los censos de población ni con las estadísticas del Registro Civil; tampoco, por cierto, con las cifras de la Secretaría de Salud basadas en el Certificado de Nacimiento para años recientes. No debe extrañarnos entonces que las cifras censales muestren totales poblacionales superiores a los esperados.

En el caso de los censos de población, puede suponerse una mejora en su calidad derivada de una mejor organización del trabajo de campo; la aplicación de los avances en tecnologías de la comunicación y el procesamiento electrónico de la información, además de la participación de personal contratado especialmente para llenar los cuestionarios censales y la experiencia acumulada en censos previos en cada una de las etapas, hacen que la confiabilidad de la información se incremente y, por lo tanto, se cuenta con un instrumento indispensable para la evaluación de la situación nacional, que debe ser explotado intensivamente.

La información censal sobre la fecundidad representa un insumo importante para el análisis demográfico. A continuación se presenta sólo una muestra de ello, con los datos hasta ahora disponibles.

Al observar la fecundidad en 1999 y 20095 (Cuadro 1) con la información del Cuestionario Ampliado, el descenso de la fecundidad que se inició en los años setenta se mantiene, aunque a un ritmo más lento si se compara con la tendencia en periodos anteriores, lo que muestra que es cada vez más difícil lograr ganancias en los indicadores demográficos.
Cuadro1y2-Welti

Los mayores descensos porcentuales se producen en las ya de por sí bajas tasas de fecundidad de las mujeres de 40 o más años de edad; sin embargo, una situación relevante es la disminución de sólo 10% en la fecundidad de las mujeres de menos de 20 años, lo que debe constituir un foco de atención de las políticas de salud reproductiva dedicadas a esta población, porque si bien se ha logrado disminuir la fecundidad adolescente, es preocupante tener todavía un nivel de fecundidad como el que reflejan los datos censales.

Como ya se mencionó, la información del Censo permite hacer estimaciones con cierto nivel de desagregación, por ejemplo, según el tamaño de la localidad de residencia o entidad federativa, por lo que puede compararse la fecundidad en 1999 y 2009 a partir de estas variables de clasificación.

Según el tamaño de la localidad (Cuadro 2), la situación más importante es la disminución de las diferencias en la fecundidad entre localidades rurales de menos de 2 mil 500 habitantes y grandes localidades urbanas, con 100 mil o más habitantes. En 1999, esta diferencia era de 1.4 hijos (3.8 vs. 2.4) y en 2009 se reduce a sólo 0.8 hijos, con las mayores reducciones en las localidades rurales. En este mismo análisis se percibe además la elevada fecundidad adolescente en estas localidades.

Según entidad federativa (Cuadro 3), Chiapas y Guerrero siguen ocupando los primeros lugares en términos de la magnitud de la Tasa Global de Fecundidad, mientras que en el extremo opuesto se encuentra el Distrito Federal, con una tasa que está ya muy por abajo del reemplazo generacional.

Cuadro3-Welti

Además de la información sobre “fecha de nacimiento del último hijo”, los datos sobre el número promedio de hijos nacidos vivos siguen siendo útiles para analizar el comportamiento reproductivo de la población, por ejemplo a través del cálculo de lo que los demógrafos denominamos Probabilidades de Crecimiento de las Familias, que cuantifican las proporciones de mujeres que una vez que tienen el hijo número x, deciden tener el siguiente hijo (x+1). No obstante la sencillez de su elaboración, este indicador ilustra muy bien el patrón de formación de las familias. Como muestra de la utilidad de estos datos, se ha calculado este indicador para las mujeres de 40 a 49 años, que son las que han terminado o están por terminar su historia genésica (ver Gráfica 2).

Grafica2-Welti

Una comparación de las Probabilidades de Crecimiento de las Familias en 2000 y 2010 muestra cómo las proporciones de mujeres que tienen al primer y al segundo hijos son muy similares en las dos fechas; sin embargo, se observa una caída pronunciada en el paso del segundo al tercer hijo y de éste al cuarto hijo. Además, para las mujeres que deciden tener un cuarto hijo la variación en las proporciones no sólo es de menor magnitud: en 2010 se puede ver un incremento en el paso del quinto al sexto hijo, lo que refleja el ya mencionado deseo de completar “la media docena de hijos”. Esta actitud se confirma con el pico que se observa en la gráfica al pasar del undécimo al duodécimo hijo para “completar la docena”.

Como el lector habrá advertido, la riqueza de la información censal y su utilidad justifican un esfuerzo de la magnitud que representa la realización de un censo, por lo que debe insistirse en la necesidad de prestar atención a la generación de este tipo de información, que constituye un referente para evaluar las necesidades de la población y la acción pública para satisfacerlas.

carlos welti es investigador titular del Instituto de Investigaciones Sociales de la unam. Economista, sociólogo y demógrafo egresado de la Universidad de Chicago, es Vicepresidente para la Región Occidental de la International Planned Parenthood Federation y miembro de su Consejo de Gobierno.
____________________________________________
1 inegi, Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica, Metodología y Tabulados, 1999.
2 Estimaciones propias basadas en la muestra censal.
3 Consejo Nacional de Población, La situación demográfica de México, 1999.
4 Carlos Welti, “Evaluación de los resultados de la ensar 2003˝, nota de circulación restringida, 2003.
5 Las comparaciones se han hecho a partir de estimaciones propias generadas con la base de datos de la muestra censal de 2000; la información para 2010 es la publicada en la página electrónica del inegi, referenciada como “(inegi 2011)”, ya que en la fecha de redacción de este artículo no se encontraba disponible para su análisis la base de datos de la muestra censal de 2010.

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